10 de noviembre de 2019

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¡LAS GOLEADAS NUESTRAS DE CADA DÍA!

Por: Herbert Mujica Rojas.

26 de noviembre de 2007

¿Causó sorpresa la avalancha de goles que recibió el cuadro peruano por parte del equipo ecuatoriano? ¡De ninguna manera! Perder y hacerlo del modo bochornoso, por resultados obesos y en contra, suele ser característica del fútbol nacional, signo distintivo, marca indeleble, demostración incontestable que ¡no somos un país hábil en esa disciplina! A menos que...... usted preste oídos a esos mandriles con micrófono, pasaporte ultra-sellado y huachafos que se hacen llamar “periodistas deportivos”.

No hay cómo, en castellano o en cualquier otro idioma, disimular lo que fue un fracaso sin atenuantes, una derrota abrumadora y una señal más que si se trata de fútbol, mejor es que se dediquen a turroneros, lo que aconteció en Ecuador y ya están esos simios empleando toneladas de palabras para almibarar y aderezar el indigesto resultado. Podrá argumentar algún exaltado, de esos cuya humanidad consiste en poseer DNI y bastantes dólares en el bolsillo que Campolo Alcalde, Titina Castillo, Valeriano López, Lolo Fernández, Juan Joya, Mago Valdivieso, Teófilo Cubillas, Pedro Perico León, Roberto Challe, Lucho Cruzado, Enrique Cassaretto, Juan Carlos Oblitas y decenas más, “constituyen” jalones del “buen fútbol peruano”. ¡Error típico de estimativa confundir lampos individuales, talentos geniales, con la sensación colectiva y asociativa imprescindible para vencer al rival!.

En Perú, no sé si en otras partes (tampoco me importa un bledo), una morisqueta, cabriola o picardía, concitan el aplauso popular y se pierde por goleada pero se celebra por decenios, la “huacha”, el “sombrerito”, la “barrida” o el gol olímpico que hizo fulano o mengano. En buena cuenta, para los peruanos interesa el episódico, epidérmico, suavísimo, gesto, aunque no el gol que decide, marca la diferencia, nos pone en la calidad de ganadores y no como siempre, de perdedores. Ocurre igual en política. Es que eso, señores y señoras, es el Perú de siempre. Con leves cambios que el tiempo se encarga de señalar, la patria se debate en una muerte continua y un sacrificio que tiene más rasgos de estupidez institucional que de inmolación heroica. Los liderazgos casi siempre mueren con sus notables portaestandartes. Hasta ahora no hay un sólo émulo de José Carlos Mariátegui y tampoco un líder de multitudes como Víctor Raúl Haya de la Torre. En el primer caso, hay teóricos, muy bien financiados que dicen lo que sus patrocinadores financian que elucubren (por eso son capaces de “pensar” que la tierra es plana y que los marcianos son fujimoristas) y en el segundo, un vector electoral, mintiendo a diestra y siniestra, es decir convirtiendo la política en vil negociado culpable, logró hacer llegar a su partido a la administración del gobierno desde donde protagoniza claudicaciones a diario.

Sucede en el fútbol algo muy parecido. Se hace creer, mandriles deportivos dixit, que estamos frente al cambio y que las nuevas hornadas sí serán campeones mundiales. No se analiza que detrás hay negocios múltiples: venta de entradas, réditos en la transferencia de jugadores estrellas y ancianos de relleno, expendio de artículos deportivos y marcas famosas que alquilan conciencias, es decir, el privilegio del vil y fenicio comercio por encima de la valoración del conjunto humano. Nótese que no vamos a nombrar a ninguno de los muchachos que estuvieron ayer en la debacle. ¡Todos son culpables porque a eso se les ha enviado: a perder! Mientras que la mentalidad colectiva del escuadrón de ataque siga siendo una mazamorra sin rumbo, dirección ni querencia alguna porque hay que cuidar piernas, físico, aspecto, compromisos, seguiremos asimilando goleadas al por mayor. Y tendremos, para variar, decenas de brutos con micrófono cohonestando la estafa. ¡He allí el enorme problema de falta de líderes porque los que están incurren en el vicio de hacer lo que todos hacen y eso les lleva, indefectiblemente, al precipicio! ¿Qué más prueba que la goleada de ayer en Ecuador? ¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien! ¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera! ¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!.