24 de mayo de 2019

INICIO > OTRAS SECCIONES > TEXTOS SELECCIONADOS

OBAMA Y LA RETIRADA DE LAS TROPAS DE IRAQ

Por: Phyllis Bennis (*).

17 de marzo de 2009

Traducido para el CEPRID por Manuel Gancedo Florín

Si el anuncio de Obama hubiera significado la retirada de todos los soldados y mercenarios de EEUU, habría algo que celebrar, dice Phyllis Bennis, pero la realidad de 50.000 efectivos que permanecen en Iraq significa que la ocupación dista de estar terminada.

El presidente Barack Obama dijo directamente que estaría anunciando “un camino hacia delante en Iraq que deja Iraq a su pueblo y responsablemente acaba con esta guerra”. Así dicho suena bien. Esto es un indicio de que el presidente Obama está en gran medida manteniendo sus promesas de campaña, y eso es un signo esperanzador, que refleja la fuerza del consenso anti guerra en este país.

Si este plan fuese de hecho un primer paso hacia la meta inequívoca de un final definitivo de la ocupación estadounidense de Iraq, sería mejor que bueno, sería fabuloso. Pero eso significaría que esta retirada sería el primer paso hacia una retirada completa de todas las tropas de los EEUU, sacando a los 150.000 soldados más los mercenarios y contratistas pagados por EEUU, cerrando todas las bases militares de EEUU, y acabando con todos los esfuerzos de EEUU por controlar el petróleo iraquí.

Tan lejos no llega la agenda de Obama.

La retirada de tropas tal como está planeada dejaría atrás tantos como 50.000 soldados de EEUU. Una cifra terriblemente alta. Incluso la portavoz de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi piensa que pueden ser demasiados. Dijo a Rachel Maddow, “No sé qué justificación hay para esos 50.000, en estos momentos… Yo pensaría en una tercera parte, tal vez 20.000, algo más de un tercio, 15.000 o 20.000”. Estas tropas no incluyen a efectivos designados oficialmente para el combate. Pero esas decenas de miles de soldados seguirán ocupando Iraq. ¿Para hacer qué? Muy probablemente, lo mismo que hacen las tropas de combate – caminar y hablar y bombardear y disparar como las tropas de combate, pero se las llamaría de otro modo. El New York Times lo explicaba en detalle el pasado diciembre: describiendo cómo los asesores militares creen que el objetivo de Obama de sacar las tropas de combate “podría contemplar, al menos en parte, el renombrar algunas unidades, de modo que los que ahora se cuentan como tropas de combate recibirían una nueva misión, se redefiniría su trabajo como de entrenamiento y apoyo para los iraquíes”. Eso significaría una vuelta a las mentiras y la decepción que caracterizó esta guerra durante la era Bush – algo que el presidente Obama dijo que dejaría atrás. Significaría asimismo que la resistencia militar en Iraq continuaría, lo que acarrearía más bajas iraquíes y de EEUU.

Más aún, el acuerdo de EEUU con Iraq llama a todas las fuerzas estadounidenses a salir de Iraq para últimos de diciembre de 2011. El anuncio del presidente Obama a finales de esta semana podría reflejar también algo parecido a esa meta. Pero. El acuerdo puede ser cambiado. El general retirado Barry McCaffrey escribió un informe interno para el Pentágono tras un viaje a Iraq el año pasado, diciendo, “Deberíamos asumir que el gobierno iraquí nos pedirá llegado el momento que permanezcamos más allá de 2011 con una fuerza residual de entrenadores, unidades antiterroristas, logísticas, y fuerzas aéreas”. ¿Mi estimación? Quizá una fuerza de entre 20.000 y 40.000 soldados. ¿Y si la reducción de las tropas en tierra se compensa con un aumento de las fuerzas aéreas estadounidenses? Los EEUU parecen estar planeando controlar el espacio aéreo iraquí en los años venideros. Eso significa todavía más civiles iraquíes muertos por el ejército de EEUU. Necesitamos la retirada de todas las fuerzas aéreas, así como navales – algo que mencionan los acuerdos del SOFA (Status Of Forces Agreement, o Acuerdo Sobre el Estado de Fuerzas), pero aún nos falta por oir algo de la administración Obama. Los EEUU han estado llevando a cabo continuos sobrevuelos y bombardeos en Iraq desde enero de 1991 – ¿No son suficientes 18 años de ataques aéreos?

El acuerdo de EEUU con Iraq (que fue ratificado por el parlamento iraquí pero nunca llevado al senado de EEUU para ser ratificado, como exige la Constitución) require también de la celebración de un referéndum en Iraq durante el verano de 2009 para aprobar o rechazar el calendario. Es ciertamente posible que – si el referendum llega a celebrarse – una gran mayoría de iraquíes pedirían una fecha aún más próxima, diciendo que dos años y medio más de ocupación es demasiado tiempo. Y parece mucho imaginar que EEUU – pese al compromiso de la administración Obama de anteponer la diplomacia al uso de la fuerza – vaya a estar de acuerdo en acatar la voluntad popular de los iraquíes y saque todas sus tropas inmediatamente.

El ejército no se ha transformado con la elección del presidente Obama. Él es el comandante en jefe, pero ha mostrado claramente su intención de escuchar a sus asesores militares (ellos son quienes presionaron para definir una fecha a 19 meses vista en vez de 16 para la retirada). Las companies petroleras y los poderosos contratistas cuyos directores ejecutivos y accionistas han hecho matanzas de miles de millones de dólares con los contratos en Iraq no se han transformado. Obama es el presidente y ha prometido transparencia en el proceso de contratación, pero no ha prometido devolver a casa a todos los mercenarios y contratistas.

Mercenarios y contratistas

Terminar con la ocupación de EEUU significa acabar con toda la financiación para las grandes constructoras — Dyncorp, Bechtel, Blackwater – que actúan como subcontratas privadas del ejército de EEUU. Las companies contratistas – y los mercenarios que alquilan – fueron parte de lo que condujo a Abu Ghraib. (El reciente cambio de nombre de Blackwater por “Xe” no debería permitir que se olvide su papel en la muerte de civiles iraquíes). Incluso aunque se retire parte de las tropas, necesitaremos movilizarnos en congresos, conferencias, investigaciones independientes, y más en las violaciones de los derechos humanos y el mal uso del dinero de los contribuyentes por los beneficiados en la guerra que llevan estas compañías. LA decisión del presidente Obama de cerrar la prisión de Guantánamo muestra su consciencia de la gravedad de los crímenes allí cometidos. Terminar con la financiación de los contratistas que cometieron tantos de estos crímenes debería ser un lógico próximo paso.

Bases militares estadounidenses

Hemos escuchado el tiempo que podría llevar la evacuación de las más de 50 bases militares de EEUU en Iraq (6 semanas las pequeñas, 18 meses la mayor) pero no hemos oído ninguna indicación, por no decir una promesa, de que serán de hecho devueltas a los iraquíes. El tema de las bases sitúa a Iraq como pieza central del amplio movimiento global que desafía a la red de bases militares estadounidenses en todo el mundo. La oposición al impacto de esta bases – medioambiental, sobre los derechos sociales y de las mujeres, económico… — está surgiendo en países tan diversos como Corea, Italia, Ecuador, Kirguizistán y otros. De hecho en algunos países los gobiernos se unen a la sociedad civil en su rechazo a la cruzada global de Washington. Kirguizistán decidió cerrar la base aérea que EEUU tenía allí indicando que prefieren los sobornos de Rusia a los planes de guerra de EEUU. (Una decisión que puede plantear a la administración Obama la desagradable perspectiva de renovar la alianza de EEUU con Uzbekistán, cuyo gobierno se ha caracterizado por algunas de las mas importantes violaciones de los derechos humanos en el mundo). Ecuador ha aprobado recientemente una nueva constitución que prohíbe la presencia de bases militares extranjeras en su suelo, y está en proceso de acabar con la presencia de la base aérea de EEUU en Manta. Mientras la administración Obama busca nuevas maneras de recortar el gasto military, cerrar las más de 50 bases iraquíes, en particular las cinco megabases se convierte en una necesidad urgente. Y la gigantesca embajada-de-los-esteroides que construyó la administración Bush para alojar a los 5.000 diplomáticos y funcionarios estadounidenses debería ser clausurada como una reliquia de una guerra ilegal lanzada para mantener el control

¿Terminar la ocupación?

Ciertamente reconocer casi tres años más de ocupación es demasiado tiempo. Eso es casi otra vez la mitad del tiempo que la ocupación de Iraq ha venido durando hasta hoy. Pero incluso así, si esta retirada parcial en 19 meses fuera realmente el primer paso hacia el final definitivo de la guerra y la ocupación en Iraq, si esto realmente significara que las tropas en Iraq pudieran ser devueltas a casa en vez de ser redestinadas a otra guerra fallida en Afganistán, si esto realmente significara que la promesa del presidente Obama de que “Terminaré con esta guerra” fuera a hacerse realidad – entonces 19 meses no estaría tan mal.

Entonces, por fin, podríamos empezar a hacer el bien en nuestra verdadera deuda con el pueblo de Iraq. Hacer el bien en las obligaciones por compensación (dinero para los propios iraquíes, no para los sobreasalariados contratistas estadounidenses), para reparaciones (incluyendo los años de sanciones económicas destructoras de la sociedad), para el apoyo de la ayuda internacional dirigida por iraquíes en el mantenimiento de la paz y en la desmilitarización de Iraq tras tantos años de ocupación y guerra.

Pero no llega a verse tanto como eso. Hay demasiados “peros”. Sabemos que no existe una solución militar a Iraq – y continuar con una “ocupación ligera” para reforzar a los competidores de las compañias petroleras, o mantener una presencia de fuerza en la región, o crear la ilusión de “paz con honor” –Ninguna de estas cosas justifican una ocupación ilegal estadounidense. Sacar las tropas que sea de Iraq es una buena cosa. Pero con eso nuestro trabajo no ha terminado – movilizar, presionar, seguir educando y defendiendo y agitando por el verdadero final de la guerra. Tenemos mucho trabajo que hacer.

(*). Phyllis Bennis es directora del New Internationalism Project en el Instituto de Estudios Políticos, una experimentada analista de Foreign Policy In Focus, y compañera del Transnational Institute de Ámsterdam.