24 de agosto de 2019

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ECUADOR: GOBIERNO DERROTADO

EN MARCHA

15 de octubre de 2009

La movilización social ha marcado el escenario político del país en estas últimas semanas; las masas populares irrumpieron en la lucha callejera como no había ocurrido en el transcurso de la gestión gubernamental de Rafael Correa. Este ciclo de lucha lo abrió la Unión Nacional de Ecuadores el 14 de septiembre, y también lo cerró con la suscripción de un acuerdo con el gobierno el 7 de octubre.

El desenlace de esta confrontación presenta a un gobierno derrotado y a un movimiento popular (especí­ficamente al magisterio y al movimiento indígena, con la UNE y Conaie como sus representantes) como fuerzas victoriosas. ¡Los maestros e indígenas le pararon el carro a Correa! Es la lectura que tiene el pueblo ecuatoriano, no los esfuerzos de Correa por exponer lo contrario.

Hasta antes de esta jornada de lucha, el gobierno trabajó por mostrarse invencible; pero quedaron al descubierto algunas de sus debilidades. Tiene un electorado que le ha permitido ganar algunas elecciones, pero carece de un movimiento organizado en sectores sociales que han sido protagonistas de procesos políticos trascendentes, como son los trabajadores, los educadores, la juventud, el movimiento indígena. No fue capaz de concretar el llamado a la concentración nacional que hizo inicialmente para el tres de octubre y luego para el día diez, a pesar de que puso en juego todo el aparato gubernamental para ello. Ciertamente el gobierno cuenta con un gran aparato publicitario capaz de torcer la verdad, manipulando acontecimientos y apelando a la reiteración de sus mensajes.

El gobierno se propuso, desde antes de estas luchas, asestar duros golpes al movimiento popular organizado, y de manera particular a las organizaciones en las que la izquierda revolucionaria tiene influencia. Está claro que Correa quiso doblegar a la UNE, pero ésta ha salido vigorizada y prestigiada; es, junto a la Conaie, referente de combatividad para otras organizaciones y sectores sociales.

Lo ocurrido en el país en estos días expresa la agudización de las contradicciones al interior de la tendencia democrática, progresista y de izquierda; entre quienes pugnan porque el proyecto político avance, se desarrolle, y las fuerzas que, desde el gobierno y con posturas derechistas, trabajan para revertir el proceso de cambio. La contradicción entre la izquierda revolucionaria y el reformismo burgués se ha puesto en evidencia y los revolucionarios actuamos en ella del lado de los intereses populares, combatiendo a la derecha que está en el gobierno y fuera de él.