15 de noviembre de 2020

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ALIANZA MILITAR EN AMÉRICA DEL SUR

Bruno Peron Loureiro (BARÓMETRO INTERNACIONAL).

11 de octubre de 2012

Celso Amorim, Ministro Brasilero de Defensa, defiende el aumento de los gastos militares del Brasil -que actualmente son del 1,5% del Producto Interno Bruto- para alcanzar a los otros miembros del BRICs (Brasil, Rusia, India y China) que son de un promedio del 2,3%. Brasil es uno de los países que más invierte en Defensa en América Latina debido por ejemplo, a la necesidad de vigilar sus extensas fronteras y combatir al crimen organizado. El país tuvo el 10º mayor gasto militar del mundo en 2011 con 35,4 millardos de dólares según el Instituto de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI, de la sigla en inglés). Estados Unidos (con 711 millardos de dólares), China y Rusia son los tres países que más gastaron en Defensa en 2011 según la misma institución.

Uno de los argumentos más ingenuos de los defensores del aumento de los gastos militares -que no es el de Amorim- es que el país debe resguardar con equipamiento militar sus reservas petroleras de aguas profundas. El recelo de este grupo está en que fuera posible que algún país agresor llegara con sus buques y nos robaran el oro negro. Se olvidan que este recurso energético ya se le roba al pueblo brasilero a través de la “apertura” de Petrobrás al mercado internacional de acciones, dónde los ladrones son mucho más sofisticados.

La industria de guerra fomenta el incremento de los gastos militares gubernamentales para que haya desarrollo nacional, aunque estos equipos no se usen dada la exigua posibilidad de guerra en la región. La protección de la floresta amazónica a su vez, no se propone contra invasores extranjeros, sino contra la práctica del desmantelamiento que empresarios brasileros promueven a favor de la agricultura y de la pecuaria para exportación. Debe fiscalizarse también la industria maderera y el uso de los territorios de la Amazonia en sociedad con otros países de la frontera Norte.

Es una exageración decir que los gastos militares del Brasil deben equipararse a los de Rusia, que es un país dementemente militarizado. Soy testigo ocular -pues estuve allí en agosto de 2012- que todo gira alrededor de los tanques de guerra (a los que los niños rusos suben para posar en fotografías al lado de su familia), de museos que exaltan hechos de la Guerra Fría, de la carrera espacial, y de los monumentos en memoria de la lucha armada. El Brasil es un país pacífico, pero debe invertir en bloque en disuasión.

La propuesta es que Brasil baje sus gastos de Defensa y promueva la creación de una alianza militar por lo menos entre los países del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) o entre países de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR). No es posible conciliar los intereses de toda la América del Sur debido a las considerables diferencias políticas entre los que consideran a los Estados Unidos como un aliado de comercio libre y buena fe y otros que los ven como un exhalador de azufre.

En vez de que cada país tenga que gastar individualmente en Defensa, los miembros de este acuerdo militar contribuirían con un presupuesto que totalizaría una gran inversión en Aeronáutica, Ejército y Marina destinada a reforzar toda la zona. La alianza militar funcionaría en América del Sur del modo siguiente: Cualquier amenaza a la seguridad del espacio constituido por los países de la Alianza, tendría una respuesta colectiva o en bloque de sus integrantes, que se movilizarían hacia la región donde se concentrara el conflicto, o donde hubiera una inminencia de riesgo. Algo semejante a lo que ocurre con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Los integrantes de la Alianza ejecutarían planes militares en conjunto para cubrir problemas comunes, como el tráfico de drogas o el contrabando. La Alianza entre los países de América del Sur debe apuntar también a la defensa de los recursos hídricos y minerales de la región. La Alianza militar sería otro paso al frente en la integración sudamericana.

La mayor finalidad de la Alianza sería que la reducción de gastos de cada país en Defensa, permitiría la transferencia de presupuestos mayores hacia los sectores de políticas sociales que más necesitan las inversiones nacionales: Educación, Salud y Trabajo. Los beneficios serían notables rápidamente en aquellos países que participen en el mecanismo militar de integración. La Alianza traería un punto favorable a las políticas sociales, en lugar de aumentar los gastos de equipamiento y entrenamiento para guerras que nadie quiere que acontezcan. En la balanza, no habrá menores gastos militares, sino fortalecimiento de equipos y personal de Defensa de los países miembros, con la sumatoria de los recursos de todos los países de la Alianza.

Hay que tener gastos militares consistentes con la vulnerabilidad de nuestros países a las invasiones e interferencias de los estadounidenses fuera de ley internacionales, y de sus súbditos europeos (como la Cool Britannia o Francia) que han hecho lo que han querido en el África Septentrional y en el Oriente Medio. Llaman al bandolerismo que practican en estas regiones como “Primavera Árabe” e irrespetan la autodeterminación de otros pueblos como Egipto, Libia y Siria. Después del despojo de una tierra ajena, el patrimonio de esos países va a parar como “donación” al British Museum o al Louvre.

La Alianza militar en América del Sur es un camino para la integración y el fortalecimiento de sus países, en la disuasión a los gigantes irresponsables en el uso del poder. ¿Quién sabe si la Alianza no ofrecerá el insecticida definitivo para remover por medio de un pedido formal colectivo el “bedbug Cool Británico” de las argentinas Islas Malvinas?.