20 de noviembre de 2017

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SOBRE LIBROS, TELEVISORES Y CHINOS, NO HAY NADA ESCRITO

Por: Eduardo Pérsico (*).

3 de marzo de 2007

"Para aprender con significado es necesario enlazar los nuevos conceptos con los que existen en la estructura cognoscitiva, manteniendo el orden jerárquico de los mismos. En ese Mapa de Conceptos se basa el proceso de integración del conocimiento". (D.P. Ausubel, 1968).

Vinculando los gigantescos rechazos que reciben los aspirantes a ingresar en las universidades en Argentina, - principalmente a carreras no humanísticas- no asombra saber que los egresados de escuela secundaria que concursan, al margen del obligado material de estudio no llegaron a leer en promedio un libro por año. Claro, seguramente ocuparon su tiempo en ver televisión y eso también ilustra, dicen los defensores de hasta lo malsano que también brinda la televisión, una especie de rictus ya admitido. Pero la falta de lectura es alarmante no por las cifras que dan los rechazos universitarios en Argentina sino porque toda la sociedad acepta esa falta de lectura entre los adolescentes como una normalidad. Eso es tan grave como que hasta los más necesitados miran "Gran Hermano" o engendros planetariamente similares, aunque existen algunos países donde esa cifra de lectura personal al margen de los cursos escolares, llega a diez libros anuales. Una cifra poco usual en las mayorías por este tiempo y que sin mencionar mayores datos, nos retrae a un número habitual entre las clases medias por las décadas del cuarenta o cincuenta, y el cómico radiofónico Mario Fortuna nos repetía "agarrá lo libro que no muerden".

Lo mismo sería injusto cuestionar por esto sólo a la televisión, tan eficaz para instruir como para alienar, sino que ante tantas otras necesidades vitales sin solución parecería insustancial preocuparse por el decaimiento de la lectura en la Argentina. De acuerdo, aunque ante la exclusiva apropiación del ocio creativo por los medios audiovisuales, la inquietud vale en tanto desde la pantalla nos sigan indicando cómo ser y qué conseguir según los modelos que ellos establecen, y sin menospreciar la capacidad de los medios para instruir en nuestro inconsciente, ’ese conjunto de procesos dinámicos que actúan sobre la conducta pero escapan a la conciencia’, no neguemos lo terrorífico que resulta ser aleccionados mecánicamente. Es un asunto para tomar en consideración por más que nos ‘creamos’ sujetos ajenos a cualquier manipulación siniestra o de ciencia ficción. Todos estamos en la misma globalización que se hizo más que evidentes por estos días primeros de marzo 2007, cuando las corridas negativas en las bolsas de valores asiáticas, Wall Street y resto del mundo, son atenuadas, sublimadas o negadas por los inciertos especialistas en economía que apuestan a que todo siga sin que nada cambie.

Y sin apartarnos mucho de los renglones económicos, pensemos en cuánto de positivo y negativo nos deja ‘suprimir la lectura por una comunicación que actúa sobre todos nuestros sentidos a la vez’, según operan los sistemas audiovisuales y se jactan sus operadores, y al menos preocuparnos. Si ‘la lectura acrecienta en el hombre su capacidad de abstraer por dentro y fuera de la idea misma, y una agilización del suponer’, y cuando ‘todo lector reelabora el texto, lo completa y lo bifurca con operaciones de pensamiento’, donde haya un ser humano que al usar la palabra se hace persona, este mecanismo de cavilar, sopesar y reelaborar la comprensión de un texto, defiende al Lector de ser un Inconsciente Consumidor de cualquier basura. Alguien que lee se interesa más por lo imprescindible y hasta analiza cualquier precipitación informativa; un Lector es un participante individual, por supuesto que imprevisto y azaroso, sí, pero capaz de interrogarse. Desde si mirar culos armoniosos según digestos publicitarios le mejoran su capacidad de abstracción, o lo hacen más candidato a ser confundido y pasado por encima como hacen los privilegiados y vivillos del Poder. En Argentina y gran parte de América Latina, territorio de los columnistas CNN que pontifican sus imbecilidades descontando que detrás de cada televisor hay un pelotudo, mucho podría mejorarse si pensamos que las ideas giran más cerca de un lector que de un televidente, y hasta dónde la visión de un videoclip permite una abstracción inteligente de una imagen. ¿Qué acontecería si una generación de chicos en edad de aprender recibiera un video desaforado y luego lo discutiera con quienes eligieron la lectura para ilustrarse? Si la imagen visual precipitada no deja resquicios para aprehender lo imaginativo de verdad, una comunicación entre ellos sería imposible por las disímiles interpretaciones en cada Mapa de Conceptos. Y aunque no siempre todo se limite al lenguaje verbal, el hombre posee una estrategia de aprendizaje y una estructura cognoscitiva que enlaza sus nuevos conocimientos con los ya existentes, un juego de integración donde se supone que la genética funciona libre de la adquisición cultural de cada uno; una teoría que llegó al método de aprendizaje por los años setenta en respuesta a los medios masificadotes de la opinión. De los mismos medios vigentes hoy y ya se sospechaba como manipuladores por la imagen televisiva de la iniciativa individual y colectiva.

De todas maneras, en esta riña la balanza aún acepta a la lectura como sistema formativo, en cuanto la recreación que de cada relato hace el sujeto Lector, lo enaltece sobre el raudo método de imagen y sonido, y en esta controversia sobre la técnica educativa entre la informática, la cibernética y alguna otra mágica esdrújula que ahora no me acuerdo, la vocación por la lectura seguirá siendo una virtud formativa más sólida y sustantiva. Decimos esto sin duda ni temor a mezclar los tantos del juego: por mucho que supongamos a las computadoras aptas para apropiarse del manejo que el hombre ejerce sobre ellas y pudieran manejar la realidad, en estos días iniciales de marzo del 2007 no existiría el preocupante temor a la recesión capitalista en el mundo. En cuanto comprobando la certeza por el efecto contrario, creer esa visión cinematográfica de la ciencia cruda y matemática, sería desconocer los avances técnicos que acontecieron en la humanidad, desde la rueda al computador. Al apreciar la nueva y fabulosa ruta para adquirir conocimientos, la técnica es dependiente del hombre y no condicionante; sin desechar los infinitos posibles que pueden darse con estos juguetes electrónicos siempre que el uso sea éticamente insospechable. Una virtud que en nuestro jodido mundo es tan difícil, si el recibir conocimientos y acceder con ellos a comer todos los días es una limitación ideológica del Poder. Ese intocable jardín donde siguen madurando todos los tomates de la discordia. .

(*). Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, publicó cuentos, seis novelas, algún poemario y tesis sobre el Lunfardo. Nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.

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