23 de abril de 2017

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Carlos Enrique Peralta Luna, sacerdote y violador de niños

Proceso.ComMx

21 de enero de 2014

Carlos Enrique Peralta Luna, es peruano y cura al mismo tiempo. Este se pasea por diversos países y donde cae deja niños violados y mancillados. Se paseó por EU, México, Guatemala y Chile sin que las autoridades eclesiásticas procedieran estrictamente en su contra.

Originario de Ayacucho, en el centro de Perú, Peralta arrastraba señalamientos desde que estudiaba el sacerdocio en Chile, Perú y Guatemala, pues sus superiores presentaron quejas muy generales sobre su conducta.

El presbítero finalmente se graduó de licenciado en Teología en la privada Universidad Francisco Marroquín de Guatemala con la tesis Dimensión socio-política de la misión de la iglesia y el sacerdote, de 121 páginas, en mayo de 1990.

En 1991, cuando fungía como administrador de una escuela en Perú, fue descubierto a medianoche con un niño en su dormitorio. Por ello, un colega suyo lo reportó con el reverendo Juan Vera, responsable de los Salesianos en la nación incaica.

En 1995, varios estudiantes lo denunciaron ante los dirigentes de la orden por abuso sexual. Un comité disciplinario religioso concluyó que “cosas indescriptibles han ocurrido” y ordenan que Peralta permanezca lejos de los infantes.

El fallo subrayó que el sacerdote “es una persona inmoral, sin dignidad personal, quien esconde detrás de su apariencia personal una actitud indescriptible”.

En 1997, los salesianos lo enviaron al centro de tratamiento para clérigos “Domus Marie” (Casa de María) en Tortuguitas, provincia de Buenos Aires (Argentina), fundada en 1990 y por la cual han pasado más de 70 curas de toda Latinoamérica.

En marzo de 1998, Peralta fue transferido a la nueva Parroquia de San Juan Bosco en Chicago, gracias a un permiso de trabajo arquidiocesano firmado por Vera y en el cual declaró que el sacerdote gozaba de buena reputación y no tenía problemas de trabajar con menores. Pero el religioso habría falsificado ese documento.

En mayo de 1999, el clérigo fue acusado en Chicago de abuso sexual de cuatro niños y fue enviado a un centro de tratamiento en Virginia y luego a una residencia para salesianos en Nueva Jersey. Los salesianos estadunidenses aseguraron desconocer sus antecedentes y lo suspendieron de cualquier contacto no supervisado con infantes.

Peralta abusó de los cuatro menores entre octubre de 1998 y mayo de 1999 cuando durmió en las residencias de las víctimas.

Esas revelaciones quedaron plasmadas en el expediente 02-2692-ci-19, en el cual el estadunidense Rick Gómez se querelló el 3 de abril de 2002 en la Corte del Sexto Distrito en Pinellas County (Florida) contra el Vaticano, la Diócesis de San Petersburgo (Florida), la orden salesiana y el sacerdote William Burke.

En el pliego, de 21 páginas y consultado por Proceso, Gómez les atribuyó delitos de ataque sexual, negligencia y conspiración para infligir intencionalmente angustia emocional.

Hacia 1987, Gómez, de 14 años y quien asistía a la Mary Help of Christians School, sufrió abuso sexual de Burke unas 30 veces en el dormitorio, las aulas, la iglesia y otras áreas en Tampa (Florida).

En cuanto a Peralta, la querella relata que “fue trasladado a lo largo de las fronteras nacionales y situado con el obispo católico de Chicago a causa de numerosos actos de abuso sexual contra menores mientras servía fuera de Estados Unidos” y denuncia: “Su historia de abuso sexual fue documentada y mantenida en archivos secretos por los acusados”.

Al saber de los alegatos y la investigación, los acusados trasladaron secretamente al clérigo pedófilo de la jurisdicción en Illinois a Nueva Jersey para “obstruir la justicia, evitar la persecución criminal y el escándalo público, y con el propósito de esconder la actividad criminal de sus clérigos”.

Los Salesianos lo trasladaron entonces a la Ciudad de México y “fuera de la jurisdicción de autoridades estadunidenses con el propósito de esconder una conducta sexual criminal, obstrucción de la justicia y evitar escándalo público y pérdida financiera”.

Pero en noviembre de 2002 el abogado Jeffrey Anderson, célebre por sus refriegas legales contra las entidades religiosas estadunidenses por proteger a curas pedófilos, retiró la demanda antes de que el juez John Lendermann la desestimara, porque el acusador dejó pasar más tiempo de los cuatro años estipulados por la ley para presentar la querella.

Peralta prosiguió su camino impune y en 2001 arribó a la orden salesiana en la Ciudad de México. El periódico The Dallas Morning News lo descubrió en la sede de los salesianos en la Colonia Anáhuac. La oficina de los Salesianos mexicanos indicó a Proceso que las personas responsables del tema estaban de viaje y estarían disponibles en dos semanas.

En los últimos años, al menos 14 diócesis estadunidenses han desclasificado documentos sobre religiosos acusados de abuso sexual, forzadas por el litigio de los casos en las cortes. En enero de 2013 lo hizo la Arquidiócesis de Los Ángeles y en julio la de Milwaukee (Wisconsin).

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