24 de agosto de 2019

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El podrido sótano del Estado peruano.

JESÚS SOSA: ASESINO PROTEGIDO (II PARTE).

Por: El Zurdo.

17 de agosto de 2006

Nos encontramos en el año 1983, Ayacucho se encuentra en zona de emergencia bajo la conducción del general Clemente Noel Moral.

Las desapariciones se acentúan. En el informe de la Comisión de la verdad se señala que sólo en el año 1983, según denuncias de la Defensoría del Pueblo, se reportaron 83 desapariciones en la comunidad de Totos.

Totos, es justamente el lugar en que aterrizó Jesús Sosa, llevado en helicóptero en abril de 1983 por el comandante Paz.

En Totos también se encontraba un criminal destacado del ejército, el capitán Santiago Picón Pesantes (formado en la Escuela de Comandos del Ejército peruano). La cita entre Jesús Sosa y Santiago Picón Pesantes no presagiaba nada bueno y no en vano el alto comando del ejército los había concentrado en ésa zona.

Picón Pesantes utilizaba el seudónimo de «chacal» y el mismo «chacal» decidió llamar a Jesús Sosa «paysano», aunque Jesús Sosa, que llegó en realidad para relevar a un oficial, tenía, para los demás oficiales de la base de Totos el seudónimo de «capitán Bazán». De hecho lo hicieron pasar como Capitán pues no se podía concebir que un sub-oficial remplace a un oficial.

Desde que la base militar se instaló en Totos, los operativos eran permanentes. «Chacal», en una de sus redadas detuvo a Julio Godoy Bellido, Primitivo Tucno Medina, Marceliano Zamora Vivanco y Roberto López León. Una quinta persona vino a agregarse al grupo cuando fue a averiguar a la base militar por la suerte de los detenidos.

Jesús Sosa se encontraba así frente a una de sus primeras tareas en la base de Totos, sacarles informaciones a los detenidos.

En la base militar trabajaban conjuntamente el ejército y el Grupo Operativo Antisubversivo (GOAS) de la policía. Jesús Sosa aprendió los métodos de obtención de información: la colgada y la tina. Que consistía en colgar a los detenidos con los brazos amarrados en la espalda y zambullirlos de cabeza en un depósito con agua putrefacta.

Jesús Sosa tuvo en Totos su primer contacto con la determinación y el coraje de los detenidos, que aunque siendo sólo sospechosos mostraban dureza y resistencia en los interrogatorios. Mas no era el caso de todos, unos indicaban nombres, lugares, y con eso «chacal» volvía a hacer operativos para arrestar más pobladores.

Luego de los interrogatorios la orden estaba dada, había que ejecutar a los detenidos. Por eso se encontraba Jesús Sosa en Totos. En el caso de los detenidos descritos líneas arriba, estos fueron trasladados a Ccarpaccasa, que se encuentra en los alrededores de Totos en la noche del 17 de abril de 1983, con una patrulla de soldados llevando picos y palas. Una vez en el lugar determinado, Jesús Sosa comenzó la que ya se convertiría en rutina para él, les disparó un balazo en la cabeza a cada uno de los detenidos.

Enseguida los cuerpos fueron arrojados a las fosas excavadas por los soldados. Poco tiempo después, las viudas de Roberto López y Marceliano Zamora se dirigieron a Ccarpaccasa y luego de hacer indagaciones encontraron un montículo de tierra removida, al escarbar un poco tiuvieron que soportar el horrible espectáculo de encontrar los cadáveres de los 4 comuneros.

Jesús Sosa seguiría con su maratónica carrera de rata del ejército, ejecutando el trabajo sucio del estado peruano.

Fue en ése desempeño que Jesús Sosa, embarcado en un carro con el capitán Paz llegaron hasta la casa del corresponsal de El Diario, Luis Morales, en Huamanga. Jesús Sosa bajó del vehículo, pegó una amenaza en la puerta de la casa del corresponsal y lanzó una carga de dinamita. Esa era una advertencia que le enviaba el Estado peruano a Luis Morales y que tenía que ser ejecutada por el Ejército peruano para lo cual se necesitaba de gente como Jesús Sosa.

Fuentes:

1. Muerte en el Pentagonito. Ricardo Uceda.

2. Informe de la Comisión de la Verdad.

3. Defensoría del Pueblo.

Continuará la próxima semana...