3 de mayo de 2017

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Denuncian ex guerrilleros venezolanos.

CON CHAVEZ SE HA FORTALECIDO LA BURGUESIA Y LAS TRANSNACIONALES

Por: Humberto Márquez.

2 de diciembre de 2006

(IAR-Noticias) Carlos Betancourt y Douglas Bravo, los más famosos jefes de las guerrillas marxistas que operaron en los años 60 y 70 en Venezuela, no creen que el proceso liderado por el presidente Hugo Chávez conduzca a un sistema socialista y, en cambio, observan un afianzamiento del capitalismo.

Izquierdistas irreductibles, Betancourt y Bravo hace más de un cuarto de siglo que dejaron la lucha armada pero aún continúan activos en la organización popular, alentando reivindicaciones de obreros, campesinos, indígenas, ecologistas o estudiantiles. En sendos paréntesis concedieron, por separado, entrevistas exclusivas a IPS.

"No es posible una revolución respetando la institucionalidad burguesa. Se equivoca el presidente Chávez cuando deposita confianza en un viejo aparato de Estado capitalista, burocrático, corrompido y antisocialista", dijo Betancourt de modo contundente.

Chávez ha dicho durante la campaña para las elecciones presidenciales del próximo domingo que sus ocho años de gobierno desde 1999 constituyen una "fase de transición" ya completada y que a partir de 2007 comenzará la construcción del "socialismo del siglo XXI".

Ese socialismo sólo ha sido esbozando en iniciativas como dar impulso y más recursos a consejos comunales y cooperativas, y al trueque como mecanismo de intercambio.

Las organizaciones empresariales no parecen inmutarse por las advertencias de uno y otro lado sobre el socialismo, en un país con un consumo privado e importaciones récord, anuncios de grandes negocios en petróleo, finanzas y obras públicas, 12 trimestres de crecimiento consecutivo del producto interno bruto y perspectivas optimistas para 2007.

El socialismo "sólo puede producirse sobre la base de una revolución con sucesivos hechos constituyentes, de fuerza, que desplacen al poder constituido", explicó Bravo. "Pero en Venezuela el poder constituido de las multinacionales del petróleo, de la minería, de la banca y de la burguesía clásica se ha fortalecido", agregó.

Bravo, de 73 años, dirigió en la década de los 60 las guerrillas del Partido Comunista (PCV, prosoviético) en el occidente venezolano.

Cuando el PCV abandonó la lucha armada en 1966, Bravo siguió en combate y mantuvo focos revolucionarios con su nuevo Partido de la Revolución Venezolana (PRV) hasta fines de la década del 70, cuando aceptó el proceso de pacificación planteado por el gobierno democrático de entonces.

El guerrillero retirado despliega fotografías de aquellos años. En una aparece a su lado y con el fusil en bandolera, el ex ministro de Energía y actual embajador en Cuba, Alí Rodríguez.

El grupo Ruptura, brazo legal del PRV, tuvo como militantes al joven Hugo Chávez, quien luego como teniente coronel dirigió una cruenta y fallida rebelión militar en 1992, en la cual también participó Bravo, y a su hermano Adán, actual ministro de la Presidencia.

"Siempre tratamos de aliarnos con sectores militares revolucionarios", recordó Bravo, "pero hoy puede decirse que los mandos castrenses, así como el 10 o 20 por ciento del oficialismo que tiene las reales palancas del poder político, económico e institucional en Venezuela, sirve de soporte al modelo capitalista neoliberal", puntualizó.

"El ejército venezolano no está preparado para una revolución socialista", señaló por su parte Betancourt. "Más de 60 por ciento de sus oficiales tienen formación anticomunista, mantienen los viejos programas en sus academias y apoyan de palabra, pero no de hecho, las transformaciones por las que abogan quienes siguen a Chávez".

Betancourt, de 69 años, comandó con el alias de "Jerónimo" la guerrilla que en los años 60 creó el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR, la escisión de la socialdemócrata Acción Democrática) en el oriente del país.

Cuando el MIR se dividió en 1970 en tres grupos, Betancourt mantuvo hostilidades bélicas desde un frente insurgente y un nuevo partido, que llamó Bandera Roja y que dirigió durante 10 años. Luego promovió cooperativas de producción agropecuaria.

Su crítica se desparrama sobre los civiles "que constituyen una nueva elite de poder, que se disfraza y se proclama bolivariana y socialista, pero en la práctica acapara el poder, asfixia la participación popular y abre espacios para que se recuperen las viejas elites".

"De todas las decisiones a favor de la participación popular, que el presidente (Chávez) anuncia, se cumple un 15 o 20 por ciento, lo que da una idea del sabotaje que practican su entorno y el tren ministerial, y de cómo se asfixia el debate entre el pueblo", continuó Betancourt.

Según Bravo, "toda presidencia no es si no el conjunto de los factores reales de poder, aunque Chávez, con audacia política, ha logrado sostener un verbo radicalmente antiimperialista, que llega a los sectores populares, y al mismo tiempo una ejecutoria radicalmente capitalista".

¿Qué es lo que el presidente ha hecho mal? "Él mismo definió la suya como una revolución democrática, que es esencialmente burguesa, pero no ha cumplido ni siquiera esa etapa, indispensable si quiere pasar a una socialista", opinó Betancourt.

"En primer lugar, no ha avanzado en la industrialización, en el procesamiento de nuestras riquezas energéticas, que nos dote de una clase obrera poderosa y nos aleje de la dependencia tecnológica de Estados Unidos y otros centros capitalistas", dijo Betancourt.

Luego "no hemos tenido una transformación agraria. De 33 millones de hectáreas o 35 millones con vocación agrícola, explotamos menos de tres millones. ¿Cómo vamos a resolver nuestras carencias de alimentos o encarar un conflicto internacional sin resolver ese tema? Chávez además llega a acuerdos con los terratenientes", prosiguió Betancourt.

En tercer lugar, "en el plano político no se ha desarrollado un partido, una vanguardia, y la transferencia de poder y recursos a los consejos comunales de base es una acción muchas veces mediatizada por alcaldes y gobernadores. Como otras revoluciones, ésta habla a nombre del pueblo, pero gobiernan las maquinarias burocráticas", agregó.

Bravo también deploró que, en varios latifundios, Chávez "cedió tierras que supuestamente eran públicas a los particulares que las reivindicaban, cuando si en verdad eran del Estado ha debido entregarlas todas a los campesinos".

Pero el fuerte de sus críticas a la gestión económica del mandatario se orientó sobre la política petrolera. "Convirtió a las grandes firmas trasnacionales de contratistas operadoras en socias, es decir, en dueñas de una parte de nuestros recursos, lo que constituye una entrega de soberanía", explicó.

"Después que el presidente pronunció en la Asamblea de la Organización de las Naciones Unidas (el 20 de septiembre) un discurso virulento contra el imperialismo yanqui, regresó al país para firmar acuerdos con la empresa trasnacional estadounidense ChevronTexaco", aseguró Bravo.

Los dos candidatos presidenciales, Chávez y Rosales, "coinciden en la filosofía de sus propuestas económicas, de buenas relaciones con las instituciones de comercio internacional y de entrega de nuestra soberanía petrolera. El imperio debe estar muy contento, por la seguridad de tener combustible para su maquinaria bélica", agregó.

"¿Cómo hablar de socialismo si sus premisas son marginadas y sus temas cardinales se tratan de forma marginal?", se preguntó Betancourt, y, a modo de respuesta, concluyó que "lo que avanza en Venezuela es capitalismo, un poderoso capitalismo de Estado".

Igualmente lapidario, Bravo dice que Venezuela "es ejemplo de lo que, parafraseando a Carlos Marx, podríamos llamar el nuevo fantasma que recorre América Latina, el del espejismo, la careta, el disfraz de socialismo mientras se garantizan los supremos intereses del gran capital y las compañías petroleras".

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