10 de noviembre de 2019

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MANIPULACIÓN DE UN NIÑO ABRE NUEVA TRAGEDIA EN COLOMBIA

Por: Apolinar Díaz – Callejas.

9 de enero de 2008

(ARGENPRESS.info). En estos días de fines del año 2007, la violencia política en Colombia, que tiene más de 60 años de existencia, y la polarización de fuerzas, entre quienes propician una solución de paz negociada y quienes como el Presidente Alvaro Uribe Vélez no han ocultado su propósito de llevar el conflicto al exterminio total de los grupos de guerrillas sobrevivientes, ha colocado la posibilidad de una paz interna negociada al borde de una hecatombe nacional. Uribe Vélez, desde sus inicios en la política en el Departamento de Antioquia, su tierra natal, ha optado por lanzar al país a una confrontación de vida o muerte con las dos guerrillas sobrevivientes. Uribe Vélez no quiere la paz sino el exterminio de esos dos núcleos guerrilleros, inmerso como está en un proyecto de violencia total oficial para aniquilarlos. Para ello ejecuta las acciones y trampas que puedan conducir a la profundización de la guerra interna y no a la paz. En estos momentos las conversaciones de paz bajo la conducción del Presidente de Venezuela Hugo Chávez y la Senadora Piedad Córdoba, por provocaciones del Presidente colombiano, se encuentran frustradas.

El escritor y sociólogo colombiano Alfredo Molano Bravo, escribió en El Espectador del 30 de dic- 07: “hoy, la participación de 8 países encabezados por Venezuela y Francia, muestra que esa confianza se quebró y que la liberación de los rehenes y del conflicto pasa por una mesa de negociación donde la comunidad internacional cumpla un papel decisivo. Como quien dice, el conflicto colombiano es demasiado grave y profundo para dejarlo en manos de colombianos”. Las acciones del Presidente Uribe para frustrar la ejecución de la oferta de las FARC de liberar y entregar a Venezuela a dos de las retenidas por las FARC, Clara Rojas y Consuelo González, junto a la liberación del niño Emmanuel, de tres años de edad, produjeron el efecto de frustrar está operación y lanzar a Uribe Vélez hacia una acción militar implacable de exterminio de la guerrilla. Ese es su ideal y propósito. Para lograrlos el Presidente Uribe es capaz de todo, como ha demostrado en sus cinco años de gobierno, en los que ha contado desde un principio con el apoyo total de los grupos y organizaciones paramilitares, tanto en el Congreso de la República como en el escenario nacional colombiano.

Está conducta lleva a preguntarse, ¿qué es, qué quiere hacer, cuáles son las metas del Presidente Uribe para Colombia? Para ello hay que definir, primero quién es Uribe Vélez, pues en estos días la prensa ha dado información de los nexos de su familia, padre y hermanos con los grupos paramilitares y del narcotráfico. Desde el punto de vista psicológico, conforme a la enciclopedia libre de Wikipedia, la personalidad de Uribe Vélez se enmarca en la definición de paranoia, “como un término psiquiátrico que describe un estado de salud mental caracterizado por la presencia de delirios autorreferentes. Más específicamente, puede referirse a un tipo de sensaciones acuciantes, como la de estar siendo perseguido por fuerzas incontrolables (manía persecutoria), o ser elegido para una alta misión, como la de salvar el mundo (delirio de grandeza o grandiosidad, atribuido por algunos estudiosos a determinadas personalidades dictatoriales y de gobiernos)”. En El Espectador de Bogotá (13 oct. 2007), el escritor Felipe Zuleta dice que “ni para qué le preguntamos al doctor Uribe por qué desde 1980 le dicen El Salgareño, si esa pregunta tampoco la va a contestar, como tampoco lo hará sobre los alias Caraepapa y El Pecoso de sus hermanos”. Agrega Zuleta: “como le pasó en su momento a Fujimori, al doctor Uribe se le está viniendo la estantería encima por cuenta de su pasado y por sus actos como gobernante, actos, que no resisten en mucho de los frentes la más mínima investigación de un organismo como la Corte Penal Internacional”.