15 de julio de 2017

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EN BOLIVIA NADIE LA HACE CASO A LA CONSTITUYENTE.

1ro de julio de 2006

Por: Econoticiasbolivia.

A menos de cinco días para la elección de la Asamblea Constituyente y del Referéndum Autonómico, la apatía y el desinterés de la ciudadanía compiten con mucha ventaja sobre la guerra sucia y los insultos que se lanzan los partidos políticos. Las causas de fondo están en la propia convocatoria a la Constituyente, que impide que las organizaciones sociales, populares e indígenas puedan elegir directamente a sus representantes
La Paz, junio 27, 2006.- Tanto el gobernante Movimiento al Socialismo (MAS) del presidente Evo Morales como la agrupación ultraderechista de Podemos, que son los principales contendientes en este evento que se realizará el 2 de julio, reconocieron que existe muy poco interés por parte de los ciudadanos, que ven a la Constituyente como otro espacio de lucha de los políticos tradicionales, y en los que las organizaciones sociales, vecinales y populares tienen escasa o nula participación.

En este escenario, donde pocos creen que pueda surgir una "nueva Bolivia" o una "sociedad más justa y equitativa", el vicepresidente de la República, Álvaro García Linera, y el jefe de Podemos, Jorge Quiroga, se enfrentaron en una guerra verbal.

El primero afirmó que la campaña electoral de Podemos demostraba la pobreza intelectual y el raquitismo de ideas de sus dirigentes. El segundo cuestionaba la soberbia gubernamental y la presunta sumisión ante el presidente Hugo Chávez y su "injerencia" en los asuntos internos del país.

La ultraderecha y los sectores conservadores de Bolivia creen que podrán reeditar la campaña negra contra Chávez y Ollanta Humala que desató con éxito Alan García en el Perú. En cambio, desde el gobierno se pugna por convertir la votación del domingo en una suerte de plebiscito sobre la gestión gubernamental y la figura del primer presidente indígena del país más empobrecido de Sudamérica.

TEMEN UNA ALTA ABSTENCIÓN

La guerra verbal es intensa y sube de tono cada día, pero no hace mella en el ánimo de la población, más cautivada por los lances futboleros del Mundial que por la danza de ofertas y promesas de todo tamaño y color de los devaluados candidatos a la Constituyente, la mayor parte de ellos con escasas luces y muy poco prestigio entre la población.

En Bolivia, muy pocos le tiran pelota a la Constituyente y no pocos temen que exista una fuerte abstención a la hora de votar este domingo. No hay entusiasmo popular ni mucha esperanza por la prometida "refundación del país" después de 500 años de colonialismo extranjero.

UNA ASAMBLEA AL MARGEN DEL PUEBLO

Las causas de fondo de esta extendida apatía y desinterés están en la propia convocatoria a la Constituyente, que impide que las organizaciones sociales, populares e indígenas puedan elegir directamente a sus representantes. La convocatoria no reconoció el derecho colectivo a la representación, no hay participación directa para los de abajo y todos los candidatos son postulados por los partidos políticos y agrupaciones ciudadanas que carecen de legitimidad y representatividad.

Otra de las causas del escaso apoyo popular a la Constituyente radica en la decisión del gobierno de Evo Morales de vincular este proceso al de las autonomías, como producto del pacto entre el gobierno y la oligarquía latifundista y pro petrolera del oriente del país, lo que cercena y limita el pretendido poder soberano y fundacional de la Asamblea Constituyente. En los hechos, la Constituyente está ligada al referéndum autonómico, reclamado e impuesto por los sectores más reaccionarios del país.

Según el acuerdo previo entre el gobierno y la oligarquía petrolatifundista del oriente, y refrendada por la Ley de convocatoria de la Asamblea, todas las decisiones de la Constituyente deben contar con el respaldo y voto de dos terceras partes de los constituyentes, lo que deviene en un verdadero candado para evitar cambios radicales en la estructura del poder económico y político del país.

Así, todo indica que se mantendrán en pie los ejes fundamentales de la actual Constitución que propugna la vigencia plena del capitalismo, de la propiedad privada de los medios de producción y de explotación transnacional de los recursos naturales.

No es casual, por ello, como destacó en su momento el vicepresidente García Linera, que la pretendida trascendencia histórica de la nueva Constituyente provenga más de la participación de los indígenas y campesinos en la elaboración de la nueva Constitución Política del Estado, que de los cambios en su contenido que no superaría el 20 por ciento del texto constitucional.

VICTORIA PARA EL MAS

Otra gran limitación que surge de la futura Asamblea es el programa limitadamente reformista que enarbola el MAS y sus principales aliados, que figuran en todos los pronósticos electorales como los vencedores claros de la elección, aunque sin llegar al 70 u 80 por ciento, tal como adelanta el propio presidente Morales.

El gobernante busca ganar 170 de las 255 bancas constituyentes en juego. "Tenemos que ganar por lo menos con 70 o 80 por ciento. Tenemos apoyo nacional realmente muy importante", dijo en una de sus últimas presentaciones públicas.

Morales, que ganó las elecciones de diciembre con 54% de los sufragios, pidió apoyo para "cambiar el país en la Constituyente", que hasta agosto de 2007 debe redactar una nueva Carta Magna. En la Asamblea Constituyente "nacionalizaremos todos los recursos (...) tenemos las responsabilidad de recuperar el territorio para los bolivianos", dijo al enarbolar demagógicamente esta consigna que es muy popular entre la gente y permite ganar muchos votos, aunque en rigor lo que plantea es fortalecer la alianza entre Bolivia y las transnacionales para explotar los recursos naturales del país, con una mayor participación del Estado.

Según los registros de la Corte Nacional Electoral están habilitados para votar de forma obligatoria cerca de 3,5 millones de bolivianos, aunque se prevé que sólo un poco más de dos millones asistirá a las urnas para elegir a 255 representantes a la Asamblea Constituyente. La victoria del MAS y de Morales es absolutamente segura y la única duda es la diferencia que pueda alcanzar con relación a los partidos de derecha.

REFERÉNDUM AUTONÓMICO

Lo que sí es muy incierto es el resultado de la votación sobre las autonomías departamentales, dados los vaivenes de Morales y su partido. Inicialmente, el presidente y el MAS habían anunciado su apoyo a la autonomía reclamada por la oligarquía oriental, con la que selló un acuerdo preliminar en Santa Cruz.

Posteriormente, Morales anunció que personalmente votaría por rechazar las autonomías, dando "un NO a las autonomías de la burguesía" y el MAS anunció que lucharía para derrotar con el voto la demanda que este mismo partido se encargó de viabilizar.

"Quienes propugnan el Sí quieren parcelar y dividir en nueve partes al Ejército y a las fuerzas del orden. El gobierno no permitirá el descuartizamiento de la Policía Nacional ni de las Fuerzas Armadas", dijo Morales al advertir que las autonomías sólo servían para proteger los intereses de los latifundistas y transnacionales petroleras.

Sin embargo, el vicepresidente García Linera declaró su neutralidad con relación a este tema, cuyos alcances y características serán definidas por la Asamblea Constituyente que establecerá las atribuciones de los gobiernos regionales autónomos.

En este escenario, todo indica que esta Asamblea será el escenario de un nuevo acuerdo, más profundo y de más largo aliento, entre el gobierno del presidente Morales y la oligarquía petrolatifundista del oriente.

Mientras tanto, en las calles, los ciudadanos de a pie muestran su indiferencia casi total. Este martes, una cadena local de televisión consultaba ¿qué sabe usted de la Constituyente? Y la respuesta del pueblo soberano no podía ser más contundente: "Nada", "nada", "casi no conozco", "nada puedo decir", "van a elegir constituyentes por circunscripciones y por partidos", "no puedo decir nada", "no sé nada", "se va a redactar la nueva Constitución Política del Estado", "nada", "nada", "se va a modificar la Constitución", "no sé nada".

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