10 de noviembre de 2019

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PERÚ: SE SUBASTA PAÍS RICO CON VISTA AL MAR

Por: Jürgen Schuldt.

18 de noviembre de 2007

(La Insignia). El 28 de octubre, el diario más vendido del país (El Comercio) publicó en su página editorial el artículo más extenso, más leído y más comentado en lo que va de su larga historia de 169 años. Se trata de "El síndrome del perro del hortelano", firmado nada menos que por el presidente de nuestra república, enviado por el propio Alan García y publicado sin chistar por el decano. El texto de marras ha dado lugar a una catarata de comentarios -bastante más en contra que a favor- cuyos autores y textos se adjuntan al final para el lector interesado. Para los que no tienen tiempo les presentaremos una síntesis del texto garciano, en la esperanza que hurguen en esos artículos críticos.

El mensaje (que es el nuevo plan de gobierno y/o un globo sonda).

Según el Dr. García, en el Perú "no se ponen en valor" las riquísimas e inmensas huertas que poseemos porque las más variadas y peligrosas razas caninas, que no comen ni dejan comer, impiden que el país progrese. Lo que lo lleva a desarrollar implícitamente una taxonomía perruna especializada en impedir la explotación y desarrollo de nuestras siete riquezas principales.

En su opinión, están los rottweiler que impiden la explotación racional de la Amazonía porque "dicen que no se puede dar propiedad" y porque "dar propiedad de grandes lotes daría ganancia a grandes empresas". Cuando, "con la forestación maderera, especialmente en los 8 millones de hectáreas destruidas (...) se necesita propiedad, es decir, un terreno seguro sobre 5.000, 10.000 o 20.000 hectáreas, pues en menos terreno no hay inversión formal de largo plazo y de alta tecnología" que podría crear "cientos de miles de empleos formales para peruanos que viven en las zonas más pobres". Curiosamente, pocas líneas antes señala a los verdaderos culpables del desmadre cuando afirma que "ahora solo existen las concesiones que dependen de la voluntad del Gobierno y del funcionario que puede modificarlas. (...). Esas concesiones rapiña sólo han servido para sacar la madera más fina, deforestar y abandonar el terreno". Tales funcionarios no son perros del hortelano, pero ¿serán los perros de presa, digamos dóberman? Su sensata propuesta consiste en que, aunque bien sabemos a lo que eso llevará en la práctica, se deben respetar "los bosques y vírgenes y nativos, pero comencemos por los 8 millones de hectáreas que han sido convertidos en desiertos y destruidos en los últimos años por las concesiones rapiña, la coca y la tala salvaje. Allí podrá generarse un millón de empleos y además trabajos en la elaboración de muebles".

Los pit bull terrier, por su parte, son los que no quieren que se exploten las gigantescas extensiones de tierras sin cultivar que poseen las comunidades campesinas -en que distingue entre las ’verdaderas’ y las ’artificiales’- porque por "la demagogia y el engaño dicen que esas tierras no pueden tocarse porque son objetos sagrados y que esa organización comunal es la organización original del Perú (...)". Su propuesta es que "esa misma tierra sea vendida en grandes lotes, lo que traería tecnología de la que se beneficiaría también el comunero", que ahora no estaría en condiciones de explotarla porque "no tienen un centavo para invertir".

Los mastines napolitanos (es decir, las ONG) son ciertamente los peores porque dicen que "la técnica minera destruye el medio ambiente". Ignoran "que el Perú tiene la riqueza más grande del mundo, no solo por la cantidad sino también por la variedad de recursos mineros". El problema de esta variedad de mastines es que se habría transformado, sin que disminuya su peligrosidad: "el viejo comunista anticapitalista del siglo XIX se disfrazó de proteccionista en el siglo XX y cambia otra vez de camiseta en el siglo XXI para ser medioambientalista. Pero siempre anticapitalista, contra la inversión, sin explicar cómo, con una agricultura pobre, se podría dar un salto a un mayor desarrollo". A ello se añade que "contra el petróleo han creado la figura del nativo selvático ’no conectado’, es decir, desconocido pero presumible, por lo que millones de hectáreas no deben ser exploradas, y el petróleo debe quedarse bajo tierra mientras se paga en el mundo US$ 90 por cada barril. Es preferible para ellos que el Perú siga importando y empobreciéndose".

Luego se refiere a dos variedades de bull terriers (BT). Los PIT BT son los pescadores artesanales de las caletas que no permiten el desarrollo de la maricultura, que se conseguiría "otorgando un lote de mar para que un inversionista ponga sus jaulas de crianza artificial, aumente la producción y cree trabajo". En cambio, los staffordshire BT, que no se sabe bien quiénes son, impiden el uso de los "800 mil millones de metros cúbicos en la cordillera que bajan por los ríos hacia el Pacífico y el Atlántico" y que no se aprovechan "para agricultura y para la generación eléctrica". Cuando la solución es muy sencilla para "la generación eléctrica que es renovable, casi eterna y limpia": solo basta atraer "grandes capitales privados o internacionales que necesitan un seguridad de muy largo plazo para invertir miles de millones y para poder recuperar sus inversiones. Pero el perro del hortelano dice: ¿Por qué van a hacer dinero con nuestras caídas de agua? Mejor que lo haga el gobierno regional. Pero no dicen con qué dinero (sic)".

El grupo de dogos argentinos, es la causa por la cual "el propio trabajo humano no está puesto en valor para el que trabaja. El trabajo informal, que es mayoritario, es un trabajo no incorporado a la economía ni a la legalidad, no tiene seguridad social porque no cotiza, no tiene pensión porque no aporta a ningún sistema (...)". El dogo proclama, según García: "Hay que dar de inmediato todos los derechos a los trabajadores de la microecompresa familiar o informal", pero con eso -añade el autor- "lo único que conseguirán es que el microempresario, incapaz de pagar esos costos, cierre la empresa y despida a muchos trabajadores, con lo cual el remedio será peor que la enfermedad".

Finalmente, los american staffordshire terrier, otra variedad muy agresiva de canes, más conocida como SUTEP, no permiten poner "en valor el cerebro de nuestros alumnos e hijos. (...). Un grupo de malos profesores y malos funcionarios exigen no ser evaluados para esconder su mediocridad y así el sistema sigue produciendo resultados sin valor". De esta manera se convierten en "aliados del minero informal, del maderero clandestino, de la miseria campesina, del empleo informal y de la falta de mérito y esfuerzo".

En síntesis todas estas variedades peligrosas de perros innobles "están en contra de la inversión forestal en la selva porque es sagrada, en contra de que el comunero venda, aunque quiera, las tierras comunales porque son sagradas, en contra de que se abran más minas porque el Perú solo debe ser agrario, que no haya maricultura en el mar. Y así sin inversión, sin trabajo creado, creen que el Estado es un pozo sin fondo del que pueden salir eternamente todos los recursos (...)". Todos ellos, por tanto, de una variedad criolla de perros masoquistas y egoístas, resentidos, rabiosos y andrajosos, agitadores, cortos de vista y demagogos. ¡Qué fácil resulta entender así la extrema pobreza y la mala distribución del ingreso del Perú! Y como siempre, culpamos a otros, por lo que efectivamente el editorialista García debería pasarle su texto al estadista García, como se lo ha recomendado uno de los comentaristas de los textos abajo enumerados.