10 de noviembre de 2019

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NAVIDAD CON SATANÁS

Por: Alexandro Saco.

28 de diciembre de 2008

Si entendemos la navidad como el tiempo en el que el mensaje de Cristo se extiende por el mundo que la celebra, entonces el que viene ganando la partida es ese señor llamado Satanás. Veamos. Cristo es austeridad, control, calma, compartir el pescado, largar a los malos comerciantes del templo, buscar la paz no en los objetos; pero la navidad tal cual es hoy es todo lo contrario. Nada de austeridad, descontrol en toda la ciudad, alteración de los temperamentos, compartir no jurel sino comida mientras más cara mejor, veneración implícita a los locales comerciales, calmar la ansiedad con los objetos. Desde esa perspectiva, el mensaje de Satanás se ha instalado en la navidad.

Como en todo no es bueno generalizar; no es totalidad de la gente la que ha perdido el sentido final de la navidad, pero sí la mayoría. En medio de esta orgía del consumo algunos logran rescatar algo del mensaje cristiano, pero la magnitud de los símbolos que se han impuesto sin que la iglesia haya hecho mucho, avasalla por lo menos en las grandes ciudades, el mensaje de Cristo. Por eso, no se puede sostener que la navidad tal como existe es un espacio de reflexión o algo por el estilo. Es un momento de desesperación, de tensión, en el que el dinero es el elemento que te puede hacer un mejor o peor miembro del entorno. No es raro que sean estas épocas las que más muertos violentos, accidentes o suicidios producen.

Siendo así, los cristianos deberían ocuparse de quitarle a Satanás la navidad que lo hace feliz como una lombriz. Cambiar la mesa llena de alcohol por la sencillez, abolir los regalos por las palabras, desterrar las luces eléctricas y buscar luz en sus almas, cambiar el crédito esclavizante de fin de año por el ahorro; y de paso dejar a los pobres pavos en la paz que Cristo hubiese querido para esos amigos plumíferos. Pero la orgía es constante, y atente a las consecuencias si la desconoces. Obvio, nadie quiere aceptar la distorsión de la que es parte, y prefiere justificarse vaya a saber con qué mecanismo interior.

Lo cierto es que los no católicos y los que no albergamos el sentimiento religioso, estamos un poquito cansados de soportar toda esta época que cada año se levanta debilita las pocas relaciones que se mantienen. Presiones por el lugar en que se recibirá la llamada noche buena, por los regalos, por la ropa, por la comida, por mil razones. Hay que liberarse de esa esclavitud, de eso en que se ha convertido a la navidad con silencio de los que debían defenderla. Si el catolicismo tiene futuro, lo tendrá si supera esta fase oscura de la celebración mayor de su origen.

No se ve el camino para aspirar a un mundo mejor, que es a lo que se supone aspiran las religiones, si la propia religión es cómplice de la masificación del consumo y del enriquecimiento de algunos a expensas de otros, mientras los pobres nuevamente deben recibir muñecos y chocolatadas de caridad. ¿No hay algo poco bueno en todo este círculo vicioso que cada año nos envuelve nuevamente? La iglesia católica, llevada de las narices por la supuesta popularidad incrementada de Cristo, calla lo que debería aborrecer, es parte de la fiesta del exceso y del consumo; sus sermones no bastan para defender lo que su fundador trato de construir.

Si ese señor tan simpático que debió haber sido Cristo (si es que realmente existió) podría estar hoy en alguna de las importantes ciudades católicas, haría lo mismo que hizo con los malos comerciantes que tomaron el templo; claro que los que hoy comercian no lo hacen en un templo, pero más triste es que hemos convertido con nuestra peregrinación en templos a los centros comerciales.

Un día en el que abrazas y besas a las doce de la noche a quien no vez en un año o no te interesa su vida y a pesar de ello le llevas un regalo, es un día que no sirve para mucho. Una época en la que miles se movilizan para llevar muñecos y chocolate a los que ese dinero les serviría para tener unos zapatos durante todo el año, es un día que ha perdido su esencia. Si los interesados no recuperan la navidad de Satanás al que se la han entregado ilusamente, no esperen que Cristo los reciba en algún cielo, ya que de hecho les dirá, pasen el resto de la eternidad con quien comparte su forma de vivir.