20 de octubre de 2017

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Perú: Sobre un cuento antimarxista

EL VIAJE HACIA LA TRAICION

Por: Jorge Rivaldo

27 de julio de 2005

«El viaje hacia el mar”, se llama un cuento escrito por la camarada Myriam, esposa del Gonzalo de las cartas de paz y miembro del Comité Permanente Histórico del Partido Comunista del Perú (PCP). Ese cuento cargado hasta el tope de subjetivismo refleja un poco el espíritu y la forma de actuar de los dirigentes del Comité Central del PCP que desde la prisión capitularon y causaron la derrota de la guerra popular. En realidad el cuento encierra toda la historia de las “cartas de paz” y la traición en las prisiones. En la trama que construye la autora actúan tres elementos principales y la trilología está compuesta por el papá (el presidente Gonzalo), los hijos (la militancia), y el camión (el Partido). La figuración es simple. El mar aparece como el comunismo y en el largo camino para llegar a dicho mar el camión se queda sin su conductor (el papá) y como los hijos eran unos pobres diablos llevaron al abismo al camión.

El problema de este cuento, es que transfigura un proceso social para interpretarlo como si se tratara de un asunto especifico de relaciones entre un padre sabio (el único que podía dirigir el camión) y unos inexpertos y desobedientes hijos que al final aparecen como los responsables de la destrucción del camión (el partido). En esta historia el clan pierde a su guía y todo se va al diablo. Como en las tragedias griegas un hombre hace el universo, y fuera de él todo es tiniebla. La camarada Miryam, a través de su simpleza literaria nos muestra un problema de esencia ideológica política grave y profundo incerto en los más altos rangos del PCP, cuya más alta expresión contrarrevolucionaria fue en 1993, cuando los dirigentes presos, incluyendo al “papá” y la “mamá” (ella), se pasaron a trabajar para la policía secreta que dirigía Vladimiro Montesinos.

EL VIAJE HACIA EL MAR

Esta es la historia de un viaje hacia el mar, una pequeña, pobre pero muy valerosa familia, heredera de una tradición de valientes, emprendió los preparativos para viajar de los Andes hasta el mar; conocerlo y navegar en sus tormentosas aguas para arrancar de él todas sus bondades y entregarlas a su pueblo era su único interés. Desde muy joven se empeño en conseguir un viejo camión abandonado por sus indolentes dueños y aherrumbrado por los años. Pacientemente lo reparó hasta dejarlo como nuevo, fue ayudado por los suyos y cuando sus hijos crecieron les enseño a cuidarlo y conducirlo. Cuando por fin el camión estuvo listo y todos los preparativos conducidos iniciaron el largo viaje.

El camino era escarpado, sinuoso y el frío de la tormenta los acechaba golpeándolos implacablemente, empero lucían felices en su denodada brega. Desplegaron seguros su marcha y avanzaron conducidos por el padre sabio y tenaz, firme y decidido; la gente de su pueblo y la región comentaban de ellos y salían a mirarlos. Más, en la ruta aumentaron las dificultades: unos quedaron en la mitad del camino, algunos enfermaron y otros también murieron, pero siguieron avanzando, sólo faltó tramontar la última cumbre, aquella donde las negras, crueles aves rapaces solían atacar más a los viajeros; negras nubes se aglutinaron en los cielos. La neblina espesó y el denso silencio de la puna, una indeseada presencia los detuvo: la patrulla de caminos, por la negligencia de uno de los hijos, faltaba justamente el documento que el guardia demandaba. El padre fue así conducido a la prisión.

Los hijos desconcertados, aturdidos o callados se fueron manejando el camión. Más tarde el padre después de mucha reflexión pidió al comisario lo dejase hablar con su familia; quería decirles que era preciso guardaran el camión, el escollo final, era el tramo más duro. Tendrían que soportar el ataque de muchos buitres, descifrar lo que el cielo presagiaba y sus hijos aún eran jóvenes.

Continuar así en esas malas condiciones encerraba graves riesgos, se imponía un viraje, un cambio en los planes: la suspensión del viaje. Tras de muchas tentativas el padre logró convencer al oficial pero éste no los dejó verlos sino sólo hablarles por radio, lo hizo hasta dos veces pero no obtuvo respuesta alguna.

Fue que los hijos habiendo oído el llamado, primero lo negaron y se enzarzaron luego en la disputa si terminar o proseguir el viaje de inmediato hasta que al final decidieron prescindir del padre, y usurpando su lugar prosiguieron la marcha, arrancaron para proseguir muy ufanos y altaneros, como a quien cae del cielo la ocasión soñada, más al salir se desviaron del camino, se estrellaron contra las rocas y cayeron al abismo.

Tiempo después... las hijas y los hijos de los hijos del padre, empapados con su luz, condenaron a los otros, reconstituyeron el camión, reemprendieron el camino y llegaron hasta el mar.

Penal Militar Base Naval del Callao, febrero 1995

Camarada Miriam

(Este cuento ha sido publicado en la página Web del Movimiento Popular de Alemania).

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