15 de julio de 2017

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ECUADOR: ALTO A LOS FESTEJOS: CORREA NO ES LO QUE PARECE.

Por: Franklin Falconí.

20 de octubre de 2006

(ARGENPRESS.info). En el Ecuador crece la tendencia de izquierda, eso es un hecho. Aunque el respaldo de la población a la candidatura de Rafael Correa es, en gran medida, fruto de un trabajo marketinero y publicista de gran envergadura y multimillonario, es obvio que expresa también un respaldo a un discurso radical, que la izquierda ecuatoriana ha venido planteando históricamente y que Correa ha sabido recogerlo en esta campaña. Sin embargo, con el fin de que quienes se insertan en la tendencia progresista y de izquierda en América Latina no se confundan acerca de lo que pasa en el Ecuador, o no armen un festejo apresurado, es necesario aclarar algunos detalles acerca de este proceso electoral.

Primero: Rafael Correa no es de izquierda. ¿Desilusionado? Bueno, a la verdad hay que aceptarla así se oponga a nuestros sueños más sinceros. Correa es un demócrata cristiano, es decir, no está por el Socialismo, sino que profesa la ’doctrina social de la Iglesia’, doctrina que surgió desde fines del siglo XIX, cuando el papa León XIII escribió la encíclica Rerum Novarum, que plantea sostener el sistema capitalista y reconciliar intereses entre los explotadores y los explotados. Es una doctrina que surgió para detener la ’descristianización’ de las masas trabajadoras, en un período en el cual la credibilidad de la Iglesia era disminuida (como ahora) porque los sectores populares de la cristiandad e incluso del clero, se inclinaban por las ideas revolucionarias, bolcheviques.

Segundo: Correa es un instrumento de grupos económicos que buscan encaramarse en el Estado para tener mejores condiciones de negociación con el imperialismo. Esto se demuestra observando el entorno del candidato, muchos de quienes serían parte de su gobierno:

Marco Troya, alcalde de Valencia, desafiliado del populista Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE) hace poco. Vinicio Borja, ex consejero provincial de Pichincha de la derechista Izquierda Democrática (ID). Miguel Arévalo, ex concejal de Santo Domingo y ex vice alcalde de esa ciudad, destituido de su cargo. Hermel Campos, ex diputado de Pichincha de la ID, que regaló dos terrenos para sortear entre los concurrentes a la concentración en Santo Domingo. Jaime Ruiz Nicolalde, ex concejal de Quito, quien se cambió de camiseta y la prensa lo definió como allegado a la Democracia Popular (DP), partido del destituido presidente Jamil Mahuad (Hoy 05/05/2000) Nicolás Issa Obando, expulsado de la ID, y luego director supremo del PRE, que organizó el recibimiento de Bucaram en el 2005. (Diario Expreso recoge la noticia del ingreso de Issa en la campaña de Correa). Juilio Chatcong, concejal del PRE en Los Ríos. Efrén Roca, ex gobernador del Guayas de Lucio Gutiérrez, quien mandó en buses a gente pagada para destruir Quito, el 20 de abril, y ayudó en el recibimiento de Bucaram en el mismo 2005. Juan Carlos Toledo, conocido como jefe de relaciones públicas de Nobis, el consorcio de la empresaria Isabel Noboa Pontón y vocero del quebrado Banco de Crédito (Hoy 1/08/1999) Carlos Vallejo López, ex diputado del PRIAN, partido del multimillonario empresario Alvaro Noboa; ex militante de la DP y presidente del Congreso, ex ministro de Agricultura del neoliberal ex presidente Osvaldo Hurtado.

Además, es conocido el hecho de que entre los aportantes a la multimillonaria campaña de Correa están personajes como el magnate Isidro Romero, ex diputado socialcristiano y accionista de empresas transnacionales como Telefónica, de España, cuya marca, ’Movistar’, le prestó los colores al Movimiento Alianza País de Correa, seguramente para sostener la imagen corporativa de este grupo económico en un futuro Gobierno. No es extraño entonces, observar el calculado manejo publicitario que construyó la imagen del candidato Correa, imagen que no se presentó igual durante toda la campaña, sino que fue variando de acuerdo a los estudios de marketing de los especialistas, muchos de los cuales, según se dice, son funcionarios de organismos internacionales como El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Tercero: Es un candidato construido en los grandes medios de comunicación y las encuestadoras, que se constituyeron en los arquitectos del engaño en este proceso electoral. Correa no tiene una trayectoria política de izquierda, de lucha junto a los sectores populares, más allá de que fue el Ministro de Economía del actual presidente Alfredo Palacio. Desde el escritorio del ministerio hizo demagogia con un discurso nacionalista mientras pagaba no solo puntualmente, sino por adelantado, la deuda externa, o se negaba a entregar los fondos de reserva a los afiliados al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, institución a la cual quería privatizar, o negaba recursos a las universidades públicas argumentando que el Estado no debería financiarlas. Fueron los medios de comunicación quienes armaron tribuna para presentarlo como el prototipo ecuatoriano de lo que son los candidatos ganadores actualmente en América Latina.

Y ¿cómo fue el tránsito de la construcción de la imagen de izquierdista radical de Correa? Primero fue mostrado como moderado, independiente, sin historia política partidista, es decir, un perfecto outsider con buenas intenciones que, sin embargo, estaba dispuesto a sellar un acuerdo político con partidos como el PRE del ex presidente Bucaram, Pachakutik o el Partido Socialista. Cumplió el papel de desestabilizador del movimiento indígena, y de todo intento unitario de aquel con la izquierda revolucionaria, representada por el Movimiento Popular Democrático (MPD). Logró dividir al movimiento indígena y como eso le produjo cierto perfil autoritario, buscó sellar un acuerdo urgente con otros sectores pequeños como la Federación Nacional de Organizaciones Campesinas Indígenas y Negras, FENOCIN, y el Partido Socialista, un partido que tiene una trayectoria de negociante oportunista y electorero.

La imagen de Correa fue entonces adquiriendo poco a poco un tono más rojizo.

Los estudios de marketing decían que más allá de las generalidades que expresaba en sus propuestas de gobierno debía ofrecer cosas concretas que los ecuatorianos anhelan: la defensa de la soberanía por ejemplo, que es un eje fundamental que Correa se vio obligado a asumir; comenzó a cuestionar la deuda externa, habló de echar al tacho de la basura las negociaciones del TLC con los Estados Unidos, y a pronunciarse en contra de la presencia de militares norteamericanos en la base aérea de Manta. Su objetivo central era robarles todo espacio posible de crecimiento a candidatos como Luis Villacís del MPD y Luis Macas de Pachakutik, que tenían toda la perspectiva de posicionarse de manera importante en los electores, pues estos temas han sido sus banderas de lucha históricamente.

Correa se posicionó como un producto más de ’Movistar’, a través de una persistente propaganda y acudiendo a un sentimiento mayoritario de la población ecuatoriana: el rechazo al Congreso Nacional. Habló de no presentar listas para diputados porque el Congreso debe desaparecer; eso le dio gran cancha para actuar, aunque en el fondo estaba la realidad de que no presentaba listas porque simplemente no tenía organización política estructurada que estuviese en esa capacidad.

Buscó un blanco político que le permitiera crecer: lo consiguió en la imagen del líder socialcristiano León Febres Cordero quien, sospechosamente, le siguió el juego, haciendo que la candidatura de Correa crezca. La ’partidocracia’, representada en Febres Cordero fue entonces su leiv motive, al cual acompañó la idea difusa de una Asamblea Constituyente, como panacea de solución a la crisis que vive el país. Nunca concretó una propuesta acerca de cómo debería estar integrada la Asamblea, qué funciones cumpliría y qué tipo de cambios establecería en el país, es decir, su ’revolución ciudadana’ nunca tuvo un contenido concreto, tal como pasó cuando apareció en Quito el denominado ’movimiento forajido’, el mes de abril del 2005, cuando Lucio Gutiérrez fue destituido del cargo.

Aunque decimos que el fenómeno Correa no es lo que parece, el escenario político en el Ecuador sigue siendo interesante, puesto que todo demuestra que habrá un crecimiento electoral de la izquierda revolucionaria, representada en las fuerzas de Unidad Popular MPD 15, que en provincias como Esmeraldas, Manabí, Guayas y Pichincha ha generado expectativa con sus candidaturas locales. El binomio Luis Villacís-César Buelva ha generado una gran simpatía en los sectores empobrecidos, de trabajadores, campesinos, indígenas, juventud universitaria y secundaria, etc.

También es interesante porque, de ganar Correa las elecciones, la movilización popular será intensa en función de exigir la concreción de las promesas de campaña, y esta vez los pueblos del Ecuador no están dispuestos a soportar una traición más, aprendieron a luchar sostenidamente y a obtener victorias. La construcción de una Patria Nueva, que siente bases para el Socialismo, no solo tiene al escenario electoral como una de sus posibilidades. En enero del 2000, cuando se destituyó a Jamil Mahuad, ya se dio muestras de que es posible una revolución social que destruya las actuales condiciones del poder político y ponga a los trabajadores y los pueblos en él, a través de una rebelión popular.

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