10 de noviembre de 2019

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ARGENTINA: ELECCIONES PRIMARIAS, LA BIBLIA JUNTO AL CALEFÓN

PCT

28 de agosto de 2011

Han pasado las Primarias en nuestro país, y en términos de las frías cifras, se dio el triunfo que todo el mundo pronosticaba del oficialismo, pero por un margen mayor al esperado. La oposición del sistema, dividida en pedazos, no pudo hacerle ni cosquillas a la presidenta.

Nadie puede negar la importancia de obtener 10 millones de votos, y mucho menos después de 8 años de gobierno, pero el manejo de las cifras al que nos tiene acostumbrados el sistema “democrático” dominado por los capitalistas, y particularmente el kirchnerismo (el Indec es un buen ejemplo de ello), quiere hacer ver una realidad que no es tal: dicen tener el 50% de apoyo de la población, cuando lo cierto es que obtuvo el 36% del padrón electoral. ¿Por qué? Porque ellos cuentan los porcentajes a partir de los votos “positivos”, en vez de hacerlo desde la totalidad del Padrón. La realidad indica:

Entonces, lo correcto es decir que el gobierno tiene una aprobación del 36% de la población, y no un 50%.

Más allá del manejo de las cifras, no se puede desconocer el hecho de la enorme distancia que existe entre la capacidad de liderazgo del oficialismo y la de la desdibujada oposición. El kirchnerismo ha sabido presentarse como “lo nuevo” y popular, ante figurones que no resisten el más tibio análisis, como Duhalde, Rodríguez Saa, Alfonsín y la desbarrancada Lilita. Con este panorama, octubre será sólo un trámite para la administración pingüina. Sin embargo, no nos podemos quedar en la simple enunciación de los votos, porque lo que corresponde a todo estudio es la seriedad del abordaje de los hechos en su contexto.

Lo primero que debe señalarse es que ningún triunfo electoral, por más cantidad abrumadora de votos que se obtenga, es prueba de razón, de justicia, de defensa de los derechos de las mayorías ni de los intereses “nacionales y populares”, aunque así se lo declame y lo crean esas mayorías: si fuese así, entonces podrían esgrimir ese argumento los Tatcher, Reagan, Berlusconi, Aznar, Bush (padre e hijo) y hasta el Turco innombrable, todos elegidos y reelegidos por la “voluntad popular” en sus respectivas sociedades. No debemos olvidar el contexto en el que nos movemos, que es el de la cultura impuesta por el sistema capitalista. La conciencia popular queda entonces reflejada en ella, y generalmente, salvo tibios avances, en estos procesos los condenados suelen apoyar (y votar) a sus verdugos.

Decimos esto porque por más mascarada que proyecte el gobierno, lo concreto es que se sigue pagando una Deuda ilegal, ilegítima y fraudulenta (reconocido por el propio oficialismo, el 2% del PBI está destinado a tal fin, unos $21.000 millones); el petróleo, el gas y los recursos naturales, estratégicos y no renovables siguen estando en manos del capital multinacional, lo que posibilita un saqueo monumental como nunca se ha visto en el país; se siguen subsidiando a las empresas privadas con recursos del Anses, como por ejemplo ¡la General Motors!; las privatizadas de servicios también reciben subsidios del mismo origen.

El gobierno dice tener un proyecto de país “soberano”, pero uno puede elegir soberanamente ser dependiente, y eso es lo que hace el kirchnerismo. Por eso no deja de negociar con los buitres del sistema financiero globalizado; por eso genera leyes en favor de los grandes capitales en detrimento de los intereses populares, para que lleguen al país con sus inversiones que generarán utilidades (ganancias) como en ninguna otra parte del mundo, las que se llevarán a sus países de origen. Baste señalar por ejemplo, el sector minero, cuyas ganancias superan varias veces lo invertido, mientras nos vacía de recursos que no se renovarán y nos deja un desastre ecológico y humano del que no se tiene aún real consciencia. O, debido al saqueo de nuestras reservas, el precontrato firmado con Qatar, para importar gas durante 20 años (a partir del 2014), acuerdo que le costará al país la friolera de al menos ¡¡50 mil millones de dólares!! Cuánto podría explorarse y desarrollarse con esa inversión aquí mismo, sin requerir de recursos extranjeros. Nuestro pretróleo también se está acabando, ya que Repsol lo ha exportado y aún lo sigue haciendo sin explorar nuevos yacimientos, por lo cual en poco tiempo deberemos importar ese recurso. La Argentina autoabastecida será sólo un recuerdo.

Todas esas políticas tienen consecuencias sociales que provocan injusticias, despojo y dolor de los sectores más humildes. Más allá de los planes sociales, que son sólo parches, dádivas, asistencialismo, el kirchnerismo, después de ocho años de administrar el Estado, no ha podido resolver el déficit de vivienda digna para millones de seres humanos, y el problema le estalla por todos lados, para el cual sólo mostró reflejos represivos: así fue en el Indoamericano, con los pueblos originarios (por ejemplo, los Qom en la oficialista Formosa), o en Jujuy.

La inflación es una realidad incontrastable que hace cada vez más vergonzosa e indignante la intervención al Indec. Nadie se come el “0,...” de aumento mensual de los precios al consumidor, cuando, por ejemplo, solamente los combustibles acumulan un 25% en lo que va del año y varios productos de la canasta alimenticia están por encima de ello. Según el propio “indeK”, el 70% de los asalariados gana $2900 en promedio, cuando la canasta familiar es de alrededor $5500, y el 35% de los trabajadores están en negro. Además, en promedio, el 32% del salario es no remunerativo, siendo el Estado el que más “negrea” los pagos a sus empleados. La jubilación está en $1230 y pasará a $1430, quedando lejos aún de la canasta familiar.
Con estos números, el gobierno considera aún la línea de pobreza en $1700 (por lo que alguien que gana $1701 no es considerado pobre, aún ganado $3800 por debajo de la canasta familiar), y de indigencia en $771,72 (no considerándose indigente a quien obtenga $771,80 mensuales). Estos números también indignan: ¿cuántos pobres e indigentes más indicarían, si se tomara como medida la ya mencionada canasta familiar?: los que hay en realidad.

Sin embargo, el pueblo ha votado todas estas inequidades, ocultas detrás de las urgencias, traducidas en el trabajo conseguido y la posibilidad de llevar un trozo de pan ganado dignamente a la mesa familiar. Pero detrás del discurso “popular” del gobierno, detrás del dedo apuntado a los “monopolios” representados en el Grupo Clarín, como si éste fuera el único enemigo de las mayorías asalariadas, hay una administración que responde a los intereses de Repsol, la Barrik Gold, Grobocopatel, Ledesma (con los Blaquier, cómplices de la dictadura), SanCor, Urquía y las grandes empresas oligopólicas que obtienen ganancias siderales gracias a la política “nac y pop”. El cambio en el voto en el “campo” y en los sectores ricos del país así lo atestiguan.

Para asegurar todas esas políticas de entrega y saqueo, persiste en la persecución de todo aquél que se oponga, con la Ley “Antiterrorista” de Bush como bandera. La reapertura del juicio al compañero Martino y otros compañeros de las FAR por presión de la sionista Daia, el mantenimiento en prisión de los compañeros Olivera, la Galle, José Acosta, Víctor Oñate, obreros de Santa Cruz y la lista sigue, además de los miles de procesados, son claro ejemplo de ello

En ese marco, la izquierda y la centroizquierda también han cumplido su papel. Proyecto Sur ha desaparecido detrás de una paliza impensada en las urnas, debido, en gran parte, al sectarismo y la soberbia que durante décadas se le han achacado a la izquierda tradicional. Ésta, en su versión electoral, el FIT, ha logrado superar el piso proscriptivo después de una curiosa campaña de propaganda donde el centro era “pedir el voto” sin ninguna enunciación programática. Nosotros nos hemos pronunciado acerca de la conformación de ese frente, criticando su formulación desde posturas autoproclamatorias y sectarias. Sin embargo, si este armado confirma su performance en octubre, será un referente ineludible dentro del movimiento revolucionario del país.

Lo concreto es que más allá de los procesos electorales en curso, está a la vista que los grandes problemas del pueblo argentino están aún lejos de solucionarse, y que la estructuración del país que lleva a cabo el gobierno no va en ese sentido, sino todo lo contrario: nos van a dejar un Estado vaciado de recursos, dependiente de la importación, las inversiones y el financiamiento externo, con amplias zonas contaminadas y desertificadas.

La salida, como siempre lo decimos, no está dentro de los límites del sistema capitalista que fomenta todos esos desatinos. El mundo es testigo de la descomposición a que nos está llevando una humanidad dirigida por los patrones. Ya no sólo se ven sus efectos degradantes en los países periféricos y subdesarrollados, sino en las metrópolis: se incendia Londres y varias ciudades de Inglaterra, Europa es un polvorín y EEUU no puede sostener una economía que se desbarranca, arrastrando al resto del mundo a una conflictividad sin precedentes. Pero para poder soñar con una sociedad justa, liberada y soberana, tendremos que extremar la inteligencia, la militancia y la humildad los que decimos luchar todos los días por ese objetivo.