14 de octubre de 2018

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El FSLN y el PLC son candidatos de la burguesía.

ELECCIONES EN NICARAGUA: SIN UNA OPCIÓN CLASISTA.

Por: Alex Burguess.

27 de octubre de 2006

La burguesía ha lanzado cuatro opciones políticas, cada una representativa de los intereses particulares de los grupos económicos de poder. El FSLN y el PLC, que no son más que la cara política de una incipiente burguesía criolla, y sus alas reformistas, MRS y ALN.

Este próximo 5 de noviembre se realizarán las elecciones presidenciales, a la Asamblea y al Parlamento Centroamericano, por primera vez en la historia de nuestro país las encuestan señalan que son 4 los partidos políticos que se repartirán el electorado. ¿Es el fin del bipartidismo? ¿Qué indica este cambio?

La burguesía va dividida a las urnas

A diferencia del Cono Sur, en nuestro país aún no se sienten los “aires izquierdistas”, la mayoría de la población posee aspiraciones reformistas democráticas generadas por la lenta y sostenida recuperación económica del país en los últimos 16 años. La derrota de la revolución aún pesa en la conciencia del movimiento obrero (muy débil y fragmentado orgánicamente).

Estos factores hacen que el juego político se resuma a las opciones políticas de las distintas facciones de la burguesía y la oligarquía, que no teniendo un enemigo político clasista, no necesitan unirse y prefiere apoyarse en sus partidos particulares.

La burguesía ha lanzado cuatro opciones políticas, cada una representativa de los intereses particulares de los grupos económicos de poder. El FSLN y el PLC, que no son más que la cara política de una incipiente burguesía criolla, nacida de la piñata (1990) y del saqueo del Estado desde el Gobierno de Alemán (1996) respectivamente; y que han encontrado su nutriente en el pacto político que les permite seguirse enriqueciendo aún sin controlar el Poder Ejecutivo. Y por otro lado sus alas reformistas, MRS y ALN, ambas facciones políticas nacen como reacción al pillaje y medios empresariales gangsteriles de las cúpulas de sus partidos; y representan en el caso del MRS a la pequeña burguesía incipiente; y por otro lado, a la oligarquía tradicional (Grupo BANCENTRO y Grupo BAC) en el caso del ALN.

Ambas burguesías ven en el pacto FSLN-PLC una grave amenaza a sus negocios, por la competencia desleal que éstos representan, y que es legalizada por el Poder Judicial en manos del FSLN.

¿A cuatro bandas?

Lo relevante de estas elecciones, es que el bipartidismo de facto que se mantiene desde 1990 se ve resquebrajado. Las encuestas ubican a 2 partidos a la cabeza el FSLN y ALN separados por una distancia que oscila en el 3%; a la saga el PLC y el MRS, ambos marcando un promedio de 17% cada uno. Estos datos estadísticos marcan una disminución en la polarización de las elecciones, y en realidad dejan claro que las masas nicaragüenses se muestran más críticas a los partidos tradicionales, beneficiando a sus alas reformistas ALN y MRS, organizaciones que a pesar de no tener experiencia electora previa aparecen bien ubicadas dentro del electorado.

El proceso de reciclaje que la burguesía opera en la superestructura social (partidos políticos -PLC y FSLN), efectivamente obedece a un cambio en la estructura (población), aprovechando el ALN y el MRS el desarrollo de las aspiraciones reformistas-democráticas sobre todo de las clase media y algún sector mas avanzado de las clases mas humildes.

El “pleito” por el voto

Esta situación ha generado una aguerrida lucha por el voto. El arma mas usual ha sido la ya tradicional “campaña negativa”. Lo novedoso es que este tipo de campaña, antes usada por los liberales (PLC) en contra del FSLN, ahora se ve utilizada por ambas facciones del liberalismo (ALN-PLC) en contra del otro. La demagogia y populismo de las propuestas está a la orden del día; aún así ningún candidato, incluyendo a Daniel Ortega, ha apuntado a soluciones de carácter clasista que resuelvan los problemas de diario de la clase obrera y sectores populares.

Todos los partidos abogan por el modelo neo-liberal, y su programa es dirigido a satisfacer las necesidades de su grupo económico, dejando irresolutas la problemática del pueblo trabajador.

Es vergonzoso el papel del FSLN (que se abandera defensor de los pobres), que han llamado a la “Reconciliación”, propugnado un profundo respeto a la propiedad privada, que “renegociará” la deuda interna con los banqueros y que defenderá el derecho a la vida ilegalizando el aborto terapéutico.

El FSLN es sin duda un partido burgués, que aún se escuda en la retórica populista y antiimperialista a fin de engañar al pueblo trabajador mas humilde. Ahora proclama la reconciliación de clase, que significa reconciliarnos con los “patronos” y “jefes” que nos sangran cada día, y que encuentran en la explotación de los trabajadores y la miseria del pueblo el origen de su riqueza. Este intento de conciliación entre clases es repudiable, e indica que el FSLN hace mucho abandonó la lucha por la emancipación de la clase obrera, y ahora se ubica abiertamente del lado de los patronos.

¿Ruptura del bipartidismo?

Este panorama electoral podría significar que el modelo bipartidista ceda ante las aspiraciones reformistas de las masas. Aunque suceda así, mientras ninguno de estos partidos represente a la clase obrera con independencia de clase, la burguesía seguirá reacomodándose.

Esta ruptura lejos de amenazar el régimen, mas bien es un proceso natural de “sanación” del mismo; pues mientras no seamos los trabajadores, campesinos, estudiantes y sectores populares quienes mediante nuestros métodos de clase (movilización, huelga, etc.) obliguemos al Gobierno y a los “nuevos” y viejos partidos burgueses a resolver los constantes problemas de pobreza, de salud pública, de educación y empleo, estos permanecerán irresueltos.

Es por eso que llamamos a no confiar en los partidos de la burguesía (PLC y FSLN) y a sus bastardas (ALN y FSLN), quienes al final terminarán pactando y negociando a fin de mantener la “gobernabilidad” y la “institucionalidad”. (...)

El Trabajador Centroamericano Nº 59, octubre 2006

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