24 de agosto de 2019

INICIO > OTRAS SECCIONES > Especiales

LA ECONOMÍA EN TIEMPOS DE EVO

Por: Gabriel Tabera.

10 de septiembre de 2007

(ECONOTICIAS). Los indicadores económicos del 2007 muestran que el Estado acrecienta sus ingresos y se enriquece, que las empresas extranjeras y nacionales son cada vez más prósperas y que la gente de a pie se empobrece y consume menos.

En el primer año y medio de la autodenominada “revolución democrática y cultural”, encabezada por el primer presidente indígena, Evo Morales, la economía boliviana volvió a mostrar en el 2007 sus grandes paradojas y asimetrías, con empresarios que ganan a manos llenas, un Estado que fortalece como nunca las finanzas públicas y una economía popular cada vez más deteriorada y pobre.

En lo que va del año, según los datos del Ministerio de Hacienda, los ingresos tributarios del Estado rompieron un nuevo récord histórico ya establecido en el 2006 y aumentaron en otro 11,2 por ciento en el 2007, mientras que las ganancias de las empresas, declaradas por los mismos empresarios, crecían en 20,1 por ciento, a la par que caía el ingreso real de los trabajadores en por lo menos el 7 por ciento.

Estos registros consolidan y amplían lo que ocurrió en el 2006, cuando los indicadores consagraron como grandes ganadores de la política económica boliviana al Estado y a los inversionistas privados, nacionales y extranjeros, dejando en calidad de perdedores a los asalariados, a los campesinos y población de bajos ingresos.

Las causas de esta cruel paradoja, que beneficia a pocos y empobrece a las grandes mayorías, son tres: i) la persistencia del modelo neoliberal que sigue concentrando la riqueza en pocas manos y desangrando a las mayorías, tal como viene ocurriendo desde hace dos décadas, ii) la existencia de una economía dual, que sustenta gran parte de su crecimiento en sectores intensivos en capital y orientados a la exportación de materias primas, dejando en el atraso a grandes sectores de la economía campesina en el agro y de informalidad en las ciudades, y iii) la abrumadora desigualdad a la hora de repartir los beneficios del crecimiento.

Boom macroeconómico

Aunque en el mundo de la política hay serias escaramuzas entre el gobierno de Morales con la oligarquía y la derecha (por controlar el Tribunal Constitucional, definir el texto de la nueva Constitución Política del Estado, el alcance y carácter de las autonomías regionales y la reelección sin límites del actual Presidente), en el mundo de la macroeconomía todo es bonanza, tal como señalan los organismos multinacionales, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, y todos aquellos que valoran las políticas económicas del presidente Morales, más allá de su retórica anti-imperialista y anti-neoliberal.

Los indicadores oficiales hablan de que existe una bonanza macroeconómica, producto de la elevada cotización de las materias primas de exportación en el mercado internacional y de la política económica oficial, manejada por la burocracia forjada en los moldes neoliberales y orientada básicamente a preservar la estabilidad y los grandes equilibrios a nivel interno.

Como muy pocas veces en la historia nacional, hay superávit en el comercio exterior y en las finanzas públicas, las exportaciones privadas superan los cuatro mil millones de dólares y las reservas internacionales se acercan a esa millonaria cifra, cuadruplicando los niveles del pasado quinquenio. El auge alcanza al sistema financiero privado, a los exportadores de materias primas, a la par que cae la deuda externa y retorna con fuerza la inversión extranjera.

Elogios del FMI

El propio FMI, el mayor guardián de las políticas neoliberales, no escatima elogios para la actual administración económica del primer presidente indígena de Bolivia. “Se han registrado superávits significativos en la cuenta corriente externa y las reservas internacionales netas han alcanzado niveles máximos históricos. La situación fiscal ha mejorado notablemente y (...) la deuda pública de Bolivia ha disminuido en forma sustancial”.

Según un informe elaborado por el Directorio del FMI, y presentado por su representante, Esteban Vesperoni, la economía boliviana no sólo alcanzó un crecimiento satisfactorio sino que se aplicaron las políticas adecuadas para preservar la estabilidad fiscal y se mejoró el clima para la llegada de inversiones extranjeras, tras la legalización de los contratos petroleros con las transnacionales y la entrega a la inversión extranjera del Mutún, el yacimiento de hierro más grande del mundo.

’El informe destaca el énfasis que las autoridades locales pusieron en mantener la estabilidad macroeconómica y que este énfasis está apoyado por una prudencia fiscal significativa y por políticas monetarias consistentes’, dijo el representante extranjero.

Alabanzas del Banco Mundial

El banco Mundial tampoco ahorra adjetivos a la hora de calificar la gestión de Morales. Así, el jefe de economistas del BM para América Latina y el Caribe, Guillermo Perry, dice con claridad: “Me parece que Bolivia está haciendo muy bien las cosas. Ha estado haciendo una política macroeconómica, una política fiscal, monetaria y cambiaria muy cuidadosa. En este momento hay algunas dificultades en el tema de la inflación, que se ha hecho más complejo, pero en general lo han hecho bastante bien, muy bien. Y eso se nota, porque eso ha permitido aprovechar este buen período en que la economía ha estado creciendo”.

Más pobreza y desigualdad

Lo que no se dice, sin embargo, es que con un crecimiento económico cercano al 4 por ciento (3,9 por ciento a junio, según el registro del Ministerio de Hacienda), la economía nacional está generando anualmente un promedio de 130 mil nuevos pobres, advierte el economista George Gray. Se estima que se necesita por lo menos un crecimiento del 6 por ciento al año para que no aumente la pobreza, que afecta a dos tercios de la población (un tercio de ellos sumido en la pobreza extrema y la subalimentación).

Otros a los que no les llega los beneficios del crecimiento son a los casi 300 mil desocupados, que tienen cero de ingresos y que van camino a la indigencia, arrastrando en su caída a su entorno familiar.

Se eleva el costo de vida

Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y de las organizaciones laborales señalan, además, que el creciente costo de vida, traducida en el aumento de la inflación, ha ocasionado la pérdida del poder adquisitivo de los salarios e ingresos del conjunto de los trabajadores en 6,43 por ciento, hasta finales de julio.

Este deterioro se agravó mucho más en agosto, producto de la espiral de agio y especulación que encareció los productos de la canasta familiar. En La Paz, por ejemplo, se estima oficialmente que tan sólo en agosto hubo un incremento de precios de los productos alimenticios (carne, abarrotes y otros artículos básicos de consumo) en casi 7 por ciento.

Con ello, en lo que va del año, los trabajadores y los sectores más empobrecidos de la población ya habrían perdido más del 10 por ciento del poder adquisitivo de sus ingresos y salarios, reduciéndose su consumo en más de una décima parte.

Reacción laboral

Motivos más que suficientes para que la Central Obrera Boliviana (COB), por boca de su dirigente Pedro Montes, intente zafarse del control gubernamental y convoque a la movilización social contra el alza de precios de los productos de consumo y en demanda de un incremento salarial que no se esfume con la inflación.

“Con el salario mínimo mensual de 500 bolivianos (62,5 dólares) no se puede vivir (…) Sin exagerar, en nuestro pliego petitorio estamos pidiendo 1.800 como mínimo nacional y en la canasta familiar para una familia de cinco miembros de 6.700 bolivianos (837 dólares). Hemos ido por los mercados y eso es lo que cuesta mantener una familia de cinco miembros”, dice el líder de la COB, Pedro Montes que asegura que actualmente “los obreros están ganando 800 bolivianos (cerca de 100 dólares), 1.000 bolivianos que no alcanza para nada. Nuestros compañeros jornaleros están con 400, con 500 bolivianos”.

Más ingresos para el fisco

Pero mientras el pueblo se queja por la falta de dinero, los que manejan el Estado no dejan de contar billetes y anunciar millonarias cifras que engordan al fisco y las reservas internacionales. Según el Ministerio de Hacienda, los ingresos tributario del Estado alcanzaron en los primeros seis meses del 2007 su pico más alto de su historia contemporánea, al llegar a 10.960,2 millones de bolivianos (casi 1.400 millones de dólares). Con relación al primer semestre del 2006 hay un crecimiento del 11,2 por ciento y en comparación con el 2005 de cerca del 80 por ciento.

En términos absolutos, el aumento de los ingresos efectivamente recibidos por el Estado es de casi 140 millones de dólares con relación a un periodo similar del 2006 y de cerca de 400 millones de dólares al primer semestre del 2005.

Esta tendencia ya fue marcada por Hacienda en los primeros tres meses del 2007. Hasta antes de 1996, los ingresos tributarios del primer trimestre estaban por debajo de los mil millones de bolivianos y hasta antes del 2004 no superaban los dos mil millones, por lo que las actuales cifras (por encima de los cinco mil) representan más del doble de lo obtenido en el 2004, cuando se recaudó casi 2.500 millones de bolivianos.

Ganancias empresariales

En el sector privado, las ganancias son enormes y extraordinarias. Según los datos del Ministerio de Hacienda, las ganancias oficialmente declaradas por las medianas y grandes empresas aumentaron, en promedio, casi al doble entre los primeros semestre del 2005 y del 2007. Esto quiere decir que los empresarios, nacionales y extranjeros, están ganando más en la administración indígena que durante los gobiernos neoliberales de la minoría blancoide. En el último año, las ganancias empresariales crecieron en 20,1 por ciento.

En este periodo, los mayores niveles de ganancia estuvieron entre las grandes empresas exportadoras de minerales, gas y de agroindustriales del oriente, que recibieron utilidades adicionales extraordinarias por el aumento internacional de los precios de las materias primas.

Así, por ejemplo, las empresas mineras, especialmente las transnacionales y las de la minería mediana, y en menor proporción las cooperativas y empresas chicas, obtuvieron en el 2006, además de sus ganancias habituales, otros 500 millones de dólares en ganancias adicionales extraordinarias, sin tener que aumentar la producción ni sus costos de operación.

En lo que va del 2007 estos beneficios netos adicionales aumentaron mucho más, lo que se refleja, según Hacienda, “en el Impuesto a las Utilidades Mineras que creció en 426,4 por ciento, situación que muestra el buen momento que atraviesa el sector minero en el mercado internacional, producto de la creciente demanda en los países asiáticos y la India y el importante aumento de las inversiones en este sector”.

Los datos de la Superintendencia de Bancos y Entidades Financieras revela, además, que otros que ganan como nunca son los banqueros. Así, la docena de bancos comerciales, extranjeros y nacionales, que operan en Bolivia obtuvo una ganancia líquida de 42,9 millones de dólares en el primer semestre del 2007, el mayor registro de las últimas dos décadas. En el 2006 las utilidades fueron de 57 millones de dólares y en el 2005 de 28 millones. Son tiempos de bonanza para los banqueros, que utilizan a fondo su extraordinaria habilidad para pagar muy poco por los ahorros de la gente y ofrecer créditos con una elevada tasa de interés.

Ganancias y política

Ello no impide, sin embargo, que los dirigentes empresariales cuestionen la política gubernamental, enfrentamiento que en esencia responde al choque entre el tibio reformismo de Morales y la rancia oligarquía boliviana, acostumbrada al saqueo de los recursos naturales y a exprimir las arcas fiscales.

La intención gubernamental es lograr que los empresarios se conviertan en socios del Estado y no en sus patrones, quieren que los inversionistas “ganen lo razonable” y ya no saqueen el país.

“El Estado apoya al empresariado, pero nunca apoyará el sector productivo especulador que quiere todo del Estado y no quiere poner de su bolsillo para llevar adelante emprendimientos”, dice el vicepresidente Alvaro García Linera.

’Varias de las personas que hoy protestan contra el Gobierno vivían del Estado. Hay sectores especuladores que vivían del uso abusivo del Estado para beneficio personal, y ahora han perdido ese mecanismo de enriquecimiento familiar. Son estos sectores especuladores políticos, que habían unido promiscuamente política y economía, los que ahora reaccionan rabiosamente contra el Gobierno, porque no quieren que continúe este proceso de cambio que se vive’, agrega.

Los cambios

Hasta ahora, el gobierno de Morales ha legalizado los contratos con las transnacionales petroleras, distribuyendo a mitades los ingresos, dejando sin cambios a los otros sectores donde dominan las transnacionales y la oligarquía criolla (minería, banca, telecomunicaciones, energía, construcción, comercio, agropecuaria comercial).

Sobre el particular, el informe del FMI dice lo siguiente: “Cambios importantes han sido introducidos en la política de hidrocarburos en los últimos dos años, incrementado los ingresos tributarios que percibe el gobierno y ampliando la participación del sector público en ese sector. Como consecuencia de un referendo nacional realizado en agosto de 2004, se promulgó una nueva ley de hidrocarburos en mayo de 2005 (en el gobierno neoliberal de Carlos Mesa) y se emitió un decreto relacionado en mayo de 2006 (por Evo Morales). Los principales efectos de la nueva legislación han sido: a) una ’migración’ de los contratos suscritos con las empresas extranjeras que operan en Bolivia, de un régimen de riesgo compartido a uno en que la totalidad de la producción se entrega a la empresa estatal de energía YPFB, la cual se ha convertido en el único exportador de gas natural del país; b) un aumento permanente de las regalías del gas natural, del 18 al 50 por ciento del volumen de producción, y c) el requisito no cumplido, que YPFB recupere el control de las cinco empresas de hidrocarburos que se privatizaron en los años noventa”.