10 de noviembre de 2019

INICIO > OTRAS SECCIONES > Especiales

MAOÍSTAS INICIAN LA REFORMA EN LA REPÚBLICA DE NEPAL

Por: Alberto Cruz.

13 de noviembre de 2008

(CEPRID). El Partido Comunista de Nepal (maoísta) ya está dirigiendo el gobierno del país del Himalaya. No ha sido un camino fácil. Desarrolló una guerra popular revolucionaria durante más de 10 años que le permitió controlar el 80% del territorio, a excepción del valle de Katmandú, y basado en ese hecho incuestionable, así como el haber infringido sonoras derrotas militares al Ejército, aceptó firmar un acuerdo político con una Alianza de Siete Partidos que permitió la realización de una serie de movilizaciones populares que supusieron la derrota de la monarquía feudal que había gobernado el país durante 240 años.

A esa derrota la siguió un gobierno provisional que elaboró una constitución, también provisional, y, posteriormente, la celebración de unas elecciones que se tuvieron que retrasar en dos ocasiones ante el incumplimiento reiterado de la Alianza de Siete Partidos a cumplir aspectos del acuerdo de 22 puntos alcanzado con los maoístas. En esas elecciones, el PCN (m) resultó ser el partido más votado con el 30% del total de los votos. Los partidos reaccionarios y “moderados” sufrieron una aplastante derrota sólo maquillada por la adopción del sistema proporcional, lo que les garantizó un número suficiente de escaños como para obligar al PCN (m) a pactar e, incluso, hicieron todo lo posible e imposible por maniobrar para apartarles del nuevo gobierno.

Esta situación, que ha durado cuatro meses, ha permitido que el presidente de la nueva república de Nepal –la monarquía ha sido abolida como primera medida tras las elecciones- sea un derechista del Congreso Nepalí y que el vicepresidente sea un representante del Foro de los Derechos del Pueblo Madhesi (FDPM) –que hizo el juramento de toma de posesión en hindi, no en nepalí, tal y como está recogido en la Constitución Provisional-, una organización de corte hinduista que plantea una amplia autonomía para la zona más rica del país, políticamente promonárquica y partidaria de mantener los actuales vínculos con India. No contentos con arrebatar los principales puestos del Estado a los maoístas, los partidos reaccionarios y sus aliados socialdemócratas del Partido Comunista de Nepal-Unificación Marxista Leninista (PCN-UML) reformaron la constitución provisional para que el primer ministro pueda ser removido por mayoría simple de la Asamblea y no por los dos tercios, como se había decidido antes del triunfo electoral maoísta, en una clara demostración de cómo afrontan la voluntad popular cuando les es desfavorable y, al mismo tiempo, de los problemas a que se iba a enfrentar el PCN (m) si conseguía presidir el gobierno, como así ha sido finalmente.

Las alianzas en Nepal son muy frágiles y el lema podría ser “todo por el poder”. Los aliados de ayer son enemigos de hoy y los enemigos de hoy volverán a ser aliados mañana. Tras ser derrotado en la elección para los cargos de presidente y vicepresidente, el PCN (m) decidió no encabezar el gobierno, pese a su incontestable triunfo electoral, y mantenerse en la oposición. Dos semanas más tarde cambió de postura y accedió a asumir el cargo de primer ministro y formar el gobierno tras alcanzar un pacto con los socialdemócratas del PCN-UML –el nombre de esta organización no debe engañar, renunciaron hace muchos años al marxismo-leninismo, incluso a cualquier atisbo de marxismo, colaboraron con la monarquía en su etapa más dura, llegando a presidir el gobierno durante nueve meses, apoyaron de forma incondicional las acciones del Ejército contra la guerrilla maoísta y mantienen una postura absolutamente conservadora en temas cruciales como la reforma agraria; su fuerza radica, casi exclusivamente, en la clase media urbana-, con el FDPM (que reconoce que la apuesta maoísta por la autodeterminación les interesa) y otros partidos pequeños con quienes desde siempre ha mantenido una estrecha alianza. Según el acuerdo, el PCN (m) contará con nueve ministerios, el PCN-UML con seis, el FDPM con cuatro y otras formaciones menores como el Partido Comunista de Nepal-Unidos, el Janamorcha Nepal y el Sadbhawana con uno cada uno.

Por lo tanto, si se permite al PCN (m) dirigir el gobierno sin contratiempos al menos dos años, que es la duración que debe tener mientras se elabora la constitución definitiva y se vuelve a ir a las urnas, lo que se va a poner en marcha en Nepal no es más que una reforma, nunca una revolución puesto que carteras importantes como la de Asuntos Exteriores o la de Agricultura y Cooperativas quedan en manos de los madhadesistas mientras que los socialdemócratas consiguen las de Interior e Industria. Como platos fuertes de los maoístas están los ministerios de Defensa, Finanzas y Trabajo.

La formación del nuevo Ejército

¿Qué ha pasado para este drástico cambio en la postura de los maoístas? Básicamente, el miedo a que no se cumpliese uno de los principales objetivos del PCN (m): la formación de un nuevo Ejército con la incorporación al mismo de la mayor parte de la estructura del Ejército Popular de Liberación, su brazo armado durante la guerra revolucionaria. Desde que en noviembre de 2006 se alcanzase un acuerdo con la alianza denominada de los Siete Partidos, la integración del EPL en el Ejército nepalí se ha venido retrasando una y otra vez hasta convertir a los ex guerrilleros, acantonados en campamentos bajo control de la ONU, en poco menos que mendigos. Los retrasos en el pago de salarios han sido frecuentes (en la actualidad llevan cuatro meses sin cobrar), la situación sanitaria en los campamentos es deplorable, la electricidad escasea y están apareciendo enfermedades debido a las deplorables situaciones higiénico-sanitarias existentes en los campos donde están acantonados. Lo que se busca con este tipo de actuaciones, por parte de la reacción y de sus aliados socialdemócratas, es la renuncia voluntaria de los ex guerrilleros a integrarse en el nuevo Ejército, a que abandonen los campamentos en busca de una solución para su vida. Según la ONU, 19.602 ex guerrilleros aún permanecen acantonados en siete campamentos (otros 12.000 les han abandonado para realizar actividades políticas) y este sería el contingente que se incorporaría al nuevo Ejército nepalí.

El Congreso Nepalí, el partido tradicional de caciques, terratenientes y reaccionarios que ha gobernado Nepal desde tiempos inmemoriales aceptó en un primer momento la incorporación de los ex guerrilleros, tal y como se recogía en los acuerdos de noviembre de 2006, pero tras el triunfo electoral maoísta matizó diciendo que sólo se haría “de uno en uno y tras la realización de pruebas físicas y escritas, como cualquier otro candidato a soldado”. Esta es, hasta el momento, también la postura oficial de los generales del Ejército. Además, el CN ha hecho todo lo posible e imposible porque la cartera de Defensa no quedase en manos maoístas y propuso que fuesen los socialdemócratas del PCN-UML quienes la asumieran, propuesta que no fue mal acogida por estos sostenedores de la tesis de la viabilidad (la alianza con la derecha y sectores neoliberales como la única posible en un mundo globalizado) y que son considerados, cómo no, “la izquierda correcta”, aquella que no tienen ningún afán revolucionario y sólo se interesa por hacer más funcional el sistema, al estilo del Chile de Bachelet o el Brasil de Lula.

El PCN (m) había venido insistiendo en que sólo un Ministerio de Defensa controlado por ellos podría poner en marcha el proceso de formación del nuevo Ejército y consideraba este hecho no sólo como irrenunciable, sino como causa de guerra. Los ánimos en los campamentos están muy calientes y sólo la solución de este caso puede evitar el recrudecimiento del conflicto. Eso lo sabe todo el mundo, y esa es la razón por la que se han producido esos sorprendentes y variables cambios de alianzas y la razón principal del por qué el PCN (m) ha dado marcha atrás y ha aceptado dirigir el gobierno.

El reto que tiene por delante no es pequeño. El primer ministro ha dado un plazo de seis meses para que dicha integración esté terminada y eso ha apaciguado un poco los ánimos en los campamentos. Pero la desconfianza de los maoístas hacia el Ejército es grande, puesto que no ha podido lograr el castigo o el retiro de los generales más implicados en la represión monárquica ni en las matanzas durante la guerra popular revolucionaria. Además, el Ejército se ha opuesto sistemáticamente a discutir siquiera cualquier reforma estructural durante estos dos años y sólo ahora, ante la evidencia, se aviene a algún tipo de trato. En teoría, el Ejército se mantiene quieto y sin interferir en el proceso político, pero en la práctica sigue siendo autónomo, más allá de cualquier control democrático. De hecho, una de las instancias creadas tras la firma del acuerdo de paz, el Consejo de Seguridad Nacional, sólo existe sobre el papel y se ha reunido una sola vez en dos años y aún está por reunirse tras las elecciones de abril. Tanto Estados Unidos como India ven en el actual Ejército nepalí un apoyo firme para evitar que los maoístas se hagan con el control del país (1). De ahí la importancia de la propuesta maoísta y la presión que ejerce en ese sentido para que sus combatientes se incorporen al nuevo Ejército.

Esta incorporación de los ex guerrilleros supondría la real democratización del Ejército de Nepal. A pesar de que la jefatura del Ejército ha dicho que va a obedecer las órdenes del gobierno legítimo, en la práctica se resiste ferozmente a perder sus privilegios aduciendo que la incorporación de ex guerrilleros supondría un “adoctrinamiento político”. Y eso lo dice sin sonrojarse cuando durante decenas de años la principal misión del Ejército ha sido defender la monarquía. No es extraño que en Nepal, y de forma especial en Katmandú, circulen rumores, interesados o no, de una rebelión incipiente en el Ejército si tal integración se produce sin las condiciones impuestas por ellos: de uno en uno. El general en jefe lo ha dicho bien claro: “el primer ministro debe entender que los intentos de romper la cadena de mando no se van a tolerar y, por lo tanto, será un lamentable enfrentamiento” (2). Desde el nuevo Ministerio de Defensa se ha respondido diciendo que “la decisión sobre la integración no es del Ejército, sino del gobierno elegido por el pueblo” (3).

Amenaza ficticia o real –no hay que olvidar que el Ejército nepalí fue derrotado en el campo de batalla por la guerrilla, aunque en estos tres años se ha podido reabastecer y mejorar su preparación gracias a la ayuda prestada por los EEUU, Gran Bretaña e India- los síntomas no son buenos y el PCN (m) puede aceptar una solución intermedia, parte de sus componentes al Ejército y el grueso a la policía, en un proceso similar al ocurrido en El Salvador cuando la guerrilla del FMLN se incorporó sólo a la policía y no al Ejército, aunque a cambio se decidió una reducción del número de componentes del mismo. Los maoístas plantean que el Ejército de Nepal tiene que reducirse de los 90.000 efectivos actuales a 50.000.

Según la constitución provisional (artículo 145) es el Consejo de Seguridad Nacional quien controla “la movilización, el funcionamiento y la utilización” del Ejército. Dicho CSN está compuesto por el primer ministro como presidente, el ministro de Defensa y otros tres ministros nombrados por el primer ministro. Esto es así porque la tradición en Nepal indica que el Ejército siempre ha actuado a su aire y dependiendo, únicamente del Palacio Real. El Ministerio de Defensa en Nepal ha sido siempre meramente decorativo.

Una muestra de que las relaciones con el Ejército son tensas es que durante la toma de posesión del máximo dirigente maoísta, Pushpa Kamal Dahal "Prachanda”, como primer ministro la escolta no fue prestada por efectivos del Ejército o de la policía, sino por ex combatientes del Ejército Popular de Liberación. Un aviso de los maoístas a las advertencias del jefe del Ejército, sin duda.

El “negociacionismo” del PCN (m)

Los maoístas han asumido una postura moderada y consensual conscientes de que el establishment de Katmandú y las fuerzas monárquicas harán todo lo que puedan para frenar la transición a una democracia estable, igualitaria, republicana y secular. De ahí que en el PCN (m) se hable de iniciar un proceso de reformas en Nepal, no de revolución.

Ese proceso de reformas se quiere visibilizar en el acuerdo impulsado por los maoístas y que consiste en aspectos como el combate a la corrupción, el nepotismo y el favoritismo dentro de las diferentes esferas del gobierno, aspectos que son los responsables del desaforado incremento de precios de los alimentos básicos como el arroz (que ha subido el 13’5% en lo que va de año), el aceite y la mantequilla de búfalo (el 18’8%). Sólo estas mercancías absorben cerca del 52% del gasto habitual de los nepalíes.

La tarea a que se enfrentan los maoístas es ingente y el camino no es ni fácil ni corto. Sin embargo, dentro del partido ha surgido un cierto debate sobre lo que en las estructuras maoístas se conoce ya como el “negociacionismo”.

El marxismo acepta la posibilidad de llegar a compromisos para alcanzar ciertos objetivos pero, desde luego, considera imposible lograr la revolución con demasiados compromisos y este es un debate que se está produciendo hoy en el interior del PCN (m). Los maoístas han disuelto la mayoría de sus gobiernos locales, que funcionaron durante la etapa guerrillera, así como las cortes de justicia del pueblo. Las cooperativas, comunas e instituciones de salud y educativas son ahora más débiles que en el pasado guerrillero. Y en una última decisión, clave para alcanzar el acuerdo que les ha permitido encabezar el gobierno, disolvieron la estructura militar en la que se encuadraban sus juventudes. Un sector importante del partido considera que son demasiadas concesiones en muy corto espacio de tiempo. La tarea del PCN (m) en el nuevo gobierno deberá ser retomar el rumbo o, en caso contrario, se podrá decir que la revolución ha terminado en Nepal. Pero habrá que esperar acontecimientos y ver el margen de maniobra con que cuenta. Ni qué decir tiene que el botón de muestra será el nuevo Ejército.

Los maoístas indios

Todo el proceso nepalí está siendo seguido muy de cerca por los maoístas indios. A pesar de ser una lucha prácticamente desconocida en occidente, los maoístas indios crecen cada día que pasa a nivel político y militar, así como expanden su influencia por diferentes estados del país. Actúan en 14 de los 28 estados de India (Chatisgarh, Jharkhand, Uttar Pradesh, Asma, Uttaranchal, Kerala, Tamil Nadu, Bengala Occidental, Gujarat, Andhra Pradesh, Madhya, Orissa, Maharashtra y Bihar) y que, en cifras, significa que en 182 distritos, de un total de 602 en que está dividido administrativamente el país, son los maoístas quienes controlan la situación (4). Hay que hacer notar que en el mes de abril se consideraba que actuaban en 165 distritos, por lo que el que ahora estén activos en 17 distritos más indica claramente su progresión imparable que se produce no sólo en el campo, sino que está comenzando a extenderse a las ciudades, especialmente a las zonas obreras e industriales de Delhi, Mumbai, Pune y Jammu alternando las acciones propagandísticas con las militares.

Los maoístas indios (naxalitas) apoyan de forma cautelosa al PCN (m), aunque le advirtieron de que no formase parte del gobierno y le animaron a que continuase impulsando la lucha de clases en Nepal, sin conciliación alguna con la oligarquía. En una resolución del Comité Central del Partido Comunista de India (maoísta) se saludó el triunfo electoral de los maoístas nepalíes como “un veredicto contra la monarquía feudal, el expansionismo indio y el imperialismo de EEUU”. Ellos esperan que el PCN (m) cumpla su compromiso de revisar los tratados firmados entre India y Nepal, desde 1950, todos favorables a India. Y han saludado como un gesto “valiente” el hecho de que el primer país que ha visitado en nuevo primer ministro haya sido China y no India, como se había venido realizando de forma tradicional y poniendo de manifiesto la dependencia de los anteriores gobiernos respecto a sus vecinos indios.

Notas:

(1) Alberto Cruz: “2065, el comienzo del nuevo Nepal” http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article99 (2) The Katmandu Post, 12 de agosto de 2008.

(3) The Himalayan Times, 28 de agosto de 2008.

(4) The Hindu, 23 de agosto de 2008.

Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor especializado en Relaciones Internacionales.

albercruz@eresmas.com