10 de noviembre de 2019

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ENTRE REYES Y LACAYOS

Por: Carlos Angulo Rivas.

18 de noviembre de 2007

Los Borbones nunca han dado muestras de ser perspicaces o inteligentes. Aquello les viene de familia. El exabrupto de Juan Carlos I en la cumbre Iberoamericana realizada el Chile confirma la sospecha alrededor de este inesperado monarca restituido por el generalísimo Francisco Franco, el fascista más grande, tenebroso y criminal de España. El presidente Hugo Chávez hizo un enjuiciamiento político y no ha insultado a nadie, salvo que decir fascista al fascista sea un insulto para los nobles, preclaros y delicados oídos de varios asistentes, quienes por educación mal entendida no dicen lo que piensan o tal vez por esconder las cochinadas de sus compromisos crematísticos bajo la cama.

Fascista es un término político, es una definición del extremismo de la ultraderecha, de la dictadura del capital por encima de todas las cosas, que como toda dictadura asume la represión directa o legalizada sobre los pueblos. George W. Bush es un ejemplo del fascista actual que impone una guerra por intereses económicos en el petróleo de Irak, que recorta las libertades constitucionales de su país, que usa el terrorismo como medida de “persuasión” en cualquier parte del mundo, que viola las determinaciones de las Naciones Unidas y del Consejo de Seguridad imponiendo sus propias resoluciones, que amenaza al mundo con una tercera guerra mundial nuclear si no le hacen caso, que interviene en la política interna de otros países a través de sus embajadas y la Central de Inteligencia CIA, etc.; que además por ejemplo, se sitúa de espaldas al clamor planetario por el levantamiento del criminal embargo y bloqueo contra Cuba donde casi la totalidad de los países (184 de 189 votantes) censuraron el 30 de octubre último la política genocida contra la mayor de las Antillas, siendo esta vez la décimo sexta condena a Estado Unidos en la cual, como vemos todos los años, se ensucia democráticamente el ocupante de la Casa Blanca; y qué decir de la protección brindada a los terroristas anti-cubanos como Luis Posada Carriles en contraste a la ilegal y arbitraria condena para los Cinco Héroes cubanos, luchadores contra el terrorismo, presos políticos en cárceles norteamericanas.

Diseñado a grandes rasgos lo que significa el vocablo fascista, entonces, no cabe duda que la insolencia del monarca español ¡por qué no te callas! dirigida al presidente Hugo Chávez pertenece a la categoría de los bufidos o berrinches cortesanos de la edad media. Sin embargo, esta bárbara imprudencia muestra la arrogancia de quien cree todavía estar dirigiéndose a los plebeyos o a los siervos coloniales. Pobre rey de España, equivocado esta vez de punta a rabo porque nadie le escribió el libreto. Pero, en este incidente llama la atención la actitud del presidente del gobierno español, Rodríguez Zapatero, pidiendo respeto para el comprobado fascista José María Aznar, su antecesor, “que fue elegido” subrayó, en elecciones democráticas” como si aquello borrara el pensamiento fascista de este tipo de sujetos convertidos en líderes. No señor Rodríguez Zapatero, los fascistas Benito Mussolini y Adolfo Hitler, fueron también elegidos por el voto popular y de ninguna manera vamos a creer que los gobernantes de hoy de Italia o Alemania se ofenderían por llamar fascista a los fascistas de aquellos regímenes de horrible recordación. José María Aznar, en contra del pueblo español, se prestó festivamente a la intervención terrorista de Estados Unidos contra el pueblo de Irak juntándose a Bush y Blair a pesar de la negativa de las Naciones Unidas a esa invasión y ocupación militar; se prestó y apoyó el golpe de Estado de la CIA contra Hugo Chávez en abril del 2002; se plegó al bloqueo de Estados Unidos contra Cuba de manera práctica saboteando las relaciones comerciales y ayudando a preparar la “transición en la isla” con la que sueña Bush todos los días; en fin su censurable actuación fascista es conocida y hasta ocasionó el gravísimo atentado de los trenes de Madrid. ¿Cree usted señor Rodríguez Zapatero que el mencionar estos hechos de corte fascista son insultos a la persona de José María Aznar o simplemente un enjuiciamiento, verdad en mano, de su ingrata conducta política, alejada de los principios democráticos y humanos? ¿Le parece poco las más de seiscientas mil víctimas civiles, la desaparición de niños, mujeres, hombres y ancianos, en los inmisericordes bombardeos de las fuerzas aliadas en las que España, por obra de Aznar, formó parte? ¿Cree usted en el manipulado concepto de daños (víctimas) colaterales y por consiguiente necesarios?

El presidente Hugo Chávez ni siquiera estuvo tocando los pérfidos propósitos de José María Aznar, el redomado fascista, que continúa haciendo política internacional desestabilizadora a favor de George W. Bush, su entrañable amigo; a favor de los crímenes imperialistas ahí a donde lo manden financiado por la CIA. No, Chávez no tocó las visitas del ex gobernante español para fomentar las bondades del neoliberalismo atacando a los países en proceso de liberación de la región, donde el enriquecimiento de las empresas transnacionales españolas son una correa de transmisión del colonialismo remoto de los virreyes; no nada de ello, nada de la enorme exportación de capitales latinoamericanos a través de los contratos leoninos y la corrupción inherente comprando funcionarios, dignatarios y mandatarios; tampoco criticó a las instituciones españolas o a la propia y desusada monarquía, cosa que podría haber herido de muerte al Borbón Juan Carlos I. Lo que Chávez hizo fue acusar a Aznar por su intervención en el golpe de Estado en Venezuela, lo que provocó la ira del rey al saberse comprometido de una manera u otra, por ser él, el responsable de la política exterior española, situación no aclarada hasta el momento. La cuestión de fondo es que en todo este incidente hay mucho más carburante que el observado, pues el inoportuno protagonismo del monarca obligó al presidente Rodríguez Zapatero a cerrar filas, no sólo con Aznar sino con los intereses en juego, toda vez que el liderazgo del presidente Hugo Chávez va en la dirección opuesta al neoliberalismo preconizado por Europa y Estados Unidos o sea del modelo económico responsable de la pobreza, la exclusión y la enorme desigualdad en Latinoamérica, donde hablar de “cohesión social” como objetivo fundamental de la Cumbre Iberoamericana resultaba una burla sin nombre.

En realidad la cumbre de Santiago de Chile ha puesto en evidencia la pugna entre dos direcciones opuestas, entre dos modelos económicos en conflicto; la apuesta de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Cuba la de siempre y la mayoría de los pueblos que luchan por su liberación económica, política y social; inclusive la búsqueda de Argentina, Brasil y Uruguay en una dimensión más moderada, no por ello también mostrando simpatía por el fenómeno político actual de la revolución bolivariana y la solidaridad sudamericana; sí, todo este conjunto frente al modelo neoliberal de la globalización impuesto a los países pobres como la forma más eficaz del colonialismo moderno. En este contexto sólo desentonan los gobiernos sumisos y corruptos de Alan García y Álvaro Uribe, junto a algunos centroamericanos y México dividido en dos desde el fraude cometido contra López Obrador. Se trata a final de cuentas de las gigantescas inversiones de las multinacionales españolas y sus intereses en América Latina como trató de señalar el presidente de Nicaragua Daniel Ortega denunciando la crisis humanitaria de su país a raíz del comportamiento de Unión FENOSA y la exagerada alza de las tarifas de los usuarios en electricidad o de los abusos de ENDESA en Chile, Argentina y Perú por el mismo motivo de cobrar por los servicios eléctricos exorbitantes sumas de dinero. O de la Telefónica que invierte como uno y se lleva como diez.

Para llegar al punto de la “cohesión social” objetivo de la Cumbre Iberoamericana se iban a tocar necesariamente, de parte de los que sí pueden hablar, Chávez, Ortega, Morales, asuntos de la contaminación ambiental, de la violación de los derechos laborales e indígenas, de la falta de respeto a los derechos humanos de las poblaciones afectadas por los obligados desplazamientos (Mapuches incluidos delante de la Bachelet,) de las ventas de las empresas públicas y la fragmentación de los procesos productivos; además de la feroz y desalmada privatización habida en nuestros países, donde muchos de los principales protagonistas son justamente compañías españolas como REPSOL YPF con 19,000 millones de dólares invertidos en América Latina, Telefónica y sus negociados, Iberdrola en Bolivia controlando la energía, el dominio financiero de los Bancos Santander y el de Bilbao Vizcaya, etc. Ya que según organismos internacionales, CEPAL incluida, los intereses españoles en América Latina bordean los cuarenta mil millones de dólares o tal vez más.

Esa debió ser la discusión de fondo en la perspectiva de lograr la “cohesión social” pregonada. Y democráticamente, sí Hugo Chávez no tiene la razón, estamos completamente seguros que él no va a huir del debate; de los presentes, tampoco Evo Morales o Daniel Ortega. ¿Por qué no se debaten los asuntos fundamentales de las inversiones españolas y la descapitalización de nuestras naciones? ¿Por qué la prensa y la TV a nivel mundial, en manos privadas de los enormes consorcios de la comunicación, eluden el problema de fondo tratando de demostrar sólo la “patanería” del presidente venezolano, a sabiendas que el único patán fue el monarca trasgrediendo su figura simbólica, porque en realidad en España nadie le hace caso? En consecuencia el incidente entre el presidente Hugo Chávez y el Borbón Juan Carlos I, desvió la atención a favor de los empresarios españoles con un monarca ofendido que, para el propio pueblo de la península, vale un comino y es considerado como un zángano a mantener, aunque ello es un asunto de los ibéricos y de nadie más. Incidente que la prensa agranda presentando al “enemigo” Hugo Chávez como un hombre sin modales, mal educado, lenguaraz, imprudente, inoportuno, precipitado y grotesco, cuando la malacrianza vino desde el otro lado, donde para algunos hasta los aires ventosos de un monarca son saludables, como por ejemplo en Alan García, quien suspendió un consejo de ministros para expresar, por teléfono, su solidaridad al rey. Y no podía ser de otra manera, si recordamos el bochornoso arreglo secreto de la tarifa básica (cobro ilegal) hecho por él y su leal primer ministro Jorge del Castillo con la Telefónica del Perú, a pesar de ser la nulidad de este cobro una de sus promesas electorales. Alan García, gracias a las comisiones con que Telefónica premia a sus secuaces, fue el único mandatario alineado al rey de España, olvidando con su actitud rastrera y despreciable, eternamente y por completo el “Somos libres seamos, seamos, seámoslo siempre.” Nada de extrañar en este corrupto centellante, compadre del multimillonario Carlos Andrés Pérez; ni Álvaro Uribe, otro de los cachorros de George W. Bush se atrevió a tanto.