24 de agosto de 2019

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BRASIL: LA REFORMA AGRARIA

Por: Bruno Peron Loureiro.

14 de febrero de 2010

La Reforma Agraria es uno de esos temas que se reservan a los superhéroes de las políticas públicas. Aunque dentro de lo deseable, posible y necesario para una sociedad más justa, las propuestas de división de tierras en Brasil inciden sobre intereses en conflicto. De un lado los insatisfechos con lo poco que tienen, del otro los canes que gruñen con el hueso en la boca.

La concentración de propiedad es abusiva en este país, por lo tanto es necesario implantar un nuevo modelo de apropiación agrícola que rescate los errores del pasado.

Es verdad que no basta con tener acceso a la tierra. Una dificultad que surge inmediatamente de tener acceso a la propiedad rural es la falta de entrenamiento de los nuevos propietarios y la escasez de infraestructura para el aprovechamiento agrícola, del capital, la irrigación, la semilla, las vías de penetración y el transporte. Debemos tomar en cuenta que la mayor parte del territorio del país no es usada para cultivos ni otra actividad de producción económica.

Desde esta línea argumental, muchos sostienen que el problema estaría entonces en el exceso de tierras ociosas y la falta de inversión en productividad con técnicas modernas de agricultura, planeamiento del plantío y de la cosecha.

Según las voces que se oponen a la Reforma Agraria, la población necesitada está lejos de corresponderse con la necesidad de tierras, ya que es mayoritariamente urbana. Por eso, para estas voces no tiene sentido repartir tierras rurales, que están muy bien en manos de unos pocos.

Ahora, ¿cómo Brasil podrá invertir en tecnología para la productividad agrícola, si todavía no superó la etapa de distribución de tierras? El país está atrasado en Reforma Agraria. Desde el punto de vista de los grandes propietarios rurales es natural que se demonicen los movimientos sociales y las protestas que promueven una mejor distribución de tierras, es que no existe una conciencia colectiva del problema.

El uso de la palabra “invasión” en lugar de “ocupación” contribuye a reiterar esa visión de los latifundistas sobre toda la sociedad. La “Imagen del MST” que fuera solicitada por la Confederação da Agricultura e Pecuária do Brasil (CNA), indica que la mayoría de los propietarios reprueba la ocupación de tierras. ¿Quién daría una respuesta favorable a que un extraño entrase en su casa sin permiso? Se desvía así el foco de la lucha por la justicia social hacia el ataque a la propiedad privada.

La defensa necesaria de la Reforma Agraria desborda las respuestas agresivas de otros tiempos. El camino del reparto justo de tierras en Brasil es fundamental para promover la reducción de las desigualdades sociales. Concuerdo con que no basta dar las tierras si no existe una continuidad de inserción en el sistema productivo de las familias beneficiadas con la Reforma. Pero si no se supera la primera etapa de la distribución de la propiedad, no es posible impulsar la del desarrollo.

El Instituto Nacional de Colonização e Reforma Agrária (INCRA) elabora evaluaciones y políticas de acceso a la tierra, fiscaliza inmuebles rurales para averiguar si cumplen una función social, combate la posesión indebida de tierras lograda mediante la expulsión de sus propietarios originales y la presentación de documentos falsos de propiedad y traspasa recursos a entidades de apoyo a la Reforma Agraria. Esta institución fiscaliza de seis a siete millones de hectáreas por año.

El INCRA dispone de un presupuesto para 2010 de 4,6 millardos de Reales. Los recursos destinados a la Reforma Agraria son cada vez mayores.

Este tema exige una postura radical tanto de gobernantes como de activistas, bajo el riesgo de sucumbir ante las mentiras lanzadas por los intereses de los grandes propietarios. Una de ellas es descalificar a los movimientos sociales que luchan por los oprimidos. Otra es la de argumentar que en vez de repartir las tierras, la tecnología de agricultura en los latifundios generará por sí sola un retorno de beneficios a la sociedad.

La discusión y divulgación sobre la Reforma Agraria ha sido hasta ahora monopolizada por los que se oponen a ella. Falta la representatividad a nivel de toda la sociedad de las opiniones divergentes.