31 de agosto de 2022

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Y ESA NOCHE LOS VISITARON DOS AMIGOS

Cuento de Eduardo Pérsico (*).

29 de junio de 2008

Podría decirse que a la misma hora, la otra noche en este barrio murieron Eliane y Jeanpedro. Ahora quizá sepamos sus nombres verdaderos y ambos andarían por los cuarenta años; ella una mujer llamativa vestida de lo mejor y el hombre de gestos amplios y cuerpo generoso, solía trotar por el parque cada mañana. Los dos serían de llevarse bien y un conocido de él ajeno al barrio supo bromear con sus desacuerdos de pareja: veranear en Miami o Costa Rica, pasar por Grecia al volver de París con tanto frío, o si el próximo auto de ella sería utilitario o menos deportivo para cambiar un poco. Esas eran sus conflictos mayores…

Los encontraron sin cristales ni porcelanas desparramadas y ellos también en orden y prolijos. Vestidos de entrecasa, los dos boca abajo en la cama y un fogonazo en la cabeza cada uno. ‘Justamente en la nuca’ refirió la sirvienta más vieja que llegara a la casa a eso de las nueve de la mañana, y al aparecer la policía la sentaron en el auto patrullero asustada y sin hablar con nadie.

Así que los vecinos con educación y disimulada euforia, fueron entramando que Eliane y Jeanpedro no estarían casados y se conocieran en España donde él, muy relacionado con autoridades y demás, le gestionara todo el papelerío para entrar y salir de allí cuando quisiera. Así que juntos volvieron a Buenos Aires y unos cinco años atrás, compraron semejante quinta en este barrio de gente acomodada. Casi una historia romántica, murmuró una vecina a quien Berta, la sirvienta mayor, le contara que el día anterior al irse a las ocho de la noche, les dejó todo listo para recibir a cenar a unos amigos; uno buen mozo hijo de un renombrado políticopero que ella no alcanzó a ver. Y en realidad, la guardia de vigilancia informó la entrada de dos personas a las nueve y cinco que salieran a las once y veinte de la noche, exactamente.

Por supuesto, sin otros datos que filtrara la policía se divulgó que Jeanpedro antes fuera personal de una aerolínea que no volara más por Sudamérica, donde él conocía hasta los aeródromos más ocultos, y eso parece que en España lo alineó con otros negocios que muy pocos entendían bien. Mientras que de Eliane, además de verla simpática se sabía que fuera relacionista pública en Granada o algo similar cuando conoció a Jeanpedro, que por entonces ya tenía muchísimo dinero y así tal vez fueran las cosas.

Sin más ellos fueron dos vecinos normales y salvo lo de un profesor de gimnasia de Eliane que por alguna confusión no retornó jamás, poco y nada se habría comentado. Y los dichos de Berta enseguida se olvidaron, el hijo del político aquella noche no los visitó aunque las personas igual serían conocidas. Por eso comieron y tomaron sus copas con el matrimonio y antes de desplegar el rigor de dos balazos de una nueve milímetros, se supone que no pudieron aclarar ciertas cuestiones que Jeanpedro mantendría con alguien. Tal vez, varias entregas de mercadería volátil y costosa con gente muy molesta por la desprolijidad comercial, comentó con su tono el mismo conocido de la pareja ajeno al barrio. Y bien pronto nadie volvería sobre el suceso, al menos en este lugar donde vive gente de mucho dinero pero además, muy reservada.

(*). Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.