25 de octubre de 2018

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Luis, el alma crítica que rehusó masacrar el recuerdo

Por Wilson Enríquez

24 de octubre de 2018

Rehacer la historia de la lucha social significa cambiar el rol de los personajes. Los criminales devienen héroes, las victimas se convierten en victimarios, y los guerrilleros se trasforman en terroristas y demenciales enemigos de la democracia y la libertad. Trasformar significa que solo debe quedar, en el recuerdo del pueblo, el temor y la pesadilla de la lucha armada. De esta forma, una rebelión que se sostuvo por dos décadas en plenos combates con militares, policías y paramilitares, que de no haber mediado la capitulación pudo lograr su cometido histórico, se convierte en algo horroroso que hay que masacrar en el recuerdo.
Luis Arce Borja

Por Wilson Enríquez

Luis Arce ha muerto para partir a la eternidad, y con su partida quedanatrás el estigma, los rótulos, los vituperios contra un alma crítica y rebelde a toda prueba. Quizás sea esa —la permanente actitud crítica y rebelde, revestida de una buena dosis de incorrección política— su principal virtud; la que para algunos es motivo de admiración infinita, en tanto que para otros sea el fundamento del más abyecto odio visceral.

Pero ¿qué hizo tan especial,para bien o mal, a este conocido periodista, proveniente del denominado “Norte Chico” peruano, es decir, de las provincias del norte de Lima? Sin duda, fueron su perspicacia, su honestidad, su sentido cáustico al decir lo que creía, sin calcular comodidades, ni arribismos, ni posicionamientos inconsecuentes.

Tirios y troyanos supieron, desde siempre, que Luis Arce Borja nunca fue militante del Partido Comunista del Perú (también conocido como PCP-“Sendero Luminoso”). Y, en particular, lo supieron los agentes de élite en la policía peruana, especializados en realizar seguimientos a dicho partido en la clandestinidad. No obstante, haciendo uso de viejas y consabidas prácticas de lapidación mediática, sus enemigos losindicaron como un “miembro de “la cúpula”, “Embajador desde Europa” y “Canciller de Sendero”; y al periódico que tuvo bajo su dirección, El Nuevo Diario, que luego fue El Diario Internacional, se le estigmatizó con la etiqueta de ser el “vocero oficial de Sendero Luminoso”.

Entonces, habría que preguntarse por qué, a sabiendas de aquella realidad, por momentos Arce Borja fue considerado el “Enemigo Público Nº 1” del Estado peruano; el fantasma que, desde Europa, seguía asolando la maquinaria estatal peruana; tildándose a Luis de todos los epítetos estigmatizadores posibles, en especial,del manidoy simplificadorrótulo de “terrorista”. Ello ocurrió a pesar que las principales balas de Luis fueron sus ideas,sus palabras y publicaciones. Este simple hecho evidencia que el mayor temor de quienes construyen una historia falaz, donde abundan ídolos de barro, es que existan personas valientes y esclarecidas —como Luis— que resistan y cierren el paso permanentemente a victimarios, traidores y capituladores para queestos no masacren el recuerdo.

En el Perú racista y clasista del siglo XXI, adrede se confunden los términos de luchador social, crítico, subversivo, comunista y terrorista; pese a que sus castas gobernantes, sus asesores pensantes y sus guardianes del orden tienen claras las substanciales diferencias entre una y otra palabra, entre uno y otro concepto. Sucede que diferenciarlos no ayudaría a la labor de reescribir la historia al gusto, necesidades y medida del poder. Entonces, es cuando no interesa la posición que los individuos tengan o no en una organización político-clandestina, ni importa que se sepa que tal persona jamás empuñó un arma de fuego ni detonó un artefacto explosivo. El verdadero peligro es quien piensa; y más peligroso es quien dice y escribe lo que piensa, sin cortapisas; aquel que boicotea la consolidación de una ridícula trama de la historia más reciente, que adolece de verdad; aquel que se rehúsa, en fin, a masacrar el recuerdo, como militantemente lo ha hecho Luis hasta el último hálito de su vida.

¡Hasta siempre, compañero!

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