24 de mayo de 2019

INICIO > LATINOAMERICA > Perú

El capitán Carlos, los cálculos electorales de sus aliados.

PERU: LA IZQUIERDA Y EL DISCURSO DE LA IMPUNIDAD.

Por: Luis Arce Borja.

1ro de septiembre de 2006

Raúl Wiener, es miembro de un pequeño grupo político (Comité Malpica) retazo de lo que en su tiempo se llamó Izquierda Unida (IU). No habría por que ocuparse de este personaje sino fuera porque a partir de su caso podemos volver al análisis sobre la decadencia de la izquierda oficial peruana. El acaba de hacer una defensa cerrada de la “honorabilidad” del “capitán Carlos” (Ollanta Humala), uno de los jefes contrainsurgentes de la época brutal del régimen de Fujimori. Sin ningún escrúpulo niega, a pesar de los testigos y sobrevivientes que acusan, la posibilidad del delito y la violación de los derechos humanos en la actividad antisubersiva del militar de Humala, y en razón de ello niega sus crímenes de guerra y resta vigencia a sus victimas secuestradas, torturas y ejecutadas extrajudicialmente. Wiener que es también propietario de una ONG peruana bastante ligada al dinero de las potencias europeas, repite esa complicidad política que en décadas pasadas la izquierda puso en práctica para asociarse a criminales y mafiosos que detentaron el poder central. La conducta de Wiener prueba que la crisis y decadencia de la izquierda peruana sigue en desarrollo y en lugar de tocar fondo sigue en picada. Y en esa caída vertiginosa hacia la inmoralidad, hacia la total descomposición, su conducta política es más grotesca y de mayor complicidad con el crimen, la corrupción, y el aparato político de opresión.

El alegato que hace Wiener en defensa de este ex jefe contrainsurgente del ejercito criminal de Fujimori y montesinos, se resume a un argumento ínfimamente ridículo que ya antes de él los abogados militares y los defensores de las fuerzas armadas han utilizados para proteger a soldados criminales, asesinos y violadores de los derechos humanos. Los argumentos del defensor del “capitán Carlos” solo pueden ser esgrimidos en Perú, donde las leyes y las normas jurídicas se manejan desde los bajos fondos. Según él no se puede “señalar con un dedo a “un ex oficial que había levantado banderas nacionalistas y progresistas, convirtiéndose en esperanza para muchos sectores populares...”. Este argumento es una tomadura de pelo, y bien podría utilizarse como campaña electoral, pero no como un argumento político serio. Humala o el “capitán Carlos” que es lo mismo se dotó de un discurso nacionalista y progresista como recurso electoral, pero no como elemento doctrinario de un programa políticos serio. Su demagógico nacionalismo y su antiimperialismo, resultan contradictorios con los personajes fujimoristas y toledistas que lo acompañaron en su lista electoral, y sobre todo se contradice con su anterior actividad militar al frente de las tropas del ejército torturando y matando precisamente hombres y mujeres que luchaban por la nación y contra el imperialismo.

De otro lado, Perú y América Latina nos muestran cientos y miles de casos de criminales de guerra que mediante una metamorfosis política se convierten en héroes, antiimperialistas, nacionalistas y hasta revolucionarios. Para no ir muy lejos, basta mencionar al mismo general Velasco Alvarado que muchos sin ninguna razón lo presentan como prototipo de militar nacionalista y revolucionario. Velasco y su grupo de oficiales que se sentaron en el poder en octubre de 1968, fueron los mismos que a sangre y fuego exterminaron mediante el crimen y la represión indiscriminada la guerrilla de 1965, entre ellas al MIR que dirigió Luis de la Puente Uceda. Si el ejemplo que acabamos de entregar resulta poco, hay que mencionar lo que pasó con los viejos nazis de la segunda guerra mundial. El mismo Joseph Alois Ratzinger, actual Papa y jefe de la iglesia Católica, es un reciclado de las filas de las criminales fuerzas hitlerianas donde el sirvió como militar. Otro caso es el de Günter Grass, premio novel de literatura y “critico” moralista de la vieja corriente política europea, no es otro que un ex miembro de la temible y criminal Waffen SS hitlerianas, devenido en socialdemócrata después de la derrota nazi.

La conducta política de Wiener que apunta a negar los crímenes del “capitán Carlos no hay que verlo al margen de todas historia de la izquierda oficial del Perú. Hay que recordar que fue esta misma izquierda la que desde 1980 colaboro con los planes contrarrevolucionarios de las fuerzas armadas, y fue esta misma izquierda la que se puso a la cabeza en la organización de grupos paramilitares (rondas campesinas, rondas urbanas, grupos de defensa civil, etc.) que las fuerzas armadas utilizaron en la lucha contra la guerrilla maoísta. Fueron estos mismos izquierdistas los que en 1985 llevaron al poder al aprista y reaccionario Alan García Pérez, y que en 1990 colaboraron con el gobierno mafioso de Alberto Fujimori y Montesinos. Y son estos mismos izquierdistas, que en el 2000 ayudaron a ganar las elecciones a Alejandro Toledo. Y ha sido esta misma izquierda legal la que aplaudió las conclusiones de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, cuyas directrices han apuntado a santificar y justificar las acciones criminales de las fuerzas armadas en la guerra interna que vivió el país y que costó cerca de 80 mil victimas.

La atracción de Wiener por el “capitán Carlos”, se ubica dentro de la lógica maldita con la que se conduce desde hace más de dos décadas la izquierda oficial respecto a los militares. La deuda con los militares no proviene solamente de los grupos de poder y sus partidos políticos. La izquierda oficial, que recibe las migajas que le dan los regimenes de turno y que le permite medrar miserablemente en las diferentes instancias del Estado (parlamento, municipios, ministerios, etc.), también es deudora del “sacrificio” militar para salvar la democracia y el sistema vigente. En 1985, al inicio del primer gobierno aprista y a raíz de una matanza de 39 adultos y 23 niños, fue interrogado el subteniente Telmo Hurtado (responsable de la matanza de Accomarca) por una comisión parlamentaria integrada también por representante de la izquierda legal. Hurtado, sin ningún remordimiento por sus actos brutales les enrostró en plena cara a los comisionados que él tenia que matar para que ellos (los parlamentarios) continúen cómodamente sentados en sus mullidos sillones del hemiciclo. Ahora también la izquierda oficial, así como las clases políticas dirigentes, tienen muchas deudas con el “capitán Carlos”, y si él secuestro, torturó y asesinó a los “enemigos de la patria”, lo hizo para que los izquierdistas como Wiener sigan cómodamente instalados en sus oficinas de la ONG o en los confortables ambientes del parlamento, municipios y otras instancias de la sociedad civil y del Estado.

Además, las veleidades defensoras de Wiene no hay que verla tampoco aislada de la debacle de la izquierda legal, que despreciada por el pueblo se ha reducido a una insignificante categoría política en el país. En razón de ello, los “izquierdistas”, buscan militares o civiles que les posibilite salir de su desastroso ostracismo político. Y aquí hay que mencionar que la historia y trayectoria política de la izquierda oficial del Perú, se resume a un conjunto de acciones y genuflexiones políticas que han servido particularmente para sostener el sistema de explotación y los grupos de poder. Desde el parlamento, el municipio, en los procesos electorales, desde los partidos políticos, mismo desde los sindicatos, e incluso de diferentes organizaciones no gubernamentales (ONG), la izquierda se ha movido escandalosamente como cómplice de los hechos mas injustos y de los perores regimenes civiles y militares. La conducta de esta izquierda hizo prevalecer lo que se podría llamar el rastrerismo político, que entre otras cosas fue la base “ideológica” para que esta izquierda apareciera sosteniendo los últimos regimenes reaccionarios del Perú.

Con esta izquierda, tanto en el terreno teórico como en le practico, se produce un nuevo tipo de cultura política, que tiene las mismas características políticas decadentes y lumpenescas a aquellas que rodean a los partidos de los grupos de poder. A nivel de la teoría no han producido absolutamente nada, y sus líderes se confunden con la mediocridad de los jefes políticos de la derecha peruana. En la naturaleza política de esta izquierda la forma y el contenido se recrean hasta alcanzar una etapa caricaturesca y amorfa. La fórmula del imperativo categórico en la moral política se transfigura en un discurso mercenarizado que sirve inmediatamente para acomodarse a la situación y contentar a los grupos de poder. Y si alguien rastrea minimamente los últimos 20 años la trayectoria de esta izquierda, no va encontrar nada de calidad ni en el discurso ni en las acciones. Si se toma de ejemplo a sus principales figuras, se evidencia la pobreza intelectual y la miseria moral como elementos de una misma estructura partidaria. Desde Barrantes Lingan, auto considerado “mariateguista y marxista-leninista”, y uno de los fundadores de la izquierda legal peruana, toda la herencia política se reduce a un cúmulo de actividades antilaborales cuando le toco ser alcalde de Lima y a sellar una alianza reaccionaria con el partido aprista y Alan García Pérez en el poder. Mas allá de la negra trayectoria de esta izquierda, todo es incoherencia, chatarra política y miseria moral como la que muestra el izquierdista y defensor del “capitán Carlos” y actualizado “nacionalista y antiimperialista”.