10 de noviembre de 2019

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PERÚ: DE CAPTURAS Y RESCATES

Carlos Angulo Rivas.

31 de enero de 2012

Realizando una grotesca parodia, una caricatura de la realidad peruana, Sinesio López insiste en creer que Ollanta Humala en algún momento se inclinó por esa monserga sociológica de la “Gran Transformación” que por sus contenidos de reajuste del neoliberalismo extremista de Alan García no iba a ningún lado. Esa “Gran Transformación” examinada a conciencia no contenía ni una sola innovación estructural y, en consecuencia, no llegaba ni siquiera a un plan reformista como lo fue el plan Inca del general Juan Velasco Alvarado.

Sin embargo, en la maroma de las palabras el esfuerzo teórico de Sinesio López y su grupo sirvió para que una asociación de tecnócratas de las ONGs condujera a la izquierda organizada y no organizada a apoyar al comandante Ollanta Humala. Hoy, quienes embarcaron a gran parte de la izquierda electoral tras la candidatura de Humala, de manera incondicional y subordinada, quieren eludir su responsabilidad; y antes que una autocrítica leal y sincera reconociendo sus graves errores prefieren seguir engañando a la opinión pública y al movimiento popular.

Sinesio López no dice la verdad o mejor dicho no dice toda la verdad, él pretende escudarse en una parodia del cuarto de rescate en la captura del Inca Atahualpa y quiere vender la idea que Ollanta Humala, a semejanza del monarca indígena, fue capturado por la derecha y los poderes económicos. “Sus captores no han sido, desde luego, las huestes de Pizarro (reforzadas por Almagro) sino sus descendientes: los Velarde, los Castilla, con el refuerzo posterior de los Benavides y compañía. El rescate no ha sido un modesto cuarto dos veces lleno de plata y una de oro sino la codiciada mina de La Conga y sus lagunas atiborradas del metal precioso.” Con esta burda artimaña el profesor de La Católica pretende vender la idea de la captura de Ollanta Humala, por ende la necesidad de un rescate, aunque por lo visto hasta ahora indeseado por el propio presidente. Entonces, quien precisa a gritos su propio rescate es este sociólogo descaminado y extraviado en sus teorías transformadoras sin golpear el sistema, y peor aún sin tocarlo; y decimos su rescate, ya que no acepta la recomendación de jubilarse luego de sus consecutivos intentos ideológicos, todos ellos fracasados, promovidos por él y su grupo de social demócratas pequeños burgueses, algunos de ellos jacobinos.

La teoría de la captura de Ollanta Humala es simplemente el antifaz con el que Sinesio López y sus discípulos, oyentes y pasantes, pretenden seguir teniendo vigencia, pues el significado del mensaje es elocuente: nosotros confiamos en el líder pero fuimos traicionados. De esta suerte se hacen los desatendidos sin querer advertir la responsabilidad en el doble discurso del candidato Ollanta Humala desde cuando se dirigía a los empresarios en señal de sumisión y blanqueamiento; o cuando en la misma dirección se fue de visita a Madrid en busca de la aprobación de Mario Vargas Llosa; o cuando se alejó por completo de la tendencia bolivariana de Evo Morales, Rafael Correa y por supuesto de Hugo Chávez; o como cuando empezó a discriminar a ciertos líderes de la izquierda por ser demasiado “rojos”; o cuando guiado por el lobbysta Salomón Lerner Ghitis viajó a Washington a entenderse con el FMI y el Banco Mundial; o cuando visitaba la tumba de Haya de la Torre sin acordarse de que José Carlos Mariátegui también existió; etc.

Esta trayectoria exhibida por el candidato Ollanta Humala no podía pasar desapercibida por los acuciosos analistas encabezados por el sociólogo López, ya que demuestraba sin esfuerzo mental alguno la voluntad de un caudillo gris y anodino, cuya única ambición era llegar a ser presidente por cualquier medio. Empero, los firmantes del manifiesto de la “Gran Transformación” alimentaron el ego caudillesco del comandante. Con los antecedentes mostrados ¿cómo pensar ahora en una captura por parte de los grupos de poder? La verdad es que Ollanta Humala buscó a los empresarios y a los corruptos porque su verdadero programa era la continuidad del neoliberalismo, el crecimiento sin desarrollo, la inversión extranjera sin cortapisas, el respeto al estado de derecho de los más ricos; y en última instancia un reparto de dádivas a los más pobres, a su entender los programas de una “inclusión social” mal entendida. Ollanta Humala no es un hombre de convicciones, si tiene alguna, él es un ex militar ambicioso y calculador que deja en la estacada a quienes ya no le sirven, qué más explicación admite el sacrificio de su hermano Antauro Humala, quien siguiendo instrucciones del líder se la jugó de entero por el hoy presidente.

Nos dice Sinesio López que después de tantas capturas del estado peruano y los gobiernos, “las reformas de Velasco y de los militares en los 70 fueron las que más lejos llegaron en el intento de revertir la conquista y la colonia, acabando con la oligarquía y el gamonalismo, pero los diversos errores del gobierno y de sus líderes y las adversas circunstancias nacionales e internacionales impidieron que el Estado-nación fuera impuesto desde arriba. Otro esfuerzo frustrado en los 80 fue la Izquierda Unida (IU).” Lo que no dice este ideólogo social demócrata es que él y sus alumnos atacaron furiosamente a Velasco llamándolo corporativista, fascista y pro soviético; y tampoco dice que él como ideologo anti-ultra fue participe de la ruptura de Izquierda Unida alentando el filo aprismo de Alfonso Barrantes, obligando a lanzar en paralelo a Henry Pease en 1990, lo cual facilitó la aparición intempestiva de Alberto Fujimori. Y agrega López, “muchos peruanos y peruanas esperábamos que Ollanta abriera el camino democrático de la gran transformación, impulsara un conjunto de reformas que acabaran con el capitalismo salvaje del neoliberalismo, instalara un capitalismo democrático en una primera etapa y avanzara luego hacia un desarrollo nacional inclusivo.” En primer lugar, en todo el manifiesto de la “Gran Transformación” no existe una sola reforma estructural por cuanto se invitaba apenas a un reajuste del neoliberalismo extremista de Alan García; en segundo lugar es imposible instalar un capitalismo democrático puesto que la empresa privada es por esencia antidemocrática en sí misma. Donde manda el CAPITAL no manda el marinero.

Además, hay que dejarse de pamplinas, la línea de navegación de Ollanta Humala confirma que nunca fue capturado por nadie. Él mismo ratifica nunca fui de izquierda. Humala buscó subrepticiamente a los grupos de poder en todo momento a través del financista de la campaña Salomón Lerner Ghitis, empresario comisionista y lobbysta; y busca ahora sin necesidad de éste codearse en el alto nivel de la oligarquía peruana e internacional. Su visita a España y a Davos no es una casualidad, sin captura de por medio, y con mucho gusto él negociará directamente con Telefónica (Movistar), el banco de Santander y Repsol, de seguro a los españoles no les cobrará las millonarias deudas al estado peruano en impuestos; y en Suiza (Davos) recibirá la confirmación del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y de las principales empresas transnacionales del mundo. Sarna con gusto no pica dicen las abuelas.