17 de enero de 2022

INICIO > Cultura

EL HERMANO DE MARTHA

Cuento de Eduardo Pérsico (*).

18 de septiembre de 2007

El rusito era un eximio del fútbol y vivía a dos cuadras del club Talleres, donde el pibe que no jugaba bien debía irse al otro barrio. Chueco y retacón, a los quince el hijo de don Juan el carpintero ya era famoso y además, hermano de Martha, tan rubia… Don Juan nos enseñó a jugar ajedrez en el fondo del taller; ahí donde bajo un olor a madera recién cortada Martha fijó en mi alma su imborrable ternura. Al fin, con sus ojos grandes y celestes fue la primera mujer; inolvidable.

Con el equipo del barrio un sábado fuimos de preliminar a cancha de Banfield que jugaba con los santafecinos y esos no traían reserva. Por entonces el gentío llenaba todas las tribunas y faltando poco para el final, el rusito borró con dos amagues que ellos nos ganaran fácil. ‘Soltala Nene’, gritó y la durmió con el empeine, se hamacó y frenó de golpe; dos grandotes siguieron de largo y el arquero se quedó esperando al pajarito de la foto. El rusito no hizo un gol sino una ironía borgeana al cruzar el arco con pelota y todo, y pudo reírse de esa finura que aplaudieron hasta los tipos de la platea techada. Yo creo que ni festejé, de puro asombro.

También por ese tiempo Martha nos acompañó a Cañuelas, a jugar contra unos de camiseta colorada. Al volver el tren frenó entre dos estaciones, ella se apretó a mí para guardarnos la noche entrando por la ventanilla y el hermano simuló no vernos…

Al cumplir veinte me fui alejando del fútbol y del barrio. Por ahí alguien me dijo ‘el rusito viajó a Israel’ y algo de la guerra con los árabes, más una leyenda del chueco y retacón deslumbrando al público de un país ignoto. Era otra historia y no quise saber; entonces con Martha nos veíamos también para ver cine polaco en el Lorraine y su hermano el rusito era una realidad que quizá, de tan cercana no se mencionaba. Así que para final, con Martha nos lagrimeamos una despedida en algún bar apartado, también nos prometimos no olvidarnos nunca y sin ser sensiblero, fue un atardecer con llovizna donde todo se nos muere de pasado. Para siempre lejos quedaría nuestra calle, el vecindario y tal vez entre espectros y fantasmas, por ahí andarán el rusito, su hermana tan rubia. Y yo mismo.

(*). Eduardo Pérsico, narrador, poeta y ensayista, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.