24 de agosto de 2019

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LA DERECHA SE OBLIGÓ A GANAR LAS ELECCIONES HOLGADAMENTE. ¿Y SI NO LO CONSIGUE?

Opinión de Eduardo Pérsico.

20 de mayo de 2009

Los políticos en campaña discursean los enfoques más opuestos de la misma realidad y sin mencionar jamás un método de actuar sobre ella. Así en verdaderos torneos de ambigüedad y con cierto dejo de oscurantimo histórico, en Argentina muchos candidatos a bancas legislativas que se elegirán el 28 de junio del 2009 cuestionan los avances de la sociedad en conjunto. Algo que desde la derecha política suele desecharse como negación del influjo y acción del peronismo inicial de 1945 a 1950, con la definitiva liberación psicológica del obrero ante el patrón, sino ignorando también la movilidad social y jurídica acontecida en la sociedad toda. Aparte de una equitativa repartición de la riqueza que se produce, hubo leyes de divorcio, una indetenible participación de la mujer como sujeto activo del sistema, la unión de seres del mismo sexo jurídicamente aceptado, la leyes antidiscriminatorias ya casi universales que operan sobre el espectro social tanto como las convenciones colectivas de trabajo, las vacaciones pagas y las leyes de despido de hace seis décadas atrás. Asuntos que a los candidatos de la derecha vernácula le caen irrelevantes y contrarias al proyecto de país que ellos propugnan. Así y por representar a los privilegiados en el reparto de la torta, a cada idea de actualización social la consideran un avance contrario a su estratificada idea medieval. Esa de un mundo inclinado a los poderes confesionales y religiosos, hoy en retroceso.

Sin atender ciertas patologías entre los defensores del liberalismo universal más extremo, - que gustosos volverían a la semana previa de la Revolución Francesa- entre los candidatos más entrevistados por los medios de los cuales son dueños, sobresalen quienes sin complejos exhiben sus armas preferidas: la coacción amenazante de la estabilidad institucional ante los riesgos por la inseguridad que sufre la propiedad privada. Considerando a la inseguridad como una causa y nunca como es realmente, un efecto propio de la desigualdad que practica el liberalismo económico en el reparto del ingreso, y vinculando además, con muchísima mala leche, a los pobres y desamparados con la delincuencia, creyeron que tomaría el manejo total de la situación. Y en un intento mostraron su eficacia desestabilizadora en el irresuelto conflicto que sostiene el sector agropecuario con el gobierno.

Allí, hace al menos un año, ellos, digamos la derecha más feroz, eran la ‘gente del campo y no esos piqueteros miserables’, fustigara el mismo presidente de la Sociedad Rural. Aduciendo que el conflicto se produjo por las ‘inaceptables condiciones’ que las autoridades aplicarían sobre las exportaciones agropecuarias, más controladas que nunca; digamos, para bien de la recaudación del país una mayor fiscalización a los . impuestos y retenciones que históricamente, el sector agroexportador suele evadir desde la creación de nuestro sistema aduanero. Una controversia grave con el Estado que no le impidió a la derecha tradicional probar su poder de fuego: cortando rutas y con ello los precintos constitucionales que lo impiden, y hasta desabasteciendo el mercado interno de carnes y lácteos en algún caso. Esa grosería golpista que sus candidatos ignoran al hablar ante cámara, deja cierto trasluz que ilumina la auténtica escena: ‘atención señores, que me avala la gente del campo y la guerra continúa’.

Por el otro lado, persiste cierta izquierda de gente pronta para el diagnóstico político pero incapaz de acertar con los aliados, que parecieran darle cierta validez al discurso de la derecha pero mucho no cuentan. El gobierno enfrenta a una derecha incurable que frente a los inminentes comicios, eligió una reiteración fatalista y disociadora que sencillamente los ha ubicado como virtuales ganadores y con un amplio margen de diferencia. Acaso porque jamás pudieron develar ese ‘fantasma de los arrabales fabriles llamado peronismo’, - dijera Leopoldo Marechal- hoy persisten con augurios de cataclismos inevitables si ellos no ganan para salvar la salud republicana.

Algo que aglutinó a un mes de la elección a varias alianzas conceptualmente inentendibles y confusas, como la promovida por el Pro-peronismo que lleva al frente de la lista al investigado empresario Francisco de Narváez, y que por esos azares de la incoherencia política, en la periferia de Lomas de Zamora sostiene la unidad básica Agrupación Felipe Vallese. Nada menos, sin aclarar si ese rictus ideológico entiende que ese joven metalúrgico y militante de la Juventud Peronista murió a los veintidós años en una sesión de tortura policial en 1963, en la provincia de Buenos Aires, por ideas muy pero muy opuestas a las del publicitado referente de la derecha, que si en los próximos comicios no le gana al oficialismo por una diferencia que le duplique el número de diputados, - prometió Elisa Carrió- el futuro de sus alianzas, quejas televisivas y aspiraciones golpistas entrarían en una instancia penumbrosa de echarse culpas. La derecha política ha jugado muchísimas fichas y se verá que números recogen realmente, y luego de las denuncias por fraude que seguramente harán, se abriría para ser modificado este escenario político con tantos partiquinos de bajo nivel. Y ni pensemos que acontecería si la derecha perdiera por apenas un punto. (mayo del 2009)

(*). Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.