10 de noviembre de 2019

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REPUDIO PÚBLICO CONTRA LA IGLESIA CATÓLICA

Por: Alejandra Waingandt (ARTEMISA)

8 de mayo de 2009

Militantes feministas y agnósticos encabezan una campaña masiva de apostasía, que busca que la Iglesia Católica borre de sus registros a personas que fueron bautizadas pero hoy están muy lejos de sentirse comprendidas por esta religión. Ya recibieron un golpe: una profesora fue despedida en una universidad católica por declarar públicamente su opinión en este tema.

En marzo se realizó la primera campaña colectiva de apostasía en Argentina, a la que adhirieron unas 1100 personas. La acción implicó un pedido de desvinculación formal de la Iglesia Católica, que deberá borrar de sus registros bautismales un millar de nombres. Artemisa Noticias reunió a Paula Torrecilla y Andrés Miñones, dos de los organizadores de esta campaña que se llamó “No en mi nombre” para conocer sus experiencias.

Paula Torrecilla fue la primera en arribar al bar Victorio Urquiza. Se acomodó junto a una ventana, pidió un té y explicó que a fines de 2008 en RIMA (Red Informativa de Mujeres de Argentina), hubo un intenso debate debido a la decisión del presidente Tabaré Vázquez de vetar la legislación que despenalizó el aborto en Uruguay. Allí “coaguló” la necesidad de un grupo de feministas de abandonar formalmente la institución católica.

Estas mujeres armaron una lista virtual para convocar a la campaña colectiva de apostasía. La misma se coordinó a través de la página digital www.apostasiacolectiva.org y se obtuvieron más de mil adhesiones. La carta mediante la cual se pidió la condición de apostata fue entregada en la sede del Arzobispado de la Ciudad de Buenos Aires el lunes 30 de marzo.

En la organización de la campaña colectiva de apostasía participaron feministas y referentes de Argatea, la Comunidad Homosexual Argentina (Cha) y el Instituto Nacional Contra La Discriminación la Xenofobia y el Racismo (INADI). El grupo utilizó el término apostasía para obtener mayor incidencia en los medios de comunicación. Estos medios reprodujeron las opiniones de las y los organizadores y el 1º de abril la docente Paola Raffetta fue despedida de la Escuela Estudios Orientales de la Universidad del Salvador. Las autoridades de esta institución argumentaron una violación al Estatuto Académico, que establece que “los docentes no deben difundir ni adherir a concepciones que se opongan a la doctrina católica”. Diferentes sectores respaldaron a la docente asegurando que se trata de “una clara lesión a la libertad académica”.

Torrecilla sintió interés por este tema años atrás pero consideró innecesario realizar el trámite individual de apostasía, que significa “el rechazo total de la fe cristiana”. En la antigüedad se consideraba una herejía, pero hoy en día representa el derecho de una persona a dejar de ser contada en un grupo de creyentes, eliminándose todo registro de pertenencia al mismo.

En cambio en diciembre de 2008 la joven feminista concluyó que apostatar colectivamente tendría efecto en cuanto a mostrar que la Iglesia Católica no representa el porcentaje de fieles que dice tener en Argentina (90 por ciento), especialmente cuando opina sobre aborto, eutanasia, unión civil entre homosexuales, entro otros temas.

Ella fue bautizada al nacer en una capilla de Mar del Plata. Sus padres no son practicantes, pero creen en la doctrina cristiana y la enviaron a un colegio católico. A los 10 años debió enfrentar el rito de la confesión y lo aborreció desde el principio, incluso se desmayó en el templo. Cuando cumplió 12 se distanció de la Iglesia y años más tarde empezó a participar en protestas públicas contra su ingerencia en el tema de la interrupción voluntaria del emberazo. “La obstaculización del aborto es una de sus políticas más descarnadas; lleva a que las mujeres vivan experiencias traumáticas y pongan en riesgo sus vidas”, opinó.

Andrés Mignones quiso ser bautizado a los 8 años, cuando en la escuela católica del barrio de San Isidro a la que concurría, un docente pidió que los y las bautizadas levantaran la mano y él fue el único en no levantarla. Pero a los 12 comenzó a cuestionar la figura de Dios y más tarde se identificó con los movimientos de ateos, en especial el español FIdA (Federación Internacional de Ateos). Intervino en la fundación de la Asociación Civil de Ateos en Argentina (Argatea) y realizó el trámite de apostasía en 2007.

- ¿Cómo reaccionó el entorno cuando explicitaron su deseo de apostatar, por ejemplo la familia, la pareja?

M: Mi pareja también es atea e hicimos el trámite al mismo tiempo. Mi familia es tolerante con estos temas. Hay ateos que no entienden porqué debería realizar un trámite burocrático en un tema vinculado a la fe. Personalmente creo que es una acción política, es decir, no alcanza con dejar de creer en una institución, es necesario constatar que uno no participa más en la misma.

T: A mí algunas personas alejadas de la religión me cuestionaron, diciendo que la apostasía colectiva terminaría fortaleciendo la imagen de la Iglesia. Creo que no hay que subestimar el tema de los papeles, pues legitiman a las instituciones en nuestras sociedades. La Iglesia se apoya justamente en el número de fieles para imponer sus lineamientos.

- ¿Enfrentaron obstáculos al gestionar la apostasía? ¿Cuáles?

M: En mi caso tardaron en responder. Envié una carta solicitando esa condición a la diócesis de San Isidro y tuve que llamar varias veces. Como era el primer caso, los párrocos no sabían qué hacer. Pidieron que vuelva a enviar la carta y que me acercara a la diócesis, esto no debería ser necesario, igualmente fui porque vivo cerca de San Isidro. Un mes más tarde recibí una constancia de que había apostatado.

T: Muchas personas que participaron en la campaña colectiva iniciaron el trámite individual. Esta opción figura en nuestra web, hay que llenar un formulario y los datos solicitados son incorporados automáticamente a una carta modelo lista para imprimir. El Arzobispado de la Ciudad de Buenos Aires invitó a algunas de esas personas a explicar porqué pedían la condición de apostasía. Un chico contó que el párroco le pidió reflexionar sobre el tema. A otras personas directamente les negaron la posibilidad de hacer el trámite.

- ¿Cómo se contactaron ustedes y cómo transitaron la confluencia de sectores como el feminismo y el ateísmo?

M: Armamos una lista virtual en Google y un blog para trabajar en la convocatoria colectiva a apostatar, nos hicieron una nota en el diario Crítica de la Argentina y lo que hacíamos interesó a otros sectores.

T: En Argatea recibimos un mail sobre ese blog y terminé participando en la lista virtual, luego en el armado de la página web.

M: Tuvimos una primera reunión para conocernos. En mi caso no sabía nada sobre Argatea, desconocía por ejemplo la diferencia entre ateo y agnóstico.

T: Nosotros sí sabíamos del feminismo y aprendimos unas cuantas cosas nuevas. Los intereses no chocan, pero al mismo tiempo son distintos. En Argatea participan personas de diversas ideologías y algunas están en contra de despenalizar el aborto. Este tema se discutió mucho en esa primera reunión porque para las chicas que convocaban era importante llevar esa consigna. Para nosotros no tanto. Finalmente pudimos encontrarle la vuelta.

M: Sí, pusimos más énfasis en el tema de la desvinculación formal de la Iglesia.

- ¿Cómo creen que deben seguir, teniendo en cuenta la repercusión que tuvo la campaña colectiva de apostasía?

T: Me gustaría reflexionar más sobre la separación de la Iglesia y el Estado.

M: Hace unos días recibimos un e-mail de Puerto Rico porque quieren iniciar allí una campaña colectiva de apostasía. Creo que tenemos que trabajar en esta línea.

T: Pienso también en la página web, la hicimos para coordinar la campaña y producimos muchos textos que fueron utilizados por los medios de comunicación. Creo que tenemos que seguir generando argumentos para las personas que se sienten afuera de la Iglesia.