15 de agosto de 2020

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Alan García: ¡otra vez en pindingas delictivas!

Por: Guillermo Olivera Díaz.

15 de febrero de 2013

El pago posterior que realiza un postor ganador de una licitación, recibido antes en Palacio de gobierno por el mismo Alan, por una conferencia que brinda su favorecedor, es a título de coima. Cualquier otro tipo de ventaja o beneficio es equivalente.

En Derecho Penal para la consumación de un delito de corrupción de funcionarios, llámese cohecho pasivo propio (Art. 393°, Código Penal) o meramente impropio (Art. 394°, C. P.), resulta irrelevante cuándo se paga la coima, la forma cómo se obla , ni dónde o quién la entrega, pues siempre se la materializa con disimulo. Que no se falte a obligaciones o se las viole explica tal o cual subsunción típica.

Dicho pago puede ser anterior, durante o posterior a la licitación pública, donde resulta favorecida la postora española ENDESA, gigante en la generación y distribución de energía eléctrica en el Perú, durante el régimen de Alan García Pérez, quien devino más tarde en un comedido conferencista suyo, que por una sola charla, ante no se sabe quiénes y dónde,
recibió nada menos que US$ 60,000 dólares. ¡Es que la plata a él le llega sola!

Del mismo modo, un juez que absuelve o condena, puede disimular su dolo, recibiendo la coima o prebenda convenida mucho tiempo después que absolvió o incluso mucho antes. En cualquier caso estamos ante un magistrado corrupto.

Recuérdese que el ex congresista Alberto Kouri Bumachar recibió dinero de Montesinos días antes que preste juramento como parlamentario y, no obstante, fue investigado, procesado y finalmente condenado. Hasta se casó en prisión con una notaria visitante.

Esta es la suerte penal de Alan García, a quien “la plata le sigue llegando sola”, dando conferencias a postores que ganaron licitaciones durante su presidencia del país. Sólo falta conocer si los más de Dos millones de nuevos soles que aceptó haber ganado en otras conferencias también fueron posteriores a sendas licitaciones de obras públicas.

¡US$ 60,000 dólares, esos que rechacé y dejé en su escritorio, porque me quiso pagar como honorarios no convenidos, por solo hablar y hablar sus conocidas fantasmagorías, atisbando un “futuro diferente” con raigambre pasadista!