20 de mayo de 2019

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BACHELET: De Mentiras y Políticas.

Federico García Morales (*).

23 de junio de 2006

La mentira acompaña al discurso filosófico, y encontramos interesantes discusiones desde Platón a San Augustín hasta Hobbes, Nietzsche, Foucault y Derrida. Ellos discutieron como el mundo verdadero “se transforma en fábula y cómo la fábula puede ponerse como “el mundo verdadero”, o en cómo no se miente cuando no se quiere mentir. Algunos pensaban que había mentiras buenas, y otros como Agustín, que podía haber muchos tipos, entre otras, las que hacen daño y no ayudan a nadie (o ayudan a alguien). Es decir, mentiras útiles. Entre otras esas, que de tanto repetirse, según Goebels, se transforman en verdades.

La mentira parecería ser una expresión de la voluntad, y pareciera que camina bien con el poder, con la autoridad. Al fin, el poder podría ser también un error, y la autoridad su agente. Aunque la mentira-seguramente, se apresura a anotar Derrida en los Prolegómenos a “La Historia de la Mentira”-la mentira no es un error, es una voluntad de engañar.

Y entonces, encontramos también-y de modo excelente y excesivo a la mentira en política, el espacio, decía el infaltable Maquiavelo, de los embaucadores. Donde el Príncipe “vence por fuerza o por fraude” En el cap. XVIII de El Príncipe, todavía hoy los gobernantes pueden encontrar su silabario de las ventajas que les trae el engaño y cómo incumplir sus promesas. Al fin y al cabo, como unos que conocemos, y que gustan leer y releer a Sun Tzu , “el engaño es la base de la guerra”. Pero este chino también decía:”Si un general hace planes inútiles, todo el mundo se cansa”. Y también “Si los hombres murmuran entre sí, quiere decir que ya no confían en su general”...

Todo lo que nos lleva a consideraciones más recientes, , como esa de Gramsci, que alguien debería tomar en cuenta en el actual entorno chileno: “La mentira y la falsificación, sólo producen castillos en el aire que otras mentiras y otras falsificaciones harán decaer” (Per la veritá). Es decir, también en teoría política como en filosofía, se han levantado voces que abominan de la mentira, o tratan de vincularla con una cierta atmósfera social o con ideologías específicas, las que por ejemplo, encabritan al fascismo o a las modernas “clases políticas.” Y embebe el accionar del propio aparato imperial.

La mentira no es estacionaria, ni marginal. Es central al sistema, y está en constante crecimiento. ¿Habráse visto un conjunto de mentiras infladas globalmente, y aceptadas globalmente como lo es el núcleo central de la ortodoxia neoliberal? ¿Habráse visto un sistema más perversamente mentiroso que el Gobierno de EEUU? ¿O eso que dijo la Señora Bachelet en su reciente visita a ese país?: Con el presidente Bush compartimos valores comunes de democracia, libertad y derechos humanos" (Michelle Bachelet en entrevista a CNN 08.06.06).

Si ese dicho es verdadero, pobre Señora Bachelet, y si eso es una mentira, pobre de nosotros, que oficiamos de consumidores.

¿Pero somos los únicos que sufren el engaño en este lado del planeta? La mentira en toda su extensión filosófica y política-y dejando grandes dividendos-tiene un espacio ganado en el Continente Son tantos los gobernantes que adhieren al dicho citado más arriba. Y tantos que hicieron sus carreras mintiendo en todas las esquinas. Desde el extremo sur, con Fujimori, Lagos, Alán García, Lula, Kirchner, , Tabaré, Uribe, Alemán, hasta llegar con Fox al Río Grande. Todos elaboraron apariencias que no tenían y hablaron de proyectos que no cumplían. En América Latina, es tan grande la hiperinflación de la mentira, que trata de esconder la adhesión de sus grandes al Imperio, que viene a ser una costra difícil de despegar. Sobre todo cuando de piadosa ya es sólo maligna. Protectora de intereses demasiado estrechos. Pero su uso desmedido ha tenido la bondad de generar una extendida desconfianza por la clase política.

Y así, aquí en Chile nos vamos a donde queremos llegar con este introito sobre la mentira.

Porque hace unos días se aceleró la llegada de un plazo, y con ello vino a surgir, después de diversas reuniones, la declaración de la Presidenta en el sentido de que ya había cumplido con sus 36 medidas prometidas para sus primeros 100 días, cuando en realidad ese cumplimiento es muy parcial. Pero ella recurrió entonces a otra gran “verdad”: En una dictadura-dijo- esa promesa se habría cumplido automáticamente (¡0h, dice uno, ¡viva la dictadura!) , pero como estamos en una democracia, aprobar esas medidas llevará tiempo. Ella habría cumplido al enviar unas iniciativas que allá se perderán en los comités del Congreso Y aquí, Sanchos, nos topamos no con la iglesia sino con la “Democracia” chilena, que está regulada por la constitución de la dictadura.

De pronto algo que sabe a mentira útil -permitía ganar votos-las 36 medidas, se topa con la inamovilidad (también mentirosa) de la Constitución. Y una excusa encamina a la conformación del castillo de naipes gramsciano. Y uno se pregunta: ¿Cuándo volará?. Y serán muchas las cuestiones que continuarán encalladas en el sistema de poder instalado en Chile. Hasta la cuestión de la LOCE. Frente a estas cuestiones no amanece por ninguna parte una solución, así sea invocando mecanismos “trasversales”. Ya vemos lo que es la trasversalidad de falsa representación de la Comisión para la Educación, que es, a ojos de todos, un engaño voluntarioso, en donde ya florece un término vacío y cosmético: “la educación de calidad”.

De todos modos, hemos llegado a un punto en donde “sin equivocarse”-como gusta expresarse el Secretario de Gobierno-esta administración ha llegado supuestamente a entregar una cuenta que espera engañe a alguien, y dé “autocomplacencia” a los partidos de la Concertación. Ahí hay un resultado con respecto a uno de los programas-el programa público del Gobierno. El otro programa, al que aludimos en un artículo anterior (El Programa real de Fachelet http://www.rcci.net/globalizacion/2006/fg606.htm), el que tan señalados servicios está proporcionando al acrecentamiento de las desigualdades y a la explotación de los recursos del país, también se va cumpliendo, claro que de manera menos tortuosa, y sobre más amplias avenidas. Sobre las metas alcanzadas en ese programa -al caso la aprobación de Pascua Lama-no vamos a esperar reuniones de los partidos de la Concertación para aclamarlo.

Pero entonces, hemos quedado después de los 100 días, un poco en el silencio programático. Salvo, las directrices del discurso del 21 de mayo-muy vagas por cierto-y las del Decálogo leído a los Ministros para asegurarles que sobre ellos está depositado el Panópticos del Ojo presidencial que espera que trabajen mucho “para adelantarse a los conflictos”, no está claro qué menú se nos va a ofrecer en las cocinas de Palacio en los días que vienen.

Por eso, y siguiendo las instrucciones de Sun Tzu que decía “aléjate de los ríos después de cruzarlos”, o del Maquiavelo del Príncipe o también de la Mandrágora (lugar donde hay un exquisito personaje dedicado a las mentiras), estamos a la espera del programa para los próximos tres meses, o el próximo semestre o año-en esto no hay prisa. Pero sería entretenido saber qué piensan ofrecernos los tecnócratas de la secta Expansiva y la receptora de sus memos.

Nosotros propondríamos una agenda mínima:

1. Encaminar la derogación, extinción, abolición, lo que sea., de la actual Constitución pinochetista a través de una discusión trasversal, horizontal, vertical y hasta oblicua que culmine en la convocatoria de una Asamblea Constituyente que aborde la formulación de normas que aseguren el establecimiento de instituciones democráticas, con voto efectivo y no reelección, con amplios espacios de participación ciudadana en la gestión de todos los asuntos que interesen al país y a las regiones.
2. Realizar una extensa reforma en el sistema económico, nacionalizando los principales recursos del país a fin de poner los excedentes al servicio del desarrollo del país.
3. Extinguir el sistema de subvenciones a los “sostenedores” en la educación del país.
4. Establecer el derecho a la educación gratuita desde el prekinder al postgrado.
5. Poner fin a las discriminaciones salariales derivadas del sistema de subcontrata.
6. Establecer unidades interministeriales e interregionales dedicadas a formular un plan de desarrollo industrial de avanzada, no contaminante, sustentable y al servicio de las necesidades del país.
7. Derivar los excedentes que actualmente se destinan a armamento, a salud, industrialización y educación.
8. Refundar la política exterior sobre principios de multilateralidad, abandono del neocolonialismo, paz, derechos de autodeterminación y unidad de las naciones latinoamericanas.
9. También se podrían agregar algunos puntitos dedicados a la extirpación de la corrupción, por ejemplo, mediante la rebaja del salario de los altos funcionarios o haciéndolos viajar en clase turista.

Si usted no es un neoliberal en estado de coma, esto le sonará cojudo.

Esta agenda mínima, llevaría a una de esas situaciones también visualizadas en la obra de Maquiavelo-la del Príncipe (o Princesa en este caso) amada por el pueblo.Y por las dudas, y como salvaguarda, algo que otro pensador político-Marx-habría visto con buenos ojos: la verdadera emergencia del pueblo como sujeto, y no sólo objeto en el proceso del trabajo, ahora como agente en la creación de una sociedad más humana. Habrá después de ese atareado semestre ocasiones reales para celebrar. Y para empezar a pensar en otro proyecto que no sea mentiroso.

Con una agenda de este tipo, no habría mentiras -que siempre afean--- y en los discursos se podría por fin decir una verdad relumbrante: “que un pueblo libre pasa por las grandes alamedas”. El problema es pues, CUÄLES SON LAS PROXIMAS TREINTA; DIEZ O CINCO MEDIDAS. ¿Serán públicas, o se sumarán a los haberes de la corporación trasnacional o del empresariado sustentador?.

(*). Federico García, es editor de la revista Globalización.

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