10 de noviembre de 2019

INICIO > OTRAS SECCIONES > TEXTOS SELECCIONADOS

LOS BOMBEROS DE LAS LUCHAS POPULARES

Por: Luis Arce Borja

20 de junio de 2005

Sin andarse con muchos rodeos conceptuales, habría que admitir que actualmente la izquierda legal en América Latina presenta una imagen política deprimente. Ha cambiado desvergonzadamente su rol político, y si antes encubría su verdadera naturaleza oportunista, ahora no tiene problemas para mostrarse abiertamente al servicio de los grupos de poder. De organización adicta a la lucha de clases (por lo menos en el discurso), se ha convertido en verdaderos bomberos de la lucha social. Su rol es preponderante ahí donde los movimientos populares se tornan peligrosos para el Estado y las clases que detentan el poder.

¿Cuál es la esencia de este fenómeno?. Lo que se conoce como izquierda oficial en América Latina es un producto social, y en tanto ello, sus rasgos fundamentales provienen de un sistema político en pleno proceso de descomposición. Su forma de actuar está en interrelación con una economía primaria (semicolonial y semifeudal) aceptable y de conveniencia para el capital internacional. El modo de producción material, enseña el materialismo histórico, determina el proceso de la vida social y política. Esta izquierda, así como la derecha germinan en un sistema político de ínfima categoría regentado por un bloque interno (burgueses y terratenientes) decadente y carente completamente de un espíritu democrático y mismo liberal. La supervivencia de esta izquierda está amarrada al destino de las clases políticas que detentan el poder del Estado y sus principales acciones no van más allá de los parámetros consentidos por los gobiernos de turno. Esta breve precisión nos ayuda a formular la esencia política de una izquierda que como hemos dicho en artículos anteriores, ha perdido cualquier vínculo con la lucha de liberación y los movimientos populares clasistas. Su comportamiento, groseramente oportunista, es una especie de contrarrevolución preventiva desde la izquierda que se materializa en una acción propia de muro de contención del incendio social.

Su conducta y su forma de actuar se desarrollan en complicidad con los grupos de poder y las potencias extranjeras. Hay muchos ejemplos de la naturaleza entrelazada de los intereses políticos de esta izquierda y la derecha propiamente dicha. Esta izquierda está comprometida con el orden burgués del que logra múltiples ventajas, y bajo este propósito su actuación política tiene el objetivo estratégico de mantener el orden establecido. En el terreno electoral, su principal campo de actividad, su accionar es sobre todo para legitimizar los gobiernos corrompidos y criminales. Un ejemplo concreto es el caso peruano, cuya izquierda desde 1980 no ha dejado de participar en ninguna de los procesos electorales, que como se conoce fueron instituidos para legalizar los peores y más sanguinarios regímenes de la historia republicana del Perú. Así, mientras que el Perú se desangraba en la vivencia de una etapa violenta con mas más de 15 mil personas secuestradas y desaparecidas, con decenas de centros de tortura a cargo del ejército, con cientos de cementerios clandestinos, con miles de ciudadanos en las brutales prisiones peruanas, y con más 40 mil asesinatos cometidos por militares, policías y grupos paramilitares del Estado, la izquierda vivía una verdadera primavera política con senadores, diputados, alcaldes, y hasta ministros salidos de sus canteras. Aún cuando está izquierda se ha presentado alineada con campañas reformistas y democráticas, su acción contribuyó a llevar al poder a individuos reaccionarios y pro americanos. La izquierda fue soporte electoral del aprista Alan García Pérez, y lo fue también en 1990 de Alberto Fujimori y en el 2001 de Alejandro Toledo. Como anotamos en un artículo en octubre de 2004, la historia política muestra que la izquierda legal, no solamente no se opuso al régimen de Fujimori, sino que convivió y colaboró en todo el proceso de instauración y desarrollo de la dictadura implantada desde 1990 hasta el año 2000. El 5 de abril de 1992 Fujimori con el apoyo de la CIA americana y las fuerzas armadas fraguó un autogolpe militar. Se constituyó en dictador y disolvió el congreso. ¿Qué hizo la izquierda?. Hizo unas cuantas fintas y publicó algunos comunicados en “defensa de la democracia” y del “estado de derecho”. Su “oposición al golpe” concluyó cuando los partidos y grupos de izquierda, juntos con una serie de agrupaciones de la derecha peruana, se movilizaron bajo el propósito de exigir al gobierno “Un Diálogo Genuino” con todas las fuerzas políticas, incluido naturalmente representantes del gobierno de facto. En el “Diálogo Genuino”, se exigió la concretización de un pliego de reclamos que consideraba entre otras cosas, elecciones municipales en 1992, la elección de un Congreso Constituyente y el “reforzamiento de las medidas de seguridad y lucha antiterrorista”. (1).

Ahora mismo, cuando la sociedad peruana presenta síntomas de crisis general del sistema y el gobierno toledista se cae a pedazos (corrupción en todas las instancias del Estado, graves problemas sociales, e ilegitimidad del gobierno), los retazos de lo que queda de la izquierda oficial se alista una vez más a ser los bomberos del incendio social. Hace dos meses (enero 2005) una serie de organizaciones integrantes de la “Coordinadora Nacional de Izquierda y Partidos Progresistas de Perú” (2), realizaron su primera convención que ellos (no sabemos por qué) la calificaron de “histórica”, cuyo resultado fue una “Declaración de la Izquierda peruana”. Dicho evento “histórico” “fijó sus posición” frente a la coyuntura política del país y anunciaron “la necesidad de luchar por una salida popular y democrática a la crisis con la unión en el frente amplio de todas las fuerzas de izquierda y progresistas, cuyo primer paso, como lo dicen, es “impulsar la convocatoria a una asamblea constituyente que elabore una carta magna que siente las bases de una institucionalidad democrática y un estado nuevo”. Este discurso corrompido y descarado es inconfundible en las etapas pre electorales (las elecciones generales están programadas para el 2006), cuyo propósito inmediato es envolver a las masas en una falsa pista para resolver los problemas fundamentales del país. Se intenta calmar los ánimos de los trabajadores enardecidos por tanta injusticia y conducirlos tras de cualquiera de los candidatos electorales de la burguesía y terratenientes.

¿Quién puede admitir seriamente, que una “carta magna” (nueva constitución), es suficiente para “sentar bases” de una institucionalidad democrática en Perú?. Este cuento es tan viejo y crónico que resulta una vulgar estafa al sentido común de los peruanos. El Perú, desde 1821 a la actualidad, registra por lo menos una docena de hermosas y poéticas cartas magnas y que se sepa ninguna de ellas ha servido para detener el proceso de la crisis y descomposición del Estado y la sociedad. Esta izquierda, que ahora pide a Toledo una nueva constitución, es la misma que en 1978 participó junto a los partidos más reaccionarios del país en la redacción y aprobación de la “carta magna” de 1978, y como muestra la experiencia ha servido para todo, menos para sentar “las bases de una institucionalidad democrática y un estado nuevo” en Perú. No hay que errar perdidos por los caminos de la lucha de clases, y dejarse tomar el pelo por individuos y grupos políticos, que fantasiosamente pretenden estafar una vez más a los pobres. La lucha por el cambio social nada tiene que ver ni con elecciones ni con nuevas constituciones regimentadas por los grupos de poder. El cambio social, la democracia, y la justicia surgirán no del engaño y la demagogia, sino más bien de la lucha popular contra el Estado, y sus representantes políticos incluidos aquellos que se autocalifican de izquierda.

Para concluir hay que precisar que no hay que creer que la participación de esta izquierda y en algunos casos sus triunfos electorales, son hechos que se desarrollan desligados de los planes políticos de los grupos de poder. Si esta izquierda tiene diputados, ministros, alcaldes y en algunos casos la presidencia de la Republica, no hay que creer como dice el tupamaro uruguayo Julio Marenales “que hay una fuerza política que se ha ido construyendo a través de más de 30 años” (3), sino más bien a la necesidad que tienen los grupos de poder de este país, que sin perder el control político del Estado, cargar la crisis a sus aliados de izquierda buscando con ello crear una especie de espejismo político en las masas populares. De esta forma, los grupos de poder, logran deformar la realidad y subjetivamente apartan a las masas de la lucha por el poder político. Los ejemplos más recientes y significativos se pueden ver en el gobierno de Lula en Brasil. Ahí se dice, gobierna la izquierda, pero en la práctica la situación de los pobres es tan dramática como en los anteriores gobiernos burgueses, donde los campesinos sin tierras y los pobladores siguen siendo asesinados. Más actual aún es el caso de Uruguay, donde el triunfo electoral de Tabaré Vazquez (apoyado por los ex guerrilleros Tupamaros) es calificado sin ningún remordimiento por Eduardo Galeano como un triunfo de la “izquierda, por primera vez en la historia nacional” (4).

Bruselas, 11 de marzo 2005.

Notas:

2. Luis Arce Borja. Apuntes sobre la historia de la lucha social en Perú: La izquierda Unida y la táctica de la oposición consentida, octubre 2004.
2. La Coordinadora está integrada por los partidos Comunista Peruano, Comunista del Perú (Patria Roja), Socialista Revolucionario, Unión por el Perú y Nacionalista de las Comunidades Andinas; los movimientos Nueva Izquierda y Democrático Pueblo Unido; los frentes Popular y Obrero, Campesino, Estudiantil y Popular; y el Comité Malpica.
3. Entrevista para Resumen Latinoamericano, N° 510 de febrero 2005.
4. Declaraciones para Resumen Latinoamericano N° 510 de febrero 2005.