12 de marzo de 2017

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EL TRAIDOR DE LA TRADICIÓN GRIEGA

El territorio del lince (Publicado por Lynx Pardinus)

17 de julio de 2015

Decía que Syriza estaba convirtiendo su batalla por las pensiones en el nuevo Termópilas; decía que hace 2.500 años un millar de combatientes habían logrado parar durante una semana a 200.000 persas y que sólo pudieron ser derrotados con la traición de uno de ellos, Efialtes. Decía que Syriza estaba resistiendo en la que es su última batalla y que sólo quedaba que surgiese un traidor, el traidor de la tradición griega. La historia de Grecia está llena de héroes y de traidores. En el gobierno de Syriza está por ver que haya héroes, pero lo que sí está claro es que hay traidores. Empezando por el primer ministro, Alexis Tsipras.

Quienes seguís estas reflexiones sabéis que nunca he defendido a Syriza, con la excepción de la entrada anterior a ésta, y que he tenido claro desde el primer momento que su gen socialdemócrata le llevaba a no utilizar el abandono del euro como medida de presión y a no abandonar la OTAN.

Sobre este último aspecto sólo un apunte: el viernes pasado, día 19, el Consejo de la UE decidió mantener durante otros seis meses las sanciones contra Rusia. No hubo ni un voto en contra, ni siquiera una abstención. ¿Qué hizo Grecia? Pues votar lo mismo que el resto. Primera concesión que dejaba bien claro lo que iba a pasar con las pensiones. El traidor ya se había puesto en marcha y el ejército europeo ya estaba comenzando a traspasar las Termópilas.

Se está hablando mucho de que Syriza está jugando a dos bandas, que va a llegar a acuerdos con Rusia sobre el tránsito del gas, que es algo que ya estaría hecho. Puede, pero nunca antes de que se llegue a un acuerdo con la UE, que la UE dé el visto bueno a todo ello (adiós a la soberanía nacional, algo que Grecia debería aprender de su archienemigo Turquía) y que sirva, al mismo tiempo, para que la UE siga recibiendo el gas ruso a través de un territorio y de un gobierno amigo (o vasallo). Rusia está dispuesta a este acuerdo porque le interesa económicamente, pero sabe que en Europa no tiene aliados.

Syriza capitula en todo: se aumentan las contribuciones de los trabajadores, que no de los empresarios, se rebaja el porcentaje del PIB (que ya os dije que es del 17%) para el pago de pensiones y quedaría en poco más del 15% (no obstante, es aún mayor que el de España, que es del 12%); se aumenta el IVA aunque se mantiene la apariencia de que no se ha cedido al imponer tres tramos, quedando el más bajo para medicinas y libros. Ya estamos en tres puntos del PIB, dicen, pero sólo se toca a los ricos con un punto en cuando a los impuestos, que se les aumenta algo "a las grandes fortunas". O sea, como también os dije, dos pasos atrás y uno adelante. Traducción: siempre se retrocede.

Syriza está utilizando todos los medios de propaganda, antes llamados de comunicación, para defender su postura. Se publican una y otra vez encuestas en las que la población dice que quiere seguir en el euro. Es la consabida historia de la fabricación de una conciencia. Syriza amenaza con un referéndum sobre ello que ganará. Sólo un par de veces en la historia un gobierno ha perdido un referéndum, empezando por Pinochet. Excepciones hay, lógicamente, pero son eso, excepciones a la norma. El periódico de Syriza, Avgi, es vomitivo. Leerlo es tan asfixiante como leer los medios de propaganda españoles, o venezolanos, o colombianos, o franceses, o... Da igual, verdades, medias verdades y mentiras manifiestas que conduzcan a la población a la inercia, a la sumisión y a la renuncia a cambiar. Ayer Avgi decía que si hubiese ese referéndum sobre el euro el 60% estaría a favor (que haya un 40% en contra es significativo y por qué Syriza claudica, porque la rebelión crece y de seguir así va a llegar el momento que no se pueda parar y entonces Europa ya sí tendrá miedo de verdad), que si hubiese elecciones anticipadas -otra de las historias que está circulando por Grecia- Syriza volvería a ganar con el 47%, etc., etc...

Digan sus medios lo que digan, Syriza ha echado por la borda en cinco meses cualquier posibilidad de un cambio semi-revolucionario. Syriza está dividida, pero nadie se atreve a romper. Muchos andan pidiendo perdón, pero no dejan sus puestos, ni sus escaños, ni sus poltronas. Es el pidoperdonismo zafio e inútil que tanto gusta a los progres. La derecha clásica ya ha ofrecido sus votos a Syriza si hay que votar el acuerdo con la UE porque se da por hecho que una parte de Syriza no lo hará. Veremos cuánta es esa parte.

La derecha clásica ha hecho un llamamiento a la desobediencia civil en el caso de que Syriza opte por retirarse del euro. Sí, habéis leído bien, desobediencia civil. A lo que no se atreven los progres, esos que yo llamo la otra derecha, se atreven los de la derecha clásica. Los progres están bien sentaditos en sus alcaldías, en sus parlamentos; son parte incuestionable del sistema, a lo sumo keynesianos pero desde luego ni revolucionarios ni emancipadores. Simples vendedores de cosméticos y que no sea un insulto para ellos porque son más decentes que los progres.

Como en las Termópilas, Grecia ha capitulado por sus traidores. Sus admiradores en el Estado español y en otras latitudes están comenzando a esconderse, bien parapetados en sus poltronas de ayuntamientos y parlamentos. Nadie está criticando ni a los traidores ni a la UE, que está mandando un mensaje muy fuerte, como ya dije: el euro es inamovible y frente a la austeridad impuesta por el capitalismo no hay alternativa posible dentro del sistema.

La UE, la muy "democrática" UE ha logrado en cinco meses subvertir un proceso democrático en Grecia, con la inestimable ayuda de los traidores. La UE aceptará algunas de las propuestas de Syriza, menores en todo el contexto de la capitulación, para que ésta no sea muy deshonrosa y pueda así Syriza vender algún "triunfo" ante la gente para que no sigan creciendo las expresiones de izquierda en Grecia. Por ejemplo, las candidaturas del Partido Comunista (KKE) en las elecciones estudiantiles universitarias quedaron las segundas en la práctica totalidad de universidades, en algunas muy cerca de los resultados obtenidos por las de Syriza.

Tsipras ha tenido la opción de entrar en la historia como un nuevo Leónidas, pero ha entrado como otro Efialtes. Ha permitido que la UE haya destruido la democracia en el mismo lugar donde nació.

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