24 de agosto de 2019

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Irak

LAS ELECCIONES SON UNA FASE NUEVA EN LA OCUPACIÓN YANQUI

Por: Carlos Varea (*).

27 de julio de 2005

La Junta Electoral iraquí presentaba finalmente el sábado 13 de febrero los resultados de los comicios celebrados en Iraq el pasado 30 de enero. Los resultados se ajustan a lo previsto, esencialmente un reparto de los 275 escaños de la nueva Asamblea Nacional entre las formaciones asociadas a los ocupantes y que han formado parte de las instancias previas instauradas por EEUU y Reino Unido tras la invasión de Iraq, primero del Consejo Gubernativo y, a partir de junio de 2004, del denominado Gobierno Interino, presidido por Iyad Alawi [1].

El número oficial de participantes en los comicios ha sido fijado finalmente en 8.456.266 votantes, sobre un total de inscritos de 14,7 millones, es decir el 59%. De los 20 millones de potenciales votantes se habían inscrito para poder hacerlo 14 millones, según fuentes oficiales, es decir el 70%. Calcúlese el porcentaje final total de participación: en torno al 42%.

Lo más relevante es que la coalición, si no exclusivamente shi’í (incluye formaciones de otras comunidades y confesiones), sí articulada en torno a la figura del gran ayatollah as-Sistani y las dos principales formaciones confesionales shiíes (el Congreso Supremo de la Revolución Islámica en Iraq, CSRII y ad-Dawa), la Alianza Unida Iraquí (AUI), ha obtenido, según declaraciones propias, menos votos de los esperados: 1,9 millones. La AUI ha logrado así el 47,6% de los casi 8,5 millones de votos emitidos, el 60% de ellos en Bagdad (donde votó el 51% de los inscritos) y el resto en las nueve provincias del sur del país, donde el promedio de participación fue del 72% [2].

Hay discrepancias en la asignación del número de escaños, pero la AUI contará según el reparto de la Junta Electoral con 132, es decir carecerá de mayoría absoluta en la Cámara (fijada en dos tercios) pero será la fuerza principal. Efecto colateral inevitable de la estrategia de desmantelamiento confesional y sectario del Estado iraquí seguida por la Administración Bush, este hecho solo atenuará parcialmente la poderosa irrupción de Irán en el escenario interno iraquí, dada la estrecha relación con este país que mantienen tanto la propia jerarquía shi’í iraquí (as-Sistani es iraní), como las dos formaciones principales de la lista vencedora, el CSRII y ad-Dawa (que incluso combatieron al lado de Teherán durante la guerra irano-iraquí).

La siguiente lista más votada ha sido la de la coalición -de los otrora enemigos- Unión Patriótica del Kurdistán (UPK, de Talaban) y el Partido Democrático del Kurdistán (PDK, liderado por Barzani), la denominada Alianza Kurda, con el 25,4% de los votos y que tiene asignados 71 escaños. La tercera es la del actual primer ministro Alawi, la Lista Iraquí, con el 13,6% de los votos y 38 escaños. La cuarta más votada es la encabeza por el actual presidente interino del país, Ghazi al-Yawar, sunní, que contará con cinco escaños. Al-Yawar probablemente ha recogido el limitado voto de las provincias centrales del país, con un porcentaje mínimo de participación en la de al-Anbar (con capital en ar-Ramadi y donde se localiza Faluya), el 2%, y máximo en la de Salah al-Din, con el 29%. Las provincias caracterizadas como de “mayoría sunní” por los medios de comunicación suman siete millones de iraquíes, un cuarto de la población total del país.

Otras siete candidaturas se reparten el resto de escaños de la Asamblea, entre ellas la del Partido Comunista (Unión del Pueblo, con dos) y una lista de seguidores del clérigo Moqtadar as-Sadr (lista Nacional Independiente, con otros dos), quien se desvinculó de la lista promovida por as-Sistani, pero que, respetando el liderazgo religioso de la jerarquía shi’í (al-Marja’iyyah, integrada por cuatro ayatollahs), no llamó al boicot activo de los comicios [3]. Esta lista de seguidores de as-Sadr ha recibido su apoyo mayoritariamente en la provincia de Maysan, donde el porcentaje de participación ha sido el máximo estatal, como en el Kurdistán, del 85% [4]. Tras las elecciones, as-Sadr ha pedido un calendario para la retirada de las tropas de ocupación [5] y probablemente espera canalizar de nuevo a su favor la oposición mayoritaria a la presencia de los ocupantes entre el electorado shí’í a medida que se evidencia que la Asamblea y el nuevo gobierno, como ya se ha adelantado, no pedirá a EEUU y demás países ocupantes el fin de su presencia en el país [6].

Una situación de interinidad

Estos resultados electorales, se les otorgue la fiabilidad que se quiera (las denuncias de irregularidades han sido muchas, particularmente en la disputada ciudad de Kirkuk [7], que la coalición UPK-PDK reivindicará como capital de un ampliado Kurdistán iraquí), prefiguran un panorama político en Iraq para el próximo año complejo, que habrá de resolverse con un reparto equilibrado de cargos entre las tres listas más votadas, en una atmósfera que no pierde su carácter de interinidad.

Así, el nuevo parlamento habrá de estar constituido para el primero de marzo y habrá de abordar la formación de un nuevo gobierno y la redacción de una nueva Constitución basada en la denominada Ley Administrativa Transitoria, un texto provisional aprobado hace ahora un año que, según el calendario establecido por la Autoridad Provisional de la Coalición antes de su disolución en junio de 2004, habrá de someterse a referéndum el 15 de octubre. Tras ello, se convocarán nuevamente elecciones generales el 15 de diciembre para elegir otra nueva Asamblea y un nuevo gobierno, ya por cinco años.

La Administración Bush sin duda participará activamente en lograr un acuerdo entre los triunfadores en lo que respecta a la designación de los cargos de primer ministro y presidente del país. Alawi ha procurado en estos días -con visita a Irbil incluida- que los partidos kurdos le apoyen en su intento de mantenerse como primer ministro, haciendo valer para ello su carácter de puente -“shi’í laico” [sic]- entre las dos listas más votadas. La alianza UPK-PDK postula a Jalal Talabani, líder de la UPK, como presidente del país. Por su parte la coalición ganadora ha insistido en que quiere para sí el cargo de primer ministro, designando para éste a Ibrahim al-Jaafari, máximo dirigente de ad-Dawa y actual vicepresidente del país [8]. Presentado como un moderado por medios occidentales, al-Jaafari, exilado en Irán desde los años 80, pertenecía a la denominada “rama londinense” de ad-Dawa, más proclive que la parte de dirección del partido asentada en Teherán a asociarse a los planes de EEUU y Reino Unido de invasión de Iraq.

Fuentes kurdas avanzaban un acuerdo preliminar por el cual la Alianza Kurda finalmente apoyaría a un primer ministro de la lista shi’í y no a Alawi, a cambio de que la presidencia del país se otorgue a Talabani [9], un hombre con muy buenas relaciones con Irán, Turquía e Israel.

Las líneas de mayor tensión entre la Alianza Kurda y la Alianza Unida Iraquí de as-Sistani es la reivindicación federalista de la primera y la imposición de la ley islámica como exclusiva fuente de legislación en la nueva constitución de la segunda, ya expresada abiertamente tras los comicios [10]. La posibilidad de acuerdo, aquél derivado de la presión estadounidense y del sometimiento a la lógica de los ocupantes de unos y de otros en esta nueva etapa de dominación, que cabe imaginar como caracterizada por una división territorial de facto de Iraq, mientras se ajustan para 2006 los acuerdos sobre la presencia militar indefinida de EEUU y Reino Unido y la privatización de los hidrocarburos. En suma, la gestión y reparto en clave neocolonial del crudo iraquí.

Por su parte, las formaciones que llamaron al boicot de las pasadas elecciones en Iraq, agrupadas en el Congreso Fundacional Nacional Iraquí, han emitido un comunicado el 14 de febrero al término de un nueva reunión mantenida en Bagdad. Entre las formaciones y personalidades reunidas se encontraba un representante de Moqtadar as-Sadr, junto a la Asociación de Ulemas Musulmanes y formaciones laicas y nacionalistas (incluido el Partido Baaz). El comunicado, avanzado por Al-Jazeera , exige de la comunidad internacional “[...] un calendario internacionalmente garantizado para la retirada de las tropas extranjeras” y fija las dos condiciones de su participación en un “[...] proceso de reconciliación nacional y redacción de la [nueva] Constitución”: que se ponga fin a la designación de cargos según “[...] criterios religiosos, raciales o étnicos” y “[...] el reconocimiento del derecho del pueblo a resistir” la ocupación. El comunicado declara como “ilegítimo” el gobierno iraquí que surge de unas elecciones que son caracterizadas como “fraudulentas” y con limitado grado de participación popular.

Continuidad de la presencia extranjera

Debido a este carácter de interinidad de las nuevas instancias iraquíes surgidas del 30 de enero, no se espera que EEUU discuta con el gobierno iraquí que ha de ser ahora constituido el denominado Status of Forces Agreement (“Acuerdo sobre el estatuto de las fuerzas [extranjeras en Iraq]”) [11], es decir, un calendario de retirada parcial y escalonada de las tropas de ocupación y la formalización de su presencia definitiva en el país por medio del establecimiento de hasta 14 bases militares estadounidenses y británicas, asociadas -se afirma- a puntos neurálgicos de extracción, producción y exportación de crudo y gas iraquíes [12]. En cualquier caso, todas las declaraciones más recientes de miembros de la Administración Bush y del propio presidente coinciden en el mantenimiento de la presencia de las tropas estadounidenses más allá, cuando menos, de este año 2005, máximo cuando se confirma lo poco que avanza el proceso de formación y adiestramiento de los nuevos cuerpos de seguridad iraquíes, hasta el punto que el Pentágono ha renunciado a dar cifras concretas sobre esta materia [13].

Mandos militares estadounidenses han reconocido que el nivel de violencia el día de las elecciones fue muy superior al inicialmente admitido, entre 200 y 300 ataques, cuando el vicesecretario de Defensa Wolfowitz limitó el número de acciones a ocho ataques suicidas [14]. El segundo mando del Comando Central de EEUU, el general Lance Smith, ha señalado que la actividad insurgente se mantiene tras la elecciones en niveles similares a las semanas anteriores. En diciembre murieron en combate 55 militares de EEUU (58 en diciembre) con una distribución territorial amplia, a los que hay que sumar otros 52 fallecidos en “incidentes no hostiles” [15]. Desde el 1 de mayo de 2003 han muerto en combate 1.019 militares de EEUU. En el transcurso de los primeros quince días de este mes han muerto en combate al menos 15 militares estadounidenses.

Además han muerto por la actividad insurgente 10 británicos, un italiano (en Nasiriyah el día 19 de enero) y ocho ucranianos y un kazaco (todos ellos en la provincia de Wasit). Los militares británicos murieron el mismo día de las elecciones por el derribo de un avión de transporte C-130 a 30 kilómetros al noroeste de la capital, una práctica que empieza a preocupar a las autoridades de ocupación por su carácter creciente y porque los insurgentes estarían utilizando misiles relativamente sofisticados tierra-aire SAM y MANPADS (Man Portable Air Defense Systems), provenientes de arsenales clandestinos del ejército iraquí [16].

Tras la elecciones, mandos estadounidenses indicaban a la cadena CNN que el Pentágono ha elevado hasta entre 13.000 y 17.000 la cifra oficial de insurgentes (antes limitada a 5.000), en su mayoría, según los oficiales, militantes o cuadros militares baasistas; menos de un millar serían seguidores de az-Zarqawi.

Escándalos petrolíferos

Nada parece indicar que el nuevo gobierno iraquí se salga del guión establecido por EEUU y Reino Unido. Sobre el terreno seguirán los más de 40.000 asesores civiles y militares estadounidenses que, impuestos por Paul Bremer y designados para cinco años, supervisarán igualmente cada una de las decisiones -si es que cabe calificarlas como tales- de las nuevas instancias iraquíes [17].

Al igual que en la faceta securitaria, no cabe imaginar que el nuevo gobierno iraquí altere la intervención de EEUU en la gestión de la renta petrolífera. El actual ministro de Finanzas -antes mencionado como candidato del CSRII a primer ministro-, Adil Abd al-Mahdi, se manifestaba partidario el pasado mes de diciembre, durante una visita a Washington, de la aprobación por el nuevo gobierno iraquí de una ley de privatización del sector petrolífero que permitiera a las compañías extranjeras invertir -y ser por tanto propietarias- en cualquier tramo de la explotación energética del país. Contratos en esa línea ya estarían siendo aprobados de manera encubierta en estos meses durante su gestión al frente del ministerio, incluidos aquellos por valor de 450 millones de dólares para la explotación de los yacimientos de Suba-Luhais y Hamrin [18].

Lo cierto es que las alharacas y fuegos de artificios lanzados con motivo de las elecciones del 30 de enero han permitido tapar el escándalo del informe presentado ese mismo día por Stuart Bowen, Inspector General de EEUU para la Reconstrucción de Iraq, relativo a 8,8 mil millones de dólares obtenidos por la venta de crudo durante los 14 meses de mandato de la Autoridad Provisional de la Coalición (APC) y cuyo destino se desconoce, además de un cifra indetermina de hasta 800 millones de dólares (de ellos, al menos 500 millones también procedentes de la venta de crudo iraquí, el resto de fondos del Pentágono) otorgados a mandos militares estadounidenses para actividades de emergencia sobre el terreno y sin necesidad de ser justificados [19].

(18-02-2005).

(*). Carlos Varea es coordinador de la Campaña Estatal contra la Ocupación y por la Soberanía de Iraq, CEOSI (www.nodo50.org/iraq)

Notas:

1. Véase el texto de Carlos Varea en Rebelión del 4 de febrero de 2005, “Tras las elecciones en Ira: No perder el hilo”: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=10986.

2. Según datos oficiales iraquíes.

3. AFP, 4 de febrero de 2005.

4. Finantial Times (edición electrónica), 10 de febrero de 2005. En esta provincia los seguidores de as-Sadr habrían llegado a un acuerdo de control de la seguridad con los militares británicos.

5. AFP, 4 de febrero de 2005.

6. El mismo martes día 1 de febrero, el actual presidente interino de Iraq, Ghazi al-Yawer, dejaba bien claro que “[...] carece absolutamente de sentido” una petición por parte de las nuevas instancias iraquíes de una salida de las fuerzas de ocupación “[...] en este caos y con este vacío [actual] de poder” (Associated Press, 1 de febrero de 2005). Al-Yawer indicó que “[h]acia finales de este año podríamos ver una reducción del número de fuerzas extranjeras”. De igual tenor se han manifestado otros responsables iraquíes, entre ellos, el ministro interino de Defensa, Hazem Shaalan. Más significativa sin duda es la posición mostrada poco después por quienes supuestamente son los ganadores de los comicios: Mohammad Juzai, uno de sus portavoces de la jerarquía shí’i, ha confirmado que ésta no solicitará la salida de las tropas de ocupación por el momento, según informa The Washington Post el 3 de febrero.

7. IslamOnline.net y agencias, 12 de febrero de 2005. Las denuncias parten de organizaciones árabes y turcomanas que afirman que estas comunidades no han podido votar.

8. Al-Jazeera, 16 de febrero de 2005. Al-Jaafari ha desplazado al candidato del CSRII, el actual ministro de Finanzas, Adil Abd al-Mahdi.

9. Reuters, 13 de febrero de 2005.

10. The Jordan Times, 9 de febrero de 2005.

11. Escobar, J. “The Roving Eye. The Shi’ites’ Fautian Pact”, Asian Times ( www.atimes.com ), febrero de 2005.

12. Al-Moktar, S. “Oil in the election”, Al-Ahram Weekly Online, febrero de 2005.

13. The Independent, 13 de febrero de 2005.

14. UPI, 9 de febrero de 2005.

15. Datos oficiales recogidos en Iraq Coalition Casualties Count.

16. India Daily, 9 de febrero de 2005.

17. Phyllis Bennis, UFPJ Talking Points 29: “Reading the elections”, 1 de febrero de 2005.

18. The News Standar, 8 de febrero de 2005.

19. The Guardian, 8 de febrero de 2005. Otros 1,4 mil millones de dólares fueron transferidos también por la APC de Bremer al gobierno autónomo del Kurdistán in que se conozca su destino final.