24 de agosto de 2019

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¿A QUÉ CLASES SOCIALES REPRESENTA CHÁVEZ?

Por: Alberto Ramírez.

28 de agosto de 2007

(Socialismo o barbarie). En Venezuela se han estado produciendo una serie de hechos políticos muy importantes que hemos analizado en artículos anteriores. Sin embargo, se hace necesario abordar y polemizar con dos acontecimientos recientes: la formación del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) y la propuesta de nueva Constitución Política.

Los partidos políticos son organizaciones que representan a las clases sociales o sectores de ellas. El carácter de clase, ya sea obrero, pequeño-burgués y burgués, de un partido político se determina tanto por su composición social como por el programa político que enarbola y lucha. El Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) socialmente es un partido poli-clasista, es decir, que en su interior cohabitan distintos sectores de clases sociales: trabajadores, empresarios, intelectuales, etc. Según el Presidente Hugo Chávez Frías el PSUV debe reunir: “a todos los venezolanos y venezolanas dispuestos a luchar por construir el socialismo [en Venezuela]: tanto a los y las militantes de las agrupaciones políticas de izquierda, a los miembros de los movimientos sociales, así como a las y los compatriotas que hasta ese momento no militaban o que, decepcionado por las desviaciones y errores cometidos, dejaron de militar en algunas de las organizaciones existentes.”[1] Entres los “compatriotas” que militan en las filas del PSUV se encuentran destacados capitalistas, agrupados en la organización llamada “Empresarios Socialistas de Venezuela”, tales como: Marcos Zarikian, principal magnate textil; Alberto Vollmer, dueños de Ron Santa Teresa; Víctor Vargas y Víctor Gil Ramírez, propietario del banco occidental de descuentos y fondo común y otros.

Sin embargo, el carácter burgués del PSUV se manifiesta claramente en el programa político que está desarrollando actualmente en Venezuela, a través del proyecto político bolivariano. La nueva Constitución Política, a la cual nos referimos en el otro artículo, que se está elaborando en Venezuela y que está próxima por aprobarse en el Parlamento y por Chávez, refleja fielmente el tipo de país, modelo económico, político y social que se está implementando en ese país. Por otra parte, en realidad el PSUV no es un partido político para hacer la revolución social en Venezuela que destruya al sistema capitalista e instaure el socialismo, sino que es una organización política burguesa que, desde arriba, a través de la nueva Constitución Política va decretar la instauración de un supuesto “socialismo” en Venezuela. Según Carlos Escarrá, jurista y diputado venezolano, miembro de la comisión redactora de la nueva Constitución, será: “Chávez... quien decide cuál cambio va o no va, que mantendrá y que borra”[2] en esa nueva Carta Magna. Entonces, al final no son las masas venezolanas las que discuten y deciden en asambleas democráticas el modelo económico, político y social que debe imperar en Venezuela, sino que es el Bonaparte de Hugo Chávez el que decide lo que “va o no va” en la nueva Constitución Política de ese país.

El PSUV: ¿Un partido democrático o burocrático?

El Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) tiene un claro carácter burocrático y anti-democrático, ya que, según Hugo Chávez, todos aquellos sectores revolucionarios que se mantenga fuera de su partido y, los sindicatos o centrales sindicales que mantengan su autonomía sindical fuera del sindicalismo chavista, serán considerados contrarrevolucionarios.

En ese sentido, el compañero Orlando Chirino, coordinador nacional de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) de Venezuela y militante del Partido de la Revolución y el Socialismo (PRS), denunció en una entrevista que: “...lo peor de la afirmación del Presidente Chávez es decir que quienes luchamos por la autonomía cumplimos un papel contrarrevolucionario. Los que luchamos por la autonomía sindical no somos contrarrevolucionarios. Con otros compañeros hemos construido una corriente nacional en el movimiento sindical que se identifica, además de luchar contra la burocracia y por el socialismo, con el combate más decidido en defensa de la autonomía de las organizaciones sindicales. El II Congreso de la Central fue una buena prueba de lo que estoy afirmando. Allí no había simplemente cinco corrientes o fracciones, no eran problemas personales de unos dirigentes con otros, que no nos queremos hablar y que tenemos rencillas personales. En eso está equivocado el presidente Chávez, lo que sucede es que desde hace más de dos años se está librando la “madre de las batallas” entre dos concepciones: los que quieren maniatar al movimiento sindical a las decisiones de gobierno, y los que queremos luchar por la soberanía, la independencia y la autonomía...”.[3]

Ese tipo de planteamiento de Hugo Chávez es típico de las organizaciones guerrilleras cuando toman el poder político o bien del siniestro y fenecido stalinismo. Ese fue el caso del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Nicaragua cuando dirigió este país, tras el triunfo de la revolución nicaragüense en julio de 1979. En aquella época el FSLN llamaba “contrarrevolucionarios” a los militantes y organizaciones revolucionarias que estaban a la izquierda de su gobierno y partido. No es casual que Hugo Chávez, que es un militar, actúe parecido al FSLN y que, para elaborar su Constitución Política, haya recibido los “consejos” y “experiencia” del Presidente Daniel Ortega, que junto a la llamada dirección sandinista fueron los sepultureros de la grandiosa revolución popular que hicieron las masas nicaragüenses.

Cuando los dirigentes de un partido político que están en el poder, y supuestamente son de izquierda, llaman “contrarrevolucionarios” a los revolucionarios que no se alinean a sus posiciones gubernamentales y partidarias, es el indicativo de que están preparando los futuros golpes y represión sobre esos militantes y sus organizaciones políticas y sindicales.

Por otra parte, los métodos de reclutamiento al PSUV son burocráticos y, por ende, nada democráticos. Desde el lanzamiento del PSUV en el mes de marzo hasta el 3 de junio, es decir, cuatro meses, éste había inscrito a más de cinco millones de venezolanos. Este es un record histórico. Sin embargo, hasta los mismos chavistas reconocen que se utilizaron métodos de “acarreo”, “clientelismo” y “presión” para reclutar a tanta gente en poco tiempo. En esa dirección, Marta Harnecker, otrora militante castrista-stalinista, y ahora teórica del chavismo señaló: “Decenas de miles de activistas de este nuevo proyecto político salieron a recorrer el país preparando una masiva inscripción de los aspirantes a pertenecer al Partido Socialista Unido de Venezuela, el más grande de la historia del país. Más de 5 millones de personas se habían inscrito hasta el 3 de junio, a una semana del cierre de las inscripciones. Desgraciadamente, todo hace pensar que para lograr esa alta cifra, en no pocos casos se usaron métodos “de acarreo” o de presión que empañan los resultados obtenidos y han causado malestar en mucha gente...”[4]

La construcción de un verdadero partido socialista revolucionario en Venezuela que haga la revolución social y construya el socialismo es cada vez más una necesidad urgente de los trabajadores y masas venezolanas. Su construcción pasa por acaudillar las luchas obreras y populares que se suscitan en Venezuela, pero también por la polémica y enfrentamiento con el PSUV, partido del gobierno que pretende engañar a las masas, haciéndoles creer que las representa y que está construyendo el “socialismo”. Llamamos a todos los revolucionarios socialistas de Venezuela a avanzar en esta urgente y necesaria tarea, para arrancarle el control al PSUV de las masas trabajadoras y populares.

(El Trabajador (PST de Costa Rica), agosto de 2007).

Notas:

[1] Harnecker, Marta: Venezuela: golpes y contragolpes. 23 de junio del 2007.

[2] La Nación, 28 de julio del 2007

[3] Boletín informativo - red solidaria de revistas. Correspondencia de Prensa. Año IV - 13 de abril 2007

[4] Harnecker, Marta: Venezuela: golpes y contragolpes. 23 de junio del 2007