3 de mayo de 2017

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ESTADOS UNIDOS: EL MIEDO A LA RECESIÓN NO SE CALMA CON DISCURSOS.

Por: Eduardo Pérsico.

2 de junio de 2006

El nombramiento del presidente de la financiera Goldman Sachs como Secretario del Tesoro y la salida de Alan Grenspan de la Reserva Federal norteamericana, sacudió los mercados accionarios en general, y a renglón seguido, cuando la tasa de interés se fijó en 5% anual y con tendencia a seguir subiendo, la incertidumbre ante el aumento del desempleo y el posible aumento de los combustibles traen a Estados Unidos una inquietud poco frecuente. En la puerta de casa se instaló el miedo a una recesión que desde hace tiempo muchos economistas entienden dilatada más de la cuenta; temor que no se calmará suban o bajen más las tasas ni acciones ni significaría la catástrofe final del sistema capitalista, de ningún modo, pero evidencia la venta de espejitos de colores que se dieron con el régimen neoliberal impuesto al mundo entero en las últimas décadas. El contragolpe recesivo puede entrar en la vida de los habitantes del mundo más seguros y suficientes, por un descuido en la defensa del mismo estado norteamericano. Lo llamado neoliberalismo, este voluntarista principio económico ofrecido al consumo masivo desde la Universidad de Chicago; Milton Friedman, sus Chicago Boys y gerenciados por el grupo Rockefeller; fue indiscutido en los noventa y ahora desemboca en la inseguridad de todo el sistema no sólo por generar Patrias Financieras en cada barrio del planeta, sino por las consecuencias negativas que la mera especulación le trajo al conjunto de la economía. John Nash, premio Nobel de Economía en 1994 y personaje del film ’Una Mente Brillante’, argumentó que las teorías neoliberales no sólo eran vulnerables sino falsas, y el mismo Decano de la Universidad de Princeton, Mr. Helinger, aceptó que los cálculos matemáticos de Nash chocaban con la teoría económica que le adjudican a Adam Smith; matriz intelectual del liberalismo económico, malversado para imponer este pastiche académico. Y aunque ese debate sea otro tema, es bueno repetir que la economía, jerarquizada como una ciencia a veces ajedrecística, en cualquier crisis se convierte en un simple ’Ta Te Ti’ con pretensiones...

Hoy las políticas y los intereses se entrecruzan y definen con una nueva dinámica. El mundo no es más el bucólico y virtualmente previsible del fin de la Segunda Guerra Mundial, y aunque esta aventura de las comunicaciones repita lo acontecido en el inicio del siglo veinte con la llegada del teléfono, el automóvil y los viajes intercontinentales, ese cambio que imaginamos ’tan eterno como el agua y el aire’, diría Jorge Luis Borges, que redujo la ropa de las mujeres occidentales y actuó tanto sobre las conciencias y el habla, no cambió sustancialmente el orden político de las sociedades. Por causas del Poder o el ’No Poder’, - aún existen ’familias reales’ decadentes pero privilegiadas- la transformación no profundizó en las relaciones de justicia ni en el reparto de la riqueza. El cambio resultó en lo operativo por el uso de la informática en todos los niveles, hecho que suele confundir al desarrollo con el progreso cuando no son lo mismo, y es hora de actualizar los modificados escenarios internacionales que aún no fueron asumidos. Según Immanuel Wallerstein, director de la Yale University, hubo una época en la que Estados Unidos ejerció verdadera hegemonía: al terminar la Segunda Guerra Mundial y desde 1945 a 1970 logró todo lo que se proponía y cuando quería. Con su gran prestigio dominaba a las Naciones Unidas como una oficina de servicio exterior y mantuvo a la Unión Soviética en los límites del ejército rojo en 1945. Con la hoy devaluada CIA echó a todo gobierno inamistoso y hasta adelantó jugadas al asesinar al líder colombiano Jorge Eliecer Gaitán, que los intranquilizaba, en 1948. Intervino en Irán en 1953, llegaron las glorias del Reza Pahlevi; y utilizando a Castillo Armas desde el mismo territorio yanqui, invadió Guatemala en 1954 y liquidó al gobierno constitucional del incómodo Jacobo Arbenz. Igual Estados Unidos tuvo aire para tomar el Líbano en 1956 y República Dominicana en 1965; por ahí tuvo un leve contratiempo con el pueblo cubano, diría algún ironista, pero su ventaja económica y militar sobre Europa Occidental y Japón todo le permitía. Con ellos diseñó una alianza natural, una tríada de poder que últimamente viene rengueando bastante ante los empujones étnicos y nacionalistas que se vienen en todo el mapa europeo. EEUU perdió la Guerra de Vietnam en 1973, fue humillado en el Irán de Khomeini en 1980 y ahora se expone de nuevo a lo mismo, y Ronald Reagan ordenó el retiro o raje de los marines del Lïbano en 1982 dos días después de jurar que no lo haría. Ahí ya el guapo del barrio empezó a perder prestigio y aunque el poderío de los belicistas norteamericanos no está acabado, se sabe que la última vez que EEUU obtuvo lo que quería fue al ordenar al general chileno Pinochet asesinar al líder socialista Salvador Allende en Chile en 1973. Y poco más tarde prohijó el golpe militar en la Argentina de 1976, donde con cierta anuencia de la dirigencia política y sindical aplicó a sangre un servicial proyecto neoliberal; el de Friedman y sus Boys; que iniciaron los militares con el agente Alfredo Martínez de Hoz y culminaron otros numerosos personajes.

Puestas así las cosas y resentida la alianza con Europa y Japón por el desajuste financiero sin solución inmediata, la clase dirigente estadounidense en su conjunto y no solamente el presidente Bush, militarizó la globalización invadiendo Irak. Ahí cohesionó por un tiempo a sus aliados europeos hasta que casi todos ellos cayeron electoralmente en desgracia, y Estados Unidos, casi solitariamente, después de masacrar infinidad de inocentes en Irak hoy amenaza a Irán más tres o cuatro países asiáticos, ’ejes del mal’, y agrava un conflicto que cada día más le complica su propia jugada. A pesar de ablandar el trato ante Irán al ver la dureza del enemigo que eligió, cualquier decisión privada de USA para quien los demás no existen, no traduce ninguna superioridad sobre los otros miembros de la tríada del imperialismo colectivo, Europa y Japón, sino que es un intento de compensar su debilidad en esta instancia que no le resulta fácil de controlar. Si hay dudas es bueno revisar los datos del déficit presupuestario de USA. que de 59 mil millones de dólares en enero del 2005 anda por los de 67 mil millones de dólares, o algo así. El asunto es ahora profundo porque el elemento físico de la discordia, el petróleo del que ’los norteamericanos somos adictos’, dijo hace muy poco su presidente, es un bien negociable a generar situaciones terminales a muy corto plazo, digamos cinco años. Así que como la próxima realidad del planeta promete ser azarosa no solamente por la suerte que tenga Wall Street en adelante, sería divertido escuchar las explicaciones de los economistas que negaron durante años este desenlace. ’Como expectativas de mínima’ pueden ser patéticas.

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