24 de agosto de 2019

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EL CAMINO DE LA LUCHA ARMADA EN PERÚ.

Por: Luis de la Puente Uceda.

15 de septiembre de 2006

Escrito: En julio de 1964.

El Perú es uno de los países con raíces mas profundas en la historia de América, por los grandes niveles culturales y de organización económico-social logrados por las civilizaciones prehispánicas, por haber sido el centro del poder colonial español en América Latina y por la supervivencia indiscutible de estructuras, sistemas y costumbres pertenecientes a las etapas de desarrollo autóctono y colonial del país.

Sobre la base de un sistema colectivista agrario se transplantó el feudalismo a través de la Conquista durante el siglo dieciocho. El régimen feudal se consolida con la Independencia en las primeras décadas del siglo diecinueve al romperse los yugos coloniales de la metrópoli hispana. Un capitalismo incipiente comienza a desarrollarse a partir de la segunda mitad del siglo pasado y la penetración imperialista empieza en las primeras décadas del presente siglo y continúa hasta nuestros días.

Así encontramos al Perú actual con sistemas híbridos que podrían caber dentro de la denominación generica de régimen feudal-burgués-neocolonial, sin contar con las minorías nacionales que atraviesan por estados de salvajismo o de barbarie en la Amazonia peruana.

Este país, quizá el mas contradictorio de América Latina, ha entrado en un proceso insurreccional, cuya trascendencia es muy grande y cuyas singularidades merecen ser conocidas y analizadas. Para este fin es indispensable delinear algunos aspectos esenciales y saltantes de la realidad nacional.

La Cordillera de los Andes que atraviesa longitudinalmente nuestro país, constituyéndose en una especie de columna vertebral que deja hacia el Oeste, como repisa junto al mar a la región llamada Costa y hacia el Este a una inmensa extensión de territorio que va descendiendo hasta confundirse con la hoya amazónica continental.

La costa es una larga faja de territorio junto al mar, en un 95% desértica por la falta de lluvias originada por la presencia de la corriente fría de Humboldt frente al litoral, determinando también en clima templado pese a la ubicación geográfica de nuestro país en la zona tórrida. Pequeños valles formados por lo ríos que recogen las aguas de las lluvias en el flanco occidental de los Andes cruzan transversalmente esta faja desértica y son el asiento de las poblaciones. Las principales ciudades del país están en la Costa. Las tierras costeñas, que son muy fértiles, están acaparadas como en todo el resto del país y dedicadas fundamentalmente a la producción de algodón, caña de azúcar y algunos frutos de pan llevar. La industria fabril peruana esta ubicada fundamentalmente en esta región y en Lima se concentra, aproximadamente, el 80% de ella. Cerca de cuatro millones habitan esta zona. La costa podría ser considerada como la región capitalista del Perú.

La región cordillerana conocida como Sierra es un laberinto montañoso, con cumbres nevadas y valles profundos, con inmensas planicies llamadas punas o jalcas, con zonas de mínima vegetación en las alturas y con florestas impenetrables en los valles andinos la mayoría de los cuales se orientan hacia la selva amazónica y con climas frígidos y secos, templados y hasta tropicales, según los accidentes y latitudes geográficos. La Sierra es la región mas poblada del país. El latifundio con relaciones feudales y semifeudales, prima, Las comunidades indígenas que son ayllus primitivos del incario sobreviven en una lucha permanente contra la usurpación gamonalista y contra la división individualista en su seno. Dentro de las comunidades, fundamentalmente, y entre el campesinado en general funcionan normas colectivistas de trabajo y sentimientos de ayuda mutua y colaboración. El empirismo, la extensividad y atraso, campean en esta región, con caracteres mas agudos que en ninguna otra. La mayor parte de la tierra esta dedicada a la agricultura y a la ganadería. Los más importantes asientos mineros están en esta región y ocupan aproximadamente a 100 mil trabajadores, en su mayoría temporales y provenientes del agro. La Sierra tiene una población aproximadamente de 7 millones de habitantes, en su mayoría indios y mestizos. La Sierra representa al Perú real, al Perú feudal, al Perú indio.

La Selva es una extensa región despoblada, donde los ríos son los caminos de acceso y donde la vegetación es exuberante. La población no pasa de los 300 mil habitantes, entre blancos, mestizos y salvajes. Las partes altas, es decir, la Ceja de Selva, en las estribaciones de la Cordillera, presentan grandes posibilidades de desarrollo a corto plazo, por la fecundidad de las tierras, la topografía y el clima, estando dedicadas en gran parte al cultivo de frutos tropicales y a la ganadería. Las partes bajas, inundadas durante gran parte del año, son inmensas reservas forestales deshabitadas e inhóspitas: pequeñas ciudades se ubican junto a los ríos y viven del comercio de maderas, hierbas medicinales, animales salvajes, pieles, etc. Las mejores tierras están también acaparadas ‘por nacionales o extranjeros, bajo el amparo de supuestos planes de colonización; como el caso de la empresa norteamericana Le Tourneau que controla mas de cuatrocientas mil hectáreas.[1]

Se podría hablar en el Perú de un colonialismo interior. Desde la conquista la Costa fue en asiento de los explotadores. Allí se establecieron por la benignidad del clima y para poder huir con facilidad en caso de una sublevación indígena, que siempre temieron, temor o presentimiento heredado por sus descendientes. La Sierra y la Selva han sido y siguen siendo considerados por la oligarquía peruana como territorios coloniales. Las riquezas de estas regiones que no salen al exterior, se concentran en la Costas y fundamentalmente en Lima. La Sierra provee de peones a las minas, braceros a las haciendas de la Costa y de obreros a las industrias de las ciudades. El 80% del ejército y de la policía están formados por campesinos serranos arrancados de su medio a través del Servicio Militar Obligatorio, y que son utilizados por la Oligarquía contra sus propios hermanos de clase. Los latifundistas, los grandes burgueses, el poder central y gran parte de su frondosa burocracia, están establecidos en la Costa. Varios millones de peruanos hablan el Quechua y el Aymara y otras lenguas aborígenes, comprendiendo y hablando muy defectuosamente el español.

Sin embargo, es bueno anotar que en las últimas década se está desarrollando un proceso de mestizaje y si se quiere de peruanización de las ciudades. Millares de campesinos huyen de la opresión latifundista serrana, de la miseria y del atraso, y emigran hacia las ciudades costeñas en busca de nuevas perspectivas. Se diría que los indígenas cansados de tanta explotación y de tantas promesas, se hacen presentes en los reductos de sus señores, con su miseria, su ignorancia, sus idiomas, sus costumbres, su música. Las ciudades costeñas crecen a ritmo acelerado por las migraciones campesinas. La reconquista de la tierra que no pudieron hacer en sus lugares de origen, los indios campesinos la hacen en los arenales que circundan las ciudades. Asi van surgiendo, a través de las invasiones masivas, las “barriadas marginales” o “barriadas clandestinas” que rodean paulatinamente las ciudades. Chozas miserables, construidas con cañas, de esteras, cartones, latas, papeles, forman estas barriadas, donde habitan millones de campesinos emigrados que vegetan en la desocupación o el subempleo debido al incipiente desarrollo del país; y al aumentar desproporcionadamente la oferta de mano de obra, tiran hacia abajo los salarios de los trabajadores establecidos. Son verdaderos “cinturones de resentimiento y de miseria” que rodean las ciudades costeñas del Perú. Para dar una idea de este fenómeno, podemos decir, que una población de un millón y medio de habitantes, Lima tiene 160 barriadas marginales con una población total de 600 mil personas. Posporcentajes varían entre 20 y 50 por ciento en otras ciudades importantes de la Costa, como Arequipa, Chimbote, Trujillo, Chiclayo y Piura, etc. La oligarquía se alarma. El temor a la invasión de los desposeídos de las barriadas sobre las zonas residenciales de Lima es permanente. Se ha proyectado hasta establecer una especie de pasaportes para campesinos serranos que pretendan radicarse en las ciudades, y por otro lado, desviar la corriente migratoria hacia la Selva para proveer de mano de obra a los latifundistas o concesionarios que tienen acaparadas esas tierras; y como formas reaccionarias de conjurar el mal que señalamos y el peligro que la oligarquía vislumbra.

Para integrar este delineamiento de la realidad peruana, debemos decir que hay mas de seis millones de campesinos, en el país, y aproximadamente medio millón de obreros, incluyendo a los braceros agrícolas y a los trabajadores mineros., Dada nuestra condición de país oprimido y dependiente, la pequeña burguesía es numerosa y pauperizada, constituyendo un importante sector social. Por las mismas consideraciones, la burguesía nacional es pequeña y está postrada. La gran burguesía nacional y los latifundistas constituyen la oligarquía nacional y controlan las tierras, los capitales, el comercio de importación y exportación y algunas ramas del comercio interior y exterior. El imperialismo se sustenta en ellos para penetrar en nuestro país y controlar la economía, especialmente extractiva, incursionando también en el comercio, la industria, la banca y los servicios.

El acaparamiento de la tierra y las riquezas en general, no tiene límites. Veamos el grado de concentración de la tierra, por regiones, de acuerdo a las estadísticas oficiales: en la Costa: el 10% de los propietarios poseen el 89% del área agrícola; en la Sierra: el 3% de los propietarios poseen el 83%; y en la Selva: el 3% de los propietarios poseen el 93% del área adjudicada en concentraciones de colonización.

La gran burguesía peruana está íntimamente ligada con el latifundismo y consecuentemente con el régimen semifeudal imperante en la mayor parte del agro. El cordón umbilical que los une es muy fuerte. Los grandes latifundistas son, a la vez, grandes burgueses, es decir, que incursionan en la industria, en el comercio y en las finanzas.

Nuestras grandes riquezas mineras como el cobre, plomo, hierro, zinc petróleo, plata, oro, vanadio, bismuto, tungsteno, etcétera, están en manos de empresas imperialistas como la Cerro de Pasco Corporation, Southern Perú Mining, Northern Mining Co., Marcona Mining Co., Internacional Petroleum Company, etcétera.[2]

La principal industria nacional de exportación en la actualidad, es la harina de pescado, ocupando el Perú el primer lugar en el mundo al haber superado al Japón. Ella está controlada por empresas extranjeras en más de 60%.

Los salarios son miserables y fluctúan en la región de la Costa y las minas entre veinte y cuarenta soles diarios, lo que equivale a ochenta centavos de dólar y un dólar cincuenta centavos. En grandes zonas de la Sierra funciona el trabajo servil gratuito en forma de renta-trabajo por el usufructo de una parcela de tierras de los latifundios. Existen salarios de un sol al día. El régimen feudal es la fuente de mano de obra barata a través de sistemas mixtos de renta-trabajo y salarios, para lo cual las grandes empresas mineras de la Sierra y las empresas agrícolas de la Costa poseen latifundios en la Sierra para satisfacer sus necesidades de mano de obra barata y enfeudada.

La miseria de nuestro pueblo llega a tales extremos que en algunas regiones las familias campesinas regalan o venden a sus hijos para que no mueran de hambre en su poder. En algunas barriadas costeñas es frecuente encontrar a mujeres y niños recogiendo los desperdicios arrojados a los basurales para poder alimentarse ellos, disputándolos con los cerdos y los perros.

Los índices alimenticios de la población están entre los más bajos del mundo, con un promedio de mil novecientos veinte calorías. La mortalidad infantil nos coloca entre los primeros del mundo. La tuberculosis, la silicosis, la parasitosis, el paludismo, la tifoidea y otras enfermedades tienen el carácter de endémicas. Podemos decir que la mayoría de nuestra población se cubre con harapos y no usa zapatos. La vivienda es miserable.

El 62% de la población es analfabeta y más de un millón de niños carecen de escuelas. La educación secundaria, técnica, superior y hasta la primaria completa constituyen privilegios que están fuera del alcance de las mayorías nacionales. El poder político está en manos de la oligarquía feudal-burguesa pro-imperialista. La oligarquía peruana es muy fuerte y avesada. En ninguna época de nuestra historia ha perdido los controles del Poder. El actual régimen es un híbrido: el Ejecutivo representa a determinados sectores de la burguesía nacional y de la gran burguesía, mientras que el parlamento representa fundamentalmente a los latifundistas, a los grandes burgueses, sirvientes del imperialismo.

Los partidos de la burguesía y de los latifundistas, APRA[i], Acción Popular y Unión Nacional Odriísta[ii], controlan a las grandes masas, especialmente en la Costa. La izquierda representada por el Partido Comunista hoy dividido en dos fracciones: el Frente de Liberación Nacional, dividido en tres fracciones; el Trotskismo, representado por tres pequeños grupos; el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).

Hay que anotar que la mayoría de la población adulta nacional está fuera del proceso político electoral por ser analfabeta.

Un ambiente de frustración, de escepticismo, impregna la conciencia colectiva. La expresión; “Al Perú no lo salva nadie” es general y sentida. Las traiciones de que ha sido víctima nuestro pueblo por partidos como el APRA o demagogos como Belaúnde Terry[iii], para citar los mas recientes, y los fracasos que ha sufridos por falta de conducción revolucionaria, han generado el escepticismo y el temor generalizados.

Aunque en apretadas síntesis creemos haber delineado la triste y apasionante realidad de nuestra patria.

Frente a ésta realidad se plantea el problema de la Reforma o la Revolución.

El imperialismo norteamericano y algunos sectores de la burguesía y el latifundismo, ante el temor de la revolución, pretenden realizar en América Latina un esfuerzo de transformación de reforma o de revolución pacífica que salvaguarde en lo fundamental sus intereses.

En el documento intitulado “Nuestra Posición”, publicado por el MIR en 1964, se sostiene:

“hasta entonces, el imperialismo (nos referimos antes de la Revolución Cubana) -que en todo esto es el gran componedor- se había apoyado para resguardar sus intereses sobre sus cómplices mas naturales: la oligarquía latifundista y la gran burguesía. Mas la Revolución Cubana ha revelado hasta que punto son ya inseguros estos soportes. Ha puesto en evidencia que, por ser ellos la expresión más escandalosa de la injusticia y de la represión, incuban una bomba de tiempo que amenaza hacer volar en añicos todo el sistema. El imperialismo se ha alarmado y ha querido cambiar de puntos de apoyo. Este imperialismo alarmado es el “Kennedismo”. Este aceptó apoyarse más decididamente en otros sectores también poderosos de la burguesía y en algunos sectores no latifundistas vinculados a la tierra. Sobre estas bases el propósito era construir una democracia representativa capaz de llevar a cabo la soñada revolución pacífica, con abundante crédito del exterior y con sacrificio parcial de la oligarquía, imponiéndole aunque no sea más que un remedo de Reforma Agraria.

“El esquema se ofrecía magnífico y dejaba amplio margen a la demagogia. Con él se presentaban ante las masas y en efecto lograron atraer tras de sí muchas esperanzas. Así, con el visto bueno de Kennedy, apoyándose en poderosos sectores de la burguesía, mas el equipo de militares en el poder y con el voto de una gran parte del electorado, ascendió al gobierno, el abanderado de una nueva composición de fuerzas acuñadas en la Alianza Acción Popular-Democracia Cristiana, Fernando Belaúnde Terry.

“Como se desprende fácilmente, el esquema para que siquiera comenzara a marchar necesitaba que se cumpliera ante todo un requisito indispensable: que la oligarquía entendiera razones y aceptara dejarse liquidar pacíficamente. Pero, como decíamos anteriormente y lo demuestra a cada paso la realidad, vano es apelar a los sentimientos y a la cordura de los enceguecidos oligarcas. Por el contrario, confirmando las enseñanzas del marxismo, tampoco quiere la oligarquía abandonar la escena de la historia sin antes dar la última batalla. Desplazada del ejecutivo, la oligarquía comenzó a organizar su defensa. No le fue difícil lograrlo, alquilando y reconciliando viejos traidores. Ahora la tenemos en el Parlamento, dominándolo a través de esa "cópula contra natura" que es la Coalición APRA-UNO. Así la tenemos intransigente y no dejándose tocar uno de sus cabellos.

“Tal es primer engranaje que no ha querido funcionar dentro del esquema, el mas importante acaso, pero no el único.

“Estas mismas fuerzas que en el Parlamento se han erigido en defensores a muerte del latifundio, han asumido igualmente la defensa de los intereses del imperialismo “no alarmado” -o muy de otra manera alarmado- representado por el Pentágono. Ese es el sector del imperialismo -el mas fuerte por ser el mas consecuente con la naturaleza agresiva del mismo- que no está dispuesto a hacer ninguna concesión; que le mezquina los créditos a la Alianza para el Progreso; que ha asesinado a Kennedy; que prefiere seguir apoyándose en las antiguas oligarquías; que confía mas en las dictadura militares y que no acepta, por supuesto, ni siquiera un decoroso arreglo sobre el petróleo de la Brea y Pariñas. De este sector reciben sus consignas el APRA y la UNO. Nada más natural, siendo los representantes de la oligarquía cavernaria. Como tales colaboran también en privar al gobierno de sus bases fundamentales: los créditos. Para ello no trepidan en hacerlo sospechoso de comunismo”

Sin embargo en el escaso tiempo transcurrido hemos visto que el kennedismo fue sepultado con su propugnador y que en forma cada vez mas evidente la política norteamericana se orienta por los dictados del Pentágono, es decir, hacia las posiciones mas intransigentes en cuanto a la defensa de sus intereses y el sometimiento de nuestros países y hacia la indiscriminada selección de sus títeres, aceptando y propiciando, según sus conveniencias, golpes militares, cuando la democracia representativa no es garantía plena e sus intereses. Guatemala, El Salvador, Honduras, Ecuador, Brasil, y Bolivia, podrían servir de ejemplo. Mas aún, la "política Johnson” ha llegado, en el caso de la República Dominicana, a la intervención armada directa para detener un movimiento que no pasaba de reformismo, pese a sus indiscutibles matices populares y democráticos.

El saqueo de nuestros pueblos por el imperialismo norteamericano y sus aliados y la pauperización creciente de las mayorías populares, hace inoperante las reformas dentro del marco cada vez mas estrecho, por ellos establecido, poniendo a nuestros pueblos sobre la única vía que es la revolución.

Pero al escoger el camino de la revolución es indispensable determinar la clase o clases llamada a dirigirla.

El siete de febrero del año pasado, decíamos en la Plaza San Martín de Lima, en un mitin convocado por la izquierda peruana:

“En otras etapas de la historia del mundo, la burguesía cumplió una tarea revolucionaria destruyendo el régimen feudal. La burguesía como clase cumplió su misión histórica con la revolución liberal. Pero en la etapa actual histórica que vive el mundo y con las condiciones de países como el nuestro, la burguesía está incapacitada para conducir la lucha contra los explotadores de adentro y de afuera.

“Nuestra burguesía, como todas las otras burguesías de países semicoloniales como el Perú, es incapaz de cumplir su misión revolucionarias porque el desarrollo industrial capitalista exige un mercado nacional e internacional libres. Pero lo que sucede que lo que queda del mundo capitalista está repartido entre las grandes potencias imperialistas, que fueron las primeras en realizar su revolución burguesa. El Perú como América Latina ha sido objeto de ese reparto y como tal se encuentra bajo el dominio de los grandes monopolios imperialistas, principalmente los monopolios yanquis.

“Por otro lado, nuestro sector terrateniente se encuentra íntimamente vinculado, por sus intereses con aquellos monopolios, pues la oligarquía latifundista, sacrificando cualquier otra clase de producción produce materias primas para ser exportadas a los países imperialistas. La importación y exportación de materias primas como azúcar, algodón, harina de pescado y minerales, etc., y la importación de productos manufacturados son las principales fuentes de riqueza de la oligarquía y de sus amos imperialistas. Ya al mismo tiempo ésta relación, ese maridaje, entre la oligarquía y los monopolios norteamericanos es el yugo que impide nuestro desarrollo independiente y nuestro progreso. La economía de nuestro país ha sido deformada para servir mejor a aquellos intereses de la oligarquía y el imperialismo. Lógicamente esos intereses controlan el poder político y el poder militar.

“Como consecuencia de lo anterior, cualquier revolución en el Perú tiene necesariamente que atentar contra esos intereses, tiene que ser al mismo tiempo, antioligarquica y anti-imperialista.

“En estas condiciones, la burguesía peruana, incipiente, débil, subdesarrollada, está incapacitada, es impotente para conducir esa revolución anti-imperialista y antioligarquica. Para ello no tendría mas remedio que apelar a las masas, y la burguesía sabe que si apela a las masas, éstas terminarían pasando por encima de ella, hasta alcanzar plenamente todas sus reivindicaciones. Para la burguesía las masas significan un peligro más grande aún que la oligarquía y el imperialismo. Ante este peligro la burguesía prefiere claudicar y acomodarse. Utiliza al pueblo a través de la demagogia electoral para conseguir agruparse en el poder y luego lo traiciona, apoyándose en la oligarquia y el imperialismo para mantenerse en el poder. La burguesía no tiene mas remedio que traicionar para sobrevivir.

“Ha pasado la hora de la economía capitalista perfeccionadota de la explotación del hombre por el hombre. La burguesía peruana llega tarde a la historia. Ella no es dueña ni de su propio mercado. Tan solo las masas que no tienen interés en seguir manteniendo ningún régimen de explotación serán capaces de enfrentarse a la oligarquía y al imperialismo hasta las últimas consecuencias. Esta es la hora de los pueblos. Esta es la hora de iniciar el camino hacia el socialismo”

Aun coincidiendo en todo lo anterior, que ha sido plenamente confirmado durante la actuación gubernativa de Belaúnde, hay quienes llamándose integrantes de partidos de izquierda, revolucionarios y marxistas, sostienen que las condiciones objetivas y subjetivas no están dadas en el Perú para iniciar la insurrección, y por ello, escogen caminos de transacción con la burguesía, adaptan esquemas reformistas y llaman provocadores y aventureros a quienes sostenemos que sus puntos de vista son una aberración.

No es necesario hablar de las condiciones objetivas, porque ellas, no sólo están maduras, sino que lo han estado siempre. No creo que haya un país en América Latina que presente condiciones infra y supraestructurales, tan injustas, tan carcomidas, tan arcaicas como las nuestras.

En cuanto a las condiciones subjetivas, partimos de la concepción de que ellas no está plenamente dadas, pero que el inicio del proceso insurrecional será factor desencadenante para su perfección e integración, con caracteres tales que no es posible imaginar. Además, hay que advertir que si esas condiciones subjetivas no han alcanzado la madurez requerida es, entre otras cosas, por la incapacidad de los partidos o grupos de izquierda para crearlas o integrarlas.

Para una mejor comprensión, es bueno anotar algunos aspectos de este problema que ponen en evidencia que la conciencia de lucha de nuestras masas, supera en mucho la capacidad conductora de quienes han pretendido o pretenden llamarse vanguardia revolucionaria del pueblo.

El año 1963, apoyándose en las demagógicas promesas de Belaúnde sobre la entrega de la tierra a los campesinos, a través de una Reforma Agraria radical y acelerada, los campesinos comuneros de la región serrana del Centro del país, iniciaron el 28 de Julio, día de la Patria, mientras Belaunde recibía la banda presidencial entre boatos, loas, burocracia, la reconquista de la tierra por medio de invasiones a las haciendas vecinas, la mayoría de las cuales son fruto de la usurpación el robo a las comunidades indígenas o a los núcleos campesinos. Esta ola de invasiones, que surgieron como un movimiento espontáneo, se extendió por todo el país, como un reguero de pólvora y, por doquier, millares de campesinos, hombres, mujeres y niños, con banderas, con tambores, con pututos[iv], marcharon sobre los latifundios en un proceso sin precedentes en toda la historia del país. La falta de una vanguardia capaza de dirigir este proceso determinó que Belaúnde, poniendo en juego sus dotes demagógicas una gran campaña de propaganda y una represión desalojadora, sangrienta y gigantesca, que ha durado hasta el año pasado, pudiera controlar el fenómeno, hacer retroceder al campesinado y mantenerlo estático por un tiempo, tras vanas esperanzas de recibir por medios legales la tierra que siempre le perteneció y que hoy vivifican los campesinos con su trabajo en calidad de siervos. Provincias enteras habían sido invadidas. En el Centro y en el Sur, este fenómeno fue arrollador, gigantesco, histórico, anuncio que ha de señalar la singularidad de nuestro proceso revolucionario en el Continente y quizá en el mundo.

La presencia de las comunidades indígenas, que exceden de cinco mil, pese a que solo mil seiscientas están reconocidas oficialmente, agrupando aproximadamente a tres millones de campesinos, y el creciente proceso de sindicalización campesina dentro de los latifundios, esencialmente en el Sur, son factores de primer orden que dan luces sobre el problema y sus perspectivas.

Hemos hablado ya de las barriadas clandestinas, que surgen como encanto alrededor de las ciudades, a través de la invasión de tierras eriazas o lotes por construir en las afueras de las ciudades por obra de los campesinos migrados de la Sierra. Muchos peruanos han caído en éstas luchas por conquistar un pedazo de tierra y levantar en él su mísera vivienda. Es frecuente desde hace varios años ver los desalojos de barriadas enteras surgidas al amparo de la noche, embanderadas con el rojo y blanco de nuestro emblema nacional, en medio del fuego, del tronar de los fusiles policiales, el llanto de mujeres y de niños, y la lucha inerme de todos, por mantener aquello que es todo su patrimonio.

En cuanto a la clase obrera, en su mayoría está todavía controlada por los partidos burgueses, pero sin embargo, el proceso de conciencialización avanza y muchos sectores obreros (mineros, azucareros, y fabriles) han producido movimientos de gran envergadura que solo han podido ser controlados a sangre y fuego.

Vale la pena recalcar que de las dieciséis universidades que funcionan en el país doce están completamente controladas por la izquierda, y que tanto los estudiantes universitarios como los secundarios, protagonizan permanentemente acciones de masas en las ciudades y mantienen en jaque a las fuerzas policiales.

Por último, cabe mencionar un acontecimiento que hizo noticia el año pasado, cuando se produjo una masacre en la que murieron mas de mil personas en Lima, pese a que los informes policiales hacían aparecer solo una tercera parte de esa cifra, como consecuencia de la bestial represión policíaca por algunos desmanes producidos en el Estadio Nacional durante un partido internacional de fútbol. En esa oportunidad, el pueblo limeño combatió durante dos días contra las fuerzas de la policía y del ejército, dando escape a su furia contenida y demostrando su indiscutible decisión de lucha. En analogía a cualquier reclamo popular o estudiantil, en las ciudades especialmente en Lima, terminan con incendios a ómnibus, rotura de vitrinas y asaltos masivos a la propiedad burguesa y a las fuerzas policiales.

Todo lo anterior configura una realidad subjetiva indiscutible dentro de las masas y demuestra a las claras que lo que hace falta en nuestro país es la vanguardia revolucionaria capaz de canalizar las ansias reivindicativas de nuestro pueblo, darle forma y organicidad y conducirlas a través de caminos adecuados y valederos.

La afirmación de que las condiciones objetivas y subjetivas no están dadas en el Perú para el inicio de la insurrección, no pasa de ser un pretexto para detener la revolución; o la prueba de la incapacidad directriz revolucionarias o de la minoría de quienes utilizan la etiqueta de marxista-leninistas o de revolucionarios.

Felizmente para el Perú, las tesis anteriores van siendo descartadas y se abre paso el criterio de la insurrección, la lucha armada debe estar en el orden del día y los explotados deben proponerse desde ya la captura del poder.

Surge sin embargo, la contraposición de concepciones y de esquemas. Hay todavía quienes sostienen demagógicamente los esquemas tradicionales de la Revolución de Octubre, dirigida materialmente por el proletariado y teniendo como escenario las ciudades. Por otro lado existen sectores del trotskismo, como el FIR (Frente de Izquierda Revolucionario) que dirige Hugo Blanco, que sostiene la tesis del poder dual creado sobre la base de organizaciones campesinas que fueran arrebatando funciones a las autoridades del poder oligárquico y que se fueran extendiendo y desarrollando en federaciones provinciales, departamentales, regionales, para llegar a controlar un gigantesco poder campesino popular, y siguiendo un proceso creciente de radicalización ir creando sus instrumentos armados milicianos, para culminar con el asalto al poder como un fenómeno fundamentalmente de masas.

Por nuestra parte, desde que surgimos a la vida política nacional el 12 de Octubre de 1959, sostuvimos la necesidad de encarar el fenómeno partiendo de la lucha armada en el campo, con la estrategia y táctica guerrilleras, para arrancar las vendas del engaño, del temor, del escepticismo que cubren la conciencia de nuestro pueblo; para ir movilizando, organizando, concientizando e incorporando paulatinamente a la lucha a las grandes masas campesinas, estudiantiles, pequeño burguesas, de la clase obrera, para ir construyendo el Ejército Rebelde; desintegrando con la propaganda y la lucha al Ejército mercenario (integrado, como ya queda dicho, en su gran mayoría por campesinos); y para capturar el poder dentro de un proceso militar estrechamente vinculado a las masas, es decir, de guerra del pueblo, que avance de los Andes a la Costa, del campo a las ciudades, de las provincias a la capital.

El esquema citadino de la Revolución de Octubre no corresponde a nuestra realidad, ya que el poder oligárquico está intacto y no en descomposición, como en aquella gesta histórica, y solo es fruto del dogmatismo de algunos sectores trotskistas ortodoxos y de la generalizada debilidad de realizar transplantes mecánicos de esquemas extraños.

El esquema del poder dual debió quedar descartado con el fracaso de Hugo Blanco[v], que pese a haber desarrollado un interesante proceso de organización y de lucha reivindicativa de las masas, se desmoronó a la primera embestida de las fuerzas represivas.
El esquema insurreccional del MIR se fundamenta en las concepciones siguientes:

- Las condiciones objetivas y subjetivas están dadas, y si las últimas no plenamente, ellas se integrarán dentro del proceso.

- Los explotados deben plantearse desde ya la captura del poder por medio de la lucha armada.

- La estrategia y táctica guerrilleras, desde una primera etapa, y las correspondientes a la guerra de maniobras, y quizá de posiciones, para las etapas posteriores, deben ser formas de lucha armada.

- Dada nuestra condición de país predominantemente campesino y las características geográficas ya anotadas, la insurrección debe iniciarse en la sierra o en los contrafuertes orientales de la Cordillera.

- Teniendo en cuenta la extensión de nuestro país y su falta de integración geográfica, vial, lingüística, racial, cultural, es requerible contar con varios focos guerrilleros para el inicio y desarrollo de las acciones.

- A través el impacto de las acciones guerrilleras deberá ir desarrollándose la construcción del Partido, y en base a éste, la movilización, organización, concientización e incorporación de las masas a la lucha, en el campo y la ciudad.

- Considerando nuestra condición de país subdesarrollado, que sufre la agresión conjunta de latifundistas, grandes burgueses e imperialistas. Es indispensable la unidad de los sectores explotados: campesinos, obreros, pequeña burguesía y sectores progresistas de la burguesía nacional, dentro de un frente único, con la hegemonía de la alianza obrero-campesina, representada por el partido revolucionario, marxista-leninista.

- La Revolución Peruana es parte del fenómeno continental y mundial, lo que exige formas progresivas de integración en todos los aspectos y etapas, para poder derrotar a las fuerzas oligárquicas e imperialistas continentalmente coaligadas.

Partiendo de éstas consideraciones fundamentales, el MIR ha venido realizando los trabajos previos que consideraba indispensable para iniciar y garantizar el desarrollo de un proceso histórico, como el que hoy vivimos.

Cabe hacer mención también a otro punto que ha sido y sigue siendo motivo de controversia, de polémica o de móvil de actuación dentro de la izquierda peruana y quizá continental. Para algunos sectores, concordando en lo fundamental con las consideraciones señaladas en el párrafo anterior, era necesario contar con un gran partido de masas de estructura leninista, para conducir el proceso insurreccional. Para alcanzar aquella meta había que realizar tareas políticas dentro del concepto tradicional de la política en nuestros países que debe entenderse como politiquería, electoralismo, transacción con la burguesía, oportunismo, burocratismo, etcétera. etcétera.. Por otro lado había que desarrollar tareas de organización de las masas en frío, sin tener en cuenta su escepticismo, su temor y el engaño de que son víctimas y, además, sin considerar las consecuencias del reformismo, la intensidad y frecuencia de la represión y la habilidad indiscutible de la oligarquía peruana, que en ningún momento de la historia republicana se ha dejado arrebatar el poder, como puede haber sucedido en otros países latinoamericanos, durante los movimientos “liberales” del siglo pasado o los movimientos burgueses de éste siglo.

Nosotros consideramos que partiendo de mínimos indispensables en cuanto a organización partidaria y a prestigio dentro de las masas hay que abocarse fundamentalmente al trabajo insurrecional, con la seguridad que durante la etapa preparatoria concreta de las zonas guerrilleras, y con mayor intensidad después del inicio de las acciones, será posible construir el partido y movilizar, organizar, conciencializar e incorporar a las masas a la lucha armada. Lo anterior implica comenzar por el nivel mas alto de la lucha armada y a través de él construir el verdadero partido de la revolución e incorporar las masas a la lucha.

La experiencia nos viene demostrando que estábamos en lo justo al plantear el problema con esos criterios. Al establecernos los dirigentes y los principales cuadros del MIR en las zonas que llamamos de seguridad, era indispensable montar aparatos mínimos de abastecimiento, información y de enlace con los campesinos de la zona, que impactados por la presencia de grupos armados en la montaña y por medio de un trabajo ideológico intenso, han ido descartando su escepticismo, su temor y el engaño que frenaba su ansia centenarias de lucha, constituyéndose en células, las mismas que paulatinamente han ido creciendo y multiplicándose, fortaleciéndose desde el punto de vista ideológico, y encarando bajo la dirección nuestra, nuevos aspectos de trabajo, como la propaganda clandestina, la organización de nuevas células y sindicatos campesinos y actuando dentro de las organizaciones de masas, con el método de trabajo abierto.

Con el comienzo de nuestras acciones por una de las guerrillas del MIR, la Guerrilla "Túpac Amaru", en la Sierra Central del país, la impactación ha crecido a nivel nacional. De la propaganda armada secreta estamos pasando a la propaganda armada pública y a otras formas de propaganda y difusión. La acción armada radicaliza a las masas y la represión consiguiente produce los mismos resultados. En esta forma va desarrollándose el proceso integralmente, partiendo del catalizador de la lucha armada, Cuando las guerrillas “Atahualpa”, y “César Vallejo” en la Sierra Norte, y las guerrillas "Manco Inca" y "Pachacútec" en el Sur, comiencen las acciones, siguiendo una progresión planificada por el Comando del MIR, los alcances de nuestra impactación y de nuestro trabajo de masas, serán inmensamente mayores.

Aunque es muy difícil prever el rumbo de los acontecimientos, es posible aventurar algunas ideas generales en cuanto a las perspectivas del proceso que se ha iniciado en el Perú con las acciones guerrilleras del MIR.

Creemos que nuestro proceso insurreccional adquirirá formas características de una verdadera revolución agraria y que las acciones de las masas campesinas comenzarán con las invasiones de los latifundios usurpados a las comunidades y a los núcleos campesinos, bajo la dirección de las células y comités clandestinos del partido revolucionario y con el amparo de los grupos guerrilleros. Los propios campesinos organizarán milicias de autodefensa y de acuerdo a su nivel ideológico y entusiasmo revolucionario, irán siendo incorporados a las guerrillas zonales o a las columnas del Ejército Rebelde.

Las contradicciones sociales en el campo son en tal grado antagónicas, que no podrán ser resueltas con paliativos, con parches o con promesas y su carácter centenario y nacional les da fuerza suficiente para generar un proceso sin precedentes.

La Sierra es la región mas poblada del país, como ya hemos dicho, y abastece a los mercados citadinos en gran proporción. La mayoría de carreteras y ferrocarriles son transandinos, elevándose paulatinamente desde el nivel del mar para tramontar la Cordillera Occidental, y alguno de ellos las cordillera Central y Oriental de los Andes, cruzando abismos, valles, laderas y planicies en una sucesión impresionante. Las líneas de abastecimiento de las fuerzas militares parten forzosamente de la Costa, mientras que las líneas de abastecimiento de las poblaciones costeñas parten de la sierra. He ahí la ecuación geográfica, económica y militar que debe tenerse en cuenta y resolverse.

Hemos visto, también, que el Ejército y la Policía están integrados en un ochenta por ciento por campesinos serranos, lo que hace muy discutible su solidez represiva, frente a un fenómeno social agrarista serrano.

No hay que olvidar que la pequeña burguesía urbana y rural, sufren las consecuencias de la explotación y el subdesarrollo originado por la oligarquía y el imperialismo, lo que hace de ella una clase muy importante para el desarrollo insurreccional y revolucionario en el país, fundamentalmente a través de los sectores estudiantiles, intelectuales, profesionales, técnicos, artesanales y propietarios de algunos medios de producción.

La clase obrera seguirá su proceso de radicalización comenzando por los sectores mineros, y de braceros agrícolas. Y, por último, la población desocupada y subempleada de las barriadas, que sufren la desadaptación y la miseria, y que está en condiciones de comprender las diferencias sociales y económicas existentes en el país, por el hecho mismo de vivir en las ciudades como sirvientes de los oligarcas, como obreros expoliados, como comerciantes ambulantes o como simples espectadores del boato oligárquico, del lujo de sus residencias y de la insensibilidad y el desprecio del que hacen gala frente al pueblo, se ha de convertir fácilmente, en determinada etapa del proceso, en una luz incontenible.

Las guerrillas constituyen, dentro de ésta concepción de guerra del pueblo, catalizadores de la explosión social, gérmenes del Ejército Rebelde, factores de propaganda y organización, escuelas ideológicas y militares.

Otro aspecto trascendental que se impone en la perspectiva es la unidad de la izquierda. Al respecto sostenemos que ella es indispensable para el desarrollo y culminación de la lucha, estando condicionada a que se produzca en el proceso, en la lucha misma, descartando las formas de parlamentarismo intrascendente e insincero, y además, que la unidad de la izquierda ha de significar todo un proceso. Tenemos confianza en que todos los verdaderos revolucionarios, todos los marxista-leninistas auténticos tendrán que pasar por las puertas de la historia que el MIR está abriendo en el Perú, sino quieren quedar una vez mas a la zaga en la historia de América.

Consideramos que el Partido de la Revolución Peruana se irá construyendo dentro del proceso insurreccional y que sus cuadros dirigentes surgirán de la lucha misma. No usamos la etiqueta de Partido, sino que nos llamamos lo que somos, un Movimiento que pretende ser un factor de gestación del Partido de la Revolución Peruana.

Por otra parte, la Revolución Peruana es parte de la revolución continental y mundial. Obedece al impulso incontenible de la liberación de los pueblos oprimidos y se dirige contra los enemigos de los pueblos del mundo: el imperialismo norteamericano, y sus lacayos oligárquicos. La insurrección en América Latina no es mercancía que se exporta de uno u otro país, sino, fruto auténtico de las contradicciones inherentes al sistema imperante en nuestros pueblos. La insurrección en América Latina se ha iniciado en Venezuela, Guatemala, Colombia y Perú, y muchos otros países están frente al umbral de las acciones armadas. Ninguna fuerza será capaz de detener este proceso revolucionario, más cuando está vinculado al fenómeno mundial de la revolución y cuando las contradicciones imperialistas se agudizan y sus frentes de lucha se multipliquen.

Consideramos que el imperialismo norteamericano en su desesperación recurrirá a sus ingentes medios para detener y sofocar la guerra emancipadora continental. Estamos seguros que la intervención armada norteamericana en nuestro territorio ha de producirse con mayor celeridad que en otros países, porque los capataces del Pentágono saben bien de la trascendencia de una insurrección triunfante en desarrollo en el corazón de América Latina. Pero, asimismo tenemos confianza en que la guerra nacional de liberación en nuestro país será un positivo factor polarizador de las conciencias contra el explotador e intervencionista extranjero.

Los imperialistas norteamericanos propician desde ya la fuerza interamericana de defensa, dirigida contra los movimientos de liberación de nuestros pueblos; pero igualmente debe comprenderse que nuestra lucha nacional revolucionaria se convertirá a la corta o a la larga, en lucha continental revolucionaria, porque al fin de cuentas todos nuestros pueblos participan en la misma ansia de liberación y el proceso de unos, irá radicalizando a los otros, e incorporandolos a la lucha con los métodos y formas correspondientes a sus propias realidades.

El proceso insurreccional iniciado por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) corresponde a una revolución nacional popular, antioligarquica y anti-imperialista llamada a establecer el gobierno democrático que siente las bases para la instauración del socialismo en nuestra patria.

Tenemos plena confianza en nuestro glorioso pueblo y tenemos fe en la revolución.

Ello alienta nuestra decisión de continuar, a costa de cualquier sacrificio por el camino que hemos escogido y seguir haciéndonos dignos de la condición de vanguardia revolucionaria del pueblo peruano.

Notas:

[1] En 1971 o 1972 a esta empresa norteamericana le fue cancelada la concesión por el Estado, debido a que no cumplió con los planes de colonización concertados. La explotación ganadera que logró desarrollar pasó a manos del monopolio estatal Epsa.

[2] De éstas empresas quedan funcionando en el país: la Southern y la Northern, las otras fueron expropiadas.

[i] Alianza Popular Revolucionaria Americana: Movimiento social-democratico fundado en Mexico en 1924 por el entonces estudiante exiliado peruano Victor Raul Haya de la Torre. En una epoca existieron células apristas en varios países, pero a largo plazo solo subsistió el Partido Aprista Peruano. Haya y el APRA inicialmente adoptaron poses y programas revolucionarios, incluso tratando de iniciar un alzamiento armado en el Perú en 1932, pero poco a poco su corte anti-comunista y reformista salio al frente. Para mayor informacion ver Archivo Victor Raul Haya de la Torre. (Nota del MIA)

[ii] Se refiere al partido establecido para promover la re-eleccion a la Presidencia de la Republica del General Manuel A. Odria (1897-1974), quien goberno al Peru desde 1948 hasta 1956, periodo conocido como "el Ochenio". (Nota del MIA)

[iii] Fernado Belaunde Terry (1912-2002): Arquitecto de profesion y jefe del partido centro-derechista Accion Popular. Fue electo a la Presidencia de la Republica por dos periodos: en 1963, siendo depuesto por un golpe militar en 1968, y 1980-1985. (Nota del MIA)

[iv] Trompeta tradicional, de origen precolombino, elaborada de la concha de un gran caracol marino. (Nota del MIA)

[v] En 1962, los campesinos de los valles de La Convención y Lares en el departamento del Cusco realizaron tomas de tierras. Ante la escalada represiva que resultó, el sindicato de Chaupimayo, en el cual militaba Blanco, optó por defenderse con las armas y se organizó la columna guerrillera Brigada Remigio Huamán, nombrada en honor a un campesino asesinado por la policía. Pero, el accionar de la guerrilla fue breve, ya que en mayo de 1963 se desbarató la columna y Blanco fue capturado. Cumplió siete años en prisión, siendo liberado en 1970 por el gobierno reformista militar de Juan Velasco Alvarado. Solo una campaña internacional lo había salvado de la pena de muerte. Para mayor lectura ver: Hugo Blanco, 1972, Tierra o muerte: las luchas campesinas en Perú, Siglo XXI Eds., México. (Nota del MIA)

(Edición digital: Marxists Internet Archive, 2006. Fuente: Obras de Luis de la Puente Uceda. Voz Rebelde Ediciones, (Lima?), 1980).