24 de agosto de 2019

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AMÉRICA LATINA: ¿CAMBIO DE RUMBO?

Por: Eduardo Ibarra Aguirre.

4 de junio de 2010

América Latina y el Caribe se consolidaron como la región más desigual de la aldea globalizada. El decil –10 por ciento del total— más acaudalado de la población supera en 17 veces al que percibe el 40 por ciento de las personas en los hogares más pobres.

El revelador dato no corresponde a una de las tantas Reflexiones de Fidel Alejandro Castro Ruz o uno de los alegatos de Hugo Rafael Chávez Frías. No. La fuente es la Comisión Económica para América Latina –organismo dependiente de la Organización de las Naciones Unidas— y forma parte del informe La hora de la igualdad. Brechas por cerrar, caminos por abrir, que desde ayer se debate en el 33 periodo ordinario de sesiones del organismo, en Brasilia.

En el caso mexicano la situación es aún más lacerante. La décima parte de los connacionales más pobres, recibió 1.2 por ciento del ingreso total en 2008 frente al 1.5 por ciento que obtuvo en 2004. La diferencia de ingresos entre la décima parte más rica y la décima parte más pobre es de 39 veces.

Ése es el más acuciante problema latinoamericano y la solución pasa, a juicio de la Cepal, por replantear la forma en que el Estado fue relegado en los últimas tres décadas.

El rezago en materia de desigualdad social se pronunció aún más con la crisis económica y financiera de Estados Unidos y que contagio a las economías industrializadas, a la aldea toda, y que echó por tierra los avances conquistados durante 2003-2008 en AL.

La Comisión Económica para el subcontinente subraya la “persistencia de cuatro aspectos centrales que limitan los futuros avances en materia de igualdad”. A saber: la distribución del ingreso, la distribución de la educación y el conocimiento, la harto desigual capacidad para aprovechar educación y conocimiento en el mercado laboral y la reproducción entre generaciones de la pobreza extrema.

El informe cepalino hurga en la crisis de la deuda externa de principios de los 80 que obligó —desde el exterior, desde los centros imperiales poder– a realizar fuertes restricciones financieras en el gasto público, “se impuso –dice—como criterio de política reducir el gasto público, sobre todo el social”.

Abundan los informantes: “El Estado contrajo su rol social, regulatorio y empresarial. Se privatizó parte de la provisión del bienestar, se redujo el gasto público social y se promovió la descentralización”, entre otras recomendaciones contenidas de las cartas de intención que los gobiernos de los países del subcontinente fueron obligados a suscribir con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, para abrir paso a lo que universalmente se conoce como neoliberalismo, y que prefiero llamar capitalismo salvaje.

El documento hace un recuento pormenorizado de tales directrices en los planos de la seguridad social, la educación y el empleo que son harto conocidas y, sobre todo, padecidas hasta hoy desde el Río Bravo hasta la Patagonia.

Conclusión central del informe es la necesidad de posicionar al Estado en el lugar que le corresponde en la conducción de estrategias del desarrollo. Pero antes se tomó distancia de las obsesiones, muy bien envueltas en papeles biodegradables, que demonizan ora al mercado, ora al Estado.

A contrapelo del discurso ideológico y gubernamental de Felipe (del Sagrado Corazón) de Jesús Calderón Hinojosa, la Cepal concluye que “El Estado es el principal actor en la conciliación de políticas de estabilidad, crecimiento económico, desarrollo productivo, promoción del empleo y la igualdad”.

Todo indica que las elites dominantes llegarán tarde a la cita con la corrección de los rumbos nacionales y que hace 28 años fueron impuestos a México desde Washington.