24 de agosto de 2019

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HECHOS HISTÓRICOS SOBRE EL TÍBET

Por: XINHUA.

2 de abril de 2008

China es un país unificado y multiétnico y el Tíbet es una parte inalienable de China. Los tibetanos cultivaron una estrecha relación con los Han (etnia mayoritaria del país) y otros grupos étnicos del interior de China desde tiempos inmemoriales.

Esta relación alcanzó su cenit en el siglo VII, cuando Srong- btsan Sgam-po (Songtsan Gambo), el rey del reino de Tubo, que gobernaba la meseta del Tíbet por aquella época, envió dos veces a representantes suyos ante el emperador de la dinastía Tang para pedir la mano de la princesa Wen Cheng, con quien luego contrajo matrimonio.

Con base en la unión de sus familias reales, además de varias reuniones, los tibetanos y los Han forjaron unas estrechas relaciones económicas y culturales, tendiendo los cimientos para la fundación definitiva de una nación unificada.

Luego de que el Tíbet se convirtió efectivamente en parte del territorio chino en el siglo XIII, los gobiernos centrales de las dinastías Yuan, Ming, y Qing, y de la República de China, al tiempo que asumieron la responsabilidad de aprobar los órganos administrativos locales, y la de decidir y manejar directamente asuntos de especial importancia para a la región, mantuvieron, en gran medida, el entramado social local original y su cuerpo administrativo, designaron no pocos representantes y miembros de las altas clases eclesiásticas y seculares para que se hicieran cargo de los asuntos locales, y concedieron al gobierno y los funcionarios locales un amplio poder para la toma de decisiones y el establecimiento de regulaciones y políticas.

Esta estrategia jugó un papel histórico muy positivo en la salvaguardia de la unificación del país. Sin embargo, en vista de que las autoridades feudales autocráticas ejercieron en varios períodos una política étnica marcada por la discriminación y la opresión, aún cuando habían conservado el sistema social original y el poder de la clase gobernante local para la administración del Tíbet, no solucionaron, y nunca hubieran podido solucionar, el asunto de la igualdad étnica y el de otorgar a la gente del común la posibilidad de convertirse en los dueños de sus propios destinos.

Aún en la primera mitad del siglo XX, el Tíbet siguió siendo una sociedad de servidumbre feudal regida por la teocracia, aún más oscura y atrasada que la de la Europa medieval. Los propietarios de los siervos, tanto quienes estaban vinculados con la iglesia como los que no, y quienes no llegaban a conformar siquiera el 5 por ciento de la población total del Tíbet, controlaban la libertad personal de los siervos y esclavos que constituían el restante 95 por ciento, así como la casi totalidad de los medios de producción.

Recurriendo a los rígidamente estratificados Código de 12 Artículos y Código de 16 Artículos, así como a castigos extremadamente crueles, entre los que se contaban la extracción de los globos oculares, el cercenamiento de orejas, lenguas, manos y pies, la extracción de tendones, y el lanzamiento de personas a las corrientes de ríos caudalosos o desde acantilados, practicaban una cruel explotación económica y una férrea opresión política, además de un control mental en los siervos y esclavos. El derecho a la subsistencia de las amplias mayorías de siervos y esclavos no era protegido, mucho menos los derechos políticos.

Después de la Guerra del Opio de 1840, China fue reducida a un país semi-colonial y semi-feudal. Tíbet, al igual que otras partes del país, sufrió la agresión de los poderes imperialistas, que se apropiaron de todo tipo de privilegios especiales a través de la firma de tratados desbalanceados, sometieron al Tíbet al control colonial y a la explotación, y, al mismo tiempo, cultivaron separatistas en el seno del alto estrato de gobierno de la región, en un intento por separarla de China.

Por lo tanto, la remoción de los grilletes y cadenas del imperialismo y la servidumbre feudal, se convirtieron en una tarea histórica fundamental para la salvaguardia de la unificación del país y la realización del desarrollo del Tíbet.

La fundación de la República Popular China en 1949 puso fin a la oscura historia de la China semi-colonial y semi-feudal, concretó la unificación del país, la unidad de los grupos étnicos y la democracia de la gente, y significó para los tibetanos la esperanza de que por fin podrían controlar sus propios destinos como parte de la gran familia de la patria.

La liberación pacífica tendió los cimientos para la autonomía étnica regional del Tíbet. El 23 de mayo de 1951 fue firmado el ’ Acuerdo del Gobierno Popular Central y el Gobierno Local del Tíbet sobre las Medidas para la Liberación Pacífica del Tíbet’ (mejor conocido como el ’Acuerdo de los 17 Artículos’), y el Tíbet fue liberado pacíficamente.

Esta liberación puso fin a la agresión imperialista contra el Tíbet, permitió a los tibetanos sacudirse de los grilletes políticos y económicos, salvaguardó la unificación de la soberanía nacional y la integridad territorial, significó el establecimiento de la igualdad y unidad entre el grupo étnico tibetano y todos los demás grupos étnicos a lo largo y ancho del país, así como la unidad interna del Tíbet, y sentó las bases para la autonomía étnica de la región.

En abril de 1956 fue establecido en Lhasa el Comité Preparatorio para la Región Autónoma del Tíbet, con el XIV Dalai Lama como presidente, el X Panchen Lama como primer vicepresidente, y Ngapoi Ngawang Jigme en el cargo de secretario general.

El establecimiento del Comité Preparatorio permitió al Tíbet la posibilidad de tener un órgano consultivo de trabajo con la naturaleza de un poder político, y promovió vigorosamente la realización de la autonomía étnica regional.

La Reforma Democrática despejó el camino para que dicha autonomía se realizara. Cuando el Tíbet fue liberado pacíficamente, y en consideración con la realidad que allí se vivía, el ’Acuerdo de los 17 Artículos’, al tiempo que confirmaba la necesidad de reformar el sistema social tibetano, establecía que ’el Gobierno Central no usará la coerción para implementar tal reforma, y esta deberá ser llevada a cabo por el gobierno local del Tíbet por su propia cuenta’, y también que ’cuando el pueblo exija la reforma, el asunto deberá ser solucionado a través de consultas con los líderes del Tíbet’.

Pero ante la creciente demanda popular por una reforma democrática, algunas personas del alto estrato gobernante del Tíbet, con el fin de preservar el sistema de servidumbre feudal, y con el apoyo de fuerzas imperialistas, llevaron a cabo una rebelión armada el 10 de marzo de 1959, en un intento por separar al Tíbet de China.

El 28 de marzo de ese mismo año, el Consejo de Estado anunció el despido del gobierno local original del Tíbet, y concedió autoridad al Comité Preparatorio para la Región Autónoma del Tíbet para ejercer las funciones y poderes del gobierno local del Tíbet, con el X Panchen Lama como su presidente encargado.

El Gobierno Popular Central y el Comité Preparatorio para la Región Autónoma del Tíbet lideraron a la gente de la región en la rápida conjura de la rebelión, implementaron la Reforma Democrática, derrocaron la servidumbre feudal regida por la teocracia, y abolieron el sistema feudal jerárquico, las relaciones de dependencia personal, y todos los castigos inhumanos.

Como resultado, un millón de siervos y esclavos fueron emancipados y se convirtieron en dueños del país así como de la región del Tíbet, adquirieron las libertades y derechos ciudadanos especificados en la Constitución y la ley, y derribaron los obstáculos, en lo que toca al sistema social, para el ejercicio de la autonomía étnica regional.

El establecimiento de la Región Autónoma del Tíbet marcó la implementación plena de la autonomía étnica regional. Después de la Reforma Democrática, los tibetanos empezaron a gozar de todos los derechos políticos que todas las personas de todos los otros grupos étnicos ya disfrutaban en China.

En 1961 se llevó a cabo una elección general, la primera de su tipo en la historia de la región, en todo el territorio tibetano.

Por primera vez, los antiguos siervos y esclavos tuvieron la oportunidad de disfrutar de los derechos democráticos como dueños de sí mismos, y participaron en la elección de los órganos del poder estatal en la región a todos los niveles.

En septiembre de 1965 fue convenida la Primera Sesión del Primer Congreso Popular de la Región Autónoma del Tíbet, en la cual fueron elegidos el órgano de auto-gobierno de la región y sus líderes, y fue oficialmente proclamada la fundación de la Región Autónoma del Tíbet.

Su establecimiento marcó también la instauración del poder democrático popular en Tíbet y el inicio del ejercicio de la plena autonomía étnica regional. A partir de entonces, el pueblo tibetano ha gozado del derecho de administrar sus propios asuntos en la región y, junto con la gente de todo el resto del país, se embarcó en el viaje hacia el desarrollo socialista.