25 de marzo de 2017

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Africa: La venta de esclavos en la época actual:

LA PRIMERA DIÁSPORA NEGROAFRICANA

Por: José Luis Cortés

26 de julio de 2005

La guerra de Irak se ha convertido en el centro de la discusión política internacional, olvidando otros conflictos armados que se dan en el mundo, especialmente en África. Cuando la televisión nos muestra a gentes iraquíes o a las de otros países vecinos, observamos un alto porcentaje de personas negras, no sólo en el color de su piel, sino también por sus rasgos somáticos propios de los negroafricanos. ¿Cuál es su origen? ¿Cómo ellos o sus antepasados llegaron hasta esos lugares? ¿Tienen alguna relación con África?

Sin remontarnos a los tiempos de los inicios de la Humanidad, cuando los primeros homínidos abandonaron África y se extendieron por el mundo entero ocupando también estas áreas de Oriente Medio, es un hecho que ya dentro de la Historia se establecieron relaciones de todo tipo entre las costas subarábigas y las orientales africanas. Podemos, incluso, afirmar que este contacto fue habitual varios siglos antes de nuestra era. Esto supone que en ambas partes se formaron asentamientos más o menos duraderos de gentes pertenecientes al otro continente, con pervivencias étnicas en algunos grupos y posibles mestizajes con los autóctonos.

Un ejemplo claro lo tenemos en la llegada de tribus del sur de Arabia a las proximidades de lo que fue el reino cristiano de Axum. El resultado fue el nacimiento de un pueblo, del que procede gran parte de los etíopes actuales, y el surgimiento de una cultura con muchos elementos importados, cuyos restos se hallan repartidos por esa región y por Eritrea. Su mejor muestra es el templo de Yeha (siglos V-IV a. C.) convertido luego en iglesia cristiana. El puerto de Adulis en el mar Rojo fue el punto de encuentro de estas relaciones. Su importancia se incrementó cuando los Ptolomeos de Egipto pusieron todo su empeño en desarrollar el comercio en este mar desde el siglo III a. C.

A partir del siglo IV de nuestra era Axum comenzó un período de prosperidad, se convirtió al cristianismo y llevó a cabo una serie de conquistas que le transformaron en un pequeño imperio. Sus intervenciones armadas llegaron al actual Yemen, en donde ocuparon extensas áreas por algunos períodos de tiempo.
A principios del siglo VI, los Himyaritas de Arabia del sur, de acuerdo con los judíos, comenzaron a perseguir a los cristianos, cuya culminación fue la matanza de éstos el año 523 en Nagran. El rey axumita Caleb envió dos años más tarde una expedición de castigo, que pudo ser la última intervención axumita conocida en aquel territorio. Gran parte de estos contingentes no volvieron a Etiopía y se quedaron como colonos en aquellas tierras, extendiéndose posiblemente a otras partes.

Con la llegada del Islam asistimos a un mayor envío de africanos al continente asiático, de modo que todo este trasvase, violento o no, se conoce en la historiografía como la primera diáspora africana, en contraposición con la trata esclavista atlántica que, desde mediados del siglo XV hasta el XIX, será la segunda gran sangría demográfica del continente.

La expansión islámica

Cuando Mahoma empezó a predicar su religión, cuenta la tradición que muchos de sus primeros discípulos y conversos eran negros, algunos de cuyos nombres se recuerdan hoy día. El hecho de que los esclavos que abrazaban el Islam fueran manumitidos, ayudó mucho a que éstos se sintieran a gusto con la nueva doctrina. Su contribución fue importante tanto en el plano espiritual y cultural como en las guerras de expansión.

Además, el Islam dio una unidad cultural a toda la zona de contacto afroasiática que favoreció y potenció las relaciones comerciales entre ambas áreas. Desde finales del siglo VII empezaron a llegar a las costas africanas poblaciones árabes cuyos asentamientos pronto se transformaron en ricas ciudades-estado gracias a un próspero comercio.

Los cronistas árabes que visitaron estas costas o se informaron de lo que en ellas sucedía nos han dejado escrito que, junto al ámbar, marfil, oro, maderas preciosas y algunas especias, también se exportaban desde África esclavos, que fueron empleados en diversos sectores. Estos envíos aumentaron a medida que la exigencia de mano de obra se incrementaba para llevar a cabo grandes obras de desarrollo, como fue el caso de la baja Mesopotamia, en el sur de Irak.

Esta zona se convirtió en el escenario político más importante del Islam, puesto que en tiempos del califa Alí (656-661) la capital se trasladó a Cufa, tras deshacerse de sus enemigos en la famosa batalla del Camello que tuvo lugar en las cercanías de Basora. Los Omeyas (661-750) abandonaron esta zona para instalarse en Damasco, pero los Abasidas (750-1258) retornaron a Mesopotamia y se instalaron en Bagdad.

Entre las tropas de elite pertenecientes al califa, se encontraba un batallón de 400 negros. A partir del siglo VIII se pusieron en marcha grandes obras hidráulicas en los cursos bajos del Tigris y del Éufrates, para mejorar los rendimientos agrícolas y permitir la introducción de nuevos cultivos. Estas obras de construcción de presas fueron de tal magnitud, que algún autor ha dicho de ellas que fueron “el primer modelo de la gran empresa tropical edificada sobre rebaños de esclavos negros”. Se hace así alusión a lo que siglos más tarde será la contribución esclavista negroafricana al desarrollo de las grandes plantaciones tropicales americanas.

Otro trabajo duro al que fueron sometidos los esclavos fue el de la extracción de sal en los yacimientos de la baja Mesopotamia. Para tal menester se empleaban cuadrillas de unos 500 esclavos que, malnutridos y expuestos a epidemias, morían en gran cantidad.

Fuera de lo que hoy constituye Irak, pero muy cerca de él, en el territorio actual de Bahrein, se ha llegado a calcular que hubo por esta época hasta unos 30.000 esclavos negros. Otro elevado número se repartía por las costas occidentales del golfo Pérsico y por las distintas regiones situadas en el sur de Arabia. En las ciudades más importantes de estas demarcaciones, sobre todo en Hodeida, Djeddah, Moca, Adén, Sur, Mascate y Basora existían grandes mercados de esclavos, no sólo para abastecer la demanda de sus zonas respectivas, sino también para enviarlos al extremo Oriente y a China.

La mayoría de los esclavos de esta primera época procedían de Nubia, de Sudán y de Etiopía, y su obtención se hacía mediante captura por incursiones violentas, por compra o por intercambio con otros productos, especialmente alimentos y abalorios. Los hombres que no eran destinados a los trabajos señalados anteriormente, eran utilizados o bien como eunucos o se los adiestraba en algunos oficios, siendo particularmente adiestrados como cocineros. La mayor parte, sin embargo, de los cargamentos esclavistas estaban compuestos por jóvenes de ambos sexos, especialmente de chicas; se las destinaba al servicio doméstico, a ser nodrizas o se las introducía en los harenes.

Proyección en la actualidad

La ocupación colonial terminó con el comercio abierto de esclavos, pero con las independencias se volvió a reabrir este tráfico de modo solapado y encubierto, pero permitido por las autoridades de ciertos países. El punto de partida en la actualidad no está en la costa, sino en Sudán, donde se ha denunciado en varias ocasiones este tráfico.

En la mayoría de los casos los traficantes pertenecen a las tribus baggara, de origen árabe, que raptan a jóvenes de las poblaciones negras del sur para venderlos a comerciantes; éstos, a su vez, los revenden en Jartum o los introducen en Arabia y en otros países del medio Oriente.

La ONG suiza “Solidaridad Cristiana Internacional”, dedicada especialmente a comprar esclavos para liberarlos, afirma que desde 1995 a 2002 ha contribuido a emancipar a 78.000 esclavos en el mundo, gran parte de ellos en Sudán.

La fácil integración de los africanos en las sociedades musulmanas de estos países, la legalidad de la poligamia y la permisividad del concubinato han ido diluyendo a lo largo de la historia los rasgos somáticos africanos, pero, sin embargo, han quedado marcas en la población referentes al color de su piel.

A pesar de esto, hay aún una presencia numerosa de personas con rasgos típicamente negros, más abundante en Arabia y en las zonas del Golfo que en el resto de Irak e Irán. Pero estas personas están insertas en la sociedad y no forman grupos raciales homogéneos que exhiban caracteres culturales o históricos propios.

(Revista Mundo Negro, enero 2005).

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