10 de noviembre de 2019

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La vida revolucionaria del gran timonel.

AUTOBIOGRAFIA DE MAO.

9 de septiembre de 2006

(Edición corregida). Nací en el pueblo de Shao-Shan, en Hsang Tan-Hsien, provincia de Hunan, en 1893. Mi padre se llamaba Mao Jensheng, y el nombre de soltera de mi madre era Wen-shi-mei. Mi padre era un campesino pobre: muy joven, debió unirse al ejército porque tenía pesadas deudas. Fue soldado durante muchos años. Más tarde, volvió al pueblo donde yo nací; ahorrando cuidadosamente y obteniendo un poco de dinero de un pequeño negocio y de otros trabajos, pudo readquirir su tierra. Nos convertimos en campesinos medios: mi familia poseía quince múes (el mu corresponde a 631 metros cuadrados) de tierra. Podía cosecharse sesenta tan (el tan corresponde a 60 kilogramos) de arroz al año. Los cinco miembros de mi familia consumíamos un total de treinta y cinco tan, lo que dejaba un excedente anual de veinticinco tan. Gracias a este excedente, mi padre acumuló un pequeño capital y, en un momento dado, compró siete nuevos múes, lo que dio a mi familia el rango de campesinos “ricos”. Pudimos desde entonces cosechar ochenta y cinco tan de arroz por año. Cuando tenía diez años mi familia no poseía más que quince múes de tierra y estaba constituida por mi padre, mi madre, mi abuelo, mi hermano menor y por mí. Después de que hubimos comprado los siete múes suplementarios, mi abuelo murió, pero nos llegó un nuevo hermano. Por tanto, nosotros 7 teníamos todavía un excedente de cuarenta y nueve múes de arroz por año, gracias a lo cual los negocios de mi padre prosperaron.
En la época en que él era un campesino medio, se ocupó del transporte y la venta de granos, lo que le reportó algo de dinero. Después de convertirse en un campesino “rico”, se consagró más y más a este trabajo. Contrató un obrero agrícola por toda la jornada y hacía trabajar a sus hijos y su mujer en la finca. Comencé los trabajos de campo cuando tenía seis años. Mi padre no tenía almacén para su negocio. Se limitaba a comprar el grano a los colonos pobres y lo transportaba hasta la ciudad donde los comerciantes le pagaban más caro. En invierno, cuando se hacía la siembra de arroz, se contrataban los servicios de un trabajador agrícola suplementario para trabajar en la finca, lo que hacía que en ese momento tuviésemos siete bocas que alimentar. Mi familia se alimentaba frugalmente, pero siempre comió según su necesidad.
A los ocho años, comencé a asistir a una escuela primaria local, donde permanecí hasta los trece. En la mañana temprano y en la tarde trabajaba en la finca. Durante el día leía las Analectas de Confucio, y los cuatro clá sicos. Mis maestros chinos eran partidarios de la mano dura. Eran exigentes y severos y golpeaban frecuentemente a sus alumnos. Cuando tenía diez años me escapé de la escuela, y tenía temor de volver a casa y ser castigado. Caminé durante tres días orientándome en forma aproximada hacia la ciudad que creía en algún punto de un valle, hasta que fui encontrado por mi familia. Me di cuenta entonces que había dado una vuelta a la redonda en todo mi viaje y que no me había alejado más de ocho li de mi casa.
Después de la vuelta a mi casa, si embargo, con gran sorpresa para mí, mi situación mejoró. Mi padre me tomó más en cuenta y el profesor moderó su actitud. El resultado de mi acto de protesta me impresionó mucho. Era una “huelga” victoriosa. Mi padre quiso que comenzara a llevar los libros de la familia desde el momento que supe algunos números. Quiso que yo aprendiera a servirme del ábaco. Como insistiera, me dediqué a estas tareas en la tarde. Mi padre era un amo exigente. Detestaba verme ocioso y si no tenía libros que llevar, me hacía trabajar en la finca. Era de carácter arrebatado, golpeándonos frecuentemente a mis hermanos y a mí. No nos daba nunca dinero y la comida era poco abundante. El día 1 de cada mes, hacía una concesión a sus obreros y les daba huevos con arroz, pero jamás les daba carne. A mí no me dio huevos ni carne jamás.
Mi madre era una mujer amable, generosa y simpática, siempre dispuesta a repartir lo que poseía. Sentía piedad por los pobres y les daba a menudo arroz cuando venían a pedirle durante las hambrunas. Pero no podía hacerlo en presencia de mi padre. El desaprobaba la caridad. A propósito de esto tuvimos numerosas discusiones en casa. Existían dos “partidos” en la familia. Uno lo representaba mi padre, la Autoridad Directora. La oposición estaba formada por mí, mi madre, mi hermano y a menudo, también el obrero. En el “Frente Unido” de la oposición, sin embargo, existían diferencias de opinión. Mi madre mantenía una política de ataque indirecto. Criticaba toda exteriorización de sentimientos íntimos y toda tentativa de rebelión abierta contra la Autoridad Directora. Expresaba que ese no era el método chino.
Pero cuando tuve trece años descubrí un argumento de peso para discutir con mi padre en su propio terreno, consistía en citarle los clásicos. Las acusaciones favoritas de mi padre consistían en acusarme de holgazanería y de irrespeto hacia él. Yo citaba para responderle pasajes de los clásicos que ordenaban a los mayores ser amables y afectuosos. Cuando me acusaba de ser holgazán, le respondía que las personas mayores deben trabajar más que los jóvenes, que teniendo él tres veces mi edad, debía trabajar por lo tanto más que yo. Le expresaba que cuando alcanzase su edad sería bien dinámico. Mi padre continuó “amasando riquezas”, o mejor dicho, algo que era considerado como una fortuna en el pueblo. No compró más terrenos, pero numerosos habitantes hipotecaron con él sus terrenos. Su capital ascendía a dos mil o tres mil dólares.
Mi descontento crecía. Un combate dialéctico se desarrollaba siempre en nuestra familia. Ocurrió algo que recuerdo particularmente. Cuando tenía apenas trece años, mi padre tuvo un día numerosos invitados a la casa y delante de ellos tuvo lugar una disputa entre nosotros. Me acusó ante todos de ser inútil y holgazán. Enfurecí. Le maldije y abandoné la casa. Mi madre corrió detrás de mí y me conminó a volver. Mi padre también me siguió, me maldijo y también me pidió regresar. Fui hasta la orilla de un estanque y lo amenacé con lanzarme si se acercaba. En esta situación, ofertas y contraofertas fueron cambiadas para la cesación de la guerra civil. Mi padre insistió en que me excusase y me arrodillase en signo de sumisión. Acepté inclinar una rodilla si me prometía no castigarme. Es así como terminó la guerra, aprendí que mientras defendía mis derechos rebelándome abiertamente, mi padre se aplacaba, pero cuando permanecía humilde y sumiso, me maldecía y me golpeaba de lo lindo. Reflexionando, creo que al fin de cuentas vencí la severidad de mi padre. Aprendí a aborrecerle y se creó contra él un verdadero “Frente Unido”. Al mismo tiempo, esta severidad me hizo bien, sin duda: me hizo llevar los libros con cuidado para que él no tuviese ocasión de criticarme.

CÓMO SE FORJA UN HOMBRE NUEVO
Mi padre había asistido dos años a la escuela y leía bastante bien como para llevar los libros. Mi madre era totalmente analfabeta. Ambos eran originarios de familias campesinas. Yo era el “letrado” de la familia. Yo conocía los clásicos, pero no les amaba. Lo que me gustaba eran las novelas de la China antigua y sobre todo las historias de las revueltas. Leí el Yo-Fei Chuan (Chin Chung Chuan) Shui Hu Shuan, Fan Tang, San Kuo y Hsi Yu Chi, todavía joven y engañando la vigilancia de mi antiguo maestro que detestaba estos libros “fuera de la ley” y que calificaba de perversos. Los leía en clase, cubriéndolos con un clásico cuando el profesor pasaba a mi lado. Era lo que hacían la mayor parte de mis camaradas. Aprendíamos muchas historias de memorias y las discutíamos a menudo. Sabíamos más que el antiguo viejo del pueblo que las amaba también y que nos contaba historias a cambio de las nuestras. Creo que es posible que yo haya sido influenciado por tales libros leídos en una edad en que se es muy impresionable.
En fin, cuando yo tenía trece años abandoné la escuela primaria y empecé a trabajar muchas horas en la finca para ayudar al obrero agrícola, haciendo el trabajo de un hombre durante el día y en la tarde llevaba los libros de mi padre. A pesar de todo, logré proseguir mis lecturas devorando todo lo que encontraba, excepto los clásicos. Esto enojó a mi padre quien quería que yo dominase a fondo a los clásicos, sobre todo después que él había perdido un pleito, gracias a una cita emitida en el momento preciso por su adversario. En la noche cerraba la ventana de mi dormitorio para que mi padre no viese la luz. Es así como leí un libro que se titulaba Palabras de advertencia. Los autores, viejos escritores partidarios de las reformas, pensaban que la debilidad de China venía de su falta de maquinaria occidental: ferrocarriles, teléfonos, telégrafo, barcos a vapor. Querían que éstos fueran introducidos al país. Mi padre consideraba que la lectura de tales libros eran una pérdida de tiempo. Quería que leyese algo útil, como los clásicos, para ayudarlo a ganar los pleitos.
Yo continué leyendo las antiguas novelas y los viejos relatos de la literatura china. Un día descubrí un rasgo particular de estas historias y era la ausencia de los campesinos que trabajaban la tierra. Todos los héroes eran guerreros, funcionarios o letrados; jamás un campesino era el héroe. Pensé durante dos años, después analicé el contenido de estas historias. Descubrí que elevaban a las nubes a los soldados y los amos del pueblo que no habían trabajado la tierra porque la poseían, y la vigilaban y hacían que los campesinos la trabajaran para ellos. Mi padre fue en su juventud y en su madurez un escéptico, en cambio mi madre era devota de Buda. Esta daba una educación religiosa a sus niños, quienes se entristecían por el hecho de que su padre fuese un incrédulo. A los nueve años discutí seriamente con mi madre el problema que planteaba la incredulidad de mi padre. Entonces y más tarde, hicimos varias tentativas para convencerlo, sin tener éxito. Nos maldijo y abrumados por sus ataques nos retiramos a elaborar un nuevo plan. Pero él no tenía nada que ver con los dioses. Sin embargo, mis lecturas me influenciaron poco a poco y llegué a ser cada vez más escéptico. Mi madre se dio cuenta y me regañó por mi indiferencia hacia los requerimientos de la fe, pero mi padre no hizo ningún comentario. Después, un día que estaba fuera de casa cobrando un dinero, encontró un tigre. El encuentro sorprendió al tigre, que huyó de inmediato, pero mi padre quedó más sorprendido aún de haber escapado a este peligro, y como consecuencia de ello reflexionó mucho sobre este peligro. Empezó a preguntarse si acaso no había ofendido a los dioses. Desde entonces se mostró más respetuoso hacia el budismo y quemaba incienso de tiempo en tiempo. No obstante, cuando mi “caída” se acentuó, él no intervino. Se contentaba con implorar a los dioses cuando estaba en apuros.
Las palabras de advertencia estimularon mis deseos de continuar mis estudios. Estaba disgustado con mi trabajo en la finca. Mi padre, naturalmente, se opuso a este proyecto. Peleamos por este asunto, enseguida me escapé de la casa. Me fui a la casa de un estudiante de derecho y allí trabajé durante seis meses. Luego volví a estudiar los clásicos con un antiguo letrado chino y leí también muchos artículos de algunos libros contemporáneos.

EL DESPERTAR DE UN REVOLUCIONARIO
En este momento se produjo en Hunan un hecho que influenció toda mi vida. Ante la pequeña escuela china donde estudiaba noté junto con mis condiscípulos que numerosos comerciantes de habas llegaban de Changsha. Como nosotros les preguntásemos por qué habían abandonado la ciudad, nos hablaron de una importante revuelta que se había producido allí. Hubo allá en ese año una grave hambruna y miles de hombres de Changsha no tenían qué comer. Enviaron una delegación ante el gobernador civil para obtener socorros, pero éste les respondió con altivez: “¿ Por qué no tienen ustedes qué comer? La ciudad está llena de alimentos. Yo tengo más cada día”. Cuando se supo la respuesta del gobernador, la cólera creció. Se llevaron a efecto reuniones públicas, se organizó una manifestación. Los hambrientos atacaron el palacio de la Gobernación, derribaron el mástil de la bandera, símbolo del poder y expulsaron al gobernador. Con motivo de lo cual el Ministro del Interior, desde su caballo, dijo al pueblo que el gobierno tomaría medidas para venir en su auxilio. El ministro fue sincero en su promesa, pero el emperador lo desautorizó y se lo acusó de estar en relaciones íntimas con “el populacho” y fue despedido. Un nuevo gobernador fue nombrado en su lugar, el cual desde su llegada ordenó el arresto de los que habían dirigido el movimiento. Muchos de éstos fueron decapitados y sus cabezas expuestas sobre las picas para hacer una advertencia a los futuros “rebeldes”.
Esta situación fue discutida durante varios días en la escuela. A mí me impresionó mucho. La mayor parte de los estudiantes simpatizaban con los “revoltosos”, pero como observadores. No comprendían que este acontecimiento tuviese alguna relación con sus propias vidas. No les interesaba nada más que como un acontecimiento excitante. Pero yo no lo he olvidado jamás. Adivinaba que con los rebeldes había mucha gente sencilla como mi propia familia y yo sentía profundamente la injusticia del tratamiento que se les había dado.

LA PRUEBA DE FUEGO
Poco después se produjo en Chao-Chang un conflicto entre los miembros de una sociedad secreta, el Ke Lao Hui y el propietario del lugar. Este los llevó ante los tribunales y como era un poderoso señor, compró la decisión en su favor. Los miembros del Ke Lao Hui fueron perseguidos. Pero en vez de someterse, se rebelaron contra el propietario y contra el gobierno y se retiraron hacia una montaña de la región, donde construyeron una plaza fuerte. Se envió contra ellos tropas y el propietario echó a correr la especie de que habían sacrificado un niño cuando se declararon en rebeldía. El jefe de los rebeldes se llamaba Pang el Tallador de Piedras de Molino. Fueron finalmente derrotados y Pang debió huir. Fue arrestado y decapitado. A los ojos de los estudiantes, sin embargo, adquirió el carácter de un héroe puesto que todos estaban con los rebeldes.
El año siguiente, antes de la nueva cosecha, las reservas de arroz de invierno disminuyeron, produciéndose en nuestro distrito escasez de alimentos. Los pobres pidieron a los hacendados ricos y organizaron un movimiento que se llamó: “Comamos arroz sin pagarlo”. Mi padre era -un comerciante rico y exportaba mucho grano de nuestro distrito hacia la ciudad, a pesar de la escasez. Uno de sus cargamentos fue asaltado por los habitantes pobres del pueblo y su cólera no conoció límites. No estuve de su parte. Al mismo tiempo encontraba que los hambrientos se habían equivocado al emplear este método. Otra influencia que sufrí en esta época fue la de un profesor “extremista” en una escuela primaria local. Era “extremista” porque no estaba de acuerdo con el budismo y quería suprimir los dioses. Inducía a las personas a convertir sus templos en escuelas. Era una personalidad muy discutida. Yo le admiraba y estaba de acuerdo con sus ideas.

SOBERANÍA AMENAZADA
Todos estos hechos unidos forjaron definitivamente mi espíritu de joven inclinado ya a la rebeldía. Es en esta época también cuando empecé a poseer cierto grado de conciencia política, especialmente después de haber leído un panfleto que trataba del desmembramiento de China. Recuerdo todavía hoy que este panfleto comenzaba con esta frase: “¡ La China cae bajo el yugo !” Se hablaba de la ocupación por el Japón de Corea y de Formosa, de la pérdida de la soberanía China en Indochina, en Birmania y en otras partes. Después de leerlo, desesperé por el porvenir de mi país y comencé a trabajar por lo que era el deber de todos, ayudar a salvarlo.
Mi padre decidió ponerme como aprendiz en casa de un mercader de arroz con el que estaba en relaciones. En un principio no me opuse pensando que esto podría ser interesante. Pero escuché hablar en aquel tiempo de una nueva escuela diferente de las otras y resolví ir a ella a pesar de la oposición de mi padre. Esta escuela se encontraba en el condado de Hsiang Hsiang, donde vivía la familia de mi madre. Uno de mis primos asistía a esa escuela. Me habló de la nueva escuela y de los cambios ocurridos en la “educación moderna”. Se hablaba poco de los clásicos y se enseñaba mucho la “ciencia nueva” del occidente. Los métodos de educación en sí mismos eran totalmente “radicales”. Fui con mi primo a inscribirme en la escuela. Declaré que era de Hsiang Hsiang porque pensé que la escuela estaba abierta sólo a aquellos que habían nacido allí. Más tarde regularicé mi situación declarando que había nacido en Hsiang Tan, cuando comprendí que estaba abierta para todos. Pagué cinco meses de pensión, el alojamiento y todo el material necesario para los estudios. Finalmente mi padre consintió en dejarme estudiar después de que los amigos le dijeron que esta “educación avanzada” haría crecer mis capacidades y obtendría provecho de ello. Era la primera vez que me alejaba de mi hogar más de cincuenta Li. Tenía dieciséis años.

EL ENCUENTRO CON LA CIENCIA
En esta escuela nueva pude estudiar las ciencias naturales y las nuevas materias de la enseñanza occidental. Otro hecho notable es que uno de los profesores volvía de hacer sus estudios en el Japón y usaba una coleta falsa. Se adivinaba en seguida que esta coleta era falsa. Todo el mundo se reía de él y lo llamaban “el falso diablo extranjero”.
Nunca más volví a ver tantos niños juntos. La mayor parte eran hijos de propietarios y llevaban vestidos costosos. Muy pocos campesinos podían permitirse enviar a sus hijos a tal escuela y yo estaba vestido más pobremente que los otros. No tenía más que un traje completo decente. Los estudiantes no llevaban la toga que estaba reservada para los maestros y sólo los “diablos extranjeros” podían usar ropa extranjera. Muchos estudiantes ricos se reían de mí porque llevaba mi chaqueta y mi pantalón rotos. A pesar de todo, yo tenía amigos entre ellos y en particular dos, que fueron para mí buenos camaradas. Uno de ellos es hoy día escritor y vive en la Rusia Soviética. No me querían porque no había nacido en Hsiang Hsiang. Era muy importante haber nacido allí y también muy importante ser de cierto distrito de Hsiang Hsiang. Existía un distrito superior, uno inferior y uno medio; el inferior y el superior luchaban constantemente por razones puramente regionales. Ninguno podía resignarse a que el otro existiera. En esta guerra yo era neutral porque no había nacido en ninguno de ellos. En consecuencia las tres partes me despreciaban. Me sentía moralmente muy abatido.
Progresé mucho en esta escuela. Los profesores me apreciaban, sobre todo los que enseñaban los clásicos porque escribía hermosas disertaciones a la manera clásica. Pero yo no tenía el espíritu de los clásicos. Leí dos libros que me envió mi primo, que relataban el movimiento de Reforma de Kang Yuwei. Uno se titulaba “Diario del Pueblo Nuevo” y fue publicado por Liang Chi-shao. Lo leí y lo releí hasta aprendérmelo de memoria. Sentí gran admiración por ambos autores y estuve muy reconocido hacia mi primo a quien creí entonces progresista, pero se transformó después en contrarrevolucionario, miembro de la alta sociedad y se unió a los reaccionarios durante el período de la gran revolución de 1925-27.
Muchos estudiantes no querían al “falso diablo extranjero” a causa de su inhumana coleta y nunca le escucharon hablar del Japón. Enseñaba música e inglés. Una de sus canciones era japonesa y tenía por título: “El combate sobre el Mar Amarillo”. Recuerdo todavía algunos de sus encantadores versos:
La golondrina canta y el ruiseñor danza y los verdes campos son bellos en primavera. Las flores de los granados mueren enrojecidas, los abedules tienen las hojas verdes. Es una representación nueva. En esta época conocía y sentía la belleza del Japón, también sentía un poco de su orgullo y su poder en este canto de su victoria sobre Rusia. No pensaba que existía también un Japón bárbaro, el que conocemos hoy. Es todo lo que aprendí del “falso diablo extranjero”.
Recuerdo también que en ese tiempo supe que el emperador y Tzu Hsi, la emperatriz viuda habían muerto, aunque el nuevo emperador Pu Yi gobernaba ya desde hacía dos años. Yo no era aún anti-monarquista y consideraba al emperador y a la mayor parte de los funcionarios como hombres honestos, justos e inteligentes. Habría sido necesario solamente que ellos ayudaran a las reformas de Kang Yu-wei. Estaba fascinado por los relatos sobre los maestros de la vieja China: Yao, Shung, Chin Shih Huang Ti, y Han Wu-ti. Leía muchos libros sobre ellos. Estudiaba también en esta época historia extranjera y geografía. Oí por primera vez hablar de América en un artículo que se refería a la revolución americana y contenía una frase que expresaba aproximadamente: “Después de ocho años de una guerra difícil, Washington obtuvo la victoria y organizó su país”. En un libro que tenía por título: “Los grandes héroes del mundo” leí también relatos sobre Napoleón, Catalina de Rusia, Pedro el Grande, Wellington, Gladstone, Rousseau, Montesquieu y Lincoln.
En esta época me entraron deseos de conocer Chang-sha, la gran ciudad, capital de la provincia, que se encontraba a 120 km. de distancia. Decían que esta ciudad era muy grande, que tenía muchísimos habitantes, numerosas escuelas y el palacio del gobernador. Era, por lo tanto, un lugar magnífico. Estaba ansioso de ir allí y entrar a la escuela secundaria destinada a los habitantes de Hsiang Hsiang. Ese invierno solicité a uno de mis profesores de la escuela primaria superior que me presentara a ese establecimiento secundario. Aceptó y me dirigí a Changsha, muy inquieto, temiendo ser rechazado y atreviéndome apenas a creer que pudiera realmente llegar a ser alumno de esa gran escuela. Ante mi asombro, fui admitido sin dificultades. Pero los acontecimientos políticos se precipitaron y sólo pude permanecer allí seis meses.
Fue en Chang-sha donde leí el primer periódico: “Fuerza Popular” (Min Lin Pao), diario revolucionario nacionalista que hablaba de la sublevación en Cantón contra la dinastía Manchú y de la muerte de setenta y dos héroes dirigidos por un hombre originario de Hunan, llamado Wang Hsing. Esta historia me causó mucha impresión y el “Mi Lin Pao” fue para mi un gran estimulante. Su redactor jefe era Yu Yu-Yen, que más tarde llegó a ser un dirigente célebre del Kuomintang. Oí hablar también de Sun Yat-sen y del programa de Tung Men Hui. El país estaba en los albores de la Primera Revolución. Me sentía tan conmovido que escribí un artículo y lo coloqué en una de las paredes de la escuela. Era la primera vez que expresaba una opinión política y no estaba del todo clara. No había abandonado mi admiración por Kan Yu-wei y Ling Chi-chao. No comprendía exactamente las diferencias que existían entre ellos. Así, pues, decía en mi artículo que Sun Yat-sen debía volver del Japón para presidir un nuevo gobierno, que Kan Yu- wei debía ser nombrado primer ministro y Liang Chi-chao ministro de Asuntos Extranjeros.
El movimiento dirigido contra los extranjeros nació a propósito de la construcción del ferrocarril Szechuan-Hankeu, y la exigencia popular para la convocación de un Parlamento fue cobrando amplitud. En respuesta, el emperador decretó simplemente la creación de un cuerpo de consejeros. Los estudiantes de mi escuela se alborotaron más y más, manifestando sus sentimientos antimanchúes rebelándose contra la coleta. Uno de mis amigos y yo nos cortamos nuestras coletas pero otros que habían prometido hacerlo no cumplieron su promesa. Mi amigo y yo los atacamos por sorpresa y les cortamos las coletas a la fuerza, de manera que más de diez cayeron bajo nuestras tijeras. Así, en poco tiempo, yo había pasado de burlarme de la falsa coleta del “falso diablo extranjero” a reclamar la supresión total de las coletas. ¡Cómo una idea política puede cambiar un punto de vista! Yo discutía con un amigo estudiante de derecho acerca de estos sucesos. El estudiante de derecho sostenía que el cuerpo, la piel, los cabellos y las uñas vienen de nuestros padres y no deben ser destruidas, citando los clásicos en apoyo de su teoría. Yo y los enemigos de la coleta sosteníamos una contra teoría con base política anti manchú y lo redujimos al silencio.

SEIS MESES EN EL EJÉRCITO
Después de la sublevación de Wuhan, dirigida por Li Yuan-hung, se decretó la Ley Marcial en Hunan. La escena política cambió rápidamente. Un día, un revolucionario llegó a la escuela y pronunció un discurso emocionante, con la autorización del director. Siete u ocho estudiantes se levantaron entre el auditorio para apoyarlo, denunciando a los manchúes y llamando a la acción para establecer la República. Todos escucharon muy atentos. En medio de un silencio total el orador de la Revolución, uno de los funcionarios de Li-Yuan-hung, habló ante los excitados estudiantes.
Cuatro o cinco días después de haber escuchado este discurso, decidí unirme al ejército revolucionario de Li Yuanhung. Con varios de mis camaradas, decidí dirigirme a Hankeu, y reunimos algo de dinero gracias a nuestros condiscípulos. Como había oído decir que las calles de Hankeu estaban muy anegadas y que era necesario usar botas, fui a pedirle unas prestadas a un amigo que estaba en el ejército, acantonado fuera de los muros de la ciudad. Los centinelas de la guarnición me detuvieron. La plaza estaba en plena actividad, por primera vez, los soldados habían recibido municiones y se desbordaban por las calles.
Los rebeldes se acercaban a la ciudad siguiendo la línea del ferrocarril Cantón-Hankeu y los combates habían comenzado. Hubo una gran batalla fuera de los muros de Chang-sha. Al mismo tiempo se produjo una sublevación en el interior de la ciudad; las puertas fueron atacadas y tomadas por los trabajadores chinos. Pasé por una de ellas al entrar de nuevo a la ciudad. En seguida, desde un lugar elevado, contemplé el desarrollo de la batalla hasta que vi la bandera Han (Han significa chino) izarse sobre el palacio de gobierno. Era una bandera blanca que tenía escrita la palabra Han. Volví a la escuela que estaba custodiada militarmente. Al día siguiente, se constituyó un gobierno militar. Dos miembros importantes del Ke Lao Hui fueron designados gobernador y vicegobernador. Ellos eran Chao Ta-feng y Chen-Tso-hsing. La nueva administración se instaló en los locales ocupados hasta entonces por los consejeros provinciales cuyo jefe Tan Yen-kai, fue destituido. El Consejo mismo fue suprimido. Entre los archivos manchúes encontrados por los revolucionarios, había algunos ejemplares de una petición que exigía la convocatoria de un Parlamento. El original había sido escrito con sangre por Hsu Teh-lih, que es actualmente comisario de Educación en el gobierno. Hsu se cortó un dedo como prueba de sinceridad y resolución; su petición comenzaba por esta frase: “Haciendo votos por la convocatoria de un Parlamento, saludo a los delegados provinciales de Pekín, cortándome mi dedo”.
El nuevo gobernador y el vicegobernador no permanecieron mucho tiempo en sus puestos. Ellos no eran malos y tenían algunos principios revolucionarios, pero eran pobres y representaban los intereses de los oprimidos. Los propietarios y los comerciantes no estaban contentos con ellos. Algunos días más tarde, vi sus cuerpos tendidos en la calle. Tan Yen-kai, representante de los propietarios y los militaristas de Human, había organizado una revuelta contra ellos. Muchos estudiantes se unieron entonces al ejército. Un ejército de estudiantes se había organizado: entre ellos estaba Tang Sheng-chih. No me gustaba el ejército de estudiantes; consideraba que sus principios no eran claros. Decidí, más bien, unirme al ejército regular y ayudar al éxito de la revolución.
El emperador Ching no había abdicado aún y era un período de lucha. Mi paga era de siete dólares por mes -esto es más de lo que he recibido en el Ejército Rojo, sin embargo- y gastaba dos dólares al mes en alimentación. También debía comprar el agua. Los soldados traían el agua a la ciudad desde el exterior, pero siendo yo un estudiante, no podía permitirme este menester y la compraba a los aguadores. El resto de mi paga, lo gastaba en periódicos, de los cuales era un ferviente lector. Entre los diarios que hablaban de la Revolución, estaba el Hsiang Kiang Daily News (Hsiang Kiang Erh Pao). En él se discutía sobre el socialismo y fue en sus columnas donde leí por primera vez esta palabra. Yo también discutía sobre socialismo, o más bien, sobre social reformismo, con otros estudiantes y soldados. Escribí con entusiasmo a varios de mis condiscípulos sobre este tema, pero sólo uno me respondió diciéndome que estaba de acuerdo conmigo.
En mi escuadra había un minero de Hunan y un herrero que eran mis amigos. El resto era mediocre y entre ellos había un bribón completo. Persuadí a otros dos estudiantes para que se unieran al ejército y llegué a estar en muy buenas relaciones con el jefe del pelotón y la mayoría de los soldados. Yo sabía escribir, conocía los libros y se respetaba mi “gran sabiduría”. Les ayudaba escribiéndoles sus cartas. El resultado de la revolución no estaba seguro. Ching todavía no había abandonado enteramente el poder y en el seno del Kuomintang existían rivalidades por la dirección. Se decía en Hunan que la guerra continuaría inevitablemente. Varios ejércitos se organizaban contra los manchúes y contra Yuan Shih-kai. El ejército de Hunan era uno de ellos. Pero en el momento que los de Hunan se preparaban a entrar en escena, Sun Yat-sen y Yuan Shih-kai llegaron a un acuerdo, el Norte y el Sur fueron “unificados” y el gobierno de Nankin disuelto. Pensando que la revolución había terminado, me retiré del ejército y decidí volver de nuevo a mis libros. Había sido soldado durante seis meses.
AVENTURAS ESCOLARES
Me dediqué a leer los avisos de los diarios. Muchas escuelas se abrían entonces y utilizaban este medio para atraer nuevos estudiantes. Yo carecía de criterio particular para juzgar estas escuelas; no sabía exactamente que quería hacer. El aviso de una escuela de Policía me llamó la atención y me inscribí para ser admitido en ella. Pero antes de dar examen leí un anuncio de una “escuela” para fabricantes de jabón. No se exigía ninguna educación previa, la pensión era gratuita y se prometía un pequeño salario a los alumnos. Era un aviso atrayente. Se hablaba de los grandes beneficios sociales de la fabricación de jabón, de cómo enriquecería al país y a los individuos. Cambié de opinión respecto de la escuela de policías y decidí convertirme en un fabricante de jabón. Pagué, allí también, un dólar por inscribirme. Entretanto, uno de mis amigos había comenzado a estudiar derecho y me instaba a que entrara a su escuela. Justamente leí un seductor aviso de esta escuela en el cual se prometían cosas bellísimas: los estudiantes aprenderían leyes en tres años, al término de los cuales se transformarían instantáneamente en mandarines.
Mi amigo continuó elogiándome su escuela, hasta que escribí a mi familia repitiéndoles todas las promesas que hacía el anuncio y pidiéndoles dinero para mis estudios. Les pinté un brillante cuadro de mi porvenir como jurista y mandarín. Pagué un dólar para inscribirme y esperé la contestación de mi familia. El azar intervino de nuevo bajo la forma del aviso de una escuela comercial. Otro amigo me dijo que el país atravesaba por una crisis económica y que, por lo tanto, había gran necesidad de economistas que pudieran levantar la economía nacional. Este argumento me persuadió y gasté un nuevo dólar para inscribirme en esta escuela comercial secundaria. Quedé entre los primeros y fui admitido. Sin embargo, continuaba leyendo los avisos: un día leí uno que ensalzaba los encantos de una escuela superior de comercio que dependía del gobierno; ofrecía un vasto programa y oí decir que sus profesores eran muy capaces.
Decidí que más valía llegar a ser un experto comercial en esta escuela: pagué mi dólar, me inscribí y en seguida comuniqué mi decisión a mis padres. Ésta fue muy bien acogida. Mi padre comprendió de inmediato las ventajas de la habilidad comercial. Entré a esta escuela y permanecí allí un mes. Lo malo fue que en mi nueva escuela, como pude darme cuenta, la mayor parte de los cursos se hacían en inglés, y yo, al igual que muchos otros alumnos, sabía muy poco inglés, en realidad, el alfabeto y casi nada más. Otro inconveniente era que en la escuela no había profesor de inglés. Disgustado, me retiré al final del primer mes y de nuevo me dediqué a leer los avisos. Mi aventura escolar subsiguiente fue la Primera Escuela Secundaria Provincial. Me inscribí en ella pagando un dólar, rendí el examen de admisión y pasé a la cabeza de la lista de candidatos. Era una gran escuela con muchos alumnos y numerosos profesores. Un profesor chino que me tomó aprecio a causa de mis aficciones literarias, significó una gran ayuda para mí. Me prestó una obra titulada: “Crónicas y Comentarios Imperiales”, que contenía los edictos imperiales y las críticas de Chien Lung.

AUTOEDUCACIÓN
Por esta época, un depósito de pólvora hizo explosión en Chang-sha. Se produjo un enorme incendio que provocó gran interés entre los estudiantes. Estallaron toneladas de municiones y obuses, la pólvora arrojó intensas llamaradas. Era mejor que los fuegos artificiales. Un mes después, Tan Yen-kai fue destituido por Yuan Shih-kai que controlaba entonces la máquina política de la República. Tan Hsiang-ming reemplazó a Tan Yen-kai y comenzó a preparar el retorno al poder de Yuan. No me agradaba la Primera Escuela Secundaria. Su programa era limitado y su reglamento discutible. Además, después de leer las “Crónicas y Comentarios Imperiales” había llegado a la conclusión de que haría mejor leyendo y estudiando por mi cuenta. Al cabo de seis meses dejé la escuela y yo mismo me elaboré un pro grama de estudios que consistía en ir a leer todos los días a la Biblioteca Provincial de Hunan. Seguí este programa con conciencia y regularidad y considero que los seis meses pasados en esta forma me fueron sumamente provechosos.
Al mediodía suspendía mis lecturas, sólo el tiempo indispensable para comprar y comer dos pasteles de arroz que constituían mi comida diaria. Todos los días permanecía en la Biblioteca hasta la hora del cierre. Durante este período de autoeducación leí muchos libros, estudié geografía del mundo e historia universal. Allí, por primera vez, vi y estudié, con gran interés, un mapa del mundo, Leí La riqueza de las naciones, de Adam Smith, El origen de las especies, de Darwin y un libro de moral de John Stuart Mill. Leí las obras de Rousseau, la Lógica, de Spencer y El espíritu de las leyes de Montesquieu. Mezclaba la lectura de novelas, poesías y relatos de la antigua Grecia con el estudio de la historia y geografía de Rusia, América, Inglaterra, Francia y otros países. Vivía en aquel tiempo en una hospedería común para gente originaria del distrito de Hsiang Hsiang. Había allí muchos soldados, hombres que habían “renunciado” al ejército o que hanero. Estudiantes y soldados reñían constantemente en esta casa y una noche se desencadenaron las hostilidades. Los soldados atacaron e intentaron matar a los estudiantes. Yo me escapé escondiéndome en la pieza de baño hasta el final del combate.
En esta época no tenía dinero pues mi familia rehusaba mantenerme a menos que entrara en una escuela, y puesto que ya no podía contar con la hospedería, me puse a buscar un nuevo alojamiento. Entre tanto, había.. reflexionado seriamente acerca de mi “porvenir” y resolví que yo estaba hecho para la enseñanza. Comencé otra vez a leer los anuncios y un día descubrí un atrayente aviso de la Escuela Normal de Hunan. Me informé con interés de las ventajas que se enumeraban: no se exigía ningún diploma para entrar, el alojamiento y la pensión eran baratos. Dos de mis amigos me insistían, asimismo, para que entrara allí. Ellos necesitaban mi ayuda para escribir la disertación de ingreso. Comuniqué mis intenciones a mi familia y recibí su consentimiento. Escribí las disertaciones de mis dos amigos y la mía. Nos admitieron a los tres (de hecho, yo había sido admitido tres veces). No pensaba entonces que esto constituyera un acto inmoral; era sólo una cuestión de camaradería.

EN LA ESCUELA NORMAL
Permanecí cinco años en la Escuela Normal, consiguiendo al fin resistir las tentaciones de nuevos anuncios y obtuve mi diploma. Durante este período de la Escuela Normal de Hunan, ocurrieron muchos acontecimientos y mis ideas políticas comenzaron a tomar forma. Igualmente, fue entonces cuando tuve mis primeras experiencias de acción social. En esta nueva escuela había muchas normas y yo me hallaba de acuerdo con muy pocas. Así, por ejemplo, me oponía a los cursos obligatorios de ciencias naturales, porque quería especializarme en ciencias sociales.
Las ciencias naturales no me interesaban particularmente y no hacía ningún esfuerzo por aplicarme en ellas: obtenía las peores notas en esta materia. Por sobre todo, yo detestaba cierto curso obligatorio de dibujo de naturalezas muertas. Me parecía estúpido. Tomé la costumbre de inventar un tema lo más simple posible, terminarlo en forma rápida y mandarme cambiar de la clase. Recuerdo haber dibujado una puesta de sol representándola por una línea recta con un semicírculo encima. En otra ocasión, en un examen de dibujo, me contenté con trazar un óvalo y dije que era un huevo. Obtuve cuarenta puntos por el dibujo y fracasé en el examen. Afortunada mente, mis notas eran excelentes en ciencias sociales y compensaban las que obtenía en estas otras materias. Un profesor chino a quien los estudiantes apodaban “Yuan de la Gran Barba”, se burlaba de mi manera de escribir, tachándola de “periodística”. Despreciaba a Liang Chi-chao que era mi modelo y lo consideraba un semianalfabeto.
Debí cambiar de estilo. Estudié las obras de Han Yu y aprendí a manejar la vieja fraseología de los clásicos. Así pues, gracias a Yuan de la Gran Barba, puedo hoy día escribir pasablemente en el estilo de los clásicos si es necesario. El profesor que más impresión me hizo fue Yang Chen-chi, que acababa de llegar de Inglaterra donde había hecho sus estudios: debía encontrarme más tarde íntimamente ligado a su vida. Enseñaba moral, era idealista y hombre de gran carácter. Creía firmemente en su moral y trataba de infundir a sus alumnos el deseo de llegar a ser hombres justos, honrados, virtuosos, útiles a la sociedad. Bajo su influencia, leí un libro de moral traducido por Tsai Yuan-pei y escribí un ensayo que titulé La energía del espíritu. Yo era entonces un idealista y este ensayo fue muy apreciado por mi profesor Yang Chen-chi desde su punto de vista idealista. Me otorgó por este trabajo la nota 100. Un profesor llamado Tang me dio ejemplares viejos del Diario del Pueblo (Min Pao), que leí con vivo interés. Allí me enteré de la acción y el programa de Tung Meng Hui 1. Un día leí un ejemplar del Min Pao donde se refería la historia de dos estudiantes chinos que viajaban a través de China y que habían llegado a Tat-sienlu, en la frontera del Tibet. Me sentí inspirado y quise seguir el ejemplo, pero no tenía dinero de modo que decidí viajar por la provincia de Hunan, para comenzar.
El verano siguiente emprendí un viaje a pie por la provincia y recorrí cinco condados. Me acompañaba un estudiante, Hsiao Yu. Atravesamos estos cinco condados sin gastar un centavo. 1 El Tung Meng Hui, sociedad secreta revolucionaria, fundada por el Dr. Sun Yat-sen, que precedió al Kuomintang. Los campesinos, nos proporcionaban alimentos y lugar donde dormir; en todas partes nos acogían gentilmente. Mi compañero de viaje, Hsiao Yu, fue más tarde funcionario del Kuomintang, bajo las órdenes de Yi Pei-chi (que era entonces director de la Escuela Normal de Hunan). Yi Pei-chi llegó a ser un alto funcionario en Nankin y nombró a Hsiao conservador del Museo de Pekín. Hsiao vendió algunos de los más preciosos tesoros del museo y huyó con el dinero en 1934. Sintiendo necesidad de tener algunos amigos íntimos, inserté un aviso en un diario de Chang-sha en el que solicitaba tomar contacto con jóvenes que se interesaran por una actividad patriótica. Yo precisaba: jóvenes decididos, audaces, prestos a hacer sacrificios por su país.
Recibí tres y media respuestas. Una procedía de Liu Chian-Lung, que ingresaría luego al Partido Comunista y lo traicionaría más tarde. Las otras dos emanaban de jóvenes que se convertirían después en ultrarreaccionarios. La respuesta afirmativa “a medias” era de un joven llamado Li Li-san. Li escuchó todo lo que yo tenía que decir, en seguida se marchó sin hacer por su parte ninguna proposición precisa y nuestra entrevista no fue más allá. Poco a poco, sin embargo, iba agrupando en torno mío algunos estudiantes. Estaba formado el núcleo de lo que debía transformarse en una sociedad destinada a jugar un importante papel en los asuntos chinos y en el destino de China. Era un pequeño grupo de hombres serios, que no tenían tiempo de hablar sobre temas insignificantes. Todo lo que hacían, todo lo que decían tenía una finalidad. No disponían de tiempo para amor o el “romance” y pensaban que los tiempos eran demasiados graves y la necesidad de saber demasiado urgente para hablar de mujeres o de asuntos personales. Las mujeres no me interesaban. Mis padres me habían casado a los catorce años con una muchacha de veinte. No había vivido con ella (y nunca lo hice después). No la consideraba como mi mujer y en esta época no pensaba mucho en ella. Además de las discusiones sobre el encanto femenino, que por lo general tienen un lugar importante en la vida de los jóvenes de esta edad, mis compañeros también desechaban de sus conversaciones las cosas de la vida cotidiana.
Recuerdo haberme encontrado una vez en casa de un amigo que empezó a hablarme de cierta compra de carne, llamó a un criado para hablarle de ello delante mío y lo mandó a comprar un pedazo. Yo me aburrí y no volví a visitarlo. Mis amigos y yo preferíamos hablar únicamente de temas importantes: la naturaleza humana, la sociedad china, el mundo y el universo. Practicábamos con ardor la educación física. Durante las vacaciones de invierno caminábamos a través de los campos, bordeábamos los muros de la ciudad, escalábamos las montañas y nadábamos en los ríos. Si llovía, nos sacábamos la camisa y llamábamos a esto “tomar un baño de lluvia”. Si calentaba el sol, también nos quitábamos la camisa y llamábamos a esto “tomar un baño de sol”. En el viento de primavera, proclamábamos que se trataba de un nuevo deporte: “el baño de viento”. Dormíamos al aire libre hasta los primeros fríos y nadábamos en los ríos helados.
Todo esto formaba parte del “entrenamiento del cuerpo”. Esto ayudó mucho, tal vez, a darme esa resistencia física que tanto debería necesitar más tarde para mis idas y venidas en China del sur y durante la Gran Marcha. Inicié una vasta correspondencia con varios estudiantes y amigos de otras ciudades. Poco a poco, adquirí conciencia de la necesidad de una organización más estrecha. En 1917, con algunos amigos, participé en la fundación de la Nueva Sociedad de Estudios Populares (Hsin-Min Hsueh Hui). Ella comprendía setenta u ochenta miembros, y los nombres de muchos de ellos llegarían a ser célebres en el comunismo chino y en la historia de China revolucionaria. Entre los comunistas que formaron parte del Hsin Min Hsueh, estaban Lo Man, hoy secretario de organización del Partido, Hsia Hsi que forma parte del 2º Ejército Rojo del frente; Ho Hsien Hon que fue juez en la Corte Suprema de las regiones comunistas del Centro y que más tarde fue asesinado por orden de Chiang Kai-shek; Kuo Liang, asesinado por orden del general Ho Chien en 1930; Hsiao Chuchang, escritor, que vive en Rusia en el momento en que escribo esto; Tsia Hosheng, miembro del Comité Central del P. C., asesinado en 1927 por orden de Chiang Kai-shek; Ye Li-yun, que llegó a ser miembro del Comité Central y traicionó después, pasándose al Kuomintang y llegó a convertirse en organizador de los sindicatos capitalistas; finalmente, Rsiao ben, uno de los dirigentes del Partido y uno de los seis firmantes de la primera resolución para la formación del Partido, y que falleció hace poco tiempo, después de una larga enfermedad. La mayor parte de los miembros del Hsin Min Hsuer Hui pereció en el curso de la contrarrevolución de 1927.
La sociedad del Bienestar Social de Huper se formó también en esa época. Era muy parecida al HMHH y muchos se convirtieron más tarde en comunistas. Entre ellos, su dirigente Wen Feh-ying, asesinado en el curso de la contrarrevolución; Lin Piao, hoy día presidente de la Universidad del Ejército Rojo. En Pekín existía una sociedad que se llamaba Fu Hsieh, algunos de cuyos miembros se hicieron comunistas. En toda China, especialmente en Shanghai, Hang chow y Tiensin, se organizaron sociedades juveniles revolucionarias que comenzaron a influir en la política china. La mayor parte de estas sociedades sufrió en mayor o menor grado la influencia de “Nueva Juventud”, la famosa revista del renacimiento literario que dirigía Chen Fu-hsin. Comencé a leer esta revista cuando era estudiante en la Escuela Normal y admiraba los escritos de Hu Shih y de Chen-Tu-hsin. Por un tiempo éstos llegaron a ser mis modelos reemplazando a Liang Chi-chao y a Kang Yuwei, a quienes había abandonado ya. En esta época mis ideas eran una ligera mezcla de liberalismo, reformismo democrático y socialismo utópico.
Yo sentía un leve entusiasmo por la “democracia del siglo XIX”, el utopismo y el liberalismo atrasado. Era entonces resueltamente antimilitarista y antimperialista. Entré a la Escuela Normal en 1912 y salí en 1918. Durante mis años pasados en la Escuela Normal de Chang-sha, gasté 160 dólares, contando mis numerosos derechos de inscripción. De esta suma he debido gastar un tercio en periódicos, porque los abonos me costaban cerca de un dólar por mes; además compraba libros y diarios en los kioskos. Mi padre me maldecía por estas extravagancias. Llamaba a esto “perder dinero en papel perdido”. Pero yo había adquirido el hábito de la lectura y de 1911 a 1927 no cesé de leer los periódicos de Pekín, Shanghai y Hunan. Mi madre murió en el curso de mi último año de estudios. Yo sentía menos deseos que nunca de volver a mi hogar. Decidí ese año ir a Pekín. Muchos estudiantes de Hunan proyectaban viajar hacia Francia a estudiar, según la consigna “estudiad, aprended”, que Francia utilizaba para conquistar a la juventud china durante la primera guerra mundial. Antes de abandonar China, estos estudiantes decidieron aprender el francés en Pekín. Participé en la organización del movimiento y entre los grupos que partieron al extranjero se encontraban muchos estudiantes de la Normal de Hunan, los cuales se convirtieron más tarde en famosos izquierdistas. Hsu Teh-lih sufrió igualmente la influencia del movimiento, aun que tenía más de cuarenta años, abandonó su puesto de profesor en Hunan y partió a Francia. Se hizo comunista después de 1927.

BIBLIOTECARIO EN PEKIN
Acompañé a Pekín a algunos estudiantes de Hunan. Pero, a pesar de haber participado en el movimiento y pudiendo apoyarme en el Hsin Min Hsueh Hui, no quise ir a Europa. Sentía que no sabía lo suficiente sobre mi país y que podía utilizar más útilmente el tiempo en China. Los estudiantes que deseaban ir a Francia, aprendieron francés con Li Shitsun, actual presidente de la Universidad de Chung-fa. Yo no hice lo mismo: tenía otros proyectos. La vida en Pekín me pareció muy cara. Llegué a la capital con dinero prestado por mis amigos y debí por eso buscar trabajo. Yang Chin-chi, que fue mi profesor de Moral en la Normal, había sido nombrado profesor de la Universidad Nacional de Pekín. Le pedí que me ayudase a conseguir empleo y él me presentó al bibliotecario de la Universidad, Li Ta chao, que fue uno de los fundadores del Partido Comunista chino y más tarde asesinado por Chiang Tso-ling. Li Ta-chao me empleó de asistente de bibliotecario con la hermosa renta de 8 dólares al mes. Mis funciones eran tan humildes que la gente no reparaba en mí. Una de mis tareas consistía en escribir los nombres de la gente que venía a leer los diarios; pero para la mayoría de ellos yo no existía como ser humano. Entre los que venían a leer conocí a personajes célebres del Renacimiento, a hombres como Fu Su-mien, Lo Chia Lung y otros que me interesaban mucho.
Traté de conversar con ellos sobre problemas políticos o culturales, pero eran hombres muy ocupados. No tenían tiempo para escuchar a un bibliotecario asistente que hablaba el dialecto del sur. Sin embargo, no me desanimé. Me inscribí en la Sociedad de Filosofía y en la de Periodismo, para poder seguir los cursos de la Universidad. En la Sociedad de Periodismo encontré a otros estudiantes, tales como Cheng Kung-fo, que fue más tarde alto funcionario de Chiang Kai-shek; a Tan Pin Chang, que fue comunista y después miembro de lo que se llamó “tercer partido”, y a Chao Piao-ping, quien me ayudó bastante. Chao era profesor en la Sociedad de Periodismo. Era un liberal, un idealista ferviente y de un carácter encantador. Lo asesinaron por orden de Chang Tso-ling en 1926.
En la época en que trabajaba de bibliotecario conocí a Chan-Kuo-tao, que es actualmente vicepresidente del P.C.; a Kang Pei-cheng, que se unió al Ku Klux Klan en California; y a Tuan Hsi-pen, hoy viceministro de Educación en Nankín *. Fue en esa época cuando conocí a Yang Kai-hui, de quien me enamoré. Era hija de mi antiguo profesor de Moral, Yank Cheng-chi, que tuvo mucha influencia sobre mí en mi juventud y que se convirtió en mi verdadero amigo en Pekín. Me interesaba cada vez más por la política y mis opiniones eran más y más radicales. He hablado ya del comienzo de esta evolución; pero en este momento estaba todavía indeciso, buscaba el camino -como se dice-. Leí varios folletos anarquistas que me influenciaron mucho. Con un estudiante llamado Chum Hsunpei que venía a verme, discutíamos sobre el anarquismo y sus posibilidades en China. En esa época estaba de acuerdo con mucho de lo que ellos proponían. Las condiciones de vida en Pekín eran miserables y -por contraste, la belleza de la vieja capital era una compensación deslumbradora-. Vivía en una pieza junto con siete arredantarios más. Cuando nos acostábamos todos, apenas si había espacio para respirar. Sentía a mis vecinos de cada lado cuando quería darme vuelta.
Mas, en los parques y en el dominio del viejo palacio descubría la primavera precoz del Norte, contemplaba abrirse las flores de los ciruelos mientras crecía la solidez del hielo en el Mar del Norte. Miraba los cauces más allá de Pei Hai, con cristales de nieve colgando de sus ramas y recordaba la descripción que hizo el poeta Chen Chang, que habló de los árboles de Pei Hai, semejante con sus joyas de invierno a “diez mil melocotones * N. del T.: Hay que recordar que estas páginas fueron escritas en 1937. Los innumerables árboles de Pekín me llenaban de asombro y de admiración. A comienzos de 1919 fui a Shanghai con los estudiantes que partían para Francia. No tenía más que pasaje hasta Tientsin y no sabía cómo llegar más lejos. Pero bien dice un proverbio chino que el “cielo no retrasa nunca a un viajero”: un empréstito de diez dólares de otro estudiante que había recibido un poco de dinero de su escuela en Pekín, me permitió tornar boleto hasta Pu-Kou.
En el camino de Nankín me detuve en Chu-fu y acudí a ver la tumba de Confucio. Vi el arroyuelo donde los discípulos del filósofo bañaban sus pies y el pueblito donde vivió de niño. Se dice que plantó un árbol famoso cerca del templo que le está dedicado y fui a verlo. Me detuve también cerca del río donde vivió Yen Hmi, uno de los discípulos célebres de Confucio y vi el lugar de nacimiento de Mencio. En el curso de ese paseo escalé el Tai-Shan, monte sagrado de Chantung, donde el general Feng Yuhsiang se retiró para escribir su obra patriótica. De vuelta a Pu-Kou no tenía dinero ni boleto. Nadie tenía dinero para prestarme. No sabía cómo abandonar la ciudad. Pero lo más trágico es que un ladrón me robó los zapatos. ¡Caramba! ¿Qué iba a hacer? Una vez más pensé que “el cielo no retrasa nunca a los viajeros”, y tuve la gran oportunidad. Cerca de la estación encontré a un antiguo amigo de Hu-nan, que se reveló como “mi ángel bueno”. Me prestó dinero para comprar un par de zapatos y suficiente para adquirir pasaje para Shanghai. Sólo así pude terminar mi viaje, vigilando -claro- mis zapatos nuevos.
En Shanghai se reunió el dinero de ayuda para enviar a los estudiantes a Francia y cierta suma me estaba destinada para volver a Hunan. Observé a mis amigos partir en el vapor y me volví a Chang-sha. Los puntos culminantes de mi primer viaje al Norte fueron las excursiones que hice. Caminé sobre la nieve del golfo de Pei Hai. Di la vuelta a pie al lago Tung Tin y al muro de Paoting-Fu. Di la vuelta al muro de Hachou, célebre en los Tres Reinos (San Kiro) y al de Nanking, igualmente célebre en la historia. Finalmente ascendí al Tai Shen desde donde vi la tumba de Confucio. Estas eran hazañas que me parecían dignas de ser agregadas a mis aventuras de Hunan. De vuelta a Chang-sha me ocupé más de la política. Después del movimiento del 4 de mayo consagré la mayor parte del tiempo a las actividades políticas estudiantiles, siendo jefe de redacción de la “Revista del Hsiang Chiang”, diario de los estudiantes de Hunan que tenía gran influencia sobre los movimientos estudiantiles del Sur de China.
En Chang-sha participé en la fundación del Wen-Hua Shu Hui (Sociedad Cultural del Libro), asociación fundada para estudiar las tendencias culturales y políticas modernas. Esta sociedad y sobre todo Hsin Min Hsuch Hui, eran violentamente opuestas al Chang Chiang-Yao, entonces dirigida por Tu-chum de Hunan, un personaje ruin. Organizamos una huelga general de estudiantes contra Chang, exigiendo su renuncia y enviamos delegaciones a Pekín y al sudoeste, donde Sun Yat-sen dirigía su acción para impulsar la agitación contra Chang. En respuesta a la agitación de los estudiantes, Chang suprimió la revista del Hsiang Chiang. Después de estos hechos me dirigí a Pekín para representar allí al Hsia Min Hsuch y organizar un movimiento antimilitarista. El HMH amplió su lucha contra Chang Ching-Yao, trasformándola en una lucha general antimilitarista, convirtiéndome en director de una oficina de prensa que debía ayudar en esta labor. En Hunan el movimiento fue recompensado con algunos éxitos. Chang fue derrotado por Tan Ken-kai y un régimen nuevo se estableció en Changsha. Fue en esta época cuando el HMH empezó a dividirse en dos grupos, uno de izquierda y otro de derecha (la izquierda preconizaba un programa muy avanzado de reformas políticas y sociales).
Llegué en 1919 por segunda vez a Shanghai. Volví a ver a Chen Tu-hasin. Lo había encontrado ya en Pekín cuando estaba en la Universidad Nacional de Pekín y es posible que haya tenido más influencia sobre mí que ninguna otra persona. Allí encontré igualmente a Ha Shih, a quien fui a ver para obtener su apoyo a los estudiantes de Hunan. En Shanghai discutí con Chen Fu-Hsin nuestros proyectos para formar una liga para la Reconstrucción de Hunan. Luego volví a Changsha y comencé a organizarla. Me ocupé como profesor, continuando todavía mi acción con el Hsin Mm Hsuch Hui. Nuestra sociedad tenía entonces un programa “Para la Independencia de Hunan”, lo que significaba en la realidad su autonomía. Decepcionado del gobierno del norte y creyendo que Hunan podía modernizar más rápido si rompía sus lazos con Pekín, nuestro grupo luchaba por obtener la separación. En aquel entonces yo apoyaba la doctrina norte americana Monroe y el principio de la “puerta abierta”. Tan Yen-kai, fue alejado de Hunan por un militarista llamado Chao Heng-ti, que utilizó para sus propios fines el movimiento “Para la Independencia de Hunan”. Pretendía defenderla y se convirtió en el abogado del principio de Los Estados Autónomos de China; pero cuando obtuvo el poder luchó con gran energía contra el movimiento democrático.
Nuestro grupo pidió iguales derechos para el hombre y la mujer y un gobierno representativo y -de una manera general- apoyaba la democracia burguesa. Sosteníamos abiertamente a esas reformas en nuestro diario “El Hunan Nuevo”. Allí atacábamos al Parlamento provincial, cuya mayoría de miembros eran propietarios o grandes burgueses apoyados por los militares. El ataque contra el Parlamento fue considerado en Hunan, como un incidente grave y produjo temor a los que estaban en el poder. Mas, cuando Chao Heng-ti hubo tomado el poder, traicionó todas las ideas que había sostenido y en particular reprimió violentamente todas las protestas democráticas.
Desde entonces nuestra sociedad dirigió su acción contra él. Recuerdo un episodio de esta lucha que tuvo lugar en 1920. El Hsin Mim Hsue Hui organizó una manifestación para celebrar el tercer aniversario de la revolución rusa. Nos arrestó la policía. Algunos manifestantes quisieron izar la bandera roja y se lo impidió la policía. Protestaron diciendo que según el Artículo 12 de la Constitución (la de entonces), tenían el derecho de reunirse, organizarse y hablar; pero los policías no se dieron por enterados. Respondieron que no estaban allí para que se les enseñara la Constitución, sino para obedecer las órdenes del gobernador Chao Keng Ti. Desde este momento me convencí cada vez más que sólo el poder político de las masas, obtenido por una acción de masas, garantiza la realización de reformas constructivas. En el curso del invierno de 1920 organicé políticamente a los trabajadores por primera vez y comencé, después de esto, a sufrir la influencia de la teoría marxista y la revolución rusa.

NACE EL PARTIDO COMUNISTA CHINO
Durante mi segunda visita a Pekín, leí mucho sobre los acontecimiento en Rusia y traté de procurarme la escasa literatura que podía encontrarse entonces en China. Tres libros, sobre todo, me conmovieron y me dieron fe en el marxismo, del cual -una vez que lo hube adoptado como interpretación correcta de la historia- no me he separado jamás. Estos eran: el Manifiesto Comunista, traducido por Cheng Wang-tao, primer libro marxista que se publicó en China; La lucha de clases, de Kanstbei y una Historia del socialismo, de Kirkupp. En el verano de 1920 me convertí, en teoría, y hasta cierto punto en acción, en un marxista. Después de esta época fui realmente marxista. En ese año me casé con Yang Kai-Hui (fue ejecutada por Ho Chieng en 1930. Estudió en la Universidad Nacional de Pekín, dirigente de la juventud durante la Gran Revolución, etcétera). En mayo de 1921 me fui a Shanghai a asistir a una conferencia de fundación del Partido Comunista. En su organización los papeles los desempeñaron Chen Tu-hsiu y Li Fa-chao, ambos considerados entre los dirigentes intelectuales más brillantes de China.
Bajo la influencia de Li Fa-chao, cuando yo era asistente bibliotecario en la Universidad Nacional de Pekín, evolucioné rápidamente hacia el marxismo, y la influencia de Chen Tu-hsiu me inclinó igualmente hacia ese camino. Durante mi segundo viaje a Shanghai discutí con Chen los libros marxistas que había leído. Sus profesiones de fe me habían impresionado profundamente. No asistió nadie más de Hunan a ese histórico congreso de Shanghai. Entre los otros estaban Chang Ku-tao, Pao Hui-sheng y Chu Hu-hai. Éramos doce en total. En el mes de octubre de ese año la primera sección provincial del P.C. se organizó en Hunan y fui miembro de ella. Algunas organizaciones se formaron en otras provincias y ciudades. En Shanghai el Comité Central del Partido comprendía a Chen Tu-hsiu, Chang Kuo-tao (que en los momentos en que escribo se encuentra con el Ejército, en el frente), Chen Kung-po (que se hizo funcionario del Chiang, después), Sun Yuan-lu, Li Han-tsen (asesinado en Wuhan en 1927), Li Fa (fusilado después) y Li Sun. Entre los miembros de Hupeh se encontraba Feng Pi-wu (ahora director de la escuela comunista de Pao-an), Hsu Pei-hao y Su Yang. En la sección de Sanshi, Kao Chung-yu y algunos líderes estudiantiles célebres. En Pekín estaba Li Ta-chao (más tarde ejecutado), Teng Sung-hsia, Chang Kuotao (en este momento vicepresidente del Consejo militar comunista), Lo Chang-lun, Jen Jen-ching (que se hizo trotskista) y otros. Entre los estudiantes que se encontraban en Francia también se formó un Partido Comunista; su creación fue casi simultánea con el comienzo de la organización en China.
Entre sus fundadores estaban Chou En-lai, Li Li-san y Shang Shenyu, la mujer de Tsai Ho-theng, la única mujer china que participó en la fundación del Partido. Lo Man y Tsai Ho-sheng estuvieron entre los fundadores de la sección francesa. Un Partido chino se organizó también en Alemania, aunque más tarde; entre sus fundadores estaban Chu Teh (comandante en jefe del ejército chino, vicepresidente de la República) Kao Yu-han y Chang Shen-fu (actual profesor de la Universidad de Stin-hua). Los fundadores de la sección de Moscú comprendían entre ellos a Chau Chiu-pai. En japón estaba Chau Tsu-hai. En el mes de mayo de 1922, el partido de Hunan, del cual era yo secretario, había organizado ya más de veinte sindicatos entre los mineros, ferroviarios, empleados municipales, impresores y trabajadores de la casa de moneda. En ese invierno se formó un vigoroso movimiento de trabajadores.
El Partido Comunista se preocupaba en ese entonces particularmente de los estudiantes y obreros y se hacía muy poco acerca de los campesinos. La mayor parte de las grandes minas y prácticamente todos los estudiantes, estaban organizados. Hubo numerosas luchas en el frente de estudiantes y obreros. En el curso del invierno de 1922 Chao Henti, gobernador civil de Hurian, dio órdenes de ejecutar a dos obreros de la región: Huang Ai y Pang Yuan-ching. Esto dio origen a un gran movimiento de agitación dirigido contra la autoridad civil. Huang Ai, uno de los ejecutados, era dirigente del ala derecha del movimiento obrero, que se apoyaba en los estudiantes de la enseñanza industrial y que no estaban de acuerdo con nosotros; pero nosotros los apoyamos en este asunto, así como en otros. Los anarquistas tenían también influencia en los sindicatos, que estaban entonces agrupados en la Asociación Pan-hunanesa del Trabajo.
Al transigir con ellos, negociábamos y lográbamos impedir que se emprendieran muchas acciones prematuras e inútiles. Fui enviado a Shanghai para ayudar a organizar el movimiento contra Chao Hen-ti. Él segundo congreso del Partido estaba previsto para ese invierno (1922) y tenía la intención de asistir. Pero extravié el sitio donde debía celebrarse, no encontré a ningún camarada y falté a él. Volví a Hunan y proseguí vigorosamente mi trabajo entre los sindicatos. Hubo numerosas huelgas en primavera por mejores salarios, por un tratamiento más humano y por el reconocimiento de los sindicatos. La mayor parte de las huelgas tuvo éxito. El 10 de mayo se aprobó una huelga general en Hunan, la que constituyó la primera manifestación amplia del movimiento obrero en China. JUNTO A SUN YAT-SEN El tercer congreso del P.C. tuvo lugar en Cantón en 1923 y tomó la histórica decisión de entrar al Kuomintang, de colaborar con él y formar un frente único contra los militares del Norte. Fui a Shangai a trabajar en el Comité Central del Partido.
En la primavera siguiente (1924), fui a Cantón para asistir al primer congreso nacional del Kuomintang. Volví a Shanghai en marzo, desempeñando mi papel de miembro del Comité Ejecutivo del P.C. y de miembro de la dirección del Kuomintang de Shanghai. Los otros miembros de la dirección eran Wang Chin-wei (después títere japonés) y Hu Hanmin, con quien trabajé para coordinar las medidas tomadas por el Kuomintang y el P.C. En el verano se creó la Academia Militar de Wampoa. Galen fue uno de sus consejeros y otros llegaron de Rusia. Así, la alianza Kuomintang-P.C., adquirió las proporciones de un movimiento revolucionario en escala nacional. En el invierno siguiente volví a Hunan a descansar. Había estado enfermo en Shanghai. Estando en Hunan organicé la central del gran movimiento campesino de la provincia. Yo no me había dado cuenta, desde luego, del grado de desarrollo alcanzado por la lucha de clases entre las poblaciones rurales, pero después del combate del 30 de mayo de 1925, los campesinos de Hunan se volvieron más activos, contrastando esto con la actitud de pasividad en que vivían. Abandoné mi casa, ya repuesto, para emprender una campaña de organización en el campo. Al cabo de algunos meses habíamos formado más de treinta Uniones Campesinas, provocando la cólera de los propietarios, quienes pidieron mi detención. Chao Heng-ti envió tropas a perseguirme y me escapé hacia Cantón. Cuando llegué allí los estudiantes de Wampoa acababan de vencer a Yeng Hsinming, el militarista de Yunan, y a Lu Fsung-wai, el militarista de Kwansi.
En la ciudad y en el Kuomintang reinaba el entusiasmo. Chiang Kai-shek había sido nombrado comandante del ler. Ejército y Wang Ching wei, presidente del Gobierno. Sun Yat-sen moría en Pekín. Me convertí en jefe de redacción de la “Semana Política”, publicada por el departamento político del Kuomintang. Esta revista jugó más tarde un gran papel en la campaña de ataque y descrédito del ala derecha del Kuomintang dirigida por Fai Chitao. Recibí también la tarea de formar organizaciones para el movimiento campesino y yo creé con este objeto, un curso que fue seguido por representantes de 21 provincias, entre las cuales había estudiantes de Mongolia Interior.
Poco después de mi llegada a Cantón asumí la presidencia de la Comisión de Propaganda del Kuomintang y fui candidato al Comité Central. Lin Pai-chu era entonces presidente de la Comisión Campesina del Kuomintang y Fan Ping-chan, otro comunista, presidente de la Comisión obrera. Escribía cada vez más y asumía en el seno del Partido Comunista responsabilidades particulares en el trabajo campesino. Habiendo trabajado y estudiado con los campesinos de Hunan, escribí sobre esta base dos folletos titulados: "Análisis de las diferentes clases de la sociedad china”, uno, y el otro: “Los fundamentos de clase de Chao Eng-ti y nuestras tareas”. Chen Tu-hsiu no estuvo de acuerdo con las ideas expresadas en el primero de esos folletos donde sostenía una política agraria revolucionaria y la necesidad de una poderosa organización de las poblaciones rurales. Él impidió que se publicase en los diarios centrales del Partido. Apareció después en “El Mes Campesino” de Cantón y en la revista “Juventud China”. Mi segunda tesis apareció como panfleto en Honan. Comencé en esta época a disentir de la política oportunista de Chen y nos separamos poco a poco. Pero la lucha entre nosotros culminó en 1927. Continué trabajando en el Kuomintang de Cantón casi hasta el momento en que Chiang Kai-shek intentó su primer golpe de Estado en 1926. Después de la reconciliación entre la izquierda y la derecha del Kuomintang y la reafirmación de la amistad entre el Partido Comunista y el Kuomintang, fui a Shanghai en la primavera de 1926. El segundo congreso del Kuomintang tuvo lugar en mayo de ese año, bajo la presidencia de Chiang Kai-shek. En Shanghai dirigí la sección campesina del P.C.; después fui enviado a Hunan como asesor del movimiento campesino. Durante este tiempo, bajo la bandera unida del Kuomintang y el P.C., comenzó la expedición al Norte.
En Hunan controlé las organizaciones campesinas en cinco hsien: Changsha, Li Ling, Hsiang Tang, Hung Shan y Hsiang Hsiang e hice mi informe al Comité Central, en el cual yo insistía en que deberíamos adoptar una nueva línea en el movimiento campesino. A comienzos de la primavera siguiente, cuando llegué a Wuhan, se celebraba allí una reunión interprovincial de campesinos. Asistí y expuse mi tesis que proponía una nueva distribución de la tierra en gran escala. A esta reunión asistieron Peng Pai, Fan Chihmin y dos comunistas rusos, York y Volen, entre otros. Se adoptó el acuerdo de someter mis proposiciones al V Congreso del Partido. Pero el Comité Central las rechazó. INTENSIFICACIÓN DE LA LUCHA IDEOLÓGICA Cuando el V Congreso fue convocado en Wuhan en mayo de 1927, el Partido estaba aún bajo la dirección de Chen Tuhsiu. Aunque Chiang Kai-shek había tomado ya el camino de la contrarrevolución y comenzado sus ataques contra el Partido Comunista en Shangai y Nankín, Chen estaba todavía por la moderación y por hacer concesiones al Kuomintang de Wuhan. Pasando por encima de toda oposición, siguió una política pequeño burguesa y oportunista de derecha.
Me encontraba entonces muy descontento de la política del Partido, sobre todo en el aspecto campesino. Pienso hoy día que si el movimiento campesino hubiese sido organizado en una forma más completa y armado en vista de una lucha de clases contra los propietarios, el comunismo se habría desarrollado más rápida y poderosamente en todo el país. Pero Chen Tu-hsiu se opuso violentamente. No comprendió el rol de los campesinos en la revolución y subestimaba sus posibilidades en esa época. En consecuencia, el congreso celebrado en el alba de la crisis de la Gran Revolución, descuidó la elaboración de un programa agrario útil. Mis ideas, que reclamaban una rápida intensificación de la lucha campesina no fueron discutidas, porque el Comité Central -que dominaba aún Chen Tu-hsiu- rechazó ponerlas en discusión. El Congreso “esquivó el bulto” al problema agrario, definiendo al propietario como “un campesino que posee más de 500 múes de tierra”, base inapropiada e impracticable para el desarrollo de la lucha de clases y que no tenía en cuenta los caracteres particulares de la economía rural de China. Después del Congreso se organizó la “Unión de los Campesinos de China” de la cual fui el primer presidente. Hacia la primavera de 1927, el movimiento campesino de Hupeh, Kuangsi, Fukien y sobre todo de Hunan, se puso muy activo, a pesar de la tibieza del Partido hacia él y de la inquietud del Kuomintang. Altos funcionarios y comandantes de Ejército empezaron a pedir su supresión diciendo que la Unión de Campesinos era una unión de “merodeadores”, calificando de excesivas sus actuaciones y exigencias. Chen Tu-hsiu se había retirado de Hunan, haciéndome responsable de ciertos hechos que estaban sucediendo allí y se oponía violentamente a mis ideas.
En abril el movimiento contrarrevolucionario comenzó en Nankín y Shanghai, y Chiang Kai-shek organizó una masacre general de los trabajadores organizados. Las mismas medidas fueron aplicadas en Cantón. El 21 de mayo tuvo lugar en Hunan la sublevación de Hsu Ko-hsiang. Decenas de campesinos fueron asesinados por los reaccionarios. Poco después, la “izquierda” del Kuomintang anuló su acuerdo con los comunistas en Wuhan y los “expulsó” del Kuomintang y de un gobierno que dejaba de existir rápidamente. Muchos dirigentes del Partido recibieron entonces la orden de abandonar el país, de asilarse en Rusia o en Shanghai o en otros lugares seguros. Yo recibí la orden de ir a Sechuán. Convencí a Chen Tu-hsiu de enviarme mejor a Hunan, como secretario del Comité Provincial, pero diez días más tarde me ordenó volver de prisa, me acusó de organizar un levantamiento contra Tang Shen-chi, que gobernaba entonces en Wuhan. Los asuntos del Partido estaban en desorden. Casi todo el mundo se oponía a la línea oportunista de Chen y a su dirección. La ruptura de la alianza de Wuhan iba a producir rápidamente su caída.

LA SUBLEVACIÓN DE NAN CHANG Y MI PRISIÓN
El primero de agosto de 1927, el XX ejército bajo el mando de Ho Lung y de Yeh Ting, en cooperación con Chu Teh, produjeron el histórico levantamiento de Nanchang. La base de lo que debía ser el ejército rojo quedaba organizada. Una semana más tarde, el 7 de agosto, una reunión extraordinaria del Partido destituía a Chen Tu-hsiu de sus funciones de secretario. Yo era miembro de la Comisión Política del Partido desde el Tercer Congreso de Cantón de 1924 y tomé parte activa en esta decisión. Entre los otros miembros de la reunión estaban Tsai Ho-sheng, Peng Kung-ta y Chu Chiu-pai.
El Partido adoptó una línea nueva y toda esperanza de colaboración con el Kuomintang se abandonó en ese instante, pues éste se había convertido, sin duda, en instrumento del imperialismo y no podía asumir las responsabilidades de un movimiento democrático. Comenzó la larga lucha por el poder. Fui enviado a Chagsha a organizar el movimiento que debió ser conocido después bajo el nombre de “levantamiento de la cosecha de otoño”. Mi programa implicaba la realización de cinco puntos: 1.- La separación total del partido provincial del Kuomintang. 2.- La organización de un ejército obrero campesino. 3.- La confiscación de la tierra de los propietarios medios y grandes. 4.- La toma del poder por el P.C. de Hunan, independiente del Kuomintang y la instauración de un régimen soviético. En esa época la Komintern se opuso al quinto punto de mi programa y no fue sino más tarde que lo lanzó como consigna.

NACE EL EJÉRCITO POPULAR
En setiembre habíamos logrado organizar un levantamiento muy amplio con las uniones de campesinos de Hunan y se constituyeron las primeras unidades obrero-campesinas del ejército. El origen de los reclutas era triple: las poblaciones rurales, los mineros de Hanvang y las tropas insurgentes del Kuomintang. Esta primera fuerza militar de la revolución fue llamada “Primera División del Primer Ejército de Campesinos y Obreros”. El primer regimiento se constituyó con los mineros de Hanyang. El segundo se reclutó entre las milicias de campesinos de Ping Kiang, Lin Yang, Li Ling y otros dos hsien de Hunan; un tercero fue creado con una parte de los efectivos de la guarnición de Wuhan que se había rebelado contra Wang Ching-wei. Este ejército fue organizado con el acuerdo del Comité Provincial de Hunan, pero el programa general de este Comité y de nuestro ejército encontró la oposición del Comité Central del Partido que parecía, entre tanto, haber adoptado una política de espera más que de oposición activa. Mientras organizaba el ejército e iba de los mineros de Hanyang donde los campesinos, fui hecho prisionero por los min-tuan que dependían del Kuomintang. El terror impuesto por el Kuomintang estaba en su apogeo y se fusilaba por centenares a los sospechosos de ser comunistas. Se dio la orden de llevarme al cuartel general min-tuan donde debía ser fusilado.
Con algunas decenas de dólares que me prestó un camarada, traté de corromper a mi escolta. Los soldados rasos eran mercenarios que no tenían especial interés en que me asesinaran y estuvieron de acuerdo de ponerme en libertad, pero el suboficial que los dirigía no quiso permitirlo. Decidí escapar, pero no tuve la oportunidad sino cuando estábamos a unos 200 metros del cuartel general min-tuan. En ese momento me solté y escapé a través del campo. Alcancé un sitio elevado por encima de un puente rodeado de hierba alta y me escondí hasta que el sol se ocultó Los soldados me persiguieron y forzaron a los campesinos a buscarme. Se acercaron a mí una o dos veces hasta el punto de que yo habría podido tocarlos, pero felizmente no me descubrieron aunque a ratos perdí la esperanza seguro de que me detendrían. Finalmente cuando oscureció abandonaron la búsqueda. Partí al instante por la montaña, viajando de noche. No tenía zapatos y me herí los pies profundamente. En mi camino encontré un campesino que me socorrió, me abrigó y después me condujo al distrito más próximo. Yo llevaba siete dólares que gasté en comprar zapatos, un paraguas y alimento.
Cuando al fin salí sano y a salvo de las milicias campesinas, no tenía más que dos centavos en el bolsillo. Con la creación de la nueva división, llegué a ser presidente del Comité del Partido encargado del frente y Yu Sha-Tu, comandante de la división de Whan, dirigió el primer ejército. Más Yu había sido forzado por sus hombres a tomar ese puesto y desertó poco después para unirse al Kuomintang. Cuando escribo estas páginas trabaja para Chiang Kai-shek en Nankín. El pequeño ejército conduciendo al movimiento campesino, se desplazó hacia el sur a través de Hunan. Debió abrirse camino entre miles de hombres del Kuomintang, combatir a menudo y sufrir muchos reveses. La disciplina era débil, la formación política de un nivel muy bajo y ciertos elementos permanecían vacilantes entre los hombres y los oficiales. Hubo muchas deserciones. Después de la retirada de Yu Sha-Tu, el ejército fue reorganizado cuando llegó a Ning Ku. Cheng Hao fue encargado de dirigir las tropas que quedaban alrededor de un regimiento.
Él mismo más tarde traicionó. Pero muchos de este primer grupo permanecieron leales hasta el final y están todavía hoy día en el ejército comunista, tales como Lo Yun-hui, comisario político del primer cuerpo de ejército, y Yan Lu-su, hoy comandante de ejército. Cuando el pequeño ejército alcanzó al fin Ching-Kashan, no contaba sino con unos mil hombres aproximadamente. Porque el programa del “Levantamiento de otoño”, no había sido autorizado por el Comité Central, puesto que el primer ejército había sufrido grandes pérdidas y porque desde el punto de vista de las ciudades el movimiento parecía condenado al fracaso, el Comité Central me desautorizó. No formé entonces más parte del bureau político, ni del Comité del frente del partido. El Comité Provincial de Hunan nos atacó igualmente llamándonos “el movimiento del pillaje”. Mantuvimos, no obstante, nuestro ejército en Chingkangshan, convencidos como estábamos de que nuestra línea era correcta, y los acontecimientos que siguieron debieron justificarnos ampliamente.
Nuevos reclutas se agregaron y las filas de la división fueron fortalecidas. Me convertí en comandante. Del invierno de 1927 al otoño de 1928, la primera división tomó por base a Chingkanshan. En noviembre de 1927 el primer gobierno comunista se instaló en Chalin, en la frontera del Hunan. Allí, como más tarde en otras partes defendimos un programa democrático, una política moderada, que tenía por base una evolución lenta pero segura. Esto valió a Chingkanshan la recriminación de “putchista” del Partido, que estaba a favor de una política de razzias, terrorista y de ejecución de propietarios, con el propósito de extinguir la moral de éstos. El comité del frente del primer ejército rechazó la adopción de tales tácticas y fue entonces acusado por los tibios de “reformista”. Fui violentamente atacado por ellos por no seguir una política más “radical”. Dos famosos jefes de bandidos de los alrededores de Chingkanshan llamados Wang Tso y Yuang Ween-tsai se unieron al ejército comunista en el curso del invierno de 1927.
Éste contaba entonces con tres regimientos. Wang y Yuang, fueron ambos nombrados comandantes de un regimiento y yo era comandante del ejército. Estos dos hombres aunque habían sido bandidos, habían lanzado fuerzas a la revolución nacional y estaban prestos a luchar contra la reacción. Mientras permanecí en Chingkanshan, ellos permanecieron leales a los comunistas y obedecieron las órdenes del Partido. Más tarde, cuando permanecieron solos en Chingkanshan, volvieron a sus habituales actividades de bandidos. A continuación de lo cual fueron fusilados por los campesinos que ellos mismos habían organizado como comunistas y se habían hecho capaces de defenderse por sus propios medios.

ARMONÍA DE LA UNIDAD Y LA ESTRATEGIA
En mayo de 1928, Chu Teh llegó a Chingkanshan y nuestras fuerzas se fusionaron. Elaboramos juntos un plan para establecer un régimen soviético en una región de unos seis Hsien, para estabilizar y consolidar gradualmente el poder comunista en el distrito fronterizo de Hunan, Kingsi, y Kwantung, para extendernos partiendo de allí, hacia las más vastas regiones. Esta estrategia estaba en contradicción con ciertos acuerdos del Partido, que prefería una expansión rápida. En el ejército mismo Chu The y yo debimos luchar contra dos tendencias: la primera, el deseo de marchar inmediatamente sobre Chang-sha lo que consideramos arriesgado, después, el deseo de retirarse a la frontera del Kwantung, lo que consideramos como derrotismo. Las tareas principales que se nos planteaban eran repartir la tierra e instaurar un régimen de tipo soviético. Queríamos armar las masas para apresurar su cumplimiento.
Nuestra política defendía la libertad de comercio, la generosidad hacia las tropas enemigas capturadas y en general, una moderación democrática. En el otoño de 1928, un congreso representativo fue convocado en Chingkanshan al cual asistieron delegados de los distritos comunistas de Chingkanshan del norte. Existían aún ciertas divergencias de opinión entre los miembros del Partido de los distritos soviéticos acerca de los problemas que acabo de mencionar, las que se manifestaron en el Congreso. Una minoría creía que nuestro porvenir en esta base era limitado, pero la mayoría creía en nuestra política. Cuando se sometió una declaración que afirmaba que el movimiento soviético vencería a votación, pasó fácilmente. Con todo, el Comité Central del Partido no había aprobado todavía el movimiento. Su aprobación no llegó sino en el invierno de 1928, cuando llegó a Chingkanshan el informe del Sexto Congreso del Partido Comunista que se realizó en Moscú. Chu Teh y yo, estábamos de acuerdo con la nueva línea adoptada en ese Congreso.
A partir de ese momento las divergencias entre los dirigentes del Partido y los de los soviets de los distritos rurales, desaparecieron. La armonía volvió al Partido. Las resoluciones del Sexto Congreso del Partido, analizaban las experiencias de la revolución de 1925/27, de los levantamientos de Nan chang, do Cantón y el de la cosecha de otoño y terminaban aprobando la importancia dada al movimiento agrario. En esa época ejércitos comunistas se formaron en otras regiones de China. Levantamientos se produjeron en el este y oeste de Hupen, en el curso del invierno de 1927 y fueron la base del establecimiento de nuevos distritos soviéticos. Ho Lung en el oeste, Hsu Haitung en el este, crearon sus propios ejércitos reclutados entre los obreros y campesinos. El campo de operaciones de este último llegó a ser Oyuwan, donde fueron más tarde Hsu Hsiang-chien y Chang Kuo-tao. Fang Chi-mm y Hsiao Shih-ping, habían organizado también un movimiento a lo largo de la frontera noroeste de Kiangsi, en el curso del invierno de 1927 donde más tarde fundaron un soviet poderoso.
Después de la derrota del levantamiento de Cantón, Peng Pai condujo una parte de las tropas que permanecían fieles a Hilofeng, donde crearon un soviet, que después de una política “putchista” se destruyó rápidamente. Pero una parte del ejército salió del distrito bajo la dirección de Ku Ta-chen y entró en relaciones con Chu Teh y conmigo; estas tropas se convirtieron en el núcleo del onceavo ejército comunista. En la primavera de 1928, los guerrilleros conducidos por Li Wen-lug y Li Sao-chu se hicieron presente en Hsingku y Tungku en Kiang si. Este movimiento tenía su base en los alrededores de Kian y sus participantes se convirtieron en el núcleo del tercer ejército, mientras el distrito mismo debía ser la base del gobierno comunista central. En Fukien del Oeste, los soviets fueron establecidos por Chang Ting-cheng, Teng Tzuhui (que fue asesinado) y Hu Pei-teh, que se hizo socialdemócrata. En la época de lucha contra el “aventurerismo” en Chingkanshan, el primer ejército había sostenido victoriosamente dos ataques de las tropas blancas para reconquistar la montaña. Chingkanshan se reveló como una excelente base para un ejército móvil, tal como el que habíamos formado. Había allí buenas defensas naturales y permitía mantener un ejército pequeño. Chingkanshan tenía un perímetro de 500 Li y un largo de alrededor de 80 Li. Los habitantes lo llamaban Ta Hsiao. Wu Chin (Chingkanshan era el nombre en realidad, de una montaña vecina, durante largo tiempo abandonada) de cinco pozos principales que lo rodean; ta, hsiae, shang, hsia y chung, es decir, el gran pozo, el pequeño, el alto, el bajo y el del medio. Los cinco pueblos de la montaña tomaron su nombre de estos pozos. Después de la fusión de nuestro ejército en Chingkanshan, éstos fueron reorganizados: así nació el famoso cuarto ejército comunista; Chu Teh tomó su mando y yo fui su comisario político. Nuevas tropas llegaron a Chingkanshan después de los levantamientos y los motines del ejército de Ho Chien, en el curso del invierno de 1928 y formaron el quinto ejército que comandó Peng Teh-huai. A los costados de Peng estaban Teng Ping (que fue asesinado en Tsun yi, durante la Larga Marcha) Huang Kuo-nu (asesinado en Kwang-sien en 1931) y Tien Tehyuan.

CONTRA EL GUERRILLERISMO
Nuestras condiciones de vida en la montaña se hicieron muy duras por la llegada de tanta tropa. Los hombres carecían de uniforme de invierno y los alimentos eran escasos. Durante meses nos alimentamos prácticamente de calabazas. Los soldados descubrieron una consigna: “Abajo el capitalismo y las calabazas”. Es por que para ellos el capitalismo quería decir los propietarios y las calabazas de los propietarios. Dejando a Peng Teh-huai en Chingkanshan, Chu Teh rompió el boqueo establecido por las tropas blancas y en enero de 1929 llegó a su fin nuestro primer descanso en la montaña fortificada. El cuarto ejército emprendió entonces a través de Kiangsi del sur una campaña que obtuvo un rápido éxito. Un soviet se estableció en Tunçku, donde nuestras tropas se encontraron con las tropas comunistas locales y se fusionaron con ellas.
Dividiendo nuestras fuerzas, continuamos hacia Yungting, Chanteng y Lung Yeh y establecimos soviets en todas esas provincias. La existencia de movimientos de masas militares, anteriores a la llegada del ejército comunista nos aseguraba el éxito y nos ayudaba a instaurar muy rápidamente un régimen soviético con una base estable. La influencia del movimiento comunista se extendió entonces gracias al movimiento agrario y a los guerrilleros, en varios otros hsien, pero los comunistas no tomamos sino después de cierto tiempo el poder completo. Las condiciones comenzaron a mejorar en el interior del ejército comunista, material y políticamente; pero existían todavía muchas tendencias erradas. El “guerrillerismo” por ejemplo, se traducía en una falta de disciplina por ideas exageradamente democráticas y cierto relajamiento en la organización. Otra tendencia era el “vagabundaje” que se traducía en un rechazo a consagrarse a las tareas serias del gobierno, por un deseo de movimiento, de cambio, de nuevas aventuras y experiencias. Quedaban vestigios del militarismo; ciertos oficiales golpeaban a sus hombres y los maltrataban y además favorecían a unos en perjuicio de otros hacia quienes sentían adversión personal. Muchas de estas debilidades fueron superadas después del noveno congreso del Partido del cuarto ejército comunista realizado en Fukien occidental en diciembre de 1929.
Ideas de perfeccionamiento fueron puestas en discusión, muchos malentendidos se eliminaron y se adoptaron nuevos planes que planteaban las bases para una dirección ideológica muy elevada en el ejército comunista. Hasta ese momento las tendencias que he mencionado eran muy graves y utilizadas por una fracción trotskista en el seno del Partido y del comando militar, para debilitar el movimiento. Una vigorosa lucha se dirigió contra ellos y varios fueron privados de su responsabilidad en el Partido o en el comando del ejército. Entre ellos, Liu En-kung, comandante de ejército, era un caso típico. Se descubrió que tenían la intención de conducir al ejército comunista a su destrucción; colocándolo en posiciones difíciles frente al enemigo, y después de varias tentativas infructuosas, sus proyectos se hicieron evidentes. Atacaron violentamente nuestro programa y todo lo que nosotros preconizábamos. La experiencia ha demostrado sus errores; fueron relevados de sus responsabilidades y perdieron influencia después del congreso de Fukien. Este congreso facilitó el camino para la instauración del gobierno soviético de Kiangsi.
El año siguiente se caracterizó por algunas victorias brillantes. Casi todo Kiangsi del sur se pasó al ejército comunista. Las bases de las regiones soviéticas del centro estaban planteadas. El 7 de febrero de 1930 se convocó en Kiangsi del sur un congreso del Partido con el fin de discutir un programa futuro para los soviets. En él se reunieron representantes locales del Partido, del ejército y del gobierno. El problema de la política agraria fue discutido allí y la lucha contra el “oportunismo” preconizado por los que se oponían a una nueva distribución de la tierra fue coronada por el éxito. Se decidió aplicar la distribución de las tierras y acelerar la formación de los soviets. Hasta entonces el ejército comunista no había formado sino soviets locales y de distrito. En este congreso se decidió la formación del gobierno provincial soviético de Kiangsi. Los campesinos acogieron este nuevo programa con gran calor, con un entusiasmo que ayudó en los meses siguientes al éxito de la lucha contra las campañas de exterminio del Kuomintang.

EL PUEBLO SE ORGANIZA
Poco a poco, el trabajo del ejército comunista junto a las masas mejoró; la disciplina fue reforzada, una nueva técnica de organización se desarrolló. En todas partes los campesinos se orientaron a ayudar voluntariamente la revolución. En Chingkanshan el ejército había impuesto tres reglas sencillas a sus combatientes. Eran: obediencia inmediata a las órdenes recibidas; ninguna expropiación a los campesinos pobres; entrega inmediata y directa al gobierno de los bienes confiscados a los propietarios, para que él disponga de ellos. Después del congreso de 1928 se hicieron grandes esfuerzos para conquistar la ayuda de los campesinos y se agregaron ocho reglas a las tres anteriores: 1.- Cierre todas las puertas cuando abandone una casa (las puertas de una casa en China se desenganchan fácilmente, se pone entre dos vigas y sirve de cama improvisada). 2.- Ponte las botas y coloca el petate donde te acostaste en su lugar. 3.- Se amable y cortés con la gente y ayudadla en cuanto podáis. 4.- Devuelve lo que te presten. 5.- Paga todo lo que eches a perder. 6.- Se honesto en todas las transacciones con los campesinos. 7. - Pague por todo lo que compra. 8.- No os ensuciéis y particularmente construid vuestras letrinas distantes de las casas. Estas dos últimas reglas fueron agregadas por Lin Piao.
Estas ocho reglas se propagaron con más y más éxito y todavía hoy constituyen el código del soldado comunista que se recuerda y canta a menudo. Otras tres consignas fueron enseñadas al ejército comunista y que se referían a su principal objetivo, luchar a muerte contra el enemigo; armar las masas y encontrar dinero para sostener la lucha. Fue en esta época cuando se organizó el ler. cuerpo de ejército bajo el comando de Chu Teh y yo como comisario político. Este cuerpo se componía del 3er. ejército, del 4º ejército comandado por Lin Piao, y el 12° ejército, comandado por Lo Ping-hui. La dirección política designó una comisión del frente la cual yo presidía. Había entonces más de diez mil hombres en el ler. cuerpo de ejército que formaban diez divisiones. Además de esa importante fuerza, había numerosos regimientos locales e independientes, guardias rojas y guerrilleros. Aparte de la base política del movimiento, la táctica comunista explica en gran medida los éxitos militares.
En Chingkanshan habían sido adoptados cuatro slogans que recuerdan los métodos de combate de los guerrilleros a partir de los cuales se había formado el ejército comunista. Éstos eran: 1.- Cuando el enemigo avanza nosotros retrocedemos; 2.- Cuando el enemigo hace un alto y acampa, nosotros lo molestamos; 3.- Cuando el enemigo trata de evitar una batalla, nosotros lo atacamos; 4.- Cuando el enemigo se bate en retirada, nosotros lo perseguimos. Estas órdenes fueron combatidas al principio por muchos militares experimentados que no estaban de acuerdo con la táctica que ellas implicaban. Pero una larga experiencia probó que esta táctica era la buena. Cada vez que el ejército comunista se alejó de ella, por lo general sufrió derrotas. Teníamos pocos hombres, diez a veinte veces menos que el enemigo; nuestros recursos de víveres y material eran limitados y sólo combinando hábilmente las maniobras y los combates de guerrillas podíamos esperar una victoria en nuestra lucha contra el Kuomintang que se apoyaba sobre bases mejores y más ricas. La táctica esencial del ejército comunista era (y sigue siendo) poder concentrar sus principales fuerzas para atacar y dispersarse después. Esto quiere decir que era preciso evitar la guerra de posiciones firmes y esforzarse por encontrar las fuerzas vivas del enemigo para destruirlas, cuando estuviesen en movimiento. Sobre esta base se desarrolló la maravillosa movilidad y la táctica de “ataques cortos” del ejército comunista.

LA PRÁCTICA MADRE DE LA VERDAD
Para extender el régimen de los soviets a otras regiones, el programa del ejército comunista preconizaba, en general, una progresión lenta más bien que un avance irregular a saltos, que no habría permitido una consolidación seria del régimen en los territorios ganados. Esta era una política pragmática, como lo era la táctica de que hablé más arriba, que había surgido de muchos años de experiencia tanto política como militar. Estas tácticas eran severamente criticadas por Li Li-san que quería se pusieran todas las armas en manos del ejército comunista y que los grupos guerrilleros fueran integrados en él. Li Li-san prefería atacar antes que consolidar el régimen; avanzar sin proteger la retaguardia; llevar a cabo asaltos espectaculares contra las grandes ciudades con la ayuda de levantamientos extremistas.
La línea Li Li-san dominaba entonces en el seno del Partido, fuera de las regiones soviéticas, y tenía suficiente influencia para forzar hasta cierto punto el asentimiento de los miembros del ejército comunista, a pesar de la opinión de su comando militar. Consecuencia de esto fue el ataque de Changsha y también la marcha sobre Nanchang. Pero el ejército no aceptó movilizar sus grupos de guerrilleros ni descuidar la vigilancia de las retaguardias en el curso de estas aventuras. En el otoño de 1929 el ejército comunista se desplazó hacia el Kiangsi del Norte, atacando y ocupando numerosas ciudades, infligiendo numerosas derrotas a los ejércitos del Kuomintang. A cierta distancia de Nanchang, el 1er. cuerpo de ejército torció bruscamente hacia el oeste y se dirigió hacia Changsha. En el camino encontró las fuerzas de Pen Teh-huai, que había ocupado Changsha una vez, pero había debido retirarse para evitar ser cercado por tropas enemigas muy superiores en número. Peng había abandonado Changsha en abril de 1929 y continuaba operando en el Kiangshi del Sur. El número de sus hombres había crecido considerablemente.
En abril de 1930, se unió a Chu Teh y al grueso del ejército comunista. Después de una conferencia, se decidió que el 1er. ejército de Peng operaría sobre la frontera Kiangso- Yu Huan, en tanto que Chu Teh y yo entraríamos en el Fukien. Fue en junio 1930 cuando el 3er. Ejército y el 1er. cuerpo de ejército restablecieron su contacto y llevaron a cabo el décimo ataque contra Changsha. El 1er. y el 3er. cuerpo de ejército se fusionaron transformándose en el 1er. ejército del frente, al mando de Chu Teh y del cual yo era comisario político. Bajo esta dirección, llegamos a la vista de los muros de Changsha.

LA GRANDEZA TIENE UN ALTO PRECIO
La Comisión revolucionaria de los obreros y campesinos chinos se organizó más o menos en esta época y me eligió presidente. La influencia del ejército comunista era casi tan poderosa en 1-Tunan como en Kiangsi. Los campesinos de Hunan conocían bien mi nombre pues se habían prometido fuertes recompensas a quien me capturara muerto o vivo, lo mismo que a Chu Teh y otros “rojos”. Mis tierras de Hsiang Tan habían sido confiscadas por el Kuomintang. Mi mujer y mi hermana, las mujeres de mis dos hermanos, Mao Tse-hung y Mao Tse-tan, y mi propio hijo habían sido arrestados por Ho Chien. Mi mujer y mi joven hermana fueron ejecutadas. Los demás fueron puestos en libertad más tarde.
El prestigio del ejército comunista alcanzaba hasta mi aldea de Hsiang Tan; me han contado que los campesinos del lugar creían que yo volvería pronto a la casa donde había nacido. Una vez pasó un avión sobre sus cabezas y decidieron que era yo que volvía. Fueron a advertirle al hombre que cultivaba entonces mi tierra que yo había vuelto para vigilar mi antigua granja, para ver si habían cortado los árboles. Si era así, yo exigiría una compensación a Chiang Kai-shek, decían ellos. Sin embargo, el segundo ataque contra Changsha debía terminar en un fracaso. Grandes refuerzos habían sido enviados a la ciudad y su guarnición era muy numerosa; además, en setiembre, nuevas tropas irrumpieron en Hunan para atacar el ejército comunista. Sólo una batalla importante se desarrolló durante el sitio, en el curso de la cual el ejército comunista eliminó dos brigadas de tropas enemigas. No pudo, sin embargo, apoderarse de la ciudad y, después de algunas semanas, debió retirarse a Kiangsi. Este fracaso contribuyó a eliminar la línea Li Li-san y salvó al ejército comunista de un ataque contra Wuhan, que pretendía realizar Li Li-san y que sin duda, habría sido catastrófico. Las tareas esenciales del ejército eran reclutar nuevas tropas, sovietizar nuevas regiones rurales y sobre todo, consolidar fuertemente el poder de los soviets en las regiones controladas ya por el ejército comunista.
Con tal programa, los ataques contra Changsha no eran necesarios y contenían un elemento de aventura. Si la primera ocupación hubiera sido concebida como una acción provisional y no con la intención de mantener la ciudad y establecer allí un gobierno, sus efectos habrían podido ser considerados como beneficiosos: el efecto producido sobre el movimiento revolucionario había sido grande. El error fue estratégico y táctico: haber pretendido hacer de Changsha una base cuando el poder soviético no estaba aún bien establecido en la retaguardia. Pero Li Li-san sobreestimaba la fuerza militar del ejército comunista en esa época y los factores revolucionarios de la escena política nacional. Creía que la Revolución tocaba a su fin y que pronto tomaría el poder en todo el país. Esta creencia se apoyaba también en la larga y agotadora guerra civil que se desarrollaba entonces entre Feng Yu Hsiang y Chiang Kai-shek y que hacía creer a Li Li-san que la situación era muy favorable. Pero el ejército comunista pensaba que el enemigo se preparaba para lanzar un poderoso ataque contra los soviets después que la guerra civil se terminara, y que no era el momento de dejarse llevar por el putchismo y el espíritu de aventura, que podían conducir al desastre. Esta opinión resultó estar perfectamente justificada.
Con los acontecimientos de Hunan, el retorno del ejército comunista a Kiangsi y especialmente después de la toma de Kiangsi, el “lilisanismo" fue eliminado del ejército. Y el propio Li, convencido de su equivocación, pronto perdió su influencia en el Partido. Algunas unidades del 3er. cuerpo quisieron seguir la línea de Li y pidieron que este cuerpo fuera separado del resto del ejército. Pero Peng Teh-huai luchó vigorosamente contra esta tendencia y logró mantener la unión de las fuerzas bajo su comando y su fidelidad al punto de vista del alto mando. Sin embargo, el ejército, al mando de Liu Ti tsao, se sublevó abiertamente, arrestó al presidente del soviet de Kiangsi y a numerosos oficiales y funcionarios y nos atacó en el plano político reivindicando la línea de Li Li-san. Esta rebelión tuvo lugar en Fu Tien y se conoce bajo el nombre de la Cuestión Fu Tien. Y estando Fu Tien cerca de Kian, es decir, en el corazón de los distritos soviéticos, estos acontecimientos causaron sensación y muchos pensaron que la suerte de la Revolución dependía del resultado de esta lucha.
Pero la revuelta fue rápidamente sofocada, gracias a la lealtad del 3er. ejército, a la solidaridad del Partido y de las tropas comunistas y al apoyo de los campesinos, Liu Ti-tsao fue arrestado y los otros rebeldes, desarmados y licenciados. Nuestra línea se afirmaba de nuevo, el “lilisanismo” estaba definitivamente eliminado y todo esto se tradujo en nuevas e importantes ganancias para el movimiento de los soviets. Pero Nankín estaba furiosamente exasperado contra la potencia revolucionaria de los soviets de Kiangsi. Al final de 1930, emprendió su Primera Campaña de Exterminación contra el ejército comunista. Fuerzas enemigas, con un total de más de cien mil hombres, emprendieron la tarea de rodear las regiones comunistas, avanzando en cinco columnas. Estas fuerzas estaban comandadas por Lu Tiping. Contra estas tropas, el ejército comunista podía disponer de 40.000 hombres. Utilizando hábilmente la táctica de maniobras pudimos defendernos contra esta Primera Campaña y obtener grandes victorias. Siguiendo la táctica de alternar rápidamente la concentración y dispersión de tropas, podíamos atacar cada unidad por separado, con el grueso de nuestras fuerzas. Permitiendo al enemigo que penetrara profundamente en el interior de nuestros territorios, atacábamos repentinamente, con efectivos más numerosos a unidades aisladas de tropas del Kuomintang, ejecutando maniobras que nos permitían rodearlas momentáneamente; trocábamos, así, en provecho para nosotros, la ventaja estratégica que poseía un enemigo tan superior en número. En enero de 1931, la Primera Campaña había sido vencida.
Creo que esto no hubiera sido posible sin la existencia de tres condiciones que reunía el ejército comunista desde antes que comenzara la campaña. En primer lugar, el fortalecimiento de un comando único para el 1er. y 3er. cuerpos de ejército; enseguida, la eliminación de la línea de Li Li-san; y por fin, la victoria obtenida por el Partido sobre la fracción antibolchevique (Liu Ti-sao) y sobre otros contrarrevolucionarios activos en el ejército comunista y en los distritos soviéticos. Después de mantenerse en receso cerca de cuatro meses, Nankín lanzó su segunda campaña, bajo el mando supremo de Ho Ying-ching, que es hoy Ministro de Guerra.
Doscientos mil hombres penetraron en las regiones comunistas, en siete columnas. La situación del ejército comunista pareció entonces muy crítica. Las superficies controladas por el poder soviético eran poco extensas, los recursos limitados, el equipo insuficiente y la potencia material del enemigo sobrepasaba ampliamente, desde todo punto de vista, la del ejército comunista. Mas, para su defensa el ejército comunista permaneció fiel a la táctica que tanto éxito le había reportado. Dejando penetrar profundamente las columnas enemigas en el interior de los territorios comunistas, el grueso de nuestras fuerzas, concentradas repentinamente contra la segunda columna del enemigo, aplastó varios regimientos y les destruyó su potencia de ataque. Inmediatamente después, atacamos la tercera, la sexta y la séptima columnas, aplastándolas una tras otra. La cuarta columna se batió en retirada sin presentar batalla y la quinta fue parcialmente destruida.
En dos semanas, el ejército comunista había librado seis batallas y marchado ocho días para obtener una victoria decisiva. Después del aplastamiento o la retirada de otras seis columnas, el primer ejército de ruta, comandado por Chiang Kuang-nai y Tsai Ting-kai se retiró sin que hubiera combate serio. Un mes más tarde, Chiang Kai-shek tomó el mando de un ejército de 300.00 hombres, “para la exterminación final de los «bandidos rojos»”. Estaba asistido por sus generales más capaces: Cheng Ming-shu, Ho Ying-ching y Chu Shao- liang; cada uno de ellos dirigía una parte del ataque. Chiang esperaba apoderarse por asalto de las regiones comunistas: una “limpieza rápida” de los “bandidos rojos”. Comenzó por lanzar sus ejércitos hasta el corazón de las regiones comunistas a una velocidad de 80 li por día. Esto proporcionó al ejército comunista las condiciones más favorables para su táctica, y pronto se tuvo la prueba del error de Chiang: disponiendo solamente de una fuerza principal de 30.000 hombres, nuestro ejército, mediante una serie de brillantes maniobras, atacó cinco columnas en cinco días. En el curso de la primera batalla, el ejército comunista hizo numerosos prisioneros y se apoderó de grandes cantidades de municiones, armas y material. En septiembre, el fracaso de la Tercera Campaña era un hecho reconocido y en octubre Chiang Kai-shek retiró sus tropas.

A LA OFENSIVA
El ejército comunista entra entonces en un período de paz relativa y de ampliación. Su desarrollo fue muy rápido. El primer Congreso de los Soviets fue convocado para el 11 de diciembre de 1931. Se estableció el Gobierno Central de los Soviets, y yo fui su presidente. Chu Teh fue elegido comandante en jefe del ejército comunista. El mismo mes se produjo el gran levantamiento de Ningtú: más de 20.000 hombres del ejército de ruta del Kuomintang se sublevaron y se unieron al ejército comunista. Estaban dirigidos por Teng Ching-tan y Tsao Pu-shen. Tsao fue muerto en el curso de un combate en Kiangsi, pero Tang comanda aún el ejército comunista, pues el cuerpo se formó con las tropas que llegaron a nosotros después de la sublevación de Ningtú. El ejército comunista pasó entonces a la ofensiva. En 1932 emprendió una gran batalla en Changchow, en Fukien, y se tomó la ciudad. En el sur, atacó Chen Chi-tang en Nan Hsiang y en el frente de Chiang Kai-shek, Lo An, Li Chaun, Chien Ning y Tan Ning. Atacó Kanchow pero sin ocuparla.
Desde octubre de 1932 hasta el comienzo de la Gran Marcha hacia el noroeste, yo consagré mi tiempo casi enteramente a trabajar con los gobiernos de los soviets, dejando el comando militar a Chu Teh y a otros. El mes de abril de 1933 comenzó la cuarta, y sin duda la más desastrosa, de las campañas de exterminación del gobierno de Nankín. En el curso de la primera batalla, dos divisiones fueron desarmadas y dos generales de división hechos prisioneros. La 59ª división fue parcialmente destruida y la 52ª lo fue enteramente. 13.000 hombres fueron hechos prisioneros en esta sola batalla. La 11ª división del Kuomintang, a la sazón la mejor de Chiang Kai-shek, fue puesta luego fuera de combate: casi enteramente desarmada y con su general gravemente herido. Estas acciones fueron decisivas y la cuarta campaña concluyó poco después. Chiang Kai-shek escribió en esta época a Chen Cheng, que había dirigido las operaciones, que él consideraba esta derrota como “la más grande humillación” de su vida. Chen Cheng no quiso proseguir la campaña.
Fue entonces cuando dijo que en su opinión, combatir a los comunistas equivalía a “una sentencia de muerte”. Estas palabras le fueron trasmitidas a Chiang Kai-shek, quien separó a Chen Cheng del alto comando. Para su quinta y última campaña, Chang Kai-shek movilizó cerca de un millón de hombres y adoptó una nueva estrategia y nuevas tácticas. Ya en la cuarta campaña, Chiang, siguiendo las ideas de los consejeros alemanes, había comenzado a utilizar el sistema de block-haus y fortificaciones. Toda su quinta campaña la basó sobre esta táctica. Nosotros cometimos dos errores graves en esta época. El primero consistió en no aliarmos en 1933 con el ejército de Tsai Ting-kai durante la revuelta de Fukien. El segundo error fue adoptar una táctica de simple defensa, abandonando nuestra táctica inicial de maniobras. Fue una grave falta enfrentar las fuerzas tan superiores de Nankín en una guerra de posiciones en la cual el ejército comunista no poseía ventajas ni técnica, ni moralmente. Estos errores y la nueva estrategia de la campaña combinada con la superioridad numérica y técnica de las fuerzas del Kuomintang, forzaron al ejército comunista, en 1934, a buscar un cambio en las condiciones de su existencia en Kiangsi, que se estaban tornando muy malas. La situación política nacional influenció, igualmente, en la decisión de transportar al noroeste el teatro de las operaciones.
Después de la invasión de Manchuria y Shanghai por el Japón, el gobierno comunista, en febrero de 1932, había declarado formalmente la guerra al Japón. Esta declaración, que evidentemente no podía hacerse efectiva a causa del bloqueo de la China Comunista por las tropas del Kuomintang, fue seguida de un manifiesto que llamaba a todas las fuerzas armadas de China a unirse para rechazar al imperialismo japonés. Al comienzo de 1933, el gobierno comunista anunció que estaba dispuesto a cooperar con todo el ejército chino sobre la base del cese de la guerra civil y de los ataques contra los soviets y el ejército comunista, de garantizar a las masas libertades civiles y derechos democráticos y armar al pueblo para una guerra contra el Japón.

LA GRAN MARCHA
La quinta campaña de exterminación comenzó en octubre de 1933. En enero de 1934, se reunió en Juichin, capital de los soviets, el segundo Congreso de los Soviets de China. Se hizo allí un recuento de las conquistas de la Revolución. Yo hice un largo informe, y fue en este congreso donde se eligió el Gobierno Comunista Central como existe hoy día. Poco después, comenzaron los preparativos para la Gran Marcha. Esta se inició en octubre de 1934, justo un año después que Chiang Kai-shek lanzara su última campaña; un año de continuo combate, de luchas con grandes pérdidas para ambos lados.
En enero de 1935, el grueso de las fuerzas del ejército comunista, llegó a Tsun Ti, en Kweichow. Durante los cuatro meses que siguieron, el ejército estuvo casi constantemente en movimiento y se libraron violentísimos combates, atravesando los ríos más grandes, más profundos, más peligrosos de China, cruzando los pasos de las montañas más altas y peligrosas a través de las más inhospitalarias regiones, las estepas desérticas, el frío o el calor intenso, el viento, la nieve y las tempestades, perseguido por la mitad de los ejércitos de China, atravesando todos los obstáculos naturales y abriéndose paso a través de las tropas de Kwantung, de Hunan, de Szechuan, de Kansú y de Shénsi, el ejército comunista llegó por fin a Shensi del Norte en octubre de 1935 y se estableció en sus actuales bases del gran noroeste de China. La marcha victoriosa del ejército comunista y su llegada triunfal a Kansú y Shensi con sus fuerzas vitales intactas, se deben, en primer lugar, a la justa dirección del Partido Comunista pero también a la gran habilidad, al valor, a la voluntad, a la fortaleza casi sobrehumana y al ardor revolucionario de los cuadros de base de nuestra población de soviets. El Partido Comunista de China ha estado siempre, está ahora y estará siempre agradecido al marxismo-leninismo y continuará luchando contra todas las tendencias oportunistas. Esta firmeza es una de las razones de su fuerza invencible y la inevitabilidad de su victoria final. (1937).

EDITORIAL QUETZAL, Buenos Aires 1973. Traducción de P. Alvarado y P. Díaz.
El emperador Ching no había abdicado aún y era un período de lucha. Mi paga era de siete dólares por mes -esto es más de lo que he recibido en el Ejército Rojo, sin embargo- y gastaba dos dólares al mes en alimentación. También debía comprar el agua. Los soldados traían el agua a la ciudad desde el exterior, pero siendo yo un estudiante, no podía permitirme este menester y la compraba a los aguadores. El resto de mi paga, lo gastaba en periódicos, de los cuales era un ferviente lector. Entre los diarios que hablaban de la Revolución, estaba el Hsiang Kiang Daily News (Hsiang Kiang Erh Pao). En él se discutía sobre el socialismo y fue en sus columnas donde leí por primera vez esta palabra. Yo también discutía sobre socialismo, o más bien, sobre social reformismo, con otros estudiantes y soldados. Escribí con entusiasmo a varios de mis condiscípulos sobre este tema, pero sólo uno me respondió diciéndome que estaba de acuerdo conmigo.

En mi escuadra había un minero de Hunan y un herrero que eran mis amigos. El resto era mediocre y entre ellos había un bribón completo. Persuadí a otros dos estudiantes para que se unieran al ejército y llegué a estar en muy buenas relaciones con el jefe del pelotón y la mayoría de los soldados. Yo sabía escribir, conocía los libros y se respetaba mi “gran sabiduría”. Les ayudaba escribiéndoles sus cartas. El resultado de la revolución no estaba seguro. Ching todavía no había abandonado entera mente el poder y en el seno del Kuomintang existían rivalidades por la dirección. Se decía en Hunan que la guerra continuaría inevitable mente. Varios ejércitos se organizaban contra los manchúes y contra Yuan Shih-kai. El ejército de Hunan era uno de ellos. Pero en el momento que los de Hunan se preparaban a entrar en escena, Sun Yat-sen y Yuan Shih-kai llega ron a un acuerdo, el Norte y el Sur fueron “unificados” y el gobierno de Nankin disuelto. Pensando que la revolución había terminado, me retiré del ejército y decidí volver de nuevo a mis libros. Había sido soldado durante seis meses.

AVENTURAS ESCOLARES

Me dediqué a leer los avisos de los diarios. Muchas escuela s se abrían entonces y utilizaban este medio para atraer nuevos estudiantes. Yo carecía de criterio particular para juzgar estas escuelas; no sabía exactamente que quería hacer. El aviso de una escuela de Policía me llamó la atención y me inscribí para ser admitido en ella. Pero antes de dar examen leí un anuncio de una “escuela” para fabricantes de jabón. No se exigía ninguna educación previa, la pensión era gratuita y se prometía un pequeño salario a los alumnos. Era un aviso atrayente. Se hablaba de los grandes beneficios sociales de la fabricación de jabón, de cómo enriquecería al país y a los individuos. Cambié de opinión respecto de la escuela de policías y decidí convertirme en un fabricante de jabón. Pagué, allí también, un dólar por inscribirme. Entretanto, uno de mis amigos había comenzado a estudiar derecho y me instaba a que entrara a su escuela. Justamente leí un seductor aviso de esta escuela en el cual se prometían cosas bellísimas: los estudiantes aprenderían leyes en tres años, al término de los cuales se transformarían instantáneamente en mandarines.

Mi amigo continué elogiándome su escuela, hasta que escribí a mi familia repitiéndoles todas las promesas que hacía el anuncio y pidiéndoles dinero para mis estudios. Les pinté un brillante cuadro de mi porvenir como jurista y mandarín. Pagué un dólar para inscribirme y esperé la contestación de mi familia. El azar intervino de nuevo bajo la forma del aviso de una escuela comercial. Otro amigo me dijo que el país atravesaba por una crisis eco nómica y que, por lo tanto, había gran necesidad de economistas que pudieran levantar la economía nacional. Este argumento me persuadió y gasté un nuevo dólar para inscribirme en esta escuela comercial secundaria. Quedé entre los primeros y fui admitido. Sin embargo, continuaba leyendo los avisos: un día leí uno que ensalzaba los encantos de una escuela superior de comercio que dependía del gobierno; ofrecía un vasto programa y oí decir que sus profesores eran muy capaces.

Decidí que más valía llegar a ser un experto comercial en esta escuela: pagué mi dólar, me inscribí y en seguida comuniqué mi decisión a mis padres. Ésta fue muy bien acogida. Mi padre comprendió de inmediato las ventajas de la habilidad comercial. Entré a esta escuela y permanecí allí un mes. Lo malo fue que en mi nueva escuela, como pude darme cuenta, la mayor parte de los cursos se hacían en inglés, y yo, al igual que muchos otros alumnos, sabía muy poco inglés, en realidad, el alfabeto y casi nada más. Obro inconveniente era que en la escuela no había profesor de inglés. Disgustado, me retiré al final del primer mes y de nuevo me dediqué a leer los avisos. Mi aventura escolar subsiguiente fue la Primera Escuela Secundaria Provincial. Me inscribí en ella pagando un dólar, rendí el examen de admisión y pasé a la cabeza de la lista de candidatos. Era una gran escuela con muchos alumnos y numerosos profesores. Un profesor chino que me tomó aprecio a causa de mis aficciones literarias, significó una gran ayuda para mí. Me prestó una obra titulada: “Crónicas y Comentarios Imperiales”, que contenía los edictos imperiales y las críticas de Chien Lung.

AUTOEDUCACIÓN

Por esta época, un depósito de pólvora hizo explosión en Chang-sha. Se produjo un enorme incendio que provocó gran interés entre los estudiantes. Estallaron toneladas de municiones y obuses, la pólvora arrojó intensas llamaradas. Era mejor que los fuegos artificiales. Un mes después, Tan Yen-kai fue destituido por Yuan Shih-kai que controlaba entonces la máquina política de la República. Tan Hsiang-ming reemplazó a Tan Yen-kai y comenzó a preparar el retorno al poder de Yuan. No me agradaba la Primera Escuela Secundaria. Su programa era limitado y su reglamento discutible. Además, después de leer las “Crónicas y Comentarios Imperiales” había llegado a la conclusión de que haría mejor leyendo y estudiando por mi cuenta. Al cabo de seis meses dejé la escuela y yo mismo me elaboré un pro grama de estudios que consistía en ir a leer todos los días a la Biblioteca Provincial de Hunan. Seguí este programa con conciencia y regularidad y considero que los seis meses pasados en esta forma me fueron sumamente provechosos.

Al mediodía suspendía mis lecturas, sólo el tiempo indispensable para comprar y comer dos pasteles de arroz que constituían mi comida diaria. Todos los días permanecía en la Biblioteca hasta la hora del cierre. Durante este período de autoeducación leí muchos libros, estudié geografía del mundo e historia universal. Allí, por primera vez, vi y estudié, con gran interés, un mapa del mundo, Leí La riqueza de las naciones, de Adam Smith, El origen de las especies, de Darwin y un libro de moral de John Stuart Mill. Leí las obras de Rousseau, la Lógica, de Spencer y El espíritu de las leyes de Montesquieu. Mezclaba la le ctura de novelas, poesías y relatos de la antigua Grecia con el estudio de la historia y geografía de Rusia, América, Inglaterra, Francia y otros países. Vivía en aquel tiempo en una hospedería común para gente originaria del distrito de Hsiang Hsiang. Había allí muchos soldados, hombres que habían “renunciado” al ejército o que hanero. Estudiantes y soldados reñían constantemente en esta casa y una noche se desencadenaron las hostilidades. Los soldados atacaron e intentaron matar a los estudiantes. Yo me escapé escondiéndome en la pieza de baño hasta el final del combate.

En esta época no tenía dinero pues mi familia rehusaba mantenerme a menos que entrara en una escuela, y puesto que ya no podía contar con la hospedería, me puse a buscar un nuevo alojamiento. Entre tanto, había.. reflexionado seriamente acerca de mi “porvenir” y resolví que yo estaba hecho para la enseñanza. Comencé otra vez a leer los anuncios y un día descubrí un atrayente aviso de la Escuela Normal de Hunan. Me informé con interés de las ventajas que se enumeraban: no se exigía ningún diploma para entrar, el alojamiento y la pensión eran baratos. Dos de mis amigos me insistían, asimismo, para que entrara allí. Ellos necesitaban mi ayuda para escribir la disertación de ingreso. Comuniqué mis intenciones a mi familia y recibí su consentimiento. Escribí las disertaciones de mis dos amigos y la mía. Nos admitieron a los tres (de hecho, yo había sido admitido tres veces). No pensaba entonces que esto constituyera un acto inmoral; era sólo una cuestión de camaradería.

EN LA ESCUELA NORMAL

Permanecí cinco años en la Escuela Normal, consiguiendo al fin resistir las tentaciones de nuevos anuncios y obtuve mi diploma. Durante este período de la Escuela Normal de Hunan, ocurrieron muchos acontecimientos y mis ideas políticas comenzaron a tomar forma. Igualmente, fue entonces cuando tuve mis primeras experiencias de acción social. En esta nueva escuela había muchas normas y yo me hallaba de acuerdo con muy pocas. Así, por ejemplo, me oponía a los cursos obligatorios de ciencias naturales, porque quería especializarme en ciencias sociales.

Las ciencias natura les no me interesaban particularmente y no hacía ningún esfuerzo por aplicarme en ellas: obtenía las peores notas en esta materia. Por sobre todo, yo detestaba cierto curso obligatorio de dibujo de naturalezas muertas. Me parecía estúpido. Tomé la costumbre de inventar un tema lo más simple posible, terminarlo en forma rápida y mandarme cambiar de la clase. Recuerdo haber dibujado una puesta de sol representándola por una línea recta con un semicírculo encima. En otra ocasión, en un examen de dibujo, me contenté con trazar un óvalo y dije que era un huevo. Obtuve cuarenta puntos por el dibujo y fracasé en el examen. Afortunada mente, mis notas eran excelentes en ciencias sociales y compensaban las que obtenía en estas otras materias. Un profesor chino a quien los estudiantes apodaban “Yuan de la Gran Barba”, se burlaba de mi manera de escribir, tachándola de “periodística”. Despreciaba a Liang Chi-chao que era mi modelo y lo consideraba un semianalfabeto.

Debí cambiar de estilo. Estudié las obras de Han Yu y aprendí a manejar la vieja fraseología de los clásicos. Así pues, gracias a Yuan de la Gran Barba, puedo hoy día escribir pasablemente en el estilo de los clásicos si es necesario. El profesor que más impresión me hizo fue Yang Chen-chi, que acababa de llegar de Inglaterra donde había hecho sus estudios: debía encontrarme más tarde íntimamente ligado a su vida. Enseñaba moral, era idealista y hombre de gran carácter. Creía firmemente en su moral y trataba de infundir a sus alumnos el deseo de llegar a ser hombres justos, honrados, virtuosos, útiles a la sociedad. Bajo su influencia, leí un libro de moral traducido por Tsai Yuan-pei y escribí un ensayo que titulé La energía del espíritu. Yo era entonces un idealista y este en sayo fue muy apreciado por mi profesor Yang Chen-chi desde su punto de vista idealista. Me otorgó por este trabajo la nota 100. Un profesor llamado Tang me dio ejempla res viejos del Diario del Pueblo (Min Pao), que leí con vivo interés. Allí me enteré de la acción y el programa de Tung Meng Hui 1. Un día leí un ejemplar del Min Pao donde se refería la historia de dos estudiantes chinos que viajaban a través de China y que habían llegado a Tat-sienlu, en la frontera del Tibet. Me sentí inspirado y quise seguir el ejemplo, pero no tenía dinero de modo que decidí viajar por la provincia de Hunan, para comenzar.

El verano siguiente emprendí un viaje a pie por la provincia y recorrí cinco condados. Me acompañaba un estudiante, Hsiao Yu. Atravesamos estos cinco condados sin gastar un centavo. 1 El Tung Meng Hui, sociedad secreta revolucionaria, fundada por el Dr. Sun Yat-sen, que precedió al Kuomintang. Los campesinos, nos proporcionaban alimentos y lugar donde dormir; en todas partes nos acogían gentilmente. Mi compañero de viaje, Hsiao Yu, fue más tarde funcionario del Kuomintang, bajo las órdenes de Yi Pei-chi (que era entonces director de la Escuela Normal de Hunan). Yi Pei-chi llegó a ser un alto funcionario en Nankin y nombró a Hsiao conservador del Museo de Pekín. Hsiao vendió algunos de los más preciosos tesoros del museo y huyó con el dinero en 1934. Sintiendo necesidad de tener algunos amigos íntimos, inserté un aviso en un diario de Chang-sha en el que solicitaba tomar contacto con jóvenes que se interesaran por una actividad patriótica. Yo precisaba: jóvenes decididos, audaces, prestos a hacer sacrificios por su país.

Recibí tres y media respuestas. Una procedía de Liu Chian-Lung, que ingresaría luego al Partido Comunista y lo traicionaría más tarde. Las otras dos emanaban de jóvenes que se convertirían después en ultrarreaccionarios. La respuesta afirmativa “a medias” era de un joven llamado Li Li-san. Li escuchó todo lo que yo tenía que decir, en seguida se marchó sin hacer por su parte ninguna proposición precisa y nuestra entrevista no fue más allá. Poco a poco, sin embargo, iba agrupando en torno mío algunos estudiantes. Estaba formado el núcleo de lo que debía transformarse en una sociedad destinada a jugar un importante papel en los asuntos chinos y en el destino de China. Era un pequeño grupo de hombres serios, que no tenían tiempo de hablar sobre temas insignificantes. Todo lo que hacían, todo lo que decían tenía una finalidad. No disponían de tiempo para amor o el “romance” y pensaban que los tiempos eran demasiados graves y la necesidad de saber demasiado urgente para hablar de mujeres o de asuntos personales. Las mujeres no me interesaban. Mis padres me habían casado a los catorce años con una muchacha de veinte. No había vivido con ella (y nunca lo hice después). No la consideraba como mi mujer y en esta época no pensaba mucho en ella. Además de las discusiones sobre el encanto femenino, que por lo general tienen un lugar importante en la vida de los jóvenes de esta edad, mis compañeros también desechaban de sus conversaciones las cosas de la vida cotidiana.

Recuerdo haberme encontrado una vez en casa de un amigo que empezó a hablarme de cierta compra de carne, llamó a un criado para hablarle de ello delante mío y lo mandó a comprar un pedazo. Yo me aburrí y no volví a visitarlo. Mis amigos y yo preferíamos hablar únicamente de temas importantes: la naturaleza humana, la sociedad china, el mundo y el universo. Practicábamos con ardor la educación física. Durante las vacaciones de invierno caminábamos a través de los campos, bordeábamos los muros de la ciudad, escalábamos las montañas y nadábamos en los ríos. Si llovía, nos sacábamos la camisa y llamábamos a esto “tomar un baño de lluvia”. Si calentaba el sol, también nos quitábamos la camisa y llamábamos a esto “tomar un baño de sol”. En el viento de primavera, proclamábamos que se trataba de un nuevo deporte: “el baño de viento”. Dormíamos al aire libre hasta los primeros fríos y nadábamos en los ríos helados.

Todo esto formaba parte del “entrenamiento del cuerpo”. Esto ayudó mucho, tal vez, a darme esa resistencia física que tanto debería necesitar más 32 tarde para mis idas y venidas en China del sur y durante la Gran Marcha. Inicié una vasta correspondencia con varios estudiantes y amigos de otras ciudades. Poco a poco, adquirí conciencia de la necesidad de una organización más estrecha. En 1917, con algunos amigos, participé en la fundación de la Nueva Sociedad de Estudios Populares (Hsin-Min Hsueh Hui). Ella comprendía setenta u ochenta miembros, y los nombres de muchos de ellos llegarían a ser célebres en el comunismo chino y en la historia de China revolucionaria. Entre los comunistas que formaron parte del Hsin Min Hsueh, estaban Lo Man, hoy secretario de organización del Partido, Hsia Hsi que forma parte del 2º Ejército Rojo del frente; Ho Hsien Hon que fue juez en la Corte Suprema de las regiones comunistas del Centro y que más tarde fue asesinado por orden de Chiang Kai-shek; Kuo Liang, asesinado por orden del general Ho Chien en 1930; Hsiao Chuchang, escritor, que vive en Rusia en el momento en que escribo esto; Tsia Hosheng, miembro del Comité Central del P. C., asesinado en 1927 por orden de Chiang Kai-shek; Ye Li-yun, que llegó a ser miembro del Comité Central y traicionó después, pasándose al Kuomintang y llegó a convertirse en organizador de los sindica tos capitalistas; finalmente, Rsiao ben, uno de los dirigentes del Partido y uno de los seis firmantes de la primera resolución para la formación del Partido, y que falleció hace poco tiempo, después de una larga enfermedad. La mayor parte de los miembros del Hsin Min Hsuer Hui pereció en el curso de la contrarrevolución de 1927.

La sociedad del Bienestar Social de Huper se formó también en esa época. Era muy parecida al HMHH y muchos se convirtieron más tarde en comunistas. Entre ellos, su dirigente Wen Feh-ying, asesinado en el curso de la contrarrevolución; Lin Piao, hoy día presidente de la Universidad del Ejército Rojo. En Pekín existía una sociedad que se llamaba Fu Hsieh, algunos de cuyos miembros se hicieron comunistas. En toda China, especialmente en Shanghai, Hang chow y Tiensin, se organizaron sociedades juveniles revolucionarias que comenzaron a influir en la política china. La mayor parte de estas sociedades sufrió en mayor o menor grado la influencia de “Nueva Juventud”, la famosa revista del renacimiento literario que dirigía Chen Fu-hsin. Comencé a leer esta revista cuando era estudiante en la Escuela Normal y admiraba los escritos de Hu Shih y de Chen-Tu-hsin. Por un tiempo éstos llegaron a ser mis modelos reemplazando a Liang Chi-chao y a Kang Yuwei, a quienes había abandonado ya. En esta época mis ideas eran una ligera mezcla de liberalismo, reformismo democrático y socialismo utópico.

Yo sentía un leve entusiasmo por la “democracia del siglo XIX”, el utopismo y el liberalismo atrasado. Era entonces resueltamente antimilitarista y antimperialista. Entré a la Escuela Normal en 1912 y salí en 1918. Durante mis años pasados en la Escuela Normal de Chang-sha, gasté 160 dólares, contando mis numerosos derechos de inscripción. De esta suma he debido gastar un tercio en periódicos, porque los abonos me costaban cerca de un dólar por mes; además compraba libros y diarios en los kioskos. Mi padre me maldecía por estas extravagancias. Llamaba a esto “perder dinero en papel perdido”. Pero yo había adquirido el hábito de la lectura y 34 de 1911 a 1927 no cesé de leer los periódicos de Pekín, Shanghai y Hunan. Mi madre murió en el curso de mi último año de estudios. Yo sentía menos deseos que nunca de volver a mi hogar. Decidí ese año ir a Pekín. Muchos estudiantes de Hunan proyectaban viajar hacia Francia a estudiar, según la consigna “estudiad, aprended”, que Francia utilizaba para conquistar a la juventud china durante la primera guerra mundial. Antes de abandonar

China, estos estudiantes decidieron aprender el francés en Pekín. Participé en la organización del movimiento y entre los grupos que partieron al extranjero se encontraban muchos estudiantes de la Normal de Hunan, los cuales se convirtieron más tarde en famosos izquierdistas. Hsu Teh-lih sufrió igualmente la influencia del movimiento, aun que tenía más de cuarenta años, abandonó su puesto de profesor en Hunan y partió a Francia. Se hizo comunista después de 1927.

BIBLIOTECARIO EN PEKIN

Acompañé a Pekín a algunos estudiantes de Hunan. Pero, a pesar de haber participado en el movimiento y pudiendo apoyarme en el Hsin Min Hsueh Hui, no quise ir a Europa. Sentía que no sabía lo suficiente sobre mi país y que podía utilizar más útilmente el tiempo en China. Los estudiantes que deseaban ir a Francia, aprendieron francés con Li Shitsun, actual presidente de la Universidad de Chung-fa. Yo no hice lo mismo: tenía otros proyectos. La vida en Pekín me pareció muy cara. Llegué a la capital con dinero prestado por mis amigos y debí por eso buscar trabajo. Yang Chin-chi, que fue mi profesor de Moral en la Normal, había sido nombrado profesor de la Universidad Nacional de Pekín. Le pedí que me ayudase a conseguir empleo y él me presentó al bibliotecario de la Universidad, Li Ta chao, que fue uno de los fundadores del Partido Comunista chino y más tarde asesinado por Chiang Tso-ling. Li Ta-chao me empleó de asistente de bibliotecario con la hermosa renta de 8 dólares al mes. Mis funciones eran tan humildes que la gen te no reparaba en mí. Una de mis tareas consistía en escribir los nombres de la gente que venía a leer los diarios; pero para la mayoría de ellos yo no existía como ser humano. Entre los que venían a leer conocí a personajes célebres del Renacimiento, a hombres como Fu Su-mien, Lo Chia Lung y otros que me interesaban mucho.

Traté de conversar con ellos sobre problemas políticos o culturales, pero eran hombres muy ocupados. No tenían tiempo para escuchar a un bibliotecario asistente que hablaba el dialecto del sur. Sin embargo, no me desanimé. Me inscribí en la Sociedad de Filosofía y en la de Periodismo, para poder seguir los cursos de la Universidad. En la Sociedad de Periodismo encontré a otros estudiantes, tales como Cheng Kung-fo, que fue más tarde alto funcionario de Chiang Kai-shek; a Tan Pin Chang, que fue comunista y después miembro de lo que se llamó “tercer partido”, y a Chao Piao-ping, quien me ayudó bastante. Chao era profesor en la Sociedad de Periodismo. Era un liberal, un idealista ferviente y de un carácter encantador. Lo asesinaron por orden de Chang Tso-ling en 1926.

En la época en que trabajaba de bibliotecario conocí a Chan-Kuo-tao, que es actualmente vicepresidente del P.C.; a Kang Pei-cheng, que se unió al Ku Klux Klan en California; y a 36 Tuan Hsi-pen, hoy viceministro de Educación en Nankín *. Fue en esa época cuando conocí a Yang Kai-hui, de quien me enamoré. Era hija de mi antiguo profesor de Moral, Yank Cheng-chi, que tuvo mucha influencia sobre mí en mi juventud y que se convirtió en mi verdadero amigo en Pekín. Me interesaba cada vez más por la política y mis opiniones eran más y más radicales. He hablado ya del comienzo de esta evolución; pero en este momento estaba todavía indeciso, buscaba el camino -como se dice-. Leí varios folletos anarquistas que me influencia ron mucho. Con un estudiante llamado Chum Hsunpei que venía a yerme, discutíamos sobre el anarquismo y sus posibilidades en China. En esa época estaba de acuerdo con mucho de lo que ellos proponían. Las condiciones de vida en Pekín eran miserables y -por contraste, la belleza de la vieja capital era una compensación deslumbradora-. Vivía en una pieza junto con siete arredantarios más. Cuando nos acostábamos todos, apenas si había espacio para respirar. Sentía a mis vecinos de cada lado cuando que ría darme vuelta.

Mas, en los parques y en el dominio del viejo palacio descubría la prima vera precoz del Norte, contemplaba abrirse las flores de los ciruelos mientras crecía la solidez del hielo en el Mar del Norte. Miraba los cauces más allá de Pei Hai, con cristales de nieve colgando de sus ramas y recordaba la descripción que hizo el poeta Chen Chang, que habló de los árboles de Pei Hai, semejante con sus joyas de invierno a “diez mil melocotones * N. del T.: Hay que recordar que estas páginas fueron escritas en 1937. Los innumerables árboles de Pekín me llenaban de asombro y de admiración. A comienzos de 1919 fui a Shanghai con los estudiantes que partían para Francia. No tenía más que pasaje hasta Tientsin y no sabía cómo llegar más lejos. Pero bien dice un proverbio chino que el “cielo no retrasa nunca a un viajero”: un empréstito de diez dólares de otro estudiante que había recibido un poco de dinero de su escuela en Pekín, me permitió tornar boleto hasta Pu-Kou.

En el camino de Nankín me detuve en Chu-fu y acudí a ver la tumba de Confucio. Vi el arroyuelo donde los discípulos del filósofo bañaban sus pies y el pueblito donde vivió de niño. Se dice que plantó un árbol famoso cerca del templo que le está dedicado y fui a verlo. Me detuve también cerca del río donde vivió Yen Hmi, uno de los discípulos célebres de Confucio y vi el lugar de nacimiento de Mencio. En el curso de ese paseo escalé el Tai-Shan, monte sagrado de Chantung, donde el general Feng Yuhsiang se retiró para escribir su obra patriótica. De vuelta a Pu-Kou no tenía dinero ni boleto. Nadie tenía dinero para prestarme. No sabía cómo abandonar la ciudad. Pero lo más trágico es que un ladrón me robó los zapatos. ¡Caramba! ¿Qué iba a hacer? Una vez más pensé que “el cielo no retrasa nunca a los viajeros”, y tuve la gran oportunidad. Cerca de la estación encontré a un antiguo amigo de Hu-nan, que se reveló como “mi ángel bueno”. Me prestó dinero para comprar un par de zapatos y suficiente para adquirir pasaje para Shanghai. Sólo así pude terminar mi viaje, vigilando -claro- mis zapatos nuevos.

En Shanghai se reunió el dinero de ayuda para enviar a los estudiantes a Francia y cierta suma me estaba destinada para 38 volver a Hunan. Observé a mis amigos partir en el va por y me volví a Chang-sha. Los puntos culminantes de mi primer viaje al Norte fueron las excursiones que hice. Caminé sobre la nieve del golfo de Pei Hai. Di la vuelta a pie al lago Tung Tin y al muro de Paoting-Fu. Di la vuelta al muro de Hachou, célebre en los Tres Reinos (San Kiro) y al de Nanking, igual mente célebre en la historia. Finalmente ascendí al Tai Shen desde donde vi la tumba de Confucio. Estas eran hazañas que me parecían dignas de ser agregadas a mis aventuras de Hunan. De vuelta a Chang-sha me ocupé más de la política. Después del movimiento del 4 de mayo consagré la mayor parte del tiempo a las actividades políticas estudiantiles, siendo jefe de redacción de la “Revista del Hsiang Chiang”, diario de los estudiantes de Hunan que tenía gran influencia sobre los movimientos estu diantiles del Sur de China.

En Chang-sha participé en la fundación del Wen-Hua Shu Hui (Sociedad Cultural del Libro), asociación fundada para estudiar las tendencias culturales y políticas modernas. Esta sociedad y sobre todo Hsin Min Hsuch Hui, eran violentamente opuestas al Chang Chiang-Yao, entonces dirigida por Tu-chum de Hunan, un personaje ruin. Organizamos una huelga general de estudiantes contra Chang, exigiendo su renuncia y enviamos delegaciones a Pekín y al sudoeste, donde Sun Yat-sen dirigía su acción para impulsar la agitación contra Chang. En res puesta a la agitación de los estudiantes, Chang suprimió la revista del Hsiang Chiang. Después de estos hechos me dirigí a Pekín para representar allí al Hsia Min Hsuch y organizar un movimiento antimilitarista. El HMH amplió su lucha contra Chang Ching-Yao, trasformándola en una lucha general antimilitarista, convirtiéndome en director de una oficina de 39 prensa que debía ayudar en esta labor. En Hunan el movimiento fue recompensado con algunos éxitos. Chang fue derrotado por Tan Ken-kai y un régimen nuevo se estableció en Changsha. Fue en esta época cuando el HMH empezó a dividirse en dos grupos, uno de izquierda y otro de derecha (la izquierda preconizaba un programa muy avanzado de reformas políticas y sociales).

Llegué en 1919 por segunda vez a Shanghai. Volví a ver a Chen Tu-hasin. Lo había encontrado ya en Pekín cuando estaba en la Universidad Nacional de Pekín y es posible que haya tenido más influencia sobre mí que ninguna otra persona. Allí encontré igualmente a Ha Shih, a quien fui a ver para obtener su apoyo a los estudiantes de Hunan. En Shanghai discutí con Chen Fu-Hsin nuestros proyectos para formar una liga para la Reconstrucción de Hunan. Luego volví a Changsha y comencé a organizarla. Me ocupé como profesor, continuando toda vía mi acción con el Hsin Mm Hsuch Hui. Nuestra sociedad tenía entonces un programa “Para la Independencia de Hunan”, lo que significaba en la realidad su autonomía. Decepcionado del gobierno del norte y creyendo que Hunan podía modernizar más rápido si rompía sus lazos con Pekín, nuestro grupo luchaba por obtener la separación. En aquel entonces yo apoyaba la doctrina norte americana Monroe y el principio de la “puerta abierta”. Tan Yen-kai, fue alejado de Hunan por un militarista llamado Chao Heng-ti, que utilizó para sus propios fines el movimiento “Para la Independencia de Hunan”. Pretendía 40 defenderla y se convirtió en el abogado del principio de Los Estados Autónomos de China; pero cuando obtuvo el poder luchó con gran energía contra el movimiento democrático.

Nuestro grupo pidió iguales derechos para el hombre y la mujer y un gobierno representativo y -de una manera general- apoyaba la democracia burguesa. Sosteníamos abierta mente a esas reformas en nuestro diario “El Hunan Nuevo”. Allí atacábamos al Parlamento provincial, cuya mayoría de miembros eran propietarios o grandes burgueses apoyados por los militares. El ataque contra el Parlamento fue considerado en Hunan, como un incidente grave y produjo temor a los que estaban en el poder. Mas, cuando Chao Heng-ti hubo tomado el poder, traicionó todas las ideas que había sostenido y en particular reprimió violentamente todas las protestas democráticas.

Desde entonces nuestra sociedad dirigió su acción contra él. Recuerdo un episodio de esta lucha que tuvo lugar en 1920. El Hsin Mim Hsue Hui organizó una manifestación para celebrar el tercer aniversario de la revolución rusa. Nos arrestó la policía. Algunos manifestantes quisieron izar la bandera roja y se lo impidió la policía. Protestaron diciendo que según el Artículo 12 de la Constitució n (la de entonces), tenían el derecho de reunirse, organizarse y hablar; pero los policías no se dieron por enterados. Respondieron que no estaban allí para que se les enseñara la Constitución, sino para obedecer las órdenes del gobernador Chao Keng Ti. Desde este momento me convencí cada vez más que sólo el poder político de las masas, obtenido por una acción de masas, garantiza la realización de reformas constructivas. En el curso del invierno de 1920 organicé políticamente a los trabajadores por primera vez y comencé, después de esto, a sufrir la in fluencia de la teoría marxista y la revolución rusa.

NACE EL PARTIDO COMUNISTA CHINO

Durante mi segunda visita a Pekín, leí mucho sobre los acontecimiento en Rusia y traté de procurarme la escasa literatura que podía encontrarse entonces en China. Tres libros, sobre todo, me conmovieron y me dieron fe en el marxismo, del cual -una vez que lo hube adoptado como interpretación correcta de la historia- no me he separado jamás. Estos eran: el Manifiesto Comunista, traducido por Cheng Wang-tao, primer libro marxista que se publicó en China; La lucha de clases, de Kanstbei y una Historia del socialismo, de Kirkupp. En el verano de 1920 me convertí, en teoría, y hasta cierto punto en acción, en un marxista. Después de esta época fui realmente marxista. En ese año me casé con Yang Kai-Hui (fue ejecutada por Ho Chieng en 1930. Estudió en la Universidad Nacional de Pekín, dirigente de la juventud durante la Gran Revolución, etcétera). En mayo de 1921 me fui a Shanghai a asistir a una conferencia de fundación del Partido Comunista. En su organización los papeles los desempeñaron Chen Tu-hsiu y Li Fa-chao, ambos considerados entre los dirigentes intelectuales más brillantes de China.

Bajo la influencia de Li Fa-chao, cuando yo era asistente bibliotecario en la Universidad Nacional de Pekín, evolucioné rápidamente hacia el marxismo, y la influencia de Chen Tu-hsiu me inclinó igualmente hacia ese camino. Durante mi segundo viaje a Shanghai discutí con Chen los libros marxistas que había leído. Sus profesiones de fe me habían impresionado profundamente. No asistió nadie más de Hunan a ese histórico congreso de Shanghai. Entre los otros estaban Chang Ku-tao, Pao Hui-sheng y Chu Hu-hai. Éramos doce en total. En el mes de octubre de ese año la primera sección provincial del P.C. se organizó en Hunan y fui miembro de ella. Algunas organizaciones se formaron en otras provincias y ciudades. En Shanghai el Comité Central del Partido comprendía a Chen Tu-hsiu, Chang Kuo-tao (que en los momentos en que escribo se encuentra con el 49 Ejército, en el frente), Chen Kung-po (que se hizo funcionario del Chiang, después), Sun Yuan-lu, Li Han-tsen (asesinado en Wuhan en 1927), Li Fa (fusilado después) y Li Sun. Entre los miembros de Hupeh se encontraba Feng Pi-wu (ahora director de la escuela comunista de Pao-an), Hsu Pei-hao y Su Yang. En la sección de Sanshi, Kao Chung-yu y algunos líderes estudiantiles célebres. En Pekín estaba Li Ta-chao (más tarde ejecutado), Teng Sung-hsia, Chang Kuotao (en este momento vicepresidente del Consejo militar comunista), Lo Chang-lun, Jen Jen-ching (que se hizo trotskista) y otros. Entre los estudiantes que se encontraban en Francia también se formó un Partido Comunista; su creación fue casi simultánea con el comienzo de la organización en China.

Entre sus fundadores estaban Chou En-lai, Li Li-san y Shang Shenyu, la mujer de Tsai Ho-theng, la única mujer china que participó en la fundación del Partido. Lo Man y Tsai Ho-sheng estuvieron entre los fundadores de la sección francesa. 43 Un Partido chino se organizó también en Alemania, aunque más tarde; entre sus fundadores estaban Chu Teh (comandante en je fe del ejército chino, vicepresidente de la República) Kao Yu-han y Chang Shen-fu (actual profesor de la Universidad de Stin-hua). Los fundadores de la sección de Moscú comprendían entre ellos a Chau Chiu-pai. En japón estaba Chau Tsu-hai. En el mes de mayo de 1922, el partido de Hunan, del cual era yo secretario, había organizado ya más de veinte sindicatos entre los mineros, ferroviarios, empleados municipales, impresores y trabajadores de la casa de moneda. En ese invierno se formó un vigoroso movimiento de trabajadores.

El Partido Comunista se preocupaba en ese entonces particularmente de los estudiantes y obreros y se hacía muy poco acerca de los campesinos. La mayor parte de las grandes minas y prácticamente todos los estudiantes, estaban organizados. Hubo numerosas luchas en el frente de estudiantes y obreros. En el curso del invierno de 1922 Chao Henti, gobernador civil de Hurian, dio órdenes de ejecutar a dos obreros de la región: Huang Ai y Pang Yuan-ching. Esto dio origen a un gran movimiento de agitación dirigido contra la autoridad civil. Huang Ai, uno de los ejecutados, era dirigente del ala derecha del movimiento obrero, que se apoyaba en los estudiantes de la enseñanza industrial y que no estaban de acuerdo con nosotros; pero nosotros los apoyamos en este asunto, así como en otros. Los anarquistas tenían también influencia en los sindicatos, que estaban entonces agrupados en la Asociación Pan-hunanesa del Trabajo.

Al transigir con ellos, negociábamos y lográbamos 44 impedir que se emprendieran muchas acciones prematuras e inútiles. Fui enviado a Shanghai para ayudar a organizar el movimiento contra Chao Hen-ti. Él segundo congreso del Partido estaba previsto para ese invierno (1922) y tenía la intención de asistir. Pero extravié el sitio donde debía celebrarse, no encontré a ningún camarada y falté a él. Volví a Hunan y proseguí vigorosamente mi trabajo entre los sindicatos. Hubo numerosas huelgas en primavera por mejores salarios, por un tratamiento más humano y por el re conocimiento de los sindicatos. La mayor par te de las huelgas tuvo éxito. El 10 de mayo se aprobó una huelga general en Hunan, la que constituyó la primera manifestación amplia del movimiento obrero en China. JUNTO A SUN YAT-SEN El tercer congreso del P.C. tuvo lugar en Cantón en 1923 y tomó la histórica decisión de entrar al Kuomintang, de colaborar con él y formar un frente único contra los militares del Norte. Fui a Shangai a trabajar en el Comité Central del Partido.

En la primavera siguiente (1924), fui a Cantón para asistir al primer congreso nacional del Kuomintang. Volví a Shanghai en marzo, desempeñando mi papel de miembro del Comité Ejecutivo del P.C. y de miembro de la dirección del Kuomintang de Shanghai. Los otros miembros de la dirección eran Wang Chin-wei (después títere japonés) y Hu Hanmin, con quien trabajé para coordinar las medidas tomadas por el Kuomintang y el P.C. 45 En el verano se creó la Academia Militar de Wampoa. Galen fue uno de sus consejeros y otros llegaron de Rusia. Así, la alianza Kuomintang-P.C., adquirió las proporciones de un movimiento revolucionario en escala nacional. En el invierno siguiente volví a Hunan a descansar. Había estado enfermo en Shanghai. Estando en Hunan organicé la central del gran movimiento campesino de la provincia. Yo no me había dado cuenta, desde luego, del grado de desarrollo alcanzado por la lucha de clases entre las poblaciones rurales, pero después del combate del 30 de mayo de 1925, los campesinos de Hunan se volvieron más activos, contrastando esto con la actitud de pasividad en que vivían. Abandoné mi casa, ya repuesto, para emprender una campaña de organización en el campo. Al cabo de algunos meses habíamos formado más de treinta Uniones Campesinas, provocando la cólera de los propietarios, quienes pidieron mi detención. Chao Heng-ti envió tropas a perseguirme y me escapé hacia Cantón. Cuando llegué allí los estudiantes de Wampoa acababan de vencer a Yeng Hsinming, el militarista de Yunan, y a Lu Fsung-wai, el militarista de Kwansi.

En la ciudad y en el Kuomintang reinaba el entusiasmo. Chiang Kai-shek había sido nombra do comandante del ler. Ejército y Wang Ching wei, presidente del Gobierno. Sun Yat-sen moría en Pekín. Me convertí en jefe de redacción de la “Se mana Política”, publicada por el departamento político del Kuomintang. Esta revista jugó más tarde un gran papel en la campaña de ataque y descrédito del ala derecha del Kuomintang dirigida por Fai Chitao. Recibí también la tarea de formar organizaciones para el movimiento campesino y yo creé con este objeto, un curso que 46 fue seguido por representantes de 21 provincias, entre las cuales había estudiantes de Mongolia Interior.

Poco después de mi llegada a Cantón asumí la presidencia de la Comisión de Propaganda del Kuomintang y fui candidato al Comité Central. Lin Pai-chu era entonces presidente de la Comisión Campesina del Kuomintang y Fan Ping-chan, otro comunista, presidente de la Comisión obrera. Escribía cada vez más y asumía en el seno del Partido Comunista responsabilidades particulares en el trabajo campesino. Habiendo trabaja do y estudiado con los campesinos de Hunan, escribí sobre esta base dos folletos titulados: "Análisis de las diferentes clases de la sociedad china”, uno, y el otro: “Los fundamentos de clase de Chao Eng-ti y nuestras tareas”. Chen Tu-hsiu no estuvo de acuerdo con las ideas expresadas en el primero de esos folletos donde sostenía una política agraria revolucionaria y la necesidad de una poderosa organización de las poblaciones rurales. Él impidió que se publicase en los diarios centrales del Partido. Apareció después en “El Mes Campesino” de Cantón y en la revista “Juventud China”. Mi segunda tesis apareció como pan fleto en Honan. Comencé en esta época a disentir de la política oportunista de Chen y nos separamos poco a poco. Pero la lucha entre nosotros culminó en 1927. Continué trabajando en el Kuomintang de Cantón casi hasta el momento en que Chiang Kai-shek intentó su primer golpe de Estado en 1926. Después de la reconciliación entre la izquierda y la derecha del Kuomintang y la reafirmación de la amistad entre el Partido Comunista y el Kuomintang, fui a Shanghai en la primavera de 1926. El segundo congreso del 47 Kuomintang tuvo lugar en mayo de ese año, bajo la presidencia de Chiang Kai-shek. En Shanghai dirigí la sección campesina del P.C.; después fui enviado a Hunan como asesor del movimiento campesino. Durante este tiempo, bajo la bandera unida del Kuomintang y el P.C., comenzó la expedición al Norte.

En Hunan controlé las organizaciones campesinas en cinco hsien: Changsha, Li Ling, Hsiang Tang, Hung Shan y Hsiang Hsiang e hice mi informe al Comité Central, en el cual yo insistía en que deberíamos adoptar una nueva línea en el movimiento campesino. A comienzos de la primavera siguiente, cuando llegué a Wuhan, se celebraba allí una reunión interprovincial de campesinos. Asistí y expuse mi tesis que proponía una nueva distribución de la tierra en gran escala. A esta reunión asistieron Peng Pai, Fan Chihmin y dos comunistas rusos, York y Volen, entre otros. Se adoptó el acuerdo de someter mis pro posiciones al Y Congreso del Partido. Pero el Comité Central las rechazó. INTENSIFICACIÓN DE LA LUCHA IDEOLÓGICA Cuando el V Congreso fue convocado en Wuhan en mayo de 1927, el Partido estaba aún bajo la dirección de Chen Tuhsiu. Aunque Chiang Kai-shek había tomado ya el camino de la contrarrevolución y comenzado sus ataques contra el Partido Comunista en Shangai y Nankín, Chen estaba todavía por la moderación y por hacer concsiones al Kuomintang de Wuhan. Pasando por encima de toda oposición, siguió una política pequeño burguesa y oportunista de derecha.

Me encontraba entonces muy descontento de la política del Partido, sobre todo en el aspecto campesino. Pienso hoy día que si el movimiento campesino hubiese sido organizado en una forma más completa y armado en vista de una lucha de clases contra los propietarios, el comunismo se habría desarrollado más rápida y poderosamente en todo el país. Pero Chen Tu-hsiu se opuso violentamente. No comprendió el rol de los campesinos en la revolución y subestimaba sus posibilidades en esa época. En consecuencia, el congreso celebrado en el alba de la crisis de la Gran Revolución, descuidó la elaboración de un programa agrario útil. Mis ideas, que reclamaban una rápida intensificación de la lucha campesina no fueron discutidas, porque el Comité Central -que dominaba aún Chen Tu-hsiu- rechazó ponerlas en discusión. El Congreso “esquivó el bulto” al problema agrario, definiendo al propietario como “un campesino que posee más de 500 múes de tierra”, base inapropiada e impracticable para el desarrollo de la lucha de clases y que no tenía en cuenta los caracteres particulares de la economía rural de China. Después del Congreso se organizó la “Unión de los Campesinos de China” de la cual fui el primer presidente. Hacia la primavera de 1927, el movimiento campesino de Hupeh, Kuangsi, Fukien y sobre todo de Hunan, se puso muy activo, a pesar de la tibieza del Partido hacia él y de la inquietud del Kuomintang. Altos funcionarios y coman dantes de Ejército empezaron a pedir su su presión diciendo que la Unión de Campesinos era una unión de “merodeadores”, calificando de excesivas sus actuaciones y exigencias. Chen Tu-hsiu se había retirado de Hunan, haciéndome responsable de ciertos hechos que estaban sucediendo allí y se oponía violenta mente a mis ideas.

En abril el movimiento contrarrevolucionario comenzó en Nankín y Shanghai, y Chiang Kai-shek organizó una masacre general de los trabajadores organizados. Las mismas medidas fueron aplicadas en Cantón. El 21 de mayo tuvo lugar en Hunan la sublevación de Hsu Ko-hsiang. Decenas de campesinos fueron asesinados por los reaccionarios. Poco después, la “izquierda” del Kuomintang anuló su acuerdo con los comunistas en Wuhan y los “expulsó” del Kuomintang y de un gobierno que dejaba de existir rápidamente. Muchos dirigentes del Partido recibieron entonces la orden de abandonar el país, de asilarse en Rusia o en Shanghai o en otros lugares seguros. Yo recibí la orden de ir a Sechuán. Convencí a Chen Tu-hsiu de enviarme mejor a Hunan, como secretario del Comité Provincial, pero diez días más tarde me ordenó volver de prisa, me acusó de organizar un levantamiento contra Tang Shen-chi, que gobernaba entonces en Wuhan. Los asuntos del Partido estaban en desorden. Casi todo el mundo se oponía a la línea oportunista de Chen y a su dirección. La ruptura de la alianza de Wuhan iba a producir rápidamente su caída.

LA SUBLEVACIÓN DE NAN CHANG Y MI PRISIÓN

El primero de agosto de 1927, el XX ejército bajo el mando de Ho Lung y de Yeh Ting, en cooperación con Chu Teh, produjeron el histórico levantamiento de Nanchang. La base de lo que debía ser el ejército rojo quedaba organizada. Una semana más tarde, el 7 de agosto, una reunión extraordinaria del Partido destituía a Chen Tu-hsiu de sus funciones de secretario. Yo era miembro de la Comisión Política del Partido desde el Tercer Congreso de Cantón de 1924 y tomé parte activa en esta decisión. Entre los otros miembros de la re unión estaban Tsai Ho-sheng, Peng Kung-ta y Chu Chiu-pai.

El Partido adoptó una línea nueva y toda esperanza de colaboración con el Kuomintang se abandonó en ese instante, pues éste se había convertido, sin duda, en instrumento del imperialismo y no podía asumir las responsabilidades de un movimiento democrático. Comenzó la larga lucha por el poder. Fui enviado a Chagsha a organizar el movimiento que debió ser conocido después bajo el nombre de “levantamiento de la cosecha de otoño”. Mi programa implicaba la realización de cinco puntos: 1.- La separación total del partido provincial del Kuomintang. 2.- La organización de un ejército obrero campesino. 3.- La confiscación de la tierra de los propietarios medios y grandes. 4.- La toma del poder por el P.C. de Hunan, independiente del Kuomintang y la instauración de un régimen soviético. En esa época la Komintern se opuso al quinto punto de mi programa y no fue sino más tarde que lo lanzó como consigna.

NACE EL EJÉRCITO POPULAR

En setiembre habíamos logrado organizar un levantamiento muy amplio con las uniones de campesinos de Hunan y se constituyeron las primeras unidades obrero-campesinas del ejército. El origen de los reclutas era triple: las poblaciones rurales, los mineros de Hanvang y las tropas insurgentes del Kuomintang. Esta primera fuerza militar de la revolución fue llamada “Primera División del Primer Ejército de Campesinos y Obreros”. El primer regimiento se constituyó con los mineros de Hanyang. El segundo se reclutó entre las milicias de campesinos de Ping Kiang, Lin Yang, Li Ling y otros dos hsien de Hunan; un tercero fue creado con una parte de los efectivos de la guarnición de Wuhan que se había rebelado contra Wang Ching-wei. Este ejército fue organizado con el acuerdo del Comité Provincial de Hunan, pero el programa general de este Comité y de nuestro ejército encontró la oposición del Comité Central del Partido que parecía, entre tanto, haber adoptado una política de espera más que de oposición activa. Mientras organizaba el ejército e iba de los mineros de Hanyang donde los campesinos, fui hecho prisionero por los min-tuan que dependían del Kuomintang. El terror impuesto por el Kuomintang estaba en su apogeo y se fusilaba por centenares a los sospechosos de ser comunistas. Se dio la orden de llevarme al cuartel general min tuan donde debía ser fusilado.

Con algunas decenas de dólares que me prestó un camarada, traté de corromper a mi escolta. Los soldados rasos eran mercenarios que no tenían especial interés en que me asesinaran y estuvieron de acuerdo de ponerme en libertad, pero el suboficial que los dirigía no quiso permitirlo. Decidí escapar, pero no tuve la oportunidad sino cuando estábamos a unos 200 metros del cuartel general min-tuan. En ese momento me solté y escapé a través del campo. Alcancé un sitio elevado por encima de un puente rodeado de hierba alta y me escondí hasta que el 52 sol se ocultó Los soldados me persiguieron y forzaron a los campesinos a buscarme. Se acercaron a mí una o dos veces hasta el punto de que yo habría podido tocarlos, pero feliz mente no me descubrieron aunque a ratos perdí la esperanza seguro de que me detendrían. Finalmente cuando oscureció abandonaron la búsqueda. Partí al instante por la montaña, viajan do de noche. No tenía zapatos y me herí los pies profundamente. En mi camino encontré un campesino que me socorrió, me abrigó y después me condujo al distrito más próximo. Yo llevaba siete dólares que gasté en comprar zapatos, un paraguas y alimento.

Cuando al fin salí sano y a salvo de las milicias campesinas, no tenía más que dos centavos en el bolsillo. Con la creación de la nueva división, llegué a ser presidente del Comité del Partido encargado del frente y Yu Sha-Tu, comandante de la división de Whan, dirigió el primer ejército. Más Yu había sido forzado por sus hombres a tomar ese puesto y desertó poco después para unirse al Kuomintang. Cuando escribo estas páginas trabaja para Chiang Kai-shek en Nankín. El pequeño ejército conduciendo al movimiento campesino, se desplazó hacia el sur a través de Hunan. Debió abrirse camino entre miles de hombres del Kuomintang, combatir a menudo y sufrir muchos reveses. La disciplina era débil, la formación política de un nivel muy bajo y ciertos elementos permanecían vacilantes entre los hombres y los oficiales. Hubo muchas deserciones. Después de la retirada de Yu Sha-Tu, el ejército fue reorganizado cuando llegó a Ning Ku. Cheng Hao fue encargado de dirigir las tropas que quedaban alrededor de un regimiento.

Él mismo más tarde traicionó. Pero muchos de este primer grupo permanecieron leales hasta el final y están todavía hoy día en el ejército comunista, tales como Lo Yun-hui, 53 comisario político del primer cuerpo de ejército, y Yan Lu-su, hoy comandante de ejército. Cuando el pequeño ejército alcanzó al fin Ching-Kashan, no contaba sino con unos mil hombres aproximadamente. Porque el programa del “Levantamiento de otoño”, no había sido autorizado por el Comité Central, puesto que el primer ejército había sufrido grandes pérdidas y porque desde el punto de vista de las ciudades el movimiento parecía condenado al fracaso, el Comité Central me des autorizó. No formé entonces más parte del bureau político, ni del Comité del frente del partido. El Comité Provincial de Hunan nos atacó igualmente llamándonos “el movimiento del pillaje”. Mantuvimos, no obstante, nuestro ejército en Chingkangshan, convencidos como estábamos de que nuestra línea era correcta, y los acontecimientos que siguieron debieron justificarnos ampliamente.

Nuevos reclutas se agregaron y las filas de la división fueron fortalecidas. Me convertí en comandante. Del invierno de 1927 al otoño de 1928, la primera división tomó por base a Chingkanshan. En noviembre de 1927 el primer gobierno comunista se instaló en Chalin, en la frontera del Hunan. Allí, como más tarde en otras partes defendimos un programa democrático, una política moderada, que tenía por base una evolución lenta pero segura. Esto valió a Chingkanshan la recriminación de “putchista” del Partido, que estaba a favor de una política de razzias, terrorista y de ejecución de propietarios, con el propósito de extinguir la moral de éstos. El comité del frente del primer ejército rechazó la adopción de tales tácticas y fue entonces acusado por los tibios de “reformista”. Fui violentamente atacado por ellos por no 54 seguir una política más “radical”. Dos famosos jefes de bandidos de los alrededores de Chingkanshan llamados Wang Tso y Yuang Ween-tsai se unieron al ejército comunista en el curso del invierno de 1927.

Éste con taba entonces con tres regimientos. Wang y Yuang, fueron ambos nombrados comandantes de un regimiento y yo era comandante del ejército. Estos dos hombres aunque habían sido bandidos, habían lanzado fuerzas a la revolución nacional y estaban prestos a luchar contra la reacción. Mientras permanecí en Chingkanshan, ellos permanecieron leales a los comunistas y obedecieron las órdenes del Partido. Más tarde, cuan do permanecieron solos en Chingkanshan, volvieron a sus habituales actividades de bandidos. A continuación de lo cual fueron fusilados por los campesinos que ellos mismos habían organizado como comunistas y se habían hecho capaces de defenderse por sus propios medios.

ARMONÍA DE LA UNIDAD Y LA ESTRATEGIA

En mayo de 1928, Chu Teh llegó a Chingkanshan y nuestras fuerzas se fusionaron. Elaboramos juntos un plan para establecer un régimen soviético en una región de unos seis Hsien, para estabilizar y consolidar gradualmente el poder comunista en el distrito fronterizo de Hunan, Kingsi, y Kwantung, para extendernos partiendo de allí, hacia las más vastas regiones. Esta estrategia estaba en contradicción con ciertos acuerdos del Partido, que prefería una expansión rápida. En el ejército mismo Chu The y yo debimos luchar contra dos tendencias: la primera, el deseo de marchar inmediatamente sobre Chang-sha lo que consideramos arriesgado, después, el deseo de retirarse a la frontera del Kwantung, lo que consideramos como derrotismo. Las tareas principales que se nos planteaban eran repartir la tierra e instaurar un régimen de tipo soviético. Queríamos armar las masas para apresurar su cumplimiento.

Nuestra política defendía la libertad de comercio, la generosidad hacia las tropas enemigas capturadas y en general, una moderación democrática. En el otoño de 1928, un congreso representativo fue convocado en Chingkanshan al cual asistieron delegados de los distritos comunistas de Chingkanshan del norte. Existían aún ciertas divergencias de opinión entre los miembros del Partido de los distritos soviéticos acerca de los problemas que acabo de mencionar, las que se manifestaron en el Congreso. Una minoría creía que nuestro porvenir en esta base era limitado, pero la mayoría creía en nuestra política. Cuando se sometió una declaración que afirmaba que el movimiento soviético vencería a votación, pasó fácilmente. Con todo, el Comité Central del Partido no había aprobado todavía el movimiento. Su aprobación no llegó sino en el invierno de 1928, cuando llegó a Chingkanshan el informe del Sexto Congreso del Partido Comunista que se realizó en Moscú. Chu Teh y yo, estábamos de acuerdo con la nueva línea adoptada en ese Congreso.

A partir de ese momento las divergencias entre los dirigentes del Partido y los de los soviets de los distritos rurales, desaparecieron. La armonía volvió al Partido. Las resoluciones del Sexto Congreso del Partido, analizaban las experiencias de la revolución de 1925/27, de los levantamientos de Nan chang, do Cantón y el de la cosecha de otoño y terminaban aprobando la importancia dada al movimiento agrario. En esa época ejércitos comunistas se formaron en otras regiones de China. Levantamientos se produjeron en el este y oeste de Hupen, en el curso del invierno de 1927 y fueron la base del establecimiento de nuevos distritos soviéticos. Ho Lung en el oeste, Hsu Haitung en el este, crearon sus propios ejércitos reclutados entre los obreros y campesinos. El campo de operaciones de este último llegó a ser Oyuwan, donde fueron más, tarde Hsu Hsiang-chien y Chang Kuo-tao. Fang Chi-mm y Hsiao Shih-ping, habían organizado también un movimiento a lo largo de la frontera noroeste de Kiangsi, en el curso del invierno de 1927v donde más tarde fundaron un soviet poderoso.

Después de la derrota del levantamiento de Cantón, Peng Pai condujo una parte de las tropas que permanecían fieles a Hilofeng, donde crearon un soviet, que después de una política “putchista” se destruyó rápidamente. Pero una parte del ejército salió del distrito bajo la dirección de Ku Ta-chen y entró en relaciones con Chu Teh y conmigo; estas tropas se convirtieron en el núcleo del onceavo ejército comunista. En la primavera de 1928, los guerrilleros conducidos por Li Wen-lug y Li Sao-chu se hicieron presente en Hsingku y Tungku en Kiang si. Este movimiento tenía su base en los alrede dores de Kian y sus participantes se convirtieron en el núcleo del tercer ejército, mientras el distrito mismo debía ser la base del gobierno comunista central. En Fukien del Oeste, los soviets fueron establecidos por Chang Ting-cheng, Teng Tzuhui (que fue asesinado) y Hu Pei-teh, que se hizo socialdemócrata. En la época de lucha contra el “aventurerismo” en Chingkanshan, el primer ejército había sostenido victoriosamente dos ataques de las tropas blancas para 57 reconquistar la montaña. Chingkanshan se reveló como una excelente base para un ejército móvil, tal como el que habíamos formado. Había allí buenas defensas naturales y permitía mantener un ejército pequeño. Chingkanshan tenía un perímetro de 500 Ii y un largo de alrededor de 80 Ii. Los habitantes lo llamaban Ta Hsiao. Wu Chin (Chingkanshan era el nombre en realidad, de una montaña vecina, durante largo tiempo abandonada) de cinco pozos principales que lo rodean; ta, hsiae, shang, hsia y chung, es decir, el gran pozo, el pequeño, el alto, el bajo y el del medio. Los cinco pueblos de la montaña tomaron su nombre de estos pozos. Después de la fusión de nuestro ejército en Chingkanshan, éstos fueron reorganizados: así nació el famoso cuarto ejército comunista; Chu Teh tomó su mando y yo fui su comisario político. Nuevas tropas llegaron a Chingkanshan después de los levantamientos y los motines del ejército de Ho Chien, en el curso del invierno de 1928 y formaron el quinto ejército que comandó Peng Teh-huai. A los costados de Peng estaban Teng Ping (que fue asesinado en Tsun yi, durante la Larga Marcha) Huang Kuo-nu (asesinado en Kwang-sien en 1931) y Tien Tehyuan.

CONTRA EL GUERRILLERISMO

Nuestras condiciones de vida en la montaña se hicieron muy duras por la llegada de tanta tropa. Los hombres carecían de uniforme de invierno y los alimentos eran escasos. Durante meses nos alimentamos prácticamente de cala bazas. Los soldados descubrieron una consigna: “Abajo el capitalismo y las calabazas”. Es por que para ellos el capitalismo quería decir los propietarios y las calabazas de los propietarios. Dejando a Peng Teh-huai en Chingkanshan, Chu Teh rompió el boqueo establecido por las tropas blancas y en enero de 1929 llegó a su fin nuestro primer descanso en la montaña fortificada. El cuarto ejército emprendió entonces a través de Kiangsi del sur una campaña que obtuvo un rápido éxito. Un soviet se estableció en Tunçku, donde nuestras tropas se encontra ron con las tropas comunistas locales y se fusionaron con ellas.

Dividiendo nuestras fuerzas, continuarnos hacia Yungting, Chanteng y Lung Yeh y establecimos soviets en todas esas provincias. La existencia de movimientos de masas militares, anteriores a la llegada del ejército comunista nos aseguraba el éxito y nos ayudaba a instaurar muy rápidamente un régimen soviético con una base estable. La influencia del movimiento comunista se extendió entonces gracias al movimiento agrario y a los guerrilleros, en varios otros hsien, pero los comunistas no tomamos sino después de cierto tiempo el poder completo. Las condiciones comenzaron a mejorar en el interior del ejército comunista, material y políticamente; pero existían todavía muchas tendencias erradas. El “guerrillerismo” por ejemplo, se traducía en una falta de disciplina por ideas exageradamente democráticas y cierto relaja miento en la organización. Otra tendencia era el “vagabundaje” que se traducía en un rechazo a consagrarse a las tareas serias del gobierno, por un deseo de movimiento, de cambio, de nuevas aventuras y experiencias. Quedaban vestigios del militarismo; ciertos oficiales golpeaban a sus hombres y los maltrataban y además favorecían a unos en perjuicio de otros hacia quienes sentían adversión personal. Muchas de estas debilidades fueron supera das después del noveno congreso del Partido del cuarto ejército comunista realizado en Fukien occidental en diciembre de 1929.

Ideas de perfeccionamiento fueron puestas en discusión, muchos malentendidos se eliminaron y se adopta ron nuevos planes que planteaban las bases para una dirección ideológica muy elevada en el ejército comunista. Hasta ese momento las tendencias que he mencionado eran muy graves y utilizadas por una fracción trotskista en el seno del Partido y del comando militar, para debilitar el movimiento. Una vigorosa lucha se dirigió contra ellos y varios fueron privados de su responsabilidad en el Partido o en el comando del ejército. Entre ellos, Liu En-kung, coman dante de ejército, era un caso típico. Se descubrió que tenían la intención de conducir al ejército comunista a su destrucción; colocándolo en posiciones difíciles frente al enemigo, y después de varias tentativas infructuosas, sus proyectos se hicieron evidentes. Atacaron violentamente nuestro programa y todo lo que nosotros preconizábamos. La experiencia ha demostrado sus errores; fueron relevados de sus responsabilidades y perdieron influencia después del congreso de Fukien. Este congreso facilitó el camino para la instauración del gobierno soviético de Kiangsi.

El año siguiente se caracterizó por algunas victorias brillantes. Casi todo Kiangsi del sur se pasó al ejército comunista. Las bases de las regiones soviéticas del centro estaban planteadas. El 7 de febrero de 1930 se convocó en Kiang si del sur un congreso del Partido con el fin de discutir un programa futuro para los soviets. En él se reunieron representantes locales del Partido, del ejército y del gobierno. El problema de la política agraria fue discutido allí y la lucha contra el “oportunismo” preconizado por los que se oponían a una nueva distribución de la tierra fue coronada por el éxito. Se decidió aplicar la distribución de las tierras y acelerar la formación de los soviets. Hasta entonces el ejército comunista no había formado sino soviets locales y de distrito. En este congreso se decidió la formación del gobierno provincial soviético de Kiangsi. Los campesinos acogieron este nuevo programa con gran calor, con un entusiasmo que ayudó en los meses siguientes al éxito de la lucha contra las campañas de exterminio del Kuomintang.

EL PUEBLO SE ORGANIZA

Poco a poco, el trabajo del ejército comunista junto a las masas mejoró; la disciplina fue reforzada, una nueva técnica de organización se desarrolló. En todas partes los campesinos se orientaron a ayudar voluntariamente la revolución. En Chingkanshan el ejército había impuesto tres reglas sencillas a sus combatientes. Eran: obediencia inmediata a las órdenes recibidas; ninguna expropiación a los campesinos pobres; entrega inmediata y directa al gobierno de los bienes confiscados a los propietarios, para que él disponga de ellos. Después del congreso de 1928 se hicieron grandes esfuerzos para conquistar la ayuda de los campesinos y se agregaron ocho reglas a las tres anteriores: 1.- Cierre todas las puertas cuando abandone una casa (las puertas de una casa en China se desenganchan fácilmente, se pone entre dos vigas y sirve de cama improvisada). 2.- Ponte las botas y coloca el petate donde te acostaste en su lugar. 3.- Se amable y cortés con la gente y ayudadia en cuanto podáis. 4.- Devuelve lo que te presten. 5.- Paga todo lo que eches a perder. 6.- Se honesto en todas las transacciones con los campesinos. 7. - Pague por todo lo que compra. 8.- No os ensuciéis y particularmente construid vuestras letrinas distantes de las casas. Estas dos últimas reglas fueron agregadas por Lin Piao.

Estas ocho reglas se propagaron con más y más éxito y todavía hoy constituyen el código del soldado comunista que se recuerda y canta a menudo. Otras tres consignas fueron enseñadas a1 ejército comunista y que se referían a su principal objetivo, luchar a muerte contra el enemigo; armar las masas y encontrar dinero para sostener la lucha. Fue en esta época cuando se organizó el ler. cuerpo de ejército bajo el comando de Chu Teh y yo como comisario político. Este cuerpo se componía del 3er. ejército, del 4º ejército comandado por Lin Piao, y el 12° ejército, coman dado por Lo Ping-hui. La dirección política de signó una comisión del frente la cual yo presidía. Había entonces más de diez mil hombres en el ler. cuerpo de ejército que formaban diez di visiones. Además de esa importante fuerza, había numerosos regimientos locales e independientes, guardias rojas y guerrilleros. Aparte de la base política del movimiento, la táctica comunista explica en gran medida los éxitos militares.

En Chingkanshan habían sido adoptados cuatro slogans que recuerdan los métodos de combate de los guerrilleros a partir de los cuales se había formado el ejército comunista. Éstos eran: 1.- Cuando el enemigo avanza nosotros retrocedemos; 2.- Cuando el enemigo hace un alto y acampa, nosotros lo molestamos; 3.- Cuando el enemigo trata de evitar una batalla, nosotros lo atacamos; 4.- Cuando el enemigo se bate en retirada, nosotros lo perseguimos. Estas órdenes fueron combatidas al principio por muchos militares experimentados que no estaban de acuerdo con la táctica que ellas implicaban. Pero una larga experiencia probó que esta táctica era la buena. Cada vez que el ejército comunista se alejó de ella, por lo general sufrió derrotas. Teníamos pocos hombres, diez a veinte veces menos que el enemigo; nuestros recursos de víveres y material eran limitados y sólo combinando hábilmente las maniobras y los combates de guerrillas podíamos esperar una victoria en nuestra lucha contra el Kuomintang que se apoyaba sobre bases mejores y más ricas. La táctica esencial del ejército comunista era (y sigue siendo) poder concentrar sus principales fuerzas para atacar y dispersarse después. Esto quiere decir que era preciso evitar la guerra de posiciones firmes y esforzarse por encontrar las fuerzas vivas del enemigo para destruirlas, cuando estuviesen en movimiento. Sobre esta base se desarrolló la maravillosa movilidad y la táctica de “ataques cortos” del ejército comunista.

LA PRÁCTICA MADRE DE LA VERDAD

Para extender el régimen de los soviets a otras regiones, el programa del ejército comunista preconizaba, en general, una progresión lenta más bien que un avance irregular a saltos, que no habría permitido una consolidación seria del régimen en los 63 territorios ganados. Esta era una política pragmática, como lo era la táctica de que hablé más arriba, que había surgido de muchos años de experiencia tanto política como militar. Estas tácticas eran severamente criticadas por Li Li-san que quería se pusieran todas las armas en manos del ejército comunista y que los grupos guerrilleros fueran integrados en él. Li Li-san prefería atacar antes que consolidar el régimen; avanzar sin proteger la retaguardia; llevar a cabo asaltos espectaculares contra las grandes ciudades con la ayuda de levantamientos extremistas.

La línea Li Li-san dominaba entonces en el seno del Partido, fuera de las regiones soviéticas, y tenía suficiente influencia para forzar hasta cierto punto el asentimiento de los miembros del ejército comunista, a pesar de la opinión de su comando militar. Consecuencia de esto fue el ataque de Changsha y también la marcha sobre Nanchang. Pero el ejército no aceptó movilizar sus grupos de guerrilleros ni descuidar la vigilancia de las retaguardias en el curso de estas aventuras. En el otoño de 1929 el ejército comunista se desplazó hacia el Kiangsi del Norte, atacando y ocupando numerosas ciudades, infligiendo numerosas derrotas a los ejércitos del Kuomintang. A cierta distancia de Nanchang, el lcr. cuerpo de ejército torció bruscamente hacia el oeste y se dirigió hacia Changsha. En el camino encontró las fuerzas de Pen Teh-huai, que había ocupado Changsha una vez, pero había debido retirarse para evitar ser cercado por tropas enemigas muy superiores en número. Peng había abandonado Changsha en abril de 1929 y continuaba operando en el Kiangshi del Sur. El número de sus hombres había crecido considerablemente.

En abril de 1930, se unió a Chu Teh y al grueso del ejército comunista. Después de una conferencia, se decidió que el ler. ejército de Peng operaría sobre la frontera Kiangso- Yu Huan, en tanto que Chu Teh y yo 64 entraríamos en el Fukien. Fue en junio 1930 cuando el 3er. Ejército y el 1er. cuerpo de ejército restablecieron su contacto y llevaron a cabo el décimo ata que contra Changsha. El ler. y el 3er. cuerpo de ejército se fusionaron transformándose en el 1er. ejército del frente, al mando de Chu Teh y del cual yo era comisario político. Bajo esta dirección, llegamos a la vista de los muros de Changsha. LA

LA GRANDEZA TIENE UN ALTO PRECIO

La Comisión revolucionaria de los obreros y campesinos chinos se organizó más o menos en esta época y me eligió presidente. La influencia del ejército comunista era casi tan poderosa en 1-Tunan como en Kiangsi. Los campesinos de Hunan conocían bien mi nombre pues se habían prometido fuertes recompensas a quien me capturara muerto o vivo, lo mismo que a Chu Teh y otros “rojos”. Mis tierras de Hsiang Tan ha bían sido confiscadas por el Kuomintang. Mi mujer y mi hermana, las mujeres de mis dos hermanos, Mao Tse-hung y Mao Tse-tan, y mi propio hijo habían sido arrestados por Ho Chien. Mi mujer y mi joven hermana fueron ejecutadas. Los demás fueron puestos en libertad más tarde.

El prestigio del ejército comunista alcanzaba hasta mi aldea de Hsiang Tan; me han contado que los campesinos del lugar creían que yo volvería pronto a la casa donde había nacido. Una vez pasó un avión sobre sus cabezas y decidieron que era yo que volvía. Fue ron a advertirle al hombre que cultivaba entonces mi tierra que yo había vuelto para vigilar mi antigua granja, para ver si habían cortado los árboles. Si era así, yo exigiría una compensación a Chiang Kai-shek, decían ellos. Sin embargo, el segundo ataque contra Changsha debía terminar en un fracaso. Grandes refuerzos habían sido enviados a la ciudad y su guarnición era muy numerosa; además, en setiembre, nuevas tropas irrumpieron en Hunan para atacar el ejército comunista. Sólo una batalla importante se desarrolló durante el sitio, en el curso de la cual el ejército comunista eliminó dos brigadas de tropas enemigas. No pudo, sin embargo, apoderarse de la ciudad y, después de algunas semanas, debió retirarse a Kiangsi. Este fracaso contribuyó a eliminar la línea Li Li-san y salvó al ejército comunista de un ataque contra Wuhan, que pretendía realizar Li Li-san y que sin duda, habría sido catastrófico. Las tareas esenciales del ejército eran reclutar nuevas tropas, sovietizar nuevas regiones rurales y sobre todo, consolidar fuertemente el poder de los soviets en las regiones controladas ya por el ejército comunista.

Con tal programa, los ataques contra Changsha no eran necesarios y contenían un elemento de aventura. Si la primera ocupación hubiera sido concebida como una acción provisional y no con la intención de mantener la ciudad y establecer allí un gobierno, sus efectos habrían podido ser considerados como beneficiosos: el efecto producido sobre el movimiento revolucionario había sido grande. El error fue estratégico y táctico: haber pretendido hacer de Changsha una base cuando el poder soviético no estaba aún bien establecido en la retaguardia. Pero Li Li-san sobreestimaba la fuerza militar del ejército comunista en esa época y los factores revolucionarios de la escena política nacional. Creía que la Revolución tocaba a su fin y que pronto tomaría el poder en todo el país. Esta creencia se apoyaba también en la larga y agotadora guerra civil que se desarrollaba entonces entre Feng Yu Hsiang y Chiang Kai-shek y que hacía creer a Li Li-san que la situación era muy favorable. Pero el ejército comunista pensaba que eh enemigo se preparaba para lanzar un poderoso ataque contra los soviets después que la guerra civil se terminara, y que no era eh momento de dejarse llevar por el putchismo y el espíritu de aventura, que podían conducir al desastre. Esta opinión resultó estar perfectamente justificada.

Con los acontecimientos de Hunan, el retorno del ejército comunista a Kiangsi y especialmente después de la toma de Kiangsi, el “lilisanismo" fue eliminado del ejército. Y el propio Li, convencido de su equivocación, pronto perdió su influencia en el Partido. Algunas unidades del 3er. cuerpo quisieron seguir la línea de Li y pidieron que este cuerpo fuera separado del resto del ejército. Pero Peng Teh-huai luchó vigorosamente contra esta tendencia y logró mantener la unión de las fuerzas bajo su comando y su fidelidad al punto de vista del alto mando. Sin embargo, el 209 ejército, al mando de Liu Ti tsao, se sublevó abiertamente, arrestó al presidente del soviet de Kiangsi y a numerosos oficiales y funcionarios y nos atacó en el plano político reivindicando la línea de Li Li-san. Esta rebelión tuvo lugar en Fu Tien y se conoce bajo el nombre de la Cuestión Fu Tien. Y estando Fu Tien cerca de Kian, es decir, en el corazón de los distritos soviéticos, estos acontecimientos causaron sensación y muchos pensaron que la suerte de la Revolución dependía del resultado de esta lucha.

Pero la revuelta fue rápidamente sofocada, gracias a la lealtad del 3er. ejército, a la solidaridad del Partido y de las tropas comunistas y al apoyo de los campesinos, Liu Ti-tsao fue arrestado y los otros rebeldes, desarmados y licenciados. Nuestra línea se afirmaba de nuevo, el “lilisanismo” estaba definitivamente eliminado y todo esto se tradujo en nuevas e importantes ganancias para el movimiento de los soviets. Pero Nankín estaba furiosamente exasperado contra la potencia revolucionaria de los soviets de Kiangsi. Al final de 1930, emprendió su Primera Campaña de Exterminación contra el ejército comunista. Fuerzas enemigas, con un total de más de cien mil hombres, emprendieron la tarea de rodear las regiones comunistas, avanzando en cinco columnas. Estas fuerzas estaban comandadas por Lu Tiping. Contra estas tropas, el ejército comunista podía disponer de 40.000 hombres. Utilizando hábilmente la táctica de maniobras pudimos defendernos contra esta Primera Campaña y obtener grandes victorias. Siguiendo la táctica de alternar rápida mente la concentración y dispersión de tropas, podíamos atacar cada unidad por separado, con el grueso de nuestras fuerzas. Permitiendo al enemigo que penetrara profundamente en el interior de nuestros territorios, atacábamos repentinamente, con efectivos más numerosos a unidades aisladas de tropas del Kuomintang, ejecutando maniobras que nos permitían rodearlas momentáneamente; trocábamos, así, en provecho para nosotros, la ventaja estratégica que poseía un enemigo tan superior en número. En enero de 1931, la Primera Campaña había sido vencida.

Creo que esto no hubiera sido posible sin la existencia de tres condiciones que reunía el ejército comunista desde antes que comenzara la campaña. En primer lugar, el fortalecimiento de un comando único para el ler. y 3er. cuerpos de ejército; enseguida, la eliminación de la línea de Li Li-san; y por fin, la victoria obtenida por el Partido sobre la fracción antibolchevique (Liu Ti-sao) y sobre otros contrarrevolucionarios activos en el ejército comunista y en los distritos soviéticos. Después de mantenerse en receso cerca de cuatro meses, Nankín lanzó su segunda campaña, bajo el mando supremo de Ho Ying-ching, que es hoy Ministro de Guerra.

Doscientos mil hombres penetraron en las regiones comunistas, en siete columnas. La situación del ejército comunista pareció entonces muy crítica. Las superficies controladas por el poder soviético eran poco extensas, los recursos limitados, el equipo insuficiente y la potencia material del enemigo sobrepasaba ampliamente, desde todo punto de vista, la del ejército comunista. Mas, para su defensa el ejército comunista permaneció fiel a la táctica que tanto éxito le había reportado. Dejando penetrar profundamente las columnas enemigas en el interior de los territorios comunistas, el grueso de nuestras fuerzas, concentradas repentinamente contra la segunda columna del enemigo, aplastó varios regimientos y les destruyó su potencia de ataque. Inmediatamente después, atacamos la tercera, la sexta y la séptima columnas, aplastándolas una tras otra. La cuarta columna se batió en retirada sin presentar batalla y la quinta fue parcialmente destruida.

En dos semanas, el ejército comunista había librado seis batallas y marchado ocho días para obtener una victoria decisiva. Después del aplastamiento o la retirada de otras seis columnas, el primer ejército de ruta, comandado por Chiang Kuang-nai y Tsai Ting-kai se retiró sin que hubiera combate serio. Un mes más tarde, Chiang Kai-shek tomó el mando de un ejército de 300.00 hombres, “para la exterminación final de los «bandidos rojos»”. Estaba asistido por sus generales más capaces: Cheng Ming-shu, Ho Ying-ching y Chu Shao- liang; cada uno de ellos dirigía una parte del ataque. Chiang esperaba apoderarse por asalto de las regiones comunistas: una “limpieza rápida” de los “bandidos rojos”. Comenzó por lanzar sus ejércitos hasta el corazón de las regiones comunistas a una velocidad de 80 li por día. Esto proporcionó al ejército comunista las condiciones más favorable s para su táctica, y pronto se tuvo la prueba del error de Chiang: disponiendo solamente de una fuerza principal de 30.000 hombres, nuestro ejército, mediante una serie de brillantes maniobras, atacó cinco columnas en cinco días. En el curso de la primera batalla, el ejército comunista hizo numerosos prisioneros y se apoderó de grandes cantidades de municiones, armas y material. En septiembre, el fracaso de la Tercera Campaña era un hecho reconocido y en octubre Chiang Kai-shek retiró sus tropas.

A LA OFENSIVA

El ejército comunista entra entonces en un período de paz relativa y de ampliación. Su des arrollo fue muy rápido. El primer Congreso de los Soviets fue convocado para el 11 de diciembre de 1931. Se estableció el Gobierno Central de los Soviets, y yo fui su presidente. Chu Teh fue elegido comandante en jefe del ejército comunista. El mismo mes se produjo el gran levantamiento de Ningtú: más de 20.000 hombres del 289 ejército de ruta del Kuomintang se sublevaron y se unieron al ejército comunista. Estaban dirigidos por Teng Ching-tan y Tsao Pu-shen. Tsao fue muerto en el curso de un combate en Kiangsi, pero Tang comanda aún el 59 ejército comunista, pues el 59 cuerpo se formé con las tropas que llegaron a nosotros después de la sublevación de Ningtú. El ejército comunista pasó entonces a la ofensiva. En 1932 emprendió una gran batalla en Changchow, en Fukien, y se tomó la ciudad. En el sur, atacó Chen Chi-tang en Nan Hsiang y en el frente de Chiang Kai-shek, Lo An, Li Chaun, Chien Ning y Tan Ning. Atacó Kanchow pero sin ocuparla.

Desde octubre de 1932 hasta el comienzo de la Gran Marcha hacia el noroeste, yo consagré mi tiempo casi enteramente a trabajar con los gobiernos de los soviets, dejando el comando militar a Chu Teh y a otros. El mes de abril de 1933 comenzó la cuarta, y sin duda la más desastrosa, de las campañas de exterminación del gobierno de Nankín. En el curso de la primera batalla, dos divisiones fueron desarmadas y dos generales de división hechos prisioneros. La 59ª división fue parcialmente destruida y la 52ª lo fue enteramente. 13.000 hombres fueron hechos prisioneros en esta sola batalla. La 11ª división del Kuomintang, a la sazón la mejor de Chiang Kai-shek, fue puesta luego fuera de combate: casi enteramente desarmada y con su general gravemente herido. Estas acciones fueron decisivas y la cuarta campaña concluyó poco después. Chiang Kai-shek escribió en esta época a Chen Cheng, que había dirigido las operaciones, que él consideraba esta derrota como “la más grande humillación” de su vida. Chen Cheng no quiso proseguir la campaña.

Fue entonces cuando dijo que en su opinión, combatir a los comunistas equivalía a “una sentencia de muerte”. Estas palabras le fueron trasmitidas a Chiang Kai-shek, quien separó a Chen Cheng del alto comando. Para su quinta y última campaña, Chang Kai-shek movilizó cerca de un millón de hombres y adoptó una nueva estrategia y nuevas tácticas. Ya en la cuarta campaña, Chiang, siguiendo las ideas de los consejeros alemanes, había comenzado a utilizar el sistema de block-haus y fortificaciones. Toda su quinta campaña la basó sobre esta táctica. Nosotros cometimos dos errores graves en esta época. El primero consistió en no aliamos en 1933 con el ejército de Tsai Ting-kai du rante la revuelta de Fukien. El segundo error fue adoptar una táctica de simple defensa, abandonando nuestra táctica inicial de maniobras. Fue una grave falta enfrentar las fuerzas tan superiores de Nankín en una guerra de posiciones en la cual el ejército comunista no poseía ventajas ni técnica, ni moralmente. Estos errores y la nueva estrategia de la campaña combinada con la superioridad numérica y técnica de las fuerzas del Kuomintang, forzaron al ejército comunista, en 1934, a buscar un cambio en las condiciones de su existencia en Kiangsi, que se estaban tornando muy malas. La situación política nacional influencié, igualmente, en la decisión de transportar al noroeste el teatro de las operaciones.

Después de la invasión de Manchuria y Shanghai por el Japón, el gobierno comunista, en febrero de 1932, había declarado formalmente la guerra al Japón. Esta declaración, que evidentemente no podía hacerse efectiva a causa del bloqueo de la China Comunista por las tropas del Kuomintang, fue seguida de un manifiesto que llamaba a todas las fuerzas armadas de China a unirse para rechazar al imperialismo japonés. Al comienzo de 1933, el gobierno comunista anunció que estaba dispuesto a cooperar con todo el ejército chino sobre la base del cese de la guerra civil y de los ataques contra los soviets y el ejército comunista, de garantizar a las masas libertades civiles y derechos democráticos y armar al pueblo para una guerra contra el Japón.

LA GRAN MARCHA

La quinta campaña de exterminación comenzó en octubre de 1933. En enero de 1934, se reunió en Juichin, capital de los soviets, el segundo Congreso de los Soviets de China. Se hizo allí un recuento de las conquistas de la Revolución. Yo hice un largo informe, y fue en este congreso donde se eligió el Gobierno Comunista Central como existe hoy día. Poco después, comenzaron los preparativos para la Gran Marcha. Esta se inició en octubre de 1934, justo un año después que Chiang Kai-shek lanzara su última campaña; un año de continuo combate, de luchas con grandes pérdidas para ambos lados.

En enero de 1935, el grueso de las fuerzas del ejército comunista, llegó a Tsun Ti, en Kweichow. Durante los cuatro meses que siguieron, el ejército estuvo casi constantemente en movimiento y se libraron violentísimos combates, atravesando los ríos más grandes, más profundos, más peligrosos de China, cruzando los pasos de las montañas más altas y peligrosas a través de las más inhospitalarias regiones, las estepas desérticas, el frío o el calor intenso, el viento, la nieve y las tempestades, perseguido por la mitad de los ejércitos de China, atravesando todos los obstáculos naturales y abriéndose paso a través de las tropas de Kwantung, de Hunan, de Szechuan, de Kansú y de Shénsi, el ejército comunista llegó por fin a Shensi del Norte en octubre de 1935 y se estableció en sus actuales bases del gran noroeste de China. La marcha victoriosa del ejército comunista y su llegada triunfal a Kansú y Shensi con sus fuerzas vitales intactas, se deben, en primer lugar, a la justa dirección del Partido Comunista pero también a la gran habilidad, al valor, a la voluntad, a la fortaleza casi sobrehumana y al ardor revolucionario de los cuadros de base de nuestra población de soviets. El Partido Comunista de China ha estado siempre, está ahora y estará siempre agradecido al marxismo-leninismo y continuará luchando contra todas las tendencias oportunistas. Esta firmeza es una de las razones de su fuerza invencible y la inevitabilidad de su victoria final. (1937).

EDITORIAL QUETZAL, Buenos Aires 1973. Traducción de P. Alvarado y P. Díaz.